¿El San Fernando de AMLO? La tragedia del pasado fin de semana en donde asesinaron y calcinaron a 19 personas, entre ellas a al menos 13 migrantes guatemaltecos, se perfila como la reedición de lo ocurrido hace 11 años en San Fernando, Tamaulipas, en plena guerra contra las drogas de Felipe Calderón, cuando fueron asesinados 72 migrantes de Centro y Sudamérica. Esta nueva masacre tiene menos reflectores por la pandemia y los contagios en el gabinete presidencial, pero puede ser el San Fernando de la Cuarta Transformación. (ContraRéplica, Opinión, On line)
¿Nueva embajadora? En círculos diplomáticos de EU cobra fuerza el rumor de que María Echaveste será su embajadora en México. La texana de 66 años, de origen mexicano y exasesora de Bill Clinton, según los que saben, pertenece a una de las alas más duras de los demócratas, sobre todo en temas laborales y migratorios. Es la segunda vez que la ven en esta posición. La primera, en 2014, pero no llegó. (El Heraldo de México, La Dos, p. 2)
Como apuntaba la semana pasada, aquellos que auguran una relación de confrontación entre México y EU volverán a equivocarse. Tras la primera semana de la administración del presidente Joe Biden y la vicepresidenta Kamala Harris, vale la pena resaltar las pautas de una nueva etapa de la relación bilateral y los avances y avenidas de cooperación para el futuro que hemos alcanzado al día de hoy.
En primer lugar, damos la bienvenida a las acciones ejecutivas, así como al proyecto de reforma migratoria presentado por la administración Biden. Desde una posición de respeto a la legislación y procesos internos del gobierno de EU, reconocemos el robustecimiento del programa DACA, que beneficiará a más de medio millón de mexicanos y el cual hemos defendido a través de un amicus curiae ante la Corte Suprema de EU. Además, saludamos la decisión de Biden de detener la construcción del muro, al tiempo que daremos seguimiento al proceso legislativo de una promisoria iniciativa migratoria en el Congreso estadunidense.
Además de las medidas en materia de migración, la serie de acciones ejecutivas para hacer frente a los estragos de la pandemia, tanto en el plano de salud pública como en el económico, serán benéficas para EU y la región.
Sobre cooperación en contra covid-19 y en materia de migración dialogaron ambos jefes de Estado el viernes pasado, la segunda conversación después de su triunfo electoral, en un poco más de un mes. La disposición del diálogo refleja una clara voluntad compartida para avanzar en distintas avenidas de cooperación de manera efectiva. Seguiremos trabajando para construir un escenario tanto de respeto a los derechos de las personas migrantes como de cooperación para el desarrollo en el norte de Centroamérica. En el plano de salud, buscaremos trabajar de manera conjunta para acelerar las campañas de vacunación masivas a nivel regional y, de este modo, vislumbrar el fin de la pandemia y dinamizar nuestras economías. Estos son los primeros pasos concretos de la nueva etapa en la relación entre ambos países. (Roberto Velasco Álvarez, Excélsior, Nacional, p. 19)
Los primeros pasos para reconstituir la confianza bilateral parecen estar bien definidos en el comunicado emitido por la Casa Blanca y las declaraciones del Presidente mexicano, a propósito de la última llamada sostenida entre los dos mandatarios. Estos son: migración y salud.
El fenómeno migratorio, el presidente Biden requiere cosechar utilidad política a partir del despliegue de una forma distinta de cooperación bilateral. Ello porque, al margen del extremismo de las políticas promovidas por Trump, existe un segmento importante de la opinión pública estadunidense que percibe a los migrantes como una amenaza a su seguridad y empleo. Esto es un caldo de cultivo que, de no desactivarse, podría seguir ganando espacios a la base trumpista en legislaturas o gobiernos estatales, constituyendo un obstáculo al objetivo del Partido Demócrata de retener la Casa Blanca en 2024. Más aún, ante la alerta emitida en el último discurso del saliente presidente Trump, de regresar de alguna manera a la vida política en el corto plazo.
Para el mandatario mexicano, esto representa una verdadera ventana de oportunidad. Primero, le permite cambiar la narrativa de México en la región, porque, hasta ahora, el gobierno de izquierda se ha destacado simplemente por desplegar cientos de efectivos de la Guardia Nacional en la frontera para dispersar las distintas caravanas migrantes. La inversión de 4,000 millones de dólares, supuestamente comprometidos por el presidente Biden en la llamada, de ser acompañados por asistencia técnica mexicana, relanzaría nuestra presencia a favor del desarrollo social en Centroamérica. Además, con base en el aprendizaje de nuestro país obtenido en el impulso al Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regulada de la ONU, ofrecería una experiencia de cómo normar con esos principios el flujo de personas. En esta tarea será conveniente revisar la eficiencia de los mecanismos de cooperación multilateral que México tiene en la región, mismos que, por la evidencia observada, no han generado los resultados esperados tras varios años de dedicarles tiempo y recursos nacionales. (Maximiliano Cortázar, Excélsior, Nacional, p. 15)
Kamala Harris hizo historia en su país el pasado miércoles 20 de enero, cuando, ante Sonia Sotomayor, la primera mujer latina en ser jueza de la Suprema Corte estadunidense, juró respetar y honrar el cargo de vicepresidenta. La llegada de Harris ha roto varios techos de cristal, al ser la primera mujer, la primera afroamericana y la primera persona con ascendencia india en llegar al cargo.
La llegada de Kamala Harris y de un gabinete diverso nos pueden decir mucho sobre qué esperar del gobierno de Biden. Por lo pronto, las primeras acciones que ha tomado el Presidente son buenas noticias para México: se suspende la construcción del muro fronterizo como proyecto central de gobierno, a la vez que se salvaguarda a las y los dreamers, como se les llama a las y los mexicanos que inmigraron a EU en la niñez. Esto alimenta la esperanza de muchas personas de que la administración de Biden busque una reforma migratoria de gran calado. Por el momento, se ha llamado a legislar para darles residencia permanente, la llamada Green Card, y se ha hablado de buscar un camino para normalizar el estado migratorio de 11 millones de personas indocumentadas. Igualmente, se ha suspendido el programa Permanezcan en México, que enviaba a nuestro país a solicitantes de asilo en EU, lo que desencadenó la terrible crisis con migrantes centroamericanos en la frontera norte. Las esperanzas por lograr estas reformas son más factibles si recordamos que el gobierno de Biden tiene actualmente el control del Congreso. (Catalina Monreal, Excélsior, Nacional, p. 9)
La transición del gobierno en Estados Unidos es uno de los grandes cambios que trajo consigo el 2021. La administración —polémica y agresiva— de Donald Trump cede el paso a una más conciliadora y constructiva, encabezada por Joe Biden y Kamala Harris. Este es un momento histórico que, además, abre múltiples puertas y posibilidades entre México y nuestro vecino del norte.
Para nuestro país, esta es una ventana de oportunidad para fortalecer las relaciones con Estados Unidos.
La política internacional que pretende adoptar el nuevo presidente de aquella nación, así como su visión de las y los migrantes en su país, es más abierta y constructiva que la de su predecesor. Dentro de sus primeras acciones en el gobierno se encuentra el fortalecimiento del programa DACA, que ofrece protección a las personas indocumentadas llevadas a Estados Unidos cuando eran niños, y el alto a la construcción del muro fronterizo.
Es un buen momento para reafirmar nuestra alianza con esta nación amiga, así como para construir lazos de apoyo y entendimiento. El presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, se ha comportado con altura y prudencia diplomática para proteger nuestra relación con esa nación, por lo que no es sorpresa que ésta sea buena.
