Opinión Migración 260623

La implosión del Titán y el pesquero libio

Es falso el debate de “muertos de primera y muertos de segunda” a raíz de la atención mundial a la peripecia del sumergible con cinco millonarios que exploraban en las profundidades del Atlántico los restos del histórico Titanic.

Hasta el expresidente Obama –en entrevista con Christian Amanpour, de CNN– se quejó de la insensibilidad ante la tragedia de 700 migrantes pobres en el Mediterráneo y la sobrerreacción por cinco ricos muertos en un submarino.

No es un asunto de dinero ni de clases sociales, sino de lo que Mario Vargas Llosa llamó “la civilización del espectáculo”: la avidez universal por lo novedoso, lo que arranca de la rutina, lo que entretiene o nos emociona hasta hacernos llorar.

La vida o la muerte de los demás ha dejado de tener importancia, en izquierdas y en derechas, así lastime a ricos y pobres.

Hace casi 14 años el mundo tenía la mirada en las imágenes que traía la televisión desde el norte chico en Chile, donde 33 mineros estaban atrapados en el fondo de una mina y fueron rescatados en una proeza inédita luego de 69 días bajo tierra.

No eran ricos, sino todo lo contrario, muy pobres. Pero hubo espectáculo, emociones, incertidumbre por el desenlace, como en el intento por salvar a los acaudalados pasajeros del Titán la semana pasada.

El menosprecio por la vida de los demás y la insensibilidad hacia el dolor ajeno es un signo generalizado de la degradación del espíritu humano en nuestro tiempo. En casi cualquier parte del mundo.

Hay una manera infalible para no ser leído en México: poner la palabra “migración” en el título de una columna. Y es, junto con el cambio climático, el principal tema de nuestro tiempo.

El año pasado estuve unos meses como enviado de El Financiero en Colombia, donde conté a unos colegas mi intención de hacer el recorrido de los migrantes venezolanos y haitianos por la selva del Darién hacia Panamá.

“Ya se ha hecho mucho eso, está muy leído, muy visto”, me comentaron y tenían razón. A casi nadie le interesa leer la tragedia de familias que lo dejan todo en sus países y se internan en la jungla. Mueren niños en el camino y la marcha sigue.

La migración atrae a politólogos y estudiosos como fenómeno disruptivo del sistema democrático en países de Europa y en Estados Unidos.

Y a los votantes que quieren sacar a patadas de sus países a los extranjeros que llegan a buscar techo, trabajo y libertad. Si se mueren, tanto mejor.

En Grecia, el primer ministro Kyriacos Mitsotakis se ufana de haber bajado la inmigración ilegal en 90 por ciento, por las medidas “duras pero justas” que ha tomado su gobierno.

A los migrantes que atrapan en sus costas los suben a balsas inflables y los llevan a altamar donde los sueltan. Eso es más que una deportación extrajudicial: es un crimen. Y al mundo le importa un comino.

(Dejo el link del New York Times con las imágenes de lo que hacen los costeros griegos. Y sí, bajaron la migración en 90 por ciento. Pero el fenómeno sigue, ahora con destino a otros países del Mediterráneo. https://www.nytimes.com/2023/05/19/world/europe/greece-migrants-abandoned.html )

La madrugada del 14 de este mes se hundió un pesquero libio con 750 migrantes a bordo, que huían de la pobreza y de la guerra en sus países, en una chalupa de 30 metros de largo, semiesclavizados por traficantes de seres humanos.

En la guardia costera griega hay la consigna de no ayudar. Que se ahoguen, como escarmiento. Hasta que la embarcación se hundió dieron aviso y rescataron cadáveres.

Afortunadamente se salvaron 100 de los 750 migrantes que naufragaron, porque en las proximidades de la tragedia navegaba el Mayan Queen IV, propiedad de la familia del empresario mexicano Alberto Baillères, que acudió a ayudar y rescató a un centenar de pakistaníes, sirios, egipcios y palestinos.

La migración y sus tragedias no conmueven a nadie.

En desuso están los derechos humanos.

Aquí en México, hace dos meses y medio, murieron 40 migrantes centro y sudamericanos en una cárcel de Migración tras una detención ilegal.

Fueron quemados vivos por la negligencia y el desinterés de funcionarios públicos que siguen en sus cargos. ¿Y quién se acuerda? ¿Quién reclama?

Tal vez con imágenes de esas personas retorciéndose entre las llamas y audio de sus gritos de dolor mientras morían encerradas, habría reacción de la sociedad.

Sin espectáculo novedoso, el hecho no trasciende.

El nobel de Arequipa lo pone como el fin de la cultura tal y como la hemos vivido: “En el sentido que tradicionalmente se ha dado a este vocablo (cultura), está en nuestros días a punto de desaparecer”. (Pablo Hiriart, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 38)

Estados Unidos al rescate

El primer ministro de India, Narendra Modi, es el jefe de Estado más popular del planeta. Hasta López Obrador lo reconoce. Modi es un populista de libro de texto. En marzo encarceló al principal líder de la oposición, por haberlo criticado. Lo acusó de difamación y logró que lo sentenciaran a dos años de cárcel. En febrero, ordenó una redada contra las oficinas de la BBC de Londres por difundir un documental crítico y además le inició una metralla de auditorías. No sólo promueve un nativismo rancio, sino que le agrega un componente religioso: discrimina abiertamente a todos los que no profesan el hinduismo. India para los hindúes. Musulmanes y cristianos han sufrido embestidas violentas que son animadas y auspiciadas por el régimen de Modi. Ha sido tibio ante la invasión a Ucrania: no condenó a Putin, no se sumó a las sanciones económicas y se ha vuelto abiertamente comprador y comercializador del petróleo ruso.

