Opinión Migración 260422

El globo // Ahí les hablan

Tarde o temprano, todo termina por saberse, por revelarse el contenido de una reunión privada o confidencial, por difundir o filtrar lo que verdaderamente se dijeron dos líderes de Estado.

Donald Trump, y su derruida credibilidad, declara que “dobló” al Presidente mexicano al amenazarlo con aranceles si no modificaba su política migratoria y detenía a los migrantes.

En realidad ya lo sabíamos. Lo supimos desde que el presidente López Obrador desplegó más del 30 mil efectivos militares, marinos y soldados para resguardar las fronteras de México: la norte, con Estados Unidos, y la sur, con Guatemala.

Llevamos 3 años de abyecto servicio al gobierno estadounidense, que aquí el triste canciller disfraza de patriotismo.

Revisemos: fue la inefable Olga Sánchez Cordero, su entonces director del Instituto Nacional de Migración y el propio Presidente, quienes hicieran declaraciones extraviadas a principios de 2019 afirmando que “los hermanos centroamericanos eran bienvenidos” y que se les brindarían todos los apoyos para que en su recorrido y caravanas por México pudieran transitar en paz hacia Estados Unidos. Las declaraciones existen, las decisiones se tomaron, las caravanas cruzaron por territorio nacional y se les brindaron albergues, transportes, ayuda alimenticia y sanitaria. 

Todo era muy bonito e irresponsable, hasta que Trump, furibundo, decidió apretar las tuercas.

Es decir, este gobierno abrió la frontera de par en par, jugando a la fraternidad latinoamericana, e ignorando el enorme problema que arrojaba a la frontera norte. Producto de la torpeza política y diplomática, pero también de esos absurdos sentimientos de legitimidad de pueblos hermanos.

Todo duró bastante poco, porque la amenaza de Trump fue enérgica y provocó que nuestro “nacionalista” Presidente doblara las manitas en menos que canta un gallo o grazna un ganso.

Los centroamericanos fueron detenidos a costos mayores, miles de inmigrantes intentando cruzar, soldados, marinos y la recién inaugurada Guardia Nacional hizo su debut para custodiar, con mucha amabilidad y cortesía de escudos y vallas, a los migrantes.

En el norte impidieron nuevos cruces y empezar a recibir a todos los deportados que EU enviaba de regreso. 

Fue un acuerdo sensato y respetuoso, dijo AMLO entonces, con el apoyo irrestricto de Marcelo Ebrard.

En los hechos Trump había conseguido, con un poco de presión –todo su estilo–, que alguien más la hiciera el trabajo sucio. De los patéticos discursos de la fraternidad de Olga Sánchez y el despedido Tonatiuh, pasamos a militarizar las fronteras para complacer al energúmeno de la peluca platinada.

Ese mismo que llamó a los mexicanos delincuentes y violadores, ese que le cae muy bien al Presidente mexicano –según su propia declaración de este lunes–, pero eso sí, envuelto en la bandera, “no permitiré que usen a México como piñata”.

Trump usó a México como piñata toda su campaña en 2015 y 2016. Insultó, agredió, humilló y AMLO hasta escribió uno de sus innumerables pero inútiles libros, para decir cómo él –a diferencia de los desatinos de Peña– nos defendería de ser vilipendiados por el presidente americano.

¿Qué pasó? Cuando le llegó su turno cedió ante las presiones, aceptó las condiciones, suavizó el discurso y hasta al besamanos fue a Washington cuando Trump buscaba su reelección. Ningún presidente mexicano se ha colocado en una posición más abyecta y servil con la Casa Blanca en la historia moderna.

Es cierto que Trump está en campaña o permanece en ella para mantenerse vivo en el escenario político americano; es cierto también que ningún tema como el migratorio incendia más a los conservadores estadounidenses; Trump utiliza esto como un ariete en contra de los demócratas y la administración Biden, que ha fallado en contener la migración. Todo es verdad.

Pero también lo es, señor Ebrard, que ustedes se pusieron de rodillas, concedieron las exigencias que pedía Trump y su gobierno, con un costo aún no aclarado a los mexicanos: ¿cuánto nos cuesta mantener a 28 mil efectivos en las fronteras?

En los hechos, México se convirtió en el muro de Trump que contuvo caravanas y decenas de miles de inmigrantes hacia Estados Unidos.

No propuso el gobierno mexicano ningún acuerdo migratorio; no colocaron en la agenda binacional la retasada reforma integral migratoria que el Congreso estadounidense ha postergado por casi dos décadas; no pidieron visas temporales de trabajo, permisos especiales o familiares de cruce.

En un ejemplo patriotero más que patriótico, se rindieron ante la voluntad del vociferante “amigo de López Obrador”, con la dignidad y el respeto pisoteados. (Leonardo Kourchenko, El Financiero, Mundo, p. 29)

En Tres Patadas // AMLO, Trump, mentiras y dobleces

López Obrador y Trump tienen muchas cosas en común, muchas más de las que ellos mismos pensaban que tenían. Uno es un socialista que le gusta Donald Trump; el otro un capitalista que le cae bien López Obrador. Aunque vienen de mundos opuestos, no es extraño que se reconozcan dos personajes que son mucho más parecidos de lo que parece a primera vista. Tres cosas los hermanan: ambos son profunda y ranciamente nacionalistas, y por lo tanto detestan la globalización; los dos son populistas, uno desde la derecha, otro desde la izquierda, pero tienen al pueblo en el centro de sus discursos, saben interpretar sus deseos más profundos y mover al electorado; y, sobre todo, son un par de mentirosos consumados que no tienen empacho en torcer la realidad para abonar a su visión y su discurso (a Trump el Washington Post le contó 23 mil mentiras o, dicho eufemísticamente, afirmaciones no verdaderas, durante su periodo en la presidencia; López Obrador lleva 48 mil en menos de cuatro años).

¿El gobierno de López Obrador se dobló ante la amenaza de Trump de imponer aranceles? Por supuesto. En México se comentó mucho ese acuerdo operado por Marcelo Ebrard. Fue evidente el cambio, hay un antes y un después en la política migratoria a partir de esa reunión, tanto así que provocó la renuncia del entonces director del Instituto Nacional de Migración (INM), Tonatiuh Guillén, porque no estuvo de acuerdo con la nueva política. El muro de Trump lo hizo la Guardia Nacional en la frontera sur. No hay duda: México se dobló, cedió, negoció, como queramos llamarle, ante una amenaza que, entre que se cumplía o no, ponía en alto riesgo a la economía mexicana.

Pero aquella no fue la primera ni la última vez que México “se dobló” ante los intereses de un vecino mucho más poderoso y con quien mantenemos un relación desigual. Con un estilo totalmente opuesto, sin hacer escandalo ni griterío, sin presumirlo por la plazas, el gobierno de Joe Biden doblegó a López Obrador en su intento por hacer una reforma eléctrica que atentaba contra intereses de empresas estadunidenses. Lo hizo a base de diplomacia y cabildeo, con amenazas sutiles pero formales.

La diferencia estriba en que, de aquella negociación forzada donde el afectado era un tercero -los migrantes centroamericanos-, surgió una relación de mutua admiración entre dos personajes que se reconocieron en su visión populista. Tumbar la reforma eléctrica fue un dardo en el corazón de la pretendida Cuarta Transformación. Aunque el gobierno lopezobradorista nunca va a admitir ni uno ni otro descalabro, hay dobleces que duelen más. (Diego Petersen Farah, El Economista, Política, p. 42)

Bitácora del director // ¿Se secó el apoyo de la clase media?

BUSCAPIÉS

Más allá de su característico lenguaje de bully de patio escolar, Donald Trump hizo el domingo una descripción muy precisa de lo sucedido en la relación con México en 2019: amenazó con poner aranceles y obtuvo, a cambio de no hacerlo, que el gobierno mexicano aceptara enviar a miles de militares a detener el flujo de migrantes. (Pascal Beltrán del Río, Excélsior, Nacional, p 2)

En privado // Serpiente ponzoñosa, me quiso arañar Villamil

Retales

VERSIÓN. Tras la revelación que hizo Trump de su orden para que López Obrador militarizara la frontera, y que nunca había visto a nadie doblarse más rápido, ayer dijo que le cae bien y eludió el fondo: que sí mandó los 28 mil soldados para contener a los migrantes. No se tratara de un mexicano porque las descalificaciones vendrían en chorro. Pero en su palacio, Trump sigue siendo Trump. (Joaquín López Dóriga, Milenio Diario, Al frente, p. 3)

Templo mayor

VAYA, VAYA, una vez más el Andrés Manuel López Obrador del pasado estaría muy decepcionado del AMLO del presente. Y es que en 2016, el entonces dirigente de Morena exigió airadamente que Enrique Peña Nieto se disculpara ante el pueblo de México por haber permitido un trato indignante y humillante de parte de Donald Trump.

PERO como no es lo mismo ser borracho que cantinero, ahora que el propio Trump reveló cómo dobló al gobierno obradorista, López Obrador se olvidó de sus reclamos de dignidad y se limitó a justificar los malos tratos y malos modos del norteamericano.

RESULTA curioso que el Presidente reaccione con tanta docilidad, cuando por mucho menos casi le declara la guerra al Parlamento Europeo. ¿No que muy leoncito? (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 8)

Frentes políticos

Con compostura. Ante las declaraciones del expresidente Donald Trump, y la más reciente dedicada a México, la respuesta por parte del gobierno federal ha sido serena. Trump aseguró haber puesto durante su gestión soldados “gratis” en México y haber “doblado” al gobierno. Recordó la amenaza de imposición de aranceles si no desplegaba el programa Quédate en México. Contrario a lo que muchos esperaban, tanto la reacción del presidente Andrés Manuel López Obrador como la del canciller Marcelo Ebrard fueron mesuradas. El canciller destacó “el patriotismo del Presidente en aquellos momentos críticos”. Lo dicho por Trump pierde fuerza en el contexto: son tiempos electorales en Estados Unidos. Bien. Cada quien a lo suyo. De este lado de la frontera, la prudencia. (Excélsior, Nacional, p. 11)

Bajo reserva

No hubo jalón de orejas a Ebrard

Aunque las declaraciones del expresidente Donald Trump presumiendo que dobló al presidente de México eran insultantes para el mandatario mexicano, nos dicen que algunos de los más conspicuos miembros del ala dura del actual gobierno estaban contentos, pues pensaron que el canciller Marcelo Ebrard podría recibir una reprimenda presidencial. Nos dicen que ayer el presidente López Obrador y el secretario Ebrard sostuvieron una conversación sobre el tema, y el resultado nada tuvo que ver con el anhelado jalón de orejas a don Marcelo. Nos aseguran que AMLO estuvo siempre al tanto de las peticiones y negociaciones con Trump, en las que, dadas las circunstancias, se llegó a los mejores acuerdos posibles. Ebrard, nos aseguran, se mantiene con las orejas intactas, firme, tanto en el gabinete como en la lista de presidenciables. (El Universal, Nación, p. 2)

Misión especial // Quédate en México, según Trump

La experiencia más cercana es la retórica antinmigrante y antimexicana que aparece regularmente en las campañas de Estados Unidos. Ahora estamos ya en la precampaña para las elecciones del 8 de noviembre en EU. Se renovará la Cámara de Representantes, 34 de los 100 escaños senatoriales y se elegirán gobernadores en 36 estados.

La estrategia de los republicanos afines al expresidente Donald Trump es criticar la política migratoria de Biden, enfatizar su debilidad y equiparar la migración con una crisis criminal y de drogas.

La administración Biden ha instrumentado algunas medidas favorables a los intereses de la comunidad mexicana en EU, si bien aún mantiene varias de las políticas restrictivas y de contención que puso en práctica el gobierno de Trump, como la aplicación del título 42 de la ley migratoria que permite a los EU devolver a México a las personas que crucen por su frontera, sin proceso legal, con base en consideraciones sanitarias. Esta medida comenzó a ponerse en práctica a raíz de la pandemia del COVID-19. El anuncio de su eliminación, conveniente para México, está en el origen de las “despreciables” (López Obrador dixit) inspecciones adicionales de camiones por el gobernador texano Abbott, en campaña de reelección.

En este contexto se dan las declaraciones de Trump, durante un mitin en Ohio, de que logró “doblar” a un representante del presidente López Obrador, es decir, el secretario Marcelo Ebrard, durante las difíciles negociaciones para evitar la imposición de aranceles a México. A la medida de Trump se oponían el sector privado, los demócratas y un buen número de senadores, incluyendo algunos republicanos. Las negociaciones se llevaron a cabo del miércoles 5 al 7 de junio, primero en la Casa Blanca, y posteriormente en el Departamento de Estado.

El miércoles 5, al terminar una primera ronda de discusiones encabezada por el vicepresidente Mike Pence y el secretario Ebrard, Jared Kushner llevó a este último a un encuentro con el presidente Trump. No estuve presente y desconozco lo que ahí se habló. El jueves 6 y el viernes 7 las negociaciones se trasladaron al Departamento de Estado. Inicialmente las delegaciones fueron de 10 funcionarios por país. Luego se disminuyó el equipo a cinco. El viernes por la tarde, los tres funcionarios de la embajada fuimos excluidos de las conversaciones finales. Días después me enteré, por un tuit del presidente Trump, que se había firmado un documento adicional al dado a conocer públicamente, del cual el secretario Ebrard nunca me informó como titular de la embajada. 

Quédate en México, había sido negociado y aceptado desde noviembre de 2018, por Marcelo Ebrard, a través de Javier López Casarín, hoy diputado del PVEM, y quien entonces no tenía representación oficial alguna. Me enteré de esa negociación a través del libro Border Wars, publicado en 2020.

Tampoco se me informó de dicho acuerdo. Se manejó como una medida unilateral de EU. (Martha Bárcena, El Heraldo de México, País, p. 7)

Estrictamente personal // Desnudaron al Presidente

Quién lo iba a pensar. Donald Trump, a quien el presidente Andrés Manuel López Obrador ve fraternalmente y ha puesto la cara por él hasta la ignominia, lo maltrató de una manera miserable el sábado pasado durante un mitin electoral en Ohio. Trump fue a respaldar a un candidato republicano al Senado y habló de muchas cosas en el evento, regodeándose burlonamente sobre cómo impuso al secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, el envío de 28 mil soldados a la frontera sur de México para contener la migración. La forma como lo explicó mostró una gran elasticidad de Ebrard y de su jefe López Obrador, para doblarse ante Trump. Los dos reaccionaron sin atajar el señalamiento de fondo: lo fácil que fue hacer que cumplieran lo que quería. 

Trump dijo que le exigió a Ebrard el programa Permanecer en México y el envío de soldados a la frontera con Guatemala. De no cumplir con ello, le advirtió, impondría aranceles a productos mexicanos. No se sabe si el canciller, que habló con Trump en la Casa Blanca, consultó con el presidente López Obrador la decisión a tomar, pero el resultado, como lo describió Trump, es que “nunca (había) visto a nadie doblarse así”. Ayer, siguieron doblados el Presidente y su canciller.

Pudieron desmentirlo en la mañanera, pero se fueron por las ramas. López Obrador dijo, pese al tamaño del insulto, que se entendió con Trump cuando era presidente y que fue bueno para las dos naciones. Hasta en la humillación es condescendiente con Trump. López Obrador justificó sus dichos por el contexto electoral que se vive, aceptando con el silencio el trato indigno que recibió. La reacción de Ebrard fue todavía peor. Sin atacar el fondo de las palabras de Trump, que lo muestran como un pelele, dijo que López Obrador era un patriota y que había mostrado entereza en los “momentos críticos” de la negociación con el entonces jefe de la Casa Blanca, aunque no se refería al episodio de las amenazas por la migración, sino la del acuerdo comercial de América del Norte.

Los dos se quedaron sin espacio de maniobra y en entredicho, al ubicarlos en el mitin que convocó López Obrador en Tijuana el 8 de junio, un día después de la reunión de Ebrard con Trump, que proponía un acto de unidad en defensa de la dignidad de México y a favor de “la sagrada amistad con el pueblo de Estados Unidos”. Ebrard voló de Washington a Tijuana para sumarse al evento y declarar a pulmón abierto, que México había evitado la imposición de aranceles, con su “dignidad intacta”. Hoy sabemos, porque no lo desmintió ni el canciller ni el Presidente, que ellos miden la dignidad muy distinto a como la miden muchos mexicanos.

Lo que negociaron con Trump a cambio de cancelar su amenaza de represalias comerciales, fue enviar al Ejército –aunque nunca se llegó a 28 mil soldados– a frenar a la migración centroamericana en la frontera sur, el viejo sueño de Estados Unidos de correr su frontera estratégica del río Bravo a Guatemala, una exigencia que siempre rechazaron los gobiernos mexicanos, sin distinción de filiación o sistema político. Pero además aceptaron, en un cambio radical a la política de asilo mexicana, que los centroamericanos que pidieran asilo a Estados Unidos, no lo hicieran en su territorio, sino en tierras mexicanas.

La declaración de Trump los desnudó y descolocó. Quedó muy claro ayer en la mañanera, donde el presidente López Obrador luchó para tratar de salir del pozo en el que lo arrojó Trump, bateando las preguntas específicas de la prensa. Como botones de muestra:

-¿Le faltó al respeto Donald Trump con estas declaraciones? ¿Se excedió?

-No, no, no. Él es así, y hay que ver las circunstancias.

¿Fue falso lo que dijo?

No voy a polemizar sobre eso. En mi libro cuento cómo fue la relación.

De ahí, como suele suceder cada vez que quiere evadir un punto delicado, conflictivo o busca desviar hacia un tema que le interese, comenzó a divagar y hablar de cosas inconexas. Ayer, sobre las reacciones a la muerte de la palma en Paseo de la Reforma, de Enrique Krauze y las imputaciones insustanciales que le hace reiteradamente. Tampoco faltó el periodista Carlos Loret, donde el Presidente apuró para tratar de cambiar el curso de la conversación, para dar a conocer su departamento en Polanco. Es decir, nada sustancial ni relevante para tan grave acusación.

El 3 de junio de 2019, tras el amago de Trump de imponer aranceles como represalia por el flujo migratorio sin control, se escribió en este espacio: “En 72 horas, el presidente Andrés Manuel López Obrador dio muestras de un manejo de crisis totalmente inapropiado ante la amenaza del presidente Donald Trump, de imponer cinco por ciento de aranceles, que irían escalando en represalia por las insuficientes acciones para frenar a la migración centroamericana”.

“El Presidente fue de una posición enérgica a una serie de equivocaciones tácticas, falta de estrategia, situaciones embarazosas para su secretario de Relaciones Exteriores, y afirmaciones donde mostró un giro de su actitud soberana, para caminar hacia la capitulación. Después de esos tres días erráticos y confusión política, el Presidente continuó enredándose en declaraciones y Trump, escalando el costo político para el gobierno mexicano. El resultado de las pláticas esta semana en Washington no pinta bien para el gobierno lopezobradorista”.

Al terminar esa semana, la narrativa en Tijuana fue la de una batalla épica en la Casa Blanca, donde negociaron con talento ante Trump y evitaron los aranceles. Casi tres años después, uno de los protagonistas, Trump, contó su versión de la historia, que está en las antípodas del heroísmo planteado por Ebrard. Trump miente, pero ni el Presidente ni el canciller lo enfrentaron. Al contrario. El silencio ante lo que dijo el sábado en Ohio convierte un dicho en verdad, y una acción en realidad. López Obrador capituló y ante Trump, sigue de rodillas. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Política, p. 36)

Duda razonable // El éxito trumpiano… en México

Desde que dejó la presidencia de Estados Unidos a Donald Trump no le va tan bien. En su país, tanto el Congreso como en algunas fiscalías siguen las investigaciones en su contra por los eventos en el Capitolio y por asuntos de sus empresas.

Fuera de las redes sociales, su presencia se ha reducido más allá de que un numeroso bloque de fanáticos sigue creyendo en lo que diga y esperando que vuelva a competir por la Casa Blanca, aunque, viendo el panorama, varios republicanos ya comienzan a preparar campañas porque han visto un espacio para que Trump no llegue a la elección de 2024.

Será por eso que el expresidente estadunidense ha recurrido a un viejo cliente para entusiasmar a quienes asisten a verlo en sus concentraciones: el gobierno de México.

Le pasó primero a Peña Nieto cuando lo invitó a Palacio Nacional después de los insultos a mexicanos y aquello del muro. Horas después de la absurda reunión, Trump volvió a ser… Trump. Ahora le tocó a López Obrador y Marcelo Ebrard.

El discurso del sábado de Trump en un mitin para apoyar a su preferido a una candidatura al Senado no reveló nada que no supiéramos. En 2019, después de haber perdido el control de la Cámara de Diputados y mirando hacia la elección de 2020, Trump decidió volver a hacer de la migración y la frontera su tema de campaña. Las consecuencias fueron claras: México aceptó el programa Remain in Mexico y mandó a miles de soldados y elementos de la Guardia Nacional a la frontera sur a contener la migración centroamericana con los resultados y episodios de violencia que todos vimos.

Y, por cierto, Trump nunca cumplió su único compromiso de mandar no sé cuántos millones de dólares a Centroamérica para apoyar el desarrollo de la región; es decir, el gobierno de López Obrador y su canciller hicieron lo que el gobierno estadunidense, y Trump en particular, quería. Igual que cuando Peña Nieto y su canciller Luis Videgaray lo recibieron como candidato en Palacio Nacional y así reanimar su primera campaña. 

Y claro, pues Trump es Trump y vive en campaña y tal vez adorna un poco las conversaciones y así, pero en los hechos… pues sí, con relación a México las ha ganado todas. Y sí, seguiremos siendo su piñata mientras él quiera seguir siendo candidato y será él el que recoja los dulces. (Carlos Puig, Milenio Diario, Al frente, p. 2)

Arsenal // Cárcel o “fusilamiento pacífico” a opositores, proponen en Morena

Nos llegó un viejo video en el que aparece AMLO indignado por el “ninguneo” de Donald Trump al entonces presidente de México, Enrique Peña Nieto, en una entrevista telefónica que ambos tuvieron hace más de un lustro. En ese video se escucha al tabasqueño decir: “Es una humillación para México, porque Peña representa, aunque no nos guste, al pueblo de México”.

Y más adelante: “Exijo que Peña se disculpe con el pueblo de México y que de inmediato se presente una denuncia en la ONU contra el gobierno de Estados Unidos y Donald Trump, por violación a los derechos humanos y discriminación racial”.

Pero ayer el propio exjefe de la Casa Blanca ninguneó a AMLO al declarar, en un mitin de apoyo a un candidato republicano al Senado, que nunca vio a nadie “doblarse tan fácilmente” frente a la amenaza de aranceles como su amigo, el “socialista” mexicano, quien, dijo, le cae bien y, además, puso “gratis” a 28 mil soldados mexicanos para combatir la migración. Esta vez no hubo el menor asomo de indignación o amenaza de ir a las Naciones Unidas por parte de López Obrador. Mucho menos, una disculpa al pueblo de México.

Al comentar las últimas declaraciones de Trump, dijo: “A mí me cae bien el presidente Trump, aunque es capitalista. Lo cierto es que nos entendimos y fue bueno para las dos naciones. Ahora estoy sintiendo que se está hablando más de México en Estados Unidos y es importante que sepamos por qué. Este año va a haber elecciones en Estados Unidos…

“Tanto los de un partido como de otro están queriendo poner a México en sus temas de debate con lo migratorio, tratando de sacar raja de las fobias, racista, discriminatoria, que existe en Estados Unidos y en todo el mundo.

“Entonces, es muy bueno que se sepa que nosotros no vamos a permitir a ningún partido de los dos de Estados Unidos, ni a ningún candidato, que utilicen a México como piñata”, aseguró. Lo que también sería muy bueno es que nos dijera cómo va a impedir que México sea utilizado negativamene en esas campañas electorales. (Francisco Garfías, Excélsior, Nacional, p. 4)

Puentes y cruces // El sur de México en Norteamérica: El Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec

La semana pasada tuvieron lugar dos eventos en Veracruz que muestran la solidez de las relaciones con Estados Unidos y Canadá, y las grandes oportunidades económicas y de inversión entre nuestros países a partir de la entrada en vigor del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC). 

El primero fue la presentación del nuevo proyecto de inversión de la empresa Constellation Brands, en Veracruz, por 1.3 mil millones de dólares, que impulsará el desarrollo económico en la región mediante dos mil empleos directos y más de diez mil indirectos. (…)

La relevancia de este corredor es más patente que nunca después de las disrupciones en las cadenas de valor durante la pandemia, ya que permitirá reducciones significativas en costos y tiempos de traslado para las empresas. Así, reafirmamos la posición de México como un país con vocación para la inversión extranjera que, además, busca reforzar la integración económica y la competitividad de América del Norte.

Esta semana no queda exenta de encuentros para el fortalecimiento de las relaciones con nuestro país vecino. El día de ayer acompañé al canciller Marcelo Ebrard en una reunión con Spencer J. Cox, gobernador de Utah. El gobernador resaltó los fuertes lazos que unen a su estado con México y destacó que esa fue la razón de haber elegido a nuestro país como su primera visita internacional. Asimismo, hoy tendré oportunidad de conversar con el gobernador de Colorado, Jared Polis, en el marco de la Bienal de las Américas, evento que es realizado por el estado de Colorado y del cual la Ciudad de México es sede este año. 

Por último, a partir de las recientes declaraciones del expresidente Trump, han vuelto a la conversación pública algunas falsas ideas en materia de política exterior. Vale la pena resaltar lo que ya ha dicho el canciller Ebrard: por instrucciones del presidente López Obrador, México rechazó la condición de aceptar un Tercer País Seguro, la condición central de las amenazas arancelarias. Aun así, evitamos una crisis económica, con efectos negativos para ambos países, y también rechazamos una imposición contraria a los intereses de México. Es una buena síntesis de nuestra política exterior: diálogo efectivo para evitar confrontaciones, con un claro propósito central: la defensa de México. (Roberto Velasco Álvarez, Excélsior, Nacional, p. 14)

Rompe-cabezas // Verdaderos valientes

La verdadera valentía no es gritar fuerte, desde lejos, sino pararse con sobriedad y enfrentar las consecuencias de los dichos, en los hechos.

El fin de semana pasado, Donald Trump volvió a tomar a México como objeto de sus ataques y descalificaciones al decir sobre el presidente Andrés Manuel López Obrador que “nunca había visto a nadie doblarse así”, frente a las amenazas de aranceles, y envió a la frontera 28 mil solda­dos sin cobro, de a gratis.

El mandatario mexicano trató de evadir las imputacio­nes, pero afirmó que no permitirá que el país sea utilizado como piñata en las campañas electorales en Estados Uni­dos. Evidentemente, trataba de disminuir las imputaciones directas trasladando el peso de la explicación al canciller Marcelo Ebrard y agregó un “así es él. Me cae bien”.

Donald Trump se dirige a su base electoral, el ciudada­no promedio que se siente afectado por la migración mexi­cana; pero no miente, puesto que, incluso, fue confirmado por las autoridades mexicanas al reconstruir cómo el país aceptó sellar las fronteras en contra de la entrada de indocumentados al país.

La primera estrategia, la de minimizar los dichos aludiendo simpatías personales, es un acto reflejo muy lejano al entonces candidato, cuando fustigaba al entonces presidente. Aquel candidato escandaloso que exigía que se diera a conocer la entrevista entre Peña Nieto y Trump, puesto que decía que serían las bases para acusaciones de racismo y discriminación ante los organismos internacionales de derechos humanos.

Aquel candidato que prometió una cadena de mexicanos por toda la frontera ante la ampliación del muro fronterizo como, efectivamente, lo hizo la administración Trump, sin que se cumpliera la amenaza cuando ya era Presidente de los mexicanos.

El asedio a los mexicanos es muy rentable para Trump, quien desde ya está en campaña electoral. Es fácil esperar que regrese la violencia verbal y que ahora sea mucho más fuerte, más deleznable. Preocupa la baja solidez en la respuesta del Ejecutivo mexicano.

Preocupa sobremanera la poca firmeza del gobierno mexi­cano ante una negra realidad que se avecina. No sólo será Trump quien utilice un lenguaje cada vez más ofensivo y poco institucional en contra del presidente López Obrador, sino que será un tema reiterado por parte de candidatos de ambos lados de la contienda presidencial.

Si se cree que Trump es favorable a la actual adminis­tración mexicana porque, de una manera pasivo-agresiva, hace afirmaciones como que “el presidente López Obrador me cae bien, aunque sea socialista”, y sólo basta responder en los mismos términos, se está cometiendo una gravísima equivocación. En la política no hay amigos, sino intereses comunes o divergentes.

Se extraña una voz firme, determinada, como la que utilizó el expresidente Enrique Peña Nieto cuando ofreció un mensaje a la nación en el que fijó la posición del gobierno mexicano ante amenazas y descalificaciones. 

El estilo campechano es evasivo, poco comprometido y, para algunos, podría ser considerado como cobarde. Per­mite no enfrentar problemas, sino lanzarlos al futuro, pero se debe recordar que cualquier problema que se posterga se agrava. (Kimberly Armengol, Excélsior, Global, p. 21)

Artículo mortis // La otra guerra de Putin

Y no hay que irse tan lejos: López Obrador ha minimizado una y otra vez el horror y la sangre que Moscú riega tan generosamente sobre Ucrania, acusando a la prensa de sesgada. Ya bien entrada la guerra dio su venia para el establecimiento de un grupo parlamentario “de amistad” entre Rusia y México. Y ayer mismo, dándole coba a ese bloque, en respuesta a los insultos humillantes que Trump le prodigó el fin de semana en uno de sus mítines, el Presidente de México contestó que Trump le caía bien: “Lo cierto es que nos entendimos y fue bueno para las dos naciones”.

No estamos hablando de detalles menores. Trump describió cómo en 2019 amenazó a nuestro país, en una visita no registrada de Marcelo Ebrard a la Casa Blanca cuando éste fue a Washington, con recetarnos aranceles si no le ponían “soldados gratis” en la frontera para detener la migración, y remató diciendo, con cara de satisfacción, que “nunca nadie se había doblado así, lo amenacé y se dobló”.

No hay registro oficial de semejante reunión, pero es un hecho que poco después la Sedena envió 10 mil soldados a la frontera sur y 15 mil a la norte.

El horror sembrado por Putin en Ucrania está en todos los medios. Pero muy pocos están viendo el corrosivo veneno que, sin ser polonio o novichok, el Kremlin vierte día a día en el alma de las naciones hasta ahora libres, incluyendo a la nuestra. (Roberta Garza, Milenio Diario, Política, p. 11)

Pensándolo bien // La piñata nunca termina bien

No seremos piñata de nadie, ha respondido el presidente Andrés Manuel López Obrador a las bravatas de Donald Trump. Y la frase podría trivializarse como una más de las provocaciones de las mañaneras destinadas a perecer tres días más tarde.

Pero más allá de la polarización que convierte a toda declaración del Presidente en combustible para la beatificación o la crucifixión, me parece que estamos frente a un tema trascendente que conviene analizar desde una perspectiva más amplia que el debate entre obradorismo y antiobradorismo. Para empezar, habría que asumir que, como nunca, la migración latina será pieza nodal en las campañas electorales regionales en lo que resta del sexenio de Joe Biden y trampolín en la estrategia de Donald Trump para regresar a la Casa Blanca. Por desgracia se trata de un “protagonismo” que en nada nos favorece.

Los expertos no se han puesto de acuerdo si estamos frente al inicio de una recesión mundial, pero incluso en un escenario favorable está claro que los próximos años no serán de bonanza.

En ese sentido, los trabajadores extranjeros y en general “los otros” se han convertido en el chivo expiatorio al que los políticos en campaña de los países del llamado Primer Mundo apelan con mucho éxito y sin ninguna factura política. Está sucediendo en Europa y en Estados Unidos.

Y por más que existan argumentos contundentes para destacar los beneficios que aporta una fuerza de trabajo barata y disponible, las campañas electorales no son precisamente gabinetes propicios al análisis ponderado. Por el contrario, el tema migratorio será distorsionado y satanizado para convertirlo en la causa de muchos males, en punching bag del resentimiento de los sectores populares estadunidenses lastimados por el lento declive del imperio.

Los políticos competirán entre sí para mostrar la línea más dura posible frente a “las oleadas de los bárbaros que inundan la frontera”. Lo estamos viendo ya en las acciones y el lenguaje intolerante del gobernador de Texas, Greg Abbott, quien no esconde sus deseos de prolongar su carrera en ámbitos federales.

Desde luego no es sano convertir en pesadilla todo lo que se dice en un mitin electoral. Los políticos suelen actuar de una manera durante la campaña y de otra una vez convertidos en funcionarios. Pero, aunque sea en menor escala, hay una proporción entre lo que se dice y luego se hace. Trump fue infinitamente más hostil como candidato que como Presidente, y no obstante alcanzó a hacer un daño incuestionable para la causa de los latinos durante su gestión. Entre más estridentes y desmesurados sean los discursos y más encono se genere entre la opinión pública, mayor será la radicalidad de las medidas que puedan tomarse en contra de nuestros intereses.

¿Estamos condenados a quedarnos cruzados de brazos o podemos hacer algo al respecto? El presidente López Obrador ha dicho que no permitirá que seamos tratados como piñatas en las elecciones. Más allá de la folclórica frase, el suyo es un llamado a elevar el costo de convertir a los latinos en el enemigo número uno en la Unión Americana.

Cobrarle en votos es la única moneda valorada por un candidato en campaña. Quizá constituye una exageración hacer pasar por músculo la cifra de 40 millones de latinos que viven en Estados Unidos, mencionados por AMLO, pero la política se alimenta de percepciones. Es un universo tan grande que incluso apenas una fracción de esa cifra podría incidir en las estrategias de campaña. La pregunta es si tal amenaza podría ser tomada en cuenta por los distintos cuartos de guerra de republicanos y demócratas.

Frente al poderoso lobby judío o el de la industria de armas, por ejemplo, capaces de imponer su agenda en el Congreso, muchos se han preguntado si la creciente importancia de los latinos podría convertirse en una presión a escala nacional en Estados Unidos, más allá del peso que llega a tener en algunas elecciones locales.

Muchos factores juegan en contra de ello: la heterogeneidad de este universo (mexicanos, puertorriqueños, cubanos, venezolanos, etc.), las diferencias regionales, el quiebre entre generaciones, el antagonismo de los asimilados frente a los recién llegados (recordemos que 28 por ciento de los latinos votaron por Trump en 2016), la falta de un impulso articulador de intereses comunes.

Y sin embargo, los casi 50 mil millones de dólares anuales de remesas enviadas a México y a Centroamérica revelan que hay identidades vigentes y un interés puntual de los que se fueron con sus familiares y países de origen. Un fenómeno que podría convertirse en materia prima para intentar hacer algo. Más allá de las empatías y antipatías que cada cual tenga respecto a López Obrador, es evidente que él es un factor coyuntural favorable para este propósito. Buena parte de los mexicanos que trabajan en Estados Unidos proceden de, y están en contacto con, los sectores populares que apoyan al tabasqueño.

Construir una campaña que reste votos a todo candidato y a todo legislador que lastime intereses de los latinos es un reto mayúsculo. Hacerlo desde México sin ser acusados de intervencionismo es aún más difícil. ¿Pero no es eso lo que hacen los cabilderos de las empresas transnacionales para presionar a la clase política local a conducirse de acuerdo con sus intereses?

No se trata simplemente de una obligación moral para proteger a los que se fueron o para impedir la deportación inhumana de tantos compatriotas. Se trata de defender allá lo que tendrá brutales consecuencias aquí. Las medidas que afectan la vida fronteriza, que alteran las remesas, que impactan en el comercio o en las cadenas productivas entre ambos países son decisivas para millones de mexicanos. Y todos estos temas serán el trasfondo en las campañas de linchamiento a las que se verán tentados a incurrir los candidatos republicanos y demócratas en las próximas elecciones.

Si vamos a hacer algo habría que hacerlo bien y pronto. Porque, en efecto, la suerte de las piñatas ya la conocemos todos. (Jorge Zepeda Peters, Milenio Diario, Política, p. 14)

Historias de reportero // El presidente es un desmentido de sí mismo

Acusa de “traición a la patria” a los legisladores de oposición que votaron en contra de su reforma eléctrica en el Congreso. A los pocos días, el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, cuenta que nunca había visto a alguien “doblarse” como se dobló López Obrador cuando Trump le ordenó destinar gratuitamente 26 mil soldados mexicanos a parar migrantes. 

El presidente no logra tener los votos suficientes para cambiar la Constitución. Pierde la votación en el Congreso, pero dice que en el fondo esa derrota es un triunfo. 

Presume tener una popularidad que es récord mundial: 70%. Pero a la consulta que armó para ratificar su mandato sólo acudió a respaldarlo el 16% de los votantes.

Una de las ministras de AMLO en la Suprema Corte, esposa de su constructor favorito, otorga un amparo al hermano incómodo, Pío López Obrador, para que la FGR no entregue al INE la carpeta del caso. El argumento: proteger los datos personales de Pío. Simultáneamente, el presidente en su conferencia de prensa diaria divulga datos personales del periodista que reveló el video donde Pío aparece recibiendo fajos de billetes en efectivo clandestinamente y diciendo que el dinero es para su hermano Andrés Manuel.

El presidente dice que ya se terminó la corrupción. Simultáneamente, su exconsejero jurídico a quien considera un “hermano”, denuncia a su Fiscal General por corrupción. El fiscal General, a su vez, tiene un expediente abierto contra el exconsejero jurídico… por corrupción.

El presidente da por cancelado el diálogo con artistas y activistas que denuncian el ecocidio del gobierno al construir el “tren maya”. Argumenta que decidieron no ir. Los artistas y activistas contestan que todos, salvo uno de ellos que no se encuentra en el país, estaban listos para acudir a Palacio Nacional el día y la hora en que los habían convocado.

¿Cómo aguantas a este señor (AMLO) todo el tiempo?, le pregunta la periodista Concepción Villafuerte al vocero presidencial. “Esto me tocó”, contesta resignado Jesús Ramírez. Se sinceró. No sabía que lo estaban grabando.

El que se pasa fustigando al expresidente Carlos Salinas de Gortari tiene entre sus filas a uno de los salinistas más connotados. Puso al frente de Segalmex (Seguridad Alimentaria Mexicana) a Ignacio Ovalle. Segalmex es como el Conasupo de Salinas. Ovalle encabezó Conasupo con Salinas y Segalmex con AMLO. Cuando la Auditoría Superior le descubrió irregularidades por 9 mil millones de pesos, López Obrador lo protegió cambiándolo de área.

Un fin de semana con manifestaciones por todo el país: mujeres clamando el alto a los feminicidios. El presidente no le dedica ni un minuto de sus casi tres horas de mañanera. (Carlos Loret de Mola, El Universal, Nación, p. 5)

Alhajero // Trump pretende humillar a México y a Ebrard

Qué pretende Donald Trump con esa narración en tono de ópera bufa con la que, según cuenta, dobló —“no había visto a nadie doblarse así”— a Marcelo Ebrard en las negociaciones de junio de 2019?

La exembajadora de México en Estados Unidos, Martha Bárcena, responde sin titubeos: pretende humillar a México y al funcionario (Ebrard), y presentarse como un gran negociador.

La escena ocurre, ciertamente, en el marco de la campaña electoral en Estados Unidos. Pero también es cierto —comenta con Julio Astillero— que los dichos del expresidente “reflejan elementos” de aquellas negociaciones en las que Trump amenazó con imponer aranceles a los productos mexicanos.

De hecho, bien vale leer con detenimiento el hilo que escribió Ebrard en su cuenta de Twitter, en respuesta a los dichos de Trump y no queda claro un desmentido absoluto al respecto. El titular de la SRE menciona como muestras de soberanía y del patriotismo del presidente López Obrador el excluir el capítulo energético del T-MEC; diferir frente a EU en la posición con respecto a Venezuela y “rescatar” a Evo Morales.

Cierto. Bien por ello. Pero en su hilo no asoma un desmentido a la escena en la Casa Blanca —que muy bien puede estar magnificada, hiperbolizada al estilo de Trump— y más bien, se confirma en los hechos, la esencia de sus palabras y del resultado de aquella negociación:

El gobierno de AMLO desplegó más de 20 mil efectivos (militares, guardia nacional) en nuestras fronteras para contener la migración.

Se oficializó —y reforzó— el programa Quédate en México (que ya había sido aceptado y negociado en secreto por Javier López Casarín, en nombre de Ebrard, desde noviembre del 2018).

Sobre la reacción de AMLO —“a mí me cae bien el expresidente Trump, aunque es capitalista…”, habría que verla tal vez como un guiño entre ambos personajes. Después de todo, el estadounidense le dio su buena sobadita al ego: “…el Presidente, un tipo muy bueno, que me gusta mucho, es un socialista, pero me gusta, es uno de los socialistas que me gustan”. Juego entre dos. Suficiente para que el tabasqueño lo trate amistosamente. Así lo fue antes y lo sigue siendo a la fecha, más allá de cuantas barbaridades y humillaciones endilgue Trump a los mexicanos.

En cuanto a achacarle todo el sainete trumpiano a las elecciones por venir en el vecino país, valga recordar —lo subraya la embajadora eminente— que en 2020, en el contexto de la campaña electoral de EU, “logramos que no se hablara de México”. Si ahora se hace, significa que hemos perdido lo que habíamos avanzado. En cuanto a Ebrard, ni manera de ocultar la exhibida…, y la humillación. (Martha Anaya, El Heraldo de México, País, p 5)

Pulso político // Al caos, por violación a Constitución y leyes

Contra su costumbre de reaccionar de inmediato a cualquier crítica, acusación o descalificación en su contra, como la de Donald Trump, exmandatario de Estados Unidos, al alardear cómo lo “dobló”, al obligarlo a enviar, “gratis”, más de 25 mil soldados a las fronteras sur y norte de México para frenar la migración centroamericana bajo amenaza de imponerle al país más aranceles, el Presidente Andrés Manuel López Obrador no lo hizo esta vez.

Se concretó a decir que “a mí me cae bien el ‘presidente’ Trump, aunque es capitalista” —luego de que éste dijera el sábado en un mitin en Ohio, que “le cae bien López Obrador, aunque es socialista”— y atribuyó la revelación del magnate neoyorquino a que se acercan las elecciones en EU y que “no va a permitir” que en sus campañas, los partidos políticos de ese país utilicen a México “como piñata”. 

Y como el exocupante de la Casa Blanca aseguró que al primero que “dobló”, con la amenaza arancelaria a México, fue al canciller Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores, éste respondió que no tiene nada de qué avergonzarse y lo acusó de ser un hombre en campaña, “agitando el antimexicanismo que lo caracteriza”. (Francisco Cárdenas, La Razón, México, p. 7)

Día Hábil // Trump dobló a Ebrard y a AMLO y no le contestan; ¿fusilamiento pacífico?

Históricamente México ha tenido que soportar la presión y el maltrato de Estados Unidos.

Sin duda.

Porque enfrentarle y desafiarle sería una lucha desigual, como la de David contra Goliat.

La dependencia del débil y pequeño del fuerte y grande.

Eso nadie lo duda.

Pero que Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard Casaubon no contesten, no enfrenten a Donald Trump cuando éste los ha exhibido y humillado es inaceptable.

 

Sobre todo, porque el engreído del copete y peluquín ya no es el presidente estadunidense.

Sí, tiene poder y miles de millones de dólares, pero ya no vive en la Casa Blanca.

Entonces ¿por qué no contestar directamente y no con mensajes velados o presuntamente diplomáticos? 

No se necesita ser adivino o mal pensado y adversario de Andrés Manuel y su gobierno -como él asegura- para saber que lo dicho por el republicano es verdad: 

Los dobló en 2019 con la amenaza de elevar los aranceles a las exportaciones mexicanas si López Obrador no aceptaba enviar 28 mil soldados a cuidar las fronteras norte y sur. 

Y gratis. 

Con cargo al erario mexicano.

Gran parte de la culpa la tiene Andrés Manuel, porque invitó en campaña y, luego, como presidente electo, a los migrantes centroamericanos a venir a México. 

Les ofrecía no sólo recibirlos sino hasta empleo. 

Y por eso decenas de miles comenzaron a entrar por el sur con destino a Estados Unidos.

Por Chiapas, principalmente. 

Y luego hasta utilizó al Ejército y a la Guardia Nacional para contenerles, para golpearles. 

Así de contradictorio y cambiante en sus políticas. 

Lleno de ocurrencias y con cero planeación o estrategia. 

Hasta Porfirio Muñoz Ledo, su amigo, quien le entregó la banda presidencial en 2018 en la Cámara de Diputados, lo criticó por maltratar a los migrantes.

No podemos aceptar que la migración sea una palabra maldita, la migración es un derecho humano que debe ser respetado, así lo consagran la Constitución y todos los tratados internacionales, dijo .

-Lo que en mi criterio es inmoral e inaceptable es el doble rasero entre la frontera norte y la del sur. Por una parte exigimos que nos abran las puertas y por el otro lado sellamos el paso de los centroamericanos para hacerle un favor a los Estados Unidos, añadió en el mitin al que convocó López Obrador para celebrar la dizque victoria sobre Trump y la defensa de la soberanía.

Dos días después de que en un evento en Ohio, el sábado pasado, el empresario vuelto político presumiera que en 2019 sometió a ambos, ayer ni Andrés Manuel ni Marcelo se atrevieron a enfrentarlo. 

O a desmentirlo.

Trump presumía todos los días que Estados Unidos tenía 28 mil soldados desplegados en ambas fronteras y gratis.

– ¡Señor sería un honor tener 28 mil soldados en la frontera! ¡Sería un honor tener Quédate en México!, dice Trump que el enviado del presidente (López Obrador) le respondió cuando le exigió eso o atenerse a las consecuencias. 

Andrés Manuel dijo ayer en la mañanera que no permitirán que a México lo usen como piñata y, mañosamente, se colgó del ex preciso, quien le llamó gran tipo, aunque socialista, pero agradable. 

– Nos llevamos bien, presumió. 

Marcelo sólo tuiteó que el candidato anda en campaña sembrando el antimexicanismo.

¿Por qué no contestar?

¿A qué le temen? (Alberto Montoya, Ovaciones, Política, p. 2)

Ciudad perdida // Trump y su dislate de campaña

a respuesta, contundente: “… Por favor, recuerde que no me falta valor, que no soy cobarde ni timorato, sino que actúo por principios”. El párrafo pertenece a la carta de respuesta que el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, envió, con fecha 30 de mayo del 2019, a Donald Trump, quien ese mismo día lanzó la amenaza de cobrar impuestos a las mercancías exportadas por México si no aceptaba convertirse en el tercer país de asilo para los migrantes. Ése era el punto, obligar al país a ser lugar de asilo y no lo logró.

Aunque las declaraciones de Trump en campaña nada tienen que ver con la realidad, baste recordar aquello del muro que México tendría que pagar (el gobierno del republicano fue uno de los que menos tapias puso al muro) para darnos cuenta de los alcances del agente naranja cuando de hacer propaganda se trata.

Pero lo que sí es verdad es que López Obrador, muy confiado y tranquilo, después de enterarse de lo dicho la semana pasada por Trump, y de platicar con su canciller, Marcelo Ebrard, como no queriendo la cosa soltó una dura advertencia como para que la entienda quien la quiera entender.

López Obrador recordó que hay 40 millones de mexicanos en la nación de las barras y las estrellas, lo que significa algo por arriba del 10 por ciento de sus habitantes y que si no se sienten bien tratados por un político de aquel país, votarán en su contra.

Por decirlo de otra manera: para Trump no habrá votos de mexicanos, y en una de esas tampoco de los centroamericanos que están en aquel país. No, no dijo que iría contra Trump, sólo habló de negarle el voto latino al o los candidatos que maltraten a nuestros países.

De cualquier forma, recordar aquel episodio del 2019 resulta bueno para todos. El asunto, como dijimos, es que Trump pretendía que México se convirtiera en un tercer país de asilo, lo que representaba dotar de residencia oficial, o de asilo, a cuando menos un millón de personas, la mayoría centroamericanas; es decir, dar servicios de todo tipo a esos migrantes.

Marcelo Ebrard resultó clave en el asunto. Unas horas después de la declaración de Trump ya estaba en Washington en conversaciones con el equipo de la Presidencia de EU, que no pretendían aflojar en nada; querían a México como la fórmula para deshacerse de la migración, que por otro lado no buscaba quedarse en México, sino ir al país de Trump.

Y no sólo eso. La iniciativa privada de EU también reaccionó. Un arancel a los productos del campo o a la industria automotriz resultaba criminal. Ebrard y su equipo habían sensibilizado a ciertos grupos de la iniciativa privada estadunidense, claves en el problema, pero eso no tenía nada que ver con las intenciones de Trump, hasta que la situación se convirtió en un bumerán que amenazó con golpear también a los de aquel lado.

Aunque a decir verdad, las quejas y las advertencias de los grupos financieros hacia Trump también tuvieron que ver en lo que terminó siendo la solución al conflicto. 

México mandó soldados a las fronteras y aseguró que en 45 días el flujo migratorio disminuiría, como era obvio para el canciller mexicano, pero no se convirtió en lo que Trump quería, por lo que había presionado y amenazado. El no rotundo a convertirnos en tercer país de asilo y las presiones de la iniciativa privada de los dos lados de la frontera doblaron a Trump.

Para muchos, este episodio no es tan impactante para México y su Presidente, dado que parte de una voz poco confiable, sino más bien de un mensaje de Trump a los seguidores de Biden, un mensaje que quiere decir: Yo soy el fuerte, aquel es el débil. Tal vez eso sea cierto, y tal vez por eso aquello de que no se permitirá que México sea la piñata de los competidores políticos de aquel país. (Miguel Ángel Velázquez, La Jornada, Opinión, p. 28)

Astillero

Mujeres, sin protección ni justicia // No sólo Debanhi en NL // Bárcena: no pasarse de listo // Había alternativa ante Trump

La enjundia que Palacio Nacional muestra en otros temas, particularmente mediáticos y políticos, no se ha manifestado en cuanto a la protección de las mujeres, más allá de ciertos detalles retóricos, inserto a fin de cuentas el expediente de los feminicidios en el más amplio de la galopante inseguridad pública nacional.

Entrevistada en un programa de Internet (https://bit.ly/3rRsSOM), Marta Bárcena, quien fue embajadora de México en Estados Unidos y ahora es embajadora eminente, señaló que así habría reaccionado, de haber tenido ella la decisión ante las pretensiones dobladoras de Donald Trump: “Mira, mi carácter es un poco más aguerrido (…) si a mí me hubieran preguntado la opinión final, hubiera dicho ‘vámonos a la imposición de aranceles y vámonos también a elevarle los costos a Trump’; lo cierto es que en el propio gobierno del presidente Trump había mucho temor a que él estaba decidido a esa aplicación de aranceles y a que esa medida hubiera destruido todo el trabajo de años del TLCAN y del T-MEC”.

