En breve
A manera de amable sugerencia, la pasante disfrazada de ministra debería consultar a Francisco Garduño, el director del Instituto Nacional de Migración, cómo le hace él para dormir tranquilo y decir que no piensa renunciar. (René Delgado, El Financiero, Nacional, p. 29)
AMLO y su llamado a no votar… ahora por DeSantis
¿Qué dirán los cubanos de Florida cuando escuchen a López Obrador pedir que no voten por DeSantis? Esos que votaron por Trump precisamente por su discurso en contra de la migración, y que ven a los demócratas como la izquierda a la que tantas reservas le tienen. Al Presidente mexicano le servirá como discurso, pero en la práctica se ve difícil que vaya a tener un impacto más allá. (El Financiero, Nacional, p. 37)
En el quinto año del actual gobierno, a 16 meses de que concluya el sexenio, empiezan las evaluaciones de su desempeño y se multiplican los estudios e investigaciones para averiguar cuáles han sido sus resultados.
Llevo tres décadas estudiando migración. Constato que es brutal el choque entre las promesas formuladas por el candidato y el presidente electo AMLO hacia los migrantes mexicanos (y por extensión, latinoamericanos), y lo que ocurre en los hechos. Es absolutamente devastador. La contradicción es brutal.
La promesa en migración fue: “La política migratoria del Gobierno de México (2018-2024) se constituye sobre la base del respeto pleno de los derechos humanos a partir de un enfoque multisectorial, pluridimensional, corresponsable, transversal, incluyente y con perspectiva de género” (https://bit.ly/3OCteF1)
Este es apenas un botón de muestra en un ámbito de política pública. ¿Cómo andarán los demás? (Carlos Heredia Zubieta, El Universal, Opinión, p. 16)
Las elecciones presidenciales de Estados Unidos en noviembre de 2024, se están presentando con malos augurios: los dos principales candidatos republicanos, Donald Trump y Ron DeSantis, ya colocaron el tema del racismo y la migración como el problema número uno, en tanto que los demócratas dejaron crecer el problema y están aceptando la lógica de la exclusión por raza.
En 2016, Trump irrumpió en la vida política estadounidense con la centralización del tema migratorio porque el presidente Obama había prometido en dos ocasiones una reforma de nuevos derechos civiles para afroamericanos e inmigrantes hispanos, pero en realidad nunca se preocupó por gestionar las nuevas legislaciones y al final su prioridad fue salvar el capitalismo en crisis heredada por George Bush Jr.
El tema migratorio entró en una situación de colapso por los tiempos y pánicos del Covid-19, pero en realidad desde la crisis de 2008-2009 los países al sur del Río Bravo habían comenzado a encontrar tres dificultades gravísimas en sus espacios locales: el desempleo, la violencia criminal y el atractivo del sueño americano.
Trump y DeSantis pertenecen a grupos conservadores nacionalistas, puritanos y racistas, en tanto que el presidente Biden y la vicepresidenta Harris no han podido lograr las reformas migratorias y con sus errores estratégicos sólo han contribuido a enardecer a la derecha racial.
Los adelantos del discurso racista de Trump, el tono anti migratorio de DeSantis al anunciar su precandidatura presidencial y los fracasos de las dos administraciones demócratas de Obama y una de Biden auguran nuevas presiones raciales y sociales sobre México y mayores regulaciones migratorias que en los hechos dejan ver que la frontera sur de Estados Unidos va a estar sellada por mucho tiempo.
Zona Zero
Los sectores demócratas están aumentando sus presiones sobre México para exigir una mayor energía en el combate contra las bandas del crimen organizado, sobre todo vinculado al narcotráfico, porque la estrategia de construcción de la paz (abrazos, no balazos) no está afectando a los cárteles. Sin embargo, en sectores mexicanos de seguridad se mantiene la certeza de que la estrategia de operativos de la DEA contra cárteles mexicanos es ineficaz y no contribuye a disminuir el contrabando de drogas hacia territorio americano. La falta de entendimiento entre las dos naciones es una de las razones por las cuales el tráfico de drogas sigue creciendo. (Carlos Ramírez, 24 Horas, Estados, p. 10)
Ventana política // Reemplazos que inquietan
Esta semana se hizo oficial el ingreso del gobernador de Florida, Ron DeSantis, a la carrera presidencial del 2024 en Estados Unidos.
DeSantis se suma a la lista de aspirantes a disputar la candidatura del partido republicano al expresidente Donald Trump, incluidos su exvicepresidente Mike Pence y los exgobernadores de Carolina del Sur, Nikki Haley, y de Arkansas, Asa Hutchinson.