Prueba de lo anterior es la llamada telefónica que se sostuvo entre ambos mandatarios el pasado viernes, en la cual se abordaron —de manera cordial y constructiva— temas como la pandemia, la migración y el apoyo mutuo. Sin lugar a duda, hay voluntad por alcanzar una cooperación y entendimiento mutuo. (Lucy Meza, Excélsior, Nacional, p. 19)
México no puede evadir el golpe de timón. Bien para nuestro país. Ya no habrá eco allá para las mentiras. La decencia que invoca el flamante presidente no tolera la mentira ni el engaño ni las fanfarronerías. Biden es un profesional que se está rodeando de profesionales con los cuales habrán de tratar nuestras burocracias. Nada de primero la lealtad y después el conocimiento. A la acción en horas, 17 “órdenes ejecutivas”: 100 días de cubrebocas como “deber patriótico” y otras medidas sanitarias muy estrictas para las burocracias. Volver a la OMS como respaldo inmediato, coordinación nacional de las medidas contra la pandemia, prorrogar las moratorias de desalojo y ejecución hipotecaria, un alivio para decenas de millones; pausa a la deuda estudiantil, oxígeno puro; regresar al acuerdo de París y marcha atrás a las regresiones medioambientales; equidad racial, inclusión de migrantes en el censo, cobijo a los dreamers, apertura al mundo musulmán, protección a migrantes, atrás el muro, tolerancia a los liberianos, severidad contra la discriminación, compromiso ético de la burocracia federal. Manos a la obra.
Se fue la comparsa. No a la mentira; seriedad, profesionalismo, ética. A corregir aquí o habrá confrontación. (Federico Reyes Heroles, Excélsior, Nacional, p.6)
El viernes pasado un hombre reportó que se habían escuchado disparos y que más tarde vio alzarse una humareda en un poblado remoto de Camargo, Tamaulipas. El hombre dijo que se acercó al lugar y halló una camioneta calcinada.
En una brecha rodedada de maleza, la policía encontró no una, sino dos camionetas calcinadas.
17 de las víctimas tenían un altísimo porcentaje de calcinación. Dos más conservaban restos de tejido de los que hoy depende su identificación.
No se sabe qué pasó. No se sabe quiénes eran. La embajada de Guatemala en México y el Consulado General de Guatemala en Monterrey comunicaron a las autoridades que se había reportado la salida de un grupo de guatemaltecos rumbo a México, del que luego no se tuvieron más noticias.
Las autoridades estatales respondieron que no era posible confirmar esta versión hasta que estuvieran listos los estudios de ADN. Fuentes cercanas a la investigación indican que es poco probable que migrantes sean transportados en camionetas como las que se encontraron: “A ellos los traen hacinados en camiones y tráileres”, dicen.
Desde hace 20 años Tamaulipas ha sido sacudido por las pugnas entre grupos criminales. Antes, los Zetas contra Cártel del Golfo. Hoy, el Cártel del Noreste contra lo que queda del Del Golfo organización que en los últimos años no ha dejado de fragmentarse para dar paso a un conjunto de grupos violentos: Los Metros, Los Ciclones, Los Escorpiones, Los Talibanes, Los X, Los Pantera.
Es pronto para saber lo que ocurrió, pero una vez más —como en San Fernando, 2010—, Tamaulipas deja helado a un país donde las masacres se suceden y la violencia criminal no deja de arrojarnos imágenes macabras. Cada vez más macabras. (Héctor de Mauleón, El Universal, Nación, p. 5)
Lo primero que quiero decirle es que yo no soy Trump. Con esa frase abrió la conversación el presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, en un claro afán por relajar el tono protocolario de la llamada telefónica y definir su posición.
Biden no esperaba que, del otro lado de la línea, el presidente de México no sólo no recogiera el comentario divertido, sino que asumiera con seriedad la defensa del mandatario norteamericano saliente.
De acuerdo con las mismas fuentes, López Obrador presumió a Biden que Trump nunca se metió con México, que no intervino en los asuntos del país, y que eso para él era muy importante. Biden le reviró que su futuro gobierno no tenía ninguna intención de intervenir en la vida interna de su vecino del sur.
Algunos momentos de la llamada que recordaron una conferencia mañanera de Palacio: López Obrador citó a Benito Juárez (“el mejor presidente que ha tenido México”, repitió) con la histórica frase del “respeto al derecho ajeno…”, y dijo que en materia migratoria lo importante era atender las causas del problema, cosa en la que coincidió Biden, quien al momento del telefonema le faltaba un mes para tomar posesión.
En la segunda llamada (el viernes pasado), según se difundió oficialmente, regresaron al asunto de atender las causas de la migración, y el presidente de México adelantó que el mandatario americano tiene planes de realizar una inversión de 4 mil millones de dólares en Guatemala, Honduras y El Salvador, justo para atacar las condiciones de pobreza y violencia que generan los flujos migratorios. (Carlos Loret de Mola, El Universal, Nación, p. 2)
Al mundo le vino como bálsamo la llegada de Joe Biden. Las formas de Trump y su peculiar estilo arrogante tenían cansados a muchos. Trump representaba a una corriente de líderes populistas y disruptivos que han llegado en muchos países a confrontar a los políticos de siempre y que han aprovechado el hartazgo generalizado para posicionarse.
Llega Biden y empieza a trabajar y a firmar órdenes: regreso al Pacto de París, esta administración si cree en el calentamiento global y buscará reducir la emisión de contaminantes; energías verdes y renovables y formas eficientes de generación de energía y bajar las emisiones que aceleran el cambio climático. Obligatorio el uso del tapabocas. Si el anterior líder no ponía el ejemplo y no creía en él, pues ahora se hace obligatorio. Un detalle simple que puede cambiar la ola de contagios. Ni un dólar más al muro que divide nuestro país con ellos y revivir la posibilidad de los inmigrantes para permanecer y legalizar su estancia a través del programa DACA. Reinsertar a EU en liderazgos históricos a los que Trump renunció: su importancia en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y a muchas cosas más en donde pienso nos conviene que lleve la batuta nuestro vecino y socio comercial más importante. (Juan S. Musiamiore, Milenio, Opinión Negocios, p.18)
El gobierno de Joe Biden representa una oportunidad para una nueva colaboración entre los gobiernos de Estados Unidos y México, dijo el representante (diputado) Jesús Chuy García.
En lo que bien podría considerarse como un mensaje al presidente Andrés Manuel López Obrador, el legislador estadounidense nacido en México afirmó que el recién iniciado régimen Biden reconoce los trabajos y la importancia de México como país, así como el papel de los migrantes mexicanos y los méxico-estadounidenses.
“Ambos Presidentes deben trabajar juntos”, opinó. Y al mismo tiempo, el político demócrata señaló la importancia de los grupos hispanos, particularmente los méxico-estadounidenses, en la política doméstica de su país adoptado.
El mensaje es claro. Al mismo tiempo que los presidentes López Obrador y Biden parecen haber iniciado un nuevo diálogo, algunos representantes de la comunidad méxico-estadounidense indican también su apertura a renovar contactos.
Es en cierta forma una oferta de conciliación que va más allá de la persona de García, que el año pasado criticó al gobierno de López Obrador, al considerar como innecesario el acercamiento hacia Trump en plena campaña presidencial y su demora en felicitar a Biden por su victoria. Esta vez prefirió destacar las posibilidades de apoyo.
La irritación del legislador reflejó, en su momento, la de muchos en la comunidad latina en general y los méxico-estadounidenses en particular, debido a lo que se consideró como un espaldarazo político a Trump sin considerar las opiniones de una población mayormente atacada por el ahora exmandatario.
Para García, hoy por hoy los temas importantes de la relación bilateral son vencer el COVID, migración, comercio y narcotráfico, pero también el enorme respaldo que significan los mexicanos en Estados Unidos, particularmente en forma de remesas. Biden “prefiere buscar el acercamiento y la cooperación”, precisó el legislador
El demócrata, que representa un distrito de Chicago con fuerte presencia mexicana, reiteró que la relación con Trump no debe verse como un impedimento para establecer vínculos con el nuevo Presidente estadounidense.
Sin embargo, sus señalamientos pusieron también en claro que para muchos en Estados Unidos la responsabilidad por la relación entre los dos países estará sobre todo en los hombros de AMLO.
No es que el régimen de Biden vaya a ser un observador inmóvil ni mucho menos, pero algunas de sus políticas son un cambio radical respecto a las de Trump y dependerán en buena medida de las respuestas del gobierno mexicano.
Y desde el punto de vista estadounidense, el poder está cada vez más centralizado en el presidente López Obrador. De ahí la importancia de la puerta abierta que deja García.
No es una propuesta del gobierno estadounidense, pero sí una señal de que al menos un sector de la comunidad méxico-estadounidense está abierta a diálogo. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 19)
Se esperaba. No fue ninguna sorpresa el tono formal y diplomático intercambiado por el presidente Biden y el presidente López Obrador en su primera llamada telefónica el viernes pasado. El único registro del que contamos es el difundido por la Casa Blanca.
Allá sí informan. Aquí, en el gobierno de la transparencia, todo queda extraviado en el archivo. Pero lo cierto es que Biden, a 48 horas de haber tomado posesión, decidió sostener una conversación por teléfono con los líderes vecinos, quienes son, además, sus más importantes socios comerciales y “aliados”.
Con AMLO, la conversación parece haber girado sobre temas más generales, o al menos, eso señala lo revelado por la Casa Blanca. Reconocimiento mutuo sobre la importancia de la migración, la modificación inmediata de algunas medidas –como la espera en territorio mexicano de los centroamericanos en busca de asilo– o el alto total a la construcción del muro de Trump.
Sin embargo, hay muchos más temas delicados que, o no se abordaron, o no nos dijeron.
Más de una voz en círculos internacionalistas ha señalado la inevitable ruta de colisión entre AMLO y Biden, por los temas mencionados, pero también por los tonos, estilos, discursos y mensaje. Andrés Manuel tuvo una cercanía vergonzosa y denigrante para México con Donald Trump, y ha sido absolutamente incapaz de reorientar el curso y reconstruir la relación. No pasará desapercibido para el Departamento de Estado y para los auténticos profesionales que estarán de vuelta después de la debacle diplomática de Trump.
La duda reside en si Andrés Manuel pretende un distanciamiento, si busca en efecto provocar diferendos que sirvan de leña a su vetusto discurso nacionalista. Nada perjudicará más a México, a nuestra lenta y volátil recuperación económica, que una serie de raspones y choques con el gobierno de Estados Unidos y su Congreso. (Leonardo Kourchenko, El Financiero, Mundo, p. 25)
La llegada al poder de Joe Biden sin duda implica un cambio de aires políticos en Estados Unidos, con un proceso de corrección y reparación de los excesos, la irresponsabilidad, el divisionismo y la proliferación de mentiras de la administración de Donald Trump, todo lo cual generó altas dosis de incertidumbre e inestabilidad en ese país y en el mundo.
Eso es igualmente aplicable para las tensiones internacionales, que crecieron en el periodo de Trump, con desencuentros recurrentes con aliados naturales y relaciones estratégicas: Unión Europea, OTAN, China y, por supuesto, México, sobre todo durante el último tramo del sexenio anterior y los primeros meses del actual, cuando las tensiones escalaron hasta el ultimátum de imponer aranceles ruinosos a las exportaciones de México como chantaje para colaborar con una política migratoria inhumana.
Sería de esperar, en adelante, un trato más digno y una apuesta al diálogo y la negociación por vías institucionales. La puerta está abierta: entre los 17 decretos firmados en el primer día en la Casa Blanca están el freno al muro fronterizo; el refuerzo del programa DACA que protege de deportación a residentes que llegaron a Estados Unidos siendo niños, perfilando una ruta a la ciudadanía; la anulación de una orden que impulsaba esfuerzos agresivos para deportar inmigrantes indocumentados. Sin duda, buenas noticias para los mexicanos, de ambos lados de la frontera, tras la ignominia que se extendió desde las campañas electorales de 2016.
Hay una oportunidad a partir de una actitud y un enfoque de más diplomacia, responsabilidad y mesura, y Biden no sólo llega con esas señales de decencia, sino con un equipo experimentado, de profesionales de carrera. (Gerardo Gutiérrez Candiani, El Sol de México, Análisis, p. 14)