Esta semana, Narendra Modi fue recibido con bombo y platillo por el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, quien —ojos y nariz tapados— presentó al premier indio como el admirable líder de una de las democracias más grandes y vibrantes del mundo.

En 2020, durante su campaña presidencial, Joe Biden prometió convertir en un paria de la humanidad al mandamás de Arabia Saudita, el príncipe heredero Mohammed bin Salman. No es para menos: recién se había descubierto que un comando de élite saudí había secuestrado y descuartizado al periodista del Washington Post, Jamal Khashoggi, uno de los principales críticos del poderoso monarca apodado MBS por sus iniciales. En Arabia Saudita no hay espacio a la disidencia, a la crítica ni a la oposición. No hay espacio a la libertad de expresión ni a los derechos humanos.

En 2022, Biden visitó a MBS en Arabia Saudita, lo saludó de “puñito” y le suplicó que aumentara su producción de petróleo (es el principal productor mundial) para que bajaran los precios de la gasolina, que estaban aniquilando la popularidad del presidente estadounidense entre sus ciudadanos. MBS lo mandó a volar y encima, reforzó sus lazos con Rusia, se acercó a China y en un lance diplomático históricamente simbólico, restableció relaciones con Irán, su archi-rival regional. Mientras, MBS acaba de asociarse con la liga de golf americana PGA, clasificó a la Champions con el equipo de la Premier League inglesa que adquirió, Cristiano juega en la liga saudí, acaba de quedarse con Benzemá y tiene a Messi de vocero turístico. No es el currículum de un paria.

Traigo estos dos contundentes ejemplos a colación porque sigo escuchando en la conversación pública comentarios en el sentido de que “Estados Unidos nunca va a permitir” que tal o cual cosa pase en México, que “los gringos no van a dejar” que López Obrador haga esto o aquello. Una suerte de añoranza por un contrapeso que no existe ni va a existir (y agregaría que afortunadamente, considerando los costos que suelen acarrear esos apoyos). Dos gobiernos antagonistas de Estados Unidos —el de Biden y el de Trump— han mandado exactamente la misma señal frente a México: nos vale lo que haga AMLO, siempre y cuando siga dándonos 26 mil soldados para que frenen a los migrantes que quieren llegar a nuestro territorio. Me sorprende que en México siga habiendo gente que no lo entienda. (Carlos Loret de Mola, El Universal, Nación, p. A7)

La miseria en las redes sociales

La semana pasada una tragedia internacional y un tema político nacional acapararon las redes sociales con comentarios mezquinos, racistas, clasistas y misóginos.

La desaparición y desenlace fatal del sumergible “Titán” de la empresa Ocean Gate contratado por cuatro millonarios para bajar a una profundidad superior a los 3 mil 500 metros y conocer los restos del Titanic, generó en las redes sociales una serie de comentarios que dejan ver diversas caras de los seres humanos, prácticamente todas movidas por el morbo, incluso la envidia.

Mientras la noticia acaparó los principales espacios en los medios de comunicación que hicieron gala de todos los análisis, escenarios y entrevistas posibles con expertos y algunos no tanto, había usuarios que hasta festejaban lo sucedido a los tripulantes del Titán, sólo por ser millonarios.

Días previos a la implosión del sumergible, ocurría otra tragedia, pero esta en la costa sur de Grecia donde al menos 79 personas fallecieron y decenas permanecían como desaparecidas ante el naufragio de un barco pesquero con migrantes a bordo.

Esta noticia no tuvo la misma difusión que la del sumergible y tampoco la movilización de cuerpos de emergencia de todo el mundo para encontrarlos, y mucho menos acaparó las redes para protestar en contra de la falta de oportunidades que ocasiona la salida masiva de migrantes.

Pero también en el ámbito nacional, las críticas y comentarios misóginos contra Luis María Alcalde Luján, nueva secretaria de Gobernación fueron tendencia en las redes sociales.

Lejos de señalar su trayectoria profesional, logros o deficiencias como legisladora y secretaria del Trabajo, de inmediato las principales redes sociales comenzaron a difundir fotos íntimas de una modelo, señalando que se trataba de la encargada de la política interna del país.

La diatriba siempre es más fácil y efectiva cuando se quiere desprestigiar a una persona sin argumentos, la misoginia sólo refleja ignorancia. Y es que más allá de criticar a Luisa Alcalde por su capacidad y preparación o no para ser la segunda al mando del país, decidieron enfocarse en su calidad de joven y mujer.

No cabe duda de que las redes sociales son un arma muy poderosa para hacer o deshacer a una persona, un gobierno o una empresa y lejos se ve que su uso pueda ser regulado porque esta opción se ubica en la delgada línea entre la libertad de expresión y la censura.

Y en Pregunta Sin Ofensa:

Qué le pasó a Marcelo Ebrard en su primera semana de gira en búsqueda de la candidatura de Morena a la Presidencia de la República. Ofreció cargos a los hijos del Presidente, intenta ordeñar a una vaca y hace malabares para bajarse de una lancha a la que subió sólo para la foto intentando pescar. Y es que, hablando de redes sociales, parece que a él no le están ayudando. (Karina Aguilar, 24 Horas, CDMX, p. 7)