De todos ellos, DeSantis aparece como el mejor posicionado, al ser visto como un “mini Trump”, es decir, una réplica de las posturas conservadoras, pero con treinta años menos y sin los negativos del expresidente, sobre todo sus crecientes problemas judiciales.
De origen italo-americano, Ron DeSantis fue electo por primera vez gobernador de Florida en 2018, con un estrecho margen de victoria que consolidó en el cargo, para lograr una contundente reelección en 2022.
Hizo campaña con los mismos postulados de Trump contra la migración, las ciudades santuario y las minorías, en favor de las armas y en oposición a la cobertura de salud.
En los últimos tiempos fue distanciándose de Trump, pero sin confrontarlo abiertamente para no perder la amplia base de votantes seguidores del Make America Great Again, al grado de proponer indultos para los acusados por el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021.
La estrategia dio buenos dividendos a DeSantis, mientras que Trump perdía con candidatos que resultaron derrotados. La buena estrella acompañó al gobernador de Florida hasta inicios de este año cuando sus pleitos con Disney World y el regreso de Donald Trump a la escena pública aboyaron su popularidad.
Está por verse si el tropezado lanzamiento de su candidatura, en un fallido evento de Twitter patrocinado por Elon Musk, lo vuelve a colocar en terreno de competencia.
Del lado demócrata, pocos nubarrones amenazan la designación del presidente Biden hacia su reelección. Sin embargo, hay un contendiente a cierta distancia pero que mantiene un segundo lugar en el favor de los militantes. Se trata de Robert Kennedy, sobrino del icónico JFK, asesinado en 1963. En los últimos meses, varias encuestas le dan alrededor de 20% de las preferencias de los votantes demócratas.
Tiene el nombre, el legado (aunque no el apoyo familiar) y diez años menos que el presidente Biden. Pero este Kennedy se ha hecho famoso por sus posturas controvertidas en varios temas. Ha sido un activo “anti-vaxer”, es decir detractor de las vacunas en general, y sobre todo de las que se desarrollaron contra el COVID-19, así como divulgador de teorías conspiracionistas en materia de ciencia y salud.
Todo parece indicar, hasta ahora, que la boleta de 2024 repetirá la del 2020 con Biden y Trump a la cabeza.
Pero, de presentarse alguna contingencia por la salud de Biden o el remoto caso de que Trump acabara en la cárcel, los potenciales remplazos no dan mucha tranquilidad, ni a su país ni al mundo. (Verónica Ortiz, El Heraldo de México, País, p. 7)
Esencial // Selva del Darién, infierno verde
La región del Darién es una zona pantanosa y selvática, ubicada en el área limítrofe de América Central y América del Sur, que la República de Panamá y Colombia comparten, en sus 266 kilómetros de frontera. En esta barrera natural a la comunicación vía terrestre entre ambos subcontinentes no hay vías convencionales de transporte y hasta ahí llega la carretera panamericana que atraviesa la mayor parte de los países del continente americano. (…)
El territorio es llamado coloquialmente “El Tapón”, al interrumpir la carretera más larga del mundo, que es la ruta panamericana, atravesarla lleva más de 100 kilómetros y es la ruta de miles de migrantes del Caribe, Sudamérica, Europa, África y Asia, que aspiran llegar a Estados Unidos o Canadá. De acuerdo con cifras de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en 2022, más de 158 mil personas de Haití, Cuba y Venezuela, entre otras nacionalidades, cruzaron Panamá con fines de migración a Norteamérica, enfrentando una jungla de 575 mil hectáreas de vegetación densa, convirtiendo el sueño migrante en un “infierno verde”.
En este contexto se ha generado, por parte de las autoridades, un decálogo de los riesgos en el Darién: 1. El riesgo de las mafias con grupos criminales dedicados al narcotráfico y contrabando, guerrilleros y paramilitares que roban pertenencias y comida a los migrantes. 2. Enfermedades y lesiones, que son sentencia de muerte por picaduras de mosquitos o insectos, esguinces o fracturas en las extensas caminatas, el calor, la deshidratación y la privación de alimentos pueden derivar en fatiga extrema y fallas cardiorrespiratorias, consumo de agua contaminada y cortes o raspaduras en extremidades inferiores. (…) 4. Violencia sexual: la Organización Médicos sin Fronteras, en 2021, documentó 400 casos de abuso sexual contra niños, adolescentes, mujeres y hombres. 5. Los ríos, que son al menos cuatro, complican el tránsito de personas entre Colombia y Panamá, en época de lluvia sus corrientes pueden tornarse fortísimas.
En Latinoamérica, millones de personas han abandonado sus lugares de origen y la política migratoria que ha sustituido el Título 42 por el número 8 generará una presión humanitaria al norte de México con consecuencias sociales de altas dimensiones. (Daniel Aceves Villagrán, Excélsior, Nacional, p. 9)
ACIMS: desarrollo y paz
En los últimos lustros, el éxito de millones de mexicanos en Estados Unidos ha sido espectacular. Quizás por eso ha habido una reacción por parte de sectores conservadores y xenófobos en ese país. Este sector fue el que dió, primero al Partido del Té y luego a Donald Trump, la fuerza necesaria para constituirse en un poder relevante en esa nación. Recientemente, se unió a este coro, el Gobernador Ron de Santis, quién acaba de anunciar sus intenciones de competir a la presidencia de Estados Unidos como candidato del Partido Republicano.
De una forma inusual, De Santis realizó el anuncio en la plataforma Twitter. Ahí habló de que, en caso de ser Presidente, cerraría la frontera, en un gesto a la vez inútil y agresivo. De Santis y muchos de sus correligionarios no pueden digerir la existencia de una sociedad multirracial, multicultural y multiétnica en Estados Unidos. Pero ser un Melting Pot ha sido siempre su realidad y su destino. La historia de Estados Unidos no se entiende sin la contribución de una serie de oleadas de migrantes que han hecho a esa nación la más poderosa del mundo. Pero en el caso de los mexicanos en Estados Unidos, ellos no cruzaron la frontera sino que la frontera los cruzó a ellos.
El espíritu de los tiempos no les da la razón a los aislacionistas estadounidenses que cada vez son menos en número y más débiles que nunca. El triunfo de Biden en 2020 fue la prueba de ello. Sin duda, el futuro no está en un México aislado de Estados Unidos, sino en una profundización de nuestra integración económica, política y cultural.
Una América del Norte integrada en lugar de desunida tiene todo el sentido del mundo. No sólo nuestras economías son complementarias, sino que nuestros pueblos son cada vez más cercanos culturalmente. Necesitamos, entonces, una gran decisión política que se corresponda con las nuevas realidades.
Por ello, es necesario promover un gran Acuerdo Comercial, de Inversión, Migratorio y de Seguridad que ponga orden a la compleja relación entre los dos países, incluyendo también a Canadá. El objetivo es crear las condiciones para que en la región norteamericana reine la libre circulación de bienes, servicios, capitales y seres humanos.
Aunque el Tratado de Libre Comercio de América del Norte suscrito por los tres países norteamericanos en 1994, así como el actual T-MEC fueron, sin duda, un paso en la dirección correcta, lo cierto es que se quedaron cortos si se toma en cuenta el gran potencial de nuestras tres economías y la confluencia enorme de nuestras sociedades. Es momento de profundizar nuestras relaciones al tiempo que el siglo XXI ya se acerca a su cuarta década. Sólo así cumpliremos nuestro gran destino. (Gustavo de Hoyos Walther, El Heraldo de México, Editorial, p. 14)
El Informe Oppenheimer / Costa Rica: ¿Paraíso perdido?
Costa Rica salió clasificada como el país más feliz de América Latina en el Reporte Mundial de la Felicidad de 2023. Pero la llegada masiva de refugiados de Nicaragua, Venezuela, Haití, Rusia y Ucrania, entre otros factores, está creando crecientes problemas en este paraíso regional.
El Presidente costarricense Rodrigo Chaves, un ex economista del Banco Mundial que acaba de cumplir su primer año en el cargo, me reconoció en una entrevista esta semana que “la situación se nos está saliendo de las manos”.
Costa Rica ya tiene alrededor de 1 millón de migrantes, lo que representa alrededor del 20 por ciento de su población de 5.1 millones, me dijo. Y diariamente llegan nuevos exiliados de Nicaragua, Venezuela y Cuba.
“Hemos sido un país abierto. (Pero) el tema es que a esos migrantes les damos escuela, seguridad social, salud y seguridad pública”, me señaló Chaves.
“Eso nos está costando”.
Chaves me dijo que Costa Rica quiere seguir siendo un ciudadano global, responsable, amistoso, que protege los derechos de las personas.
“Pero esto es un problema global y no solo nosotros tenemos que asumir la factura. Los países receptores de migración, los Estados Unidos y Canadá especialmente, deberían ayudarnos más”, dijo.
