Contrario a la desoída petición de la presidenta Sheinbaum, el 3 de julio Donald Trump y su banda de rufianes aprobaron el impuesto especial sobre las remesas como parte de su proyecto de ley único, grande y hermoso que el primero presentó al Congreso estadunidense. Así, el inquilino de la Casa Blanca y legisladores afines tiraron al bote de la basura el acuerdo bilateral en materia fiscal, firmado en 1994, para evitar la doble tributación. Tomada esa decisión, el gobierno mexicano consideró que de cualquier suerte se trataba de una buena noticia, porque tal gravamen quedó en tan solo uno por ciento, contra 5 por ciento del proyecto original.
¿Buena noticia? El Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados analiza el tema y de su lectura se toman los siguientes pasajes. Va, pues: los países más afectados serán los que reciben mayores flujos de remesas. India es el principal receptor en el mundo. México es el segundo en orden de importancia en este renglón, y en los primeros cinco meses del presente año se acumularon ingresos por 24 mil 375.1 millones de dólares, lo que significó una reducción de 3 por ciento respecto a lo observado en el mismo periodo de 2024.
La información reciente muestra que en abril pasado las remesas familiares cayeron 12.1 por ciento y en mayo 4.6 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior. El decremento del quinto mes de 2025 fue el mayor desde 2013 (10.4 por ciento anual) para un mes asociado a incrementos estacionales debido a los festejos del Día de las Madres.
En parte, lo anterior se asocia a la puesta en marcha de las políticas migratorias en Estados Unidos y al deterioro del mercado laboral de la población migrante en aquel país. Una vez que la medida entre en vigor el 1º de enero de 2026, se prevé que la disminución en el monto de los envíos manifieste, como una reacción de los migrantes, la reducción del monto o frecuencia de sus remesas, o bien, un cambio en los canales de envío lo que resultaría difícil de medir si esto implica recurrir a métodos informales, por lo que las cifras dejarían de reflejar nítidamente la cantidad real recibida por los hogares mexicanos.
El costo para México, bajo el supuesto de que en 2025 se observe un nivel similar de entrada de remesas al de 2024 (64 mil 746 millones de dólares), sumaría aproximadamente 479 millones de billetes verdes. Si bien la magnitud del nuevo impuesto (uno por ciento) es menor al 5 por ciento propuesto originalmente, este se sumará al 6 por ciento que los migrantes ya pagan como comisiones a los proveedores del servicio.
A partir de 2026 las remesas pagarán, en total, 7 por ciento entre comisiones e impuestos. Si bien esta cifra está en línea con el nivel de precios de las remesas observados a nivel mundial, dicho porcentaje supera en más del doble la meta de reducir a 3 por ciento los costos de transferencia establecidos como parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU y el Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular. En tal sentido, la medida estadunidense representa no sólo un retroceso sino que apunta en dirección opuesta a las iniciativas globales para reducirlos.
A nivel regional, el impacto del nuevo gravamen especial repercutirá, principalmente, en los estados con mayor recepción de remesas como Chiapas, donde representaron 14.6 por ciento del producto interno bruto estatal en 2024, seguida por Guerrero (14), Michoacán (11.2), Zacatecas (10.9) y Oaxaca (10.3).
El aumento en el costo de las transferencias puede disminuir el ingreso disponible de las familias mexicanas que reciben remesas. Además, la política antinmigrante estadunidense podría afectar el nivel de empleo en sectores generadores de los flujos de envíos, lo que, a su vez, incidiría en un menor consumo de los hogares receptores y, en consecuencia, en un menor aporte a la recaudación de IVA. El efecto será más profundo a nivel socioeconómico, toda vez que el dinero recibido sirve, entre otras cosas, para cubrir necesidades básicas como alimentación, educación o vivienda.
Las rebanadas del pastel
El genocida Benjamín Netanyahu se refleja en el espejo: reconocer a Palestina es recompensar el terror y establecer una rampa de lanzamiento para aniquilar a Israel; los palestinos no buscan un Estado al lado de Israel, sino un Estado en lugar de Israel, es decir, lo que ese criminal de guerra lleva a cabo en contra de Palestina… Le arda a quien le arda, hoy se conmemora el 72 aniversario del inicio de la revolución cubana. (Carlos Fernández-Vega, La Jornada, Economía, p. 16)
En Los Ángeles conocí a Daniel, un reportero que manejaba Uber. “Vine por seguridad”, me dijo, “pero extraño, más que mi casa: extraño escribir sin miedo.” En el asiento del copiloto guardaba un cuaderno.
Me dijo que él, como muchos, había salido huyendo de un país latinoamericano donde el periodismo ya no era garantía de libertad, sino riesgo de cárcel o exilio. A veces, entre cliente y cliente, escribía crónicas en esas páginas. “Así no olvido quién soy”, susurró.
Hay más casos. Según la Fundación Gabo, la migración forzada de periodistas ha aumentado en América Latina en los últimos cinco años. Nombres como Carlos Fernando Chamorro —exiliado de Nicaragua— o Marvin Recinos, fotógrafo salvadoreño, se han vuelto símbolos de una libertad acosada. Y está el caso de la poeta cubana, María Cristina Garrido, quien recibirá premio en Canadá… si por fin la liberan de un encarcelamiento sin fundamento legal, según expertos.
Uno de los casos más emblemáticos es el de José Rubén Zamora, fundador del medio El Periódico en Guatemala. Zamora fue encarcelado en julio de 2022, acusado de lavado de dinero. Sin embargo, organizaciones como PEN America, Reporteros Sin Fronteras y Human Rights Watch han expresado dudas sobre la legitimidad del proceso. PEN America lo ha llamado “preso de conciencia” y denuncia que su juicio ha estado plagado de irregