Instantáneas:
DISCRIMINADORES. Al parecer la cadena SERSANA es la respuesta para los y las que buscan padecer violencia de género, racismo, clasismo y discriminación. Hasta se pagan altos precios para ser víctima de este tipo de problemas que, en el caso de la violencia de género, llevan hasta el feminicidio.
El nombre de SERSANA, la cadena de gimnasios que hay en la ciudad de México, está muy lejos de que sus alumnos logren buenos resultados en cuanto al aspecto sicológico se refiere. De ahí que CONAPRED, el Instituto Nacional de Migración y la PROFECO realicen el trabajo correspondiente para verificar el estatus migratorio de los entrenadores o “trainers”, así como el trato que estas personas le otorgan a quienes caen en la trampa de la propaganda engañosa que se difunde por diversos medios.
SERSANA, pues, en lugar de “de generar confianza, seguridad y buen humor”, además de “liberar del estrés” a su clientela, las victimiza con la discriminación y la violencia de género. Lo extraño, en todo este caso, es que los “trainers” son extranjeros que practican todo este tipo de racismo y clasismo. Ya son muchas las quejas que han llegado a este espacio. (Raúl Rodríguez, El Universal, Nación, p. 9)
El 7 de junio, justo cuando el clímax electoral esté en su apogeo por los resultados que se estarán dando a conocer, llegará a México la vicepresidenta de los Estados Unidos, Kamala Harris, con temas bajo el brazo que marcarán los próximos tres años, la relación bilateral: la aplicación del T-MEC, los acuerdos por la política migratoria, la coordinación ante el avance del crimen organizado, el acceso a las vacunas contra el Covid-19, y los reclamos de AMLO al gobierno estadounidense por financiar a organizaciones civiles mexicanas.
Dentro de estos temas, el que más preocupa a la administración de Joe Biden es la migración, un frente que le ha traído fuertes dolores de cabeza por los éxodos que se incrementan y una serie de medidas de contención que han tenido que defender en su frontera. Buscará repartir tareas y que la contención se resuelva en la frontera entre México y Guatemala. Las críticas de organismos defensoras de Derechos Humanos se acumulan, principalmente, en la protección integral que deben recibir niñas y niños que viajan solos.
Estados Unidos junto con China, son las potencias económicas que moverán al mundo pospandemia, y la asimetría de México con los Estados Unidos sigue siendo abismal; por ello, mientras nosotros nadamos en una laguna, ellos lo hacen en mar abierto. Esta compleja realidad le permitirá a Estados Unidos buscar imponer sus prioridades. (Omar Cepeda, El Financiero, Opinión, p.24)
En muchos sentidos, Estados Unidos y México comparten ya una economía profundamente interconectada, regional de hecho, pero en la cauda de la pandemia de COVID-19, han optado cada uno por posturas orientadas hacia adentro, con ideas de nacionalismo y hasta autosuficiencia.
la situación geográfica de México y sus posibilidades de acceso al mercado estadounidense, amén de un mercado interno nada despreciable, favorecieron la llegada de inversiones externas interesadas en producir para el mercado norteamericano.
En términos políticos, la posición de México es favorecida por su posibilidad de tener impacto en temas importantes para el país vecino.
En lo inmediato está ciertamente la migración y frontera, convertido ahora en una papa caliente para el gobierno de Joe Biden, y para cuya resolución necesita de la colaboración con la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador.
El hecho de que haya población de origen mexicano, unos 11 millones por nacimiento y unos 38 millones por ascendencia, es un factor de importancia en las consideraciones políticas estadounidenses, en especial para los demócratas de Biden, aunque también para un gobierno mexicano que se beneficia de ellos y debe esforzarse por mantener buenos vínculos.
Así pues, la conveniencia geopolítica y la realidad económica indican que es preferible un aliado, tan irritante como sea, que un adversario. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 27)
Migrantes de segunda generación son los descendientes de aquéllos que entraron a Estados Unidos con intención de quedarse a vivir allá. Desde luego, los vástagos de los que ingresaron legalmente sólo tienen el reto de adaptarse a otra cultura. También es diferente la situación de los hijos de migrantes indocumentados que nacieron en territorio americano de los que llegaron en la infancia en algunas familias hay de ambos. Los primeros obtienen automáticamente la ciudadanía, con los derechos y deberes correspondientes.
Los otros viven en un limbo. Son y no son. Gozan de algunas oportunidades y tienen innumerables limitaciones. Muchos no recuerdan el país que dejaron y lo que oyen de sus progenitores es que escaparon de un infierno. Ni siquiera les interesa visitar a sus abuelos o ir como turistas; prefieren conocer Europa. Se sienten estadounidenses y les gusta el american way of life. Encuentran al mismo tiempo ayuda y discriminación; acogida sincera y rechazo sin disimulo.
A su favor cuentan con el sistema educativo, el sentido de comunidad y la integración familiar.
Con algunas excepciones, tienen acceso a la educación básica. Los institutos religiosos son, mayormente, para pobres. Tienen colegiaturas reducidas y cuentan con profesorado competente e instalaciones decentes.
Generalmente, las escuelas públicas funcionan bien y cuidan que los alumnos no se rezaguen. Los maestros tratan de estar en contacto con los padres de familia y de evitar las deserciones. Se convierten en mentores, más allá del aula. Abundan las actividades extraescolares que facilitan la adquisición de habilidades sociales.
En las comunidades hay una genuina preocupación por los grupos minoritarios y, particularmente, por los jóvenes. Organizaciones de todo tipo brindan ayuda y facilitan la integración. Ante cualquier problema casi siempre hay quien les dé una mano. Eso influye para que los jóvenes también hagan trabajo voluntario y, eventualmente, cursen carreras de ciencias sociales, como derecho migratorio.
Las situaciones familiares varían considerablemente: papás que migraron primero y luego llamaron a esposa y prole; madres solteras que no encontraron mejor opción que abandonar su país para darle un mejor futuro a sus niños; papás divorciados y vueltos a casar allá. En todo caso, los migrantes latinoamericanos mantienen más la unidad familiar que los de otras nacionalidades.
Porque no acabaron ni la primaria o porque papá y mamá trabajan, raramente pueden ayudar a sus hijos con sus tareas escolares. Sin embargo, les infunden el deseo de seguir educándose hasta ser los primeros entre su parentela en obtener un diploma universitario. Y los hijos, viendo los sacrificios que hacen, no sólo aspiran a terminar una carrera, sino también a financiar el retiro de sus padres.
A diferencia de los migrantes asiáticos o europeos, los provenientes de América Latina no tienden a crear sus propios enclaves urbanos. Hay muchos Chinatown o Little Italy; pocas y pequeñas “villitas”. Eso significa que habitan en barrios pobres en los que conviven con otras minorías y pululan las pandillas. Los muchachos sufren acoso y están fuertemente presionados para probar sustancias nocivas o para involucrarse en actividades delictivas. (Alejandro Gil Recasens, El Financiero, Mundo, p.23)
La degradación de México a categoría dos por parte de la Federal Aviation Administration por no cumplir con los estándares de seguridad de la OACI, que se confirmó ayer y que el lunes pasado en la mañanera trató de minimizar el presidente López Obrador, sí implica un severo golpe no sólo para las aerolíneas mexicanas, Volaris, Aeroméxico y Viva Aerobús, sino también para la industria turística, que está en pleno proceso de recuperación, y para los grupos aeroportuarios porque afectará la conectividad aérea.
La Cámara Nacional de Aerotransportes, que dirige Cuitláhuac Gutiérrez, no deja lugar a dudas sobre las graves afectaciones para el sector. Si bien las aerolíneas podrán continuar con sus vuelos a Estados Unidos, nuestro principal mercado turístico, se verán limitadas porque no podrán incrementar ni rutas ni frecuencias, ni tampoco registrar nuevas aeronaves. Mientras estemos en categoría 2 no aplicarán los vuelos de código compartido, lo que afectará, principalmente, a Aeroméxico y su accionista, Delta Airlines, y el resultado será que se afectará la conectividad y, desde luego, los pasajeros se verán afectados porque se registrarán incrementos en los costos de boletos, principalmente en destinos de menor actividad. (Maricarmen Cortés, Excélsior, Dinero, p. 4)
DIVISADERO
VIEJA ESTRATEGIA. El presidente López Obrador minimizó en la mañanera del lunes la degradación estadunidense de la aeronáutica mexicana, que ya ocurrió, echándole la culpa a gobiernos pasados, como lo ha hecho con tantos temas.
La cancillería, cuyo titular es Marcelo Ebrard, trató de evitarlo, pues la afectación a la aviación nacional y al turismo sería enorme.
Nada más un dato: 14% de las operaciones de Aeroméxico son al extranjero y 60% van a Estados Unidos.
IATA y Canaero ya están preparando sus posicionamientos, pero la degradación sería un duro golpe en el peor momento. (Carlos Velázquez, Excélsior, Dinero, p. 5)