Si ustedes han visitado Costa Rica, probablemente saben por qué ocupa un lugar tan alto en los rankings internacionales de felicidad.
Costa Rica ha sido desde hace mucho un oasis de democracia y estabilidad en una región convulsionada. El país se enorgullece de haber abolido su Ejército en 1948 y de ser uno de los más ecológicos del mundo. Su gente se saluda diciendo “Pura vida”, algo que se puede traducir como “vida sencilla” o “tómalo con calma”.
Pero la economía costarricense se ha estancado en los últimos años, y la tasa de homicidios alcanzó un récord histórico el año pasado, principalmente debido a las guerras entre bandas de narcotraficantes.
Y la afluencia de refugiados está agotando los recursos de Costa Rica. Según me calculó el Presidente, los gastos en servicios para los migrantes le están costando al país entre 200 y 300 millones de dólares al año.
Mientras que Estados Unidos le ha dado 800 millones de dólares a Colombia para ayudar a hacer frente a la ola de migrantes venezolanos allí, Costa Rica recibió una pequeña fracción de eso, me dijo Chaves.
Y la reciente decisión del Presidente Joe Biden de endurecer las reglas migratoria exigiendo que los solicitantes de asilo hagan sus peticiones en terceros países, o sea antes de entrar en Estados Unidos, empeorará aún más la situación.
Los migrantes tendrán que esperar sus visas estadounidenses en Costa Rica u otros países, y eso “nos pone presiones adicionales”, me dijo Chaves.
Manuel Orozco, analista centroamericano del grupo Diálogo Inter-Americano con sede en Washington y crítico frecuente de Chaves en temas internos, dice que el Presidente tiene razón respecto al impacto de las nuevas reglas de asilo de Estados Unidos.
“Durante los próximos seis meses, la acumulación de refugiados en Costa Rica va a ser un desastre”, me dijo Orozco.
Agregó que, además de darle más ayuda a Costa Rica para los refugiados, Estados Unidos debería imponer sanciones económicas escalonadas contra la dictadura del Gobierno nicaragüense.
Nicaragua es la mayor fuente de migrantes a Costa Rica, y un país en el que Washington todavía tiene una gran influencia económica.
El dictador nicaragüense Daniel Ortega recientemente despojó a 94 de los principales opositores del país de su ciudadanía. Ortega se reeligió fraudulentamente en 2021, después de que sus escuadrones de la muerte mataran a más de 300 manifestantes en protestas callejeras en 2018.
A pesar de todo eso, las exportaciones de Nicaragua a Estados Unidos se dispararon de 3 mil 200 millones en 2017 a 5 mil 700 millones en 2022, según del Censo de Estados Unidos.
Un estudio reciente del Diálogo Interamericano escrito por Orozco pide sanciones graduales de Estados Unidos a los industriales del sector textil y minero aliados del régimen en Nicaragua por no cumplir con las disposiciones laborales del tratado de libre comercio CAFTA.
En efecto, quizás sea hora de aumentar las sanciones contra Ortega y sus amigos. Ya no se trata solo de un problema interno por la brutal represión del régimen de Ortega, sino de una crisis de refugiados que está afectando a los países vecinos, y poniendo en riesgo la felicidad de Costa Rica. (Andrés Oppenheimer; Reforma, Internacional, p. 13)
No comen pero votan
Entre el México desarrollado y el subdesarrollado y enterrado que dice Octavio Paz, me referiré a las características del que es el de la mayoría de los mexicanos en pobreza extrema.
El nexo es de biología y cultura en permanente cambio. La angustia, el estrés, parecen conceptos útiles para entender el México subdesarrollado; por ejemplo, la inmigración de un escenario rural a un urbano demanda excesiva carga de ajuste sobre los que emigran.
Estas ansiedades no pueden ser elaboradas por el campesino migrante (que en cantidades exorbitantes se pasean por América Latina rumbo a EU), que presentará alteraciones sicológicas, el uso del concepto de estrés es variable y tiene ventaja: la idea de que algunos tienen mecanismos de ajuste más efectivo que otros.
Explica el efecto de otros factores que parecen no ser importantes. Si la habitación en hacinamiento frena las capacidades de diferenciación y aceptación de límites del campesino: vida social, familiar, capacidad de recato y pudor. Lo más importante es que promueven la motricidad y cohíben el desarrollo de los procesos del pensar. (…)
Este México enterrado es desenterrado por las elecciones el mes que entra en toda la magnitud de su extrema pobreza. Neza y anexas siguen creciendo, ¿a alguien interesa? (José Cueli, La Jornada, Cultura, p. 5ª)