Opinión Migración 260224

Decisiones graves

Varios son los problemas que atoran al presidente Biden en su pretensión de ganar popularidad. Los comentaristas en las más importantes cadenas de televisión atinaron al decir que algunas de las decisiones que tiene que tomar para superar su caída en popularidad son graves y riesgosas, pero necesarias.

La migración se ha convertido en un tema grave, no sólo en los estados fronterizos, sino en aquellos alejados de la frontera como Nueva York y Florida. A sabiendas de ello, una comisión de senadores, integrada por demócratas y republicanos, propusieron llegar a un acuerdo para resolverlo.

 

Las negociaciones avanzaban por buen camino hasta que Trump, con su característica arrogancia, decidió que un acuerdo para resolver la crisis favorecería al presidente Biden, y prohibió a los senadores republicanos llegar a cualquier tipo de acuerdo con los demócratas. Lo que está claro es que al margen de que los demócratas cedan en las exigencias de los legisladores de oposición, Trump nunca estará satisfecho y siempre impondrá más y más condiciones para evitar cualquier solución en la que participen los del partido en el gobierno.

En ese contexto, sucedió algo inesperado. En las elecciones celebradas en un distrito electoral que históricamente había sido bastión del Partido Republicano en Nueva York, el candidato demócrata venció a la candidata republicana. Lo trascendente es que lo logró arrebatando el tema de la migración a su oponente.

 

Entre sus formulaciones destacó la necesidad de controlar la frontera, cuestión que un electorado mayoritariamente conservador aplaudió y a la postre parece haberle dado la victoria. Se dedujo que en la campaña del candidato demócrata manifestó la preocupación sobre la gravedad de lo que ocurre en la frontera, lo que puede ser un ejemplo a seguir como medio para arrebatar la bandera de la crisis migratoria a los republicanos. ( The Guardian, The Hill).

 

El problema es que creó una división en el Partido Demócrata sobre la forma en que se debe retomar el asunto de la migración. Por un lado, quienes consideran que no se debe castigar a los migrantes con una política draconiana, como es la pretensión de los republicanos y, por el otro, quienes consideran que es necesario atender a la preocu-pación de la sociedad en torno a la entrada irrestricta de migrantes a la nación, tomando medidas que impliquen mayor control en la frontera y la revisión de las consideraciones sobre política de asilo.

La crisis en el sistema migratorio es sólo uno de los problemas más acuciantes para el presidente. Otro es la forma en que ha actuado en la guerra entre palestinos e israelíes en la franja de Gaza. Cada vez es más evidente que la forma en que Netanyahu pretende aplastar al Hamas, sin importarle la muerte de cientos de miles de palestinos inocentes, ha despertado la repulsa en todo el mundo. Independientemente de las discutibles razones del primer ministro israelí para actuar de esa manera, el hecho es que en Estados Unidos crece la preocupación en torno a la forma en que Biden ha encarado el problema.

 

Hay un sentimiento creciente entre la población musulmana de origen árabe por la tolerancia de Biden con la agresiva política de Netanyahu, al grado de que muchos de sus integrantes, sintiéndose abandonados, han dicho que no apoyarán al presidente en su relección. (Entrevistas en PBS Newshour, CNN).

Un agudo observador incluso ha sugerido que Biden debiera actuar como lo hizo Netanyahu cuando, apelando al sector más reaccionario del partido republicano, pronunció un discurso en el Capitolio, diciendo que la creación de dos estados (Israel y Palestina) era inviable y peligrosa. En respuesta, Biden debiera declarar ante el parlamento israelí que la creación de dos estados es la única opción de paz en el Medio Oriente y advertir el peligro que Netanyahu representa para Israel y para la región de continuar con su política beligerante. (Ezra Klein)

Otro de los problemas en la caída depopularidad del presidente es la infla-ción. Pero es un tema de percepción que el presidente está en posibilidades de resolver si muestra más incisivamente sus logros en materia económica, lo que está a la vista. La cuestión de Ucrania no debiera tener grandes contratiempos para Biden, ya que al menos 77 senadores de ambos partidos votaron por continuar el apoyo que por dos años se ha dado a esa nación.

Su edad, como problema inevitable, es relativo. Sistemáticamente ha demostrado su madurez y comprensión de lo que en el fondo necesita la democracia de su país. (Arturo Balderas Rodríguez, La Jornada, Política, p. 16)

Vecinos distantes

La relación México-Estados Unidos está en el centro del debate aquí y allá. Ambos países renuevan sus respectivas presidencias, en los próximos meses, y las agendas de migración, seguridad y vínculos comerciales, ocupan con diferente nivel de prioridad a ambos gobiernos. México vuelve a estar en el discurso de los candidatos y precandidatos a la Casa Blanca como la única frontera que los separa de un mundo que preferirían no ver ni tener que ver con él.