Explicó Bárcena: había alternativas; sí, la alternativa más evidente era romper las negociaciones el viernes por la tarde; fue un escenario que yo contemplé y así se lo dije al canciller (Marcelo Ebrard) y sobre el cual ya habíamos trabajado: teníamos una larga lista de productos a la que México aplicaría también aranceles retaliatorios, que eran básicamente de los estados donde se vería más afectado el voto republicano.

Como ha dicho el presidente López Obrador, añadió Bárcena, se viene en Estados Unidos una campaña electoral muy dura y me da mucha pena, porque si algo logramos en las elecciones de 2020, trabajando muy estrechamente con congresistas, organizaciones de la sociedad civil, gobernadores, fue evitar que México fuera un tema central de campaña, y no fue. Y si ahora vuelve, quiere decir que perdimos lo que habíamos avanzado.

Respecto a la figura política del canciller Ebrard: pienso que (lo dicho por Trump) sí la impacta y la podría impactar todavía más, porque creo que hay que tener siempre transparencia en la manera en que se actúa y que no se puede andar uno pasando de listo (…) Creo en una diplomacia cada vez más transparente, y creo que los mexicanos somos lo suficientemente inteligentes para que se nos hable con la verdad, con los riesgos que hay siempre, y que se vaya dejando de lado una demagogia populista de envolverse en la bandera sin llevar a cabo acciones concretas de la defensa de México y de los mexicanos. (Julio Hernández López, La Jornada, Política, p. 8)

Cayeron dulces

Pero, ¿qué dicen?, los DULCES ya cayeron, la PIÑATA quedó destrozada, lo dicho por el ex Presidente Trump de cómo “dobló” al Presidente López y a su enviado (Ebrard) está planteado como un hecho consumado, vergonzante, indigno.

¿De dónde vienen entonces con el rollo de que “no permitiremos” que México sea piñata de nadie? ¡Ya fue!

Este Gobierno se sometió a los caprichos del entonces Presidente Trump, nada hicieron ni el Presidente López ni sus seguidores para poner a salvo la dignidad y soberanía de México. ¡Sometieron y humillaron a la 4T durante el cuatrienio de Donald Trump!

Este Gobierno fariseo le hizo los mandados a Trump, el rollo ese de “no permitiremos” es en realidad: “nos aguantamos e hicimos lo que nos ordenaron”. Específicamente, implementar la política que les solicitó Trump de “Quédate en México” con las caravanas de migrantes sur-norte. 

Un poco tarde hoy, nos parece, para ponerse “dignos” cuando ya trapearon el cuarto con ellos. Y todavía afirman orondos que Trump “les cae bien”. 

La verdad, desconocíamos este fetiche por el masoquismo; por lo visto, en el mundo político existen también manifestaciones del “síndrome de Estocolmo”.

Ahora que, demostrando que en el campo de hacer el ridi no hay quién les gane, el pseudolíder de los morenistas, Mario Moren… er, perdón, Delgado, ahora sale con la “novedá” de que va a denunciar por “traición a la patria” ante la FGR (en el pico ésta de su prestigio y autoridad moral, ejem, ejem) a los 223 Diputados que en el ejercicio de su función legislativa constitucional votaron en contra de la contrarreforma energética de AMLO.

Para empezar, los traidores a la patria fueron los que votaron A FAVOR de la contrarreforma, por violar ésta nuestra Constitución y las leyes vigentes. Si no fuera tan PATÉTICO este tipo de amenazas y procederes, como la puntada de pretender encarcelar a Diputados por cumplir con su deber, esto en un país democrático como se rumora que es el nuestro, generaría harta risa la postura del dirigente morenista, desdibujado por completo en su desquiciado afán por quedar bien con su patrón el Presidente. (Manuel J. Jáuregui, Reforma, Opinión, p. 10)

Jaque mate // Los dos amigos

Es una pareja dispareja, pero la amistad entre Andrés Manuel López Obrador y Donald Trump es clara y abierta. No solo se tienen afecto, sino que se han ayudado políticamente. Ni siquiera la burla afecta esta amistad.

Este 23 de abril el exmandatario estadounidense se refirió en un mitin en Ohio al presidente mexicano de manera poco halagüeña: “Nunca he visto a nadie doblarse así”. Narró que un alto funcionario mexicano rechazó su propuesta de que México pusiera a militares a operar como patrulla fronteriza contra los centroamericanos; pero, una vez que amenazó con imponer sanciones comerciales, nuestro país aceptó desplegar “28 mil” militares para detener a los migrantes. México también se dobló, según Trump, al aceptar la política de Quédate en México, que obligaba a quienes querían pedir asilo en la Unión Americana a que lo hicieran desde México.

Trump se refirió a nuestro país como frigging Mexico, expresión que podemos traducir como “pinche México”. A pesar de que ayer el presidente López Obrador declaró que los políticos estadounidenses “nos van a tener que tratar con respeto, como lo hacemos nosotros”, la descalificación no le molestó: “Él es así”, comentó, sin entrar a más detalles sobre lo que pasó cuando su gobierno “se dobló”. “Pues a mí me cae bien el presidente Trump, aunque es capitalista”, añadió. “Fue bueno para las dos naciones”.

La simpatía es mutua. Trump dijo el sábado pasado que le cae bien López Obrador, aunque sea “socialista”. No es la primera vez que ha expresado su afecto por el presidente mexicano. No le ha preocupado que López Obrador, antes de ser electo, haya escrito un libro muy crítico de él, Oye, Trump. Seguro que no lo ha leído. Lo importante es que AMLO lo apoyó no solo con el uso de la Guardia Nacional para detener a migrantes y con el programa Quédate en México, sino que lo visitó durante la campaña de 2020 en un acto de respaldo político. Después, se negó a felicitar al presidente electo Joe Biden hasta casi el momento de la toma de posesión, en 2021, con lo cual validó la mentira de Trump de que había perdido la elección por un fraude.

A Trump siempre hay que tomarle las declaraciones con un grano de sal. La embajadora eminente Martha Bárcena, quien representó a México en Washington en los primeros años de este gobierno, me dijo ayer en entrevista que “México tuvo que bajar los costos del país”. Esto es, para lograr la firma del T-MEC, fue importante darle a Trump algunos premios que le permitieran decir a sus electores que le había impuesto condiciones duras a los mexicanos.

Las diferencias entre México y Estados Unidos, dos vecinos distantes, son inevitables, pero no la cercanía personal entre López Obrador y Trump. Es poco relevante que uno se refiera al otro como capitalista y el otro al primero como socialista. Ninguno es realmente socialista ni capitalista. López Obrador no cree en una economía dominada completamente por el gobierno, ni Trump acepta el libre mercado.

Los dos son, más bien, nacionalistas, convencidos de que la autosuficiencia genera prosperidad. Los dos son populistas y consideran a los periodistas independientes como los mayores enemigos del pueblo. Los dos acusan de traidores a quienes se oponen a sus posiciones. Los dos son conservadores y rechazan las libertades individuales y los equilibrios de poder que defienden los verdaderos liberales. Son tantos los puntos de coincidencia entre Trump y López Obrador que lo sorprendente sería que no se llevaran bien. (Sergio Sarmiento, Reforma, Opinión, p. 8)

Cartones

cartón 1

(Jabaz, Milenio Diario, Al frente, p. 2)

cartón 2

(Chavo del Toro, El Economista, Política, p. 40)

Cartón 3

(Nerilicón, El Economista, El Foro, p. 46)

cartón 4

(Rictus, El Financiero, Política, p. 36)

cartón 5

(Calderón, Reforma, Opinión, p. 9)

reforma

(Pacasso, Reforma, Opinión, p. 8)