 

El mundo de la cultura latinoamericana, y millones que teniendo la esperanza de una vida distinta y mejor se convierten, desde la óptica y narrativa estadunidense, en un problema a resolver. Este factor suele obviarse en el análisis político de coyuntura: la discusión se centra en México, porque si bien la migración a Estados Unidos es multicultural y de decenas de países diversos, la frontera es nuestra, la porosidad es compartida y el problema es común.

 

En alguno de sus rallies para encender a sus partidarios, Donald Trump dijo algo que, no obstante que es un sinsentido, desnuda la visión de una parte de la población de ese país: All those mexican countries, o todos esos países mexicanos, refiriéndose a Centroamérica y quizás a parte de Sudamérica. Por eso, México está en la punta de la lengua de todos los aspirantes, porque personificamos como nación el problema que quieren ver resuelto y porque su conexión, al menos geográfica y migratoria, con América Latina pasa necesariamente por nuestra larga frontera y aduana.

Pero hablar de la coyuntura México-Estados Unidos es hablar de una historia compleja como pocas. En el siglo XIX, nuestro país pagó el precio de la división política, de lo irreconciliable de los proyectos nacionales (el conservador, que veía a México como experimento imposible sin la ayuda de una corona católica europea, y el liberal, que imaginaba un México independiente y laico) que estallaron muchos años antes de la Guerra de Reforma, con una permanente batalla ideológica que facilitó guerras, la pérdida de territorio e incluso la imposición del gobierno.

Ese joven México profundamente dividido, que tenía menos de 20 años como nación independiente, se topó con la estrategia expansiva de Estados Unidos en medio de una revolución tecnológica y de transporte, que unió el Este y el Oeste, inició la explotación industrial del petróleo y sentó las bases para que, décadas después, Estados Unidos emergiera como potencia económica y militar global y que tristemente nos costó un largo territorio del norte que perdimos.

La Revolución Mexicana, la Decena Trágica, los convulsos años 20 y la Expropiación Petrolera, hitos que marcaron la primera mitad del siglo pasado, no se entienden sin la intervención, injerencia e influencia de Estados Unidos. La conclusión en el brevísimo recuento histórico es sencilla: ese país ha moldeado geográficamente a México, lo ha marcado culturalmente, ha intervenido militar y políticamente por cerca de 200 años y lo seguirá haciendo. Va mucho más allá de nuestras coyunturas electorales, nuestro sentimiento ambivalente al vecino poderoso y el recuento de buenos gestos y agravios a lo largo de años.

¿Dónde ha estado la victoria de México en esta saga de desequilibrios?, ¿dónde Goliath es puesto a prueba?, en el flanco comercial y económico. La respuesta es que México es el principal proveedor de Estados Unidos, por encima de China. Se dice fácil, pero las cadenas de suministro, la cercanía, los vasos comunicantes y la infraestructura que une a Norteamérica como la columna vertebral de un solo cuerpo, han jugado venturosamente a nuestro favor. A esto se suman 63 mil millones de dólares enviados por los connacionales en Estados Unidos a sus familias en México.

 

Para poner esta cifra en contexto, si tomáramos toda la renta petrolera de 2024 y la repartiéramos entre esas mismas familias, recibirían menos dinero. Cuarenta millones de hispanos, la mayoría de ellos mexicanos, viven y trabajan en el país del norte y son ya la primera minoría racial, lo cual les concede otro peso y relevancia política. No pasarán muchos años para ver a un vicepresidente latino, y luego, por qué no, un inquilino en la Casa Blanca cuyos padres o abuelos hayan nacido en Michoacán, Jalisco o Puebla.

Estamos, nos guste o no, en el mismo barco. Aunque existen enormes diferencias evidentes, hay una coincidencia estratégica: la hegemonía comercial, de producción, manufactura y logística en el siglo XXI. Vale la pena recordarlo hoy, cuando las coyunturas electorales, políticas y noticiosas nos hacen voltear a lo inmediato, cuando lo verdaderamente importante inevitablemente lleva años en marcha. (David Penchyna Grub, La Jornada, Política, p. 20)

Antimperialismo hoy

Al igual que México, Estados Unidos de América (EU) está en proceso electoral para la presidencia. Joe Biden, el actual mandatario, pretende relegirse, y su principal competidor es el ex presidente Donald Trump. Ambas elecciones, la de México y la de EU, ocurrirán en un momento marcado por la guerra de Rusia contra Ucrania, y por el genocidio que Israel emprende contra el pueblo palestino. En ambos conflictos EU ha intervenido abiertamente en favor de Ucrania y del criminal Benjamin Netanyahu. A este escenario se suma la configuración de un mundo multipolar en el que Rusia y China son ­competidores.

Frente a este panorama de reconfiguración global, EU responde en América Latina con cambios significativos. Derrotados en sus intentos por imponer a Juan Guaidó como presidente de Venezuela, o por sostener a la golpista Jeanine Áñez, en Bolivia, EU combina la estrategia de mano dura y negociación frente una región con mayor influencia de China. Especial interés despierta el reciente nombramiento de Daniel P. Erikson, quien fue subsecretario adjunto de Defensa para el Hemisferio Occidental del Departamento de Estado de EU, y quien será a partir de marzo el director del Consejo de Seguridad Nacional para Asuntos de América Latina. Erikson conoce bien México, sabe de su importancia en las próximas elecciones y buscará incidir en favor de EU, en general, y de Biden, en particular.

Aunque con narrativas, agendas y votantes distintos, ni Biden ni Trump representan un cambio sustancial en su política externa: Biden ha ido asumiendo parte del discurso antinmigrante con el que Trump atrae a miles de seguidores, al tiempo que ambos responden a los señores del dinero y de la guerra, es decir, al complejo militar industrial y sus intereses en el planeta.

En la pugna entre Biden y Trump, hay también aliados mediáticos. El periódico The New York Times, por ejemplo, es de los favoritos entre los seguidores del Partido Demócrata, mientras los republicanos sienten una mayor simpatía por medios como Fox News. Es importante identificar el mensaje y el mensajero, pero sobre todo el interés superior al que sirven los dueños.

El constante y en ascenso golpeteo del New York Times contra el Presidente de México, con reportajes que dejan mucho que desear, es un hecho que debe condenarse y también revisarse con cautela: ¿quién realmente es el emisor? ¿Cuáles son los efectos? ¿Cómo utilizan a favor y en contra el mensaje y sus efectos quienes compiten en el proceso electoral en México? Dos hipótesis habría que considerar: el emisor busca 1) incidir en el proceso electoral mexicano y reorientar las negociaciones regionales, y 2) presionar al gobierno mexicano a que tome partido también por alguna de las fuerzas políticas en EU. Trump, por ejemplo, ya suma abiertamente los apoyos de sus aliados en Argentina y El Salvador, apoyo manifestado abiertamente en la reciente Conferencia de Acción Política ­Conservadora.

En el actual sexenio, bajo el argumento de la cooperación no sólo se retomó, sino que se reforzó la agenda militarista que viene impulsando EU desde hace décadas. En materia económica la dependencia también se ha acentuado: La integración económica, con respeto a nuestras soberanías, es el mejor instrumento para hacer frente a la competencia derivada del crecimiento de otras regiones del mundo, en particular, la expansión productiva y comercial de China. No olvidemos que mientras Canadá, EU y México representamos 13 por ciento del mercado mundial, China domina 14.4 por ciento, afirmó el presidente López Obrador en noviembre de 2021 durante la novena Cumbre de Líderes de América del Norte.

Dos años más tarde, para noviembre de 2023, México se había consolidado ya como el principal socio comercial y proveedor de Estados Unidos, logrando un intercambio comercial de 738 mil 400 millones de dólares, lo que representó 15.8 por ciento del comercio total de la principal potencia económica del mundo, de acuerdo con datos publicados en estas mismas páginas.

A lo anterior habría que sumar la numerosa infraestructura que el gobierno de México ha impulsado y que es fundamental para el capital de EU, como el Corredor Interoceánico –deseado por el vecino del norte desde el siglo XIX– o el Tren Maya, proyectos visitados por Ken Salazar, embajador de EU en México. Los apoyos que la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) da a distintas dependencias del gobierno federal es también un dato a destacar.

Rechazar el intervencionismo imperialista pasa por denunciar los intereses que hay detrás de medios como The New York Times, sin vulnerar la seguridad de sus periodistas, pero pasa también por construir alternativas a la dependencia económica hacia EU, rechazar la agenda militarista y antinmigrante y dejar de poner el territorio nacional y los recursos naturales al servicio de sus empresas e intereses. Ser antimperialista hoy también es luchar por detener el genocidio en Palestina. (Raúl Romero, La Jornada, Opinión, p. 24)

Cartones

Muros necesarios

Muros necesarios

(Magú, La Jornada, Política, p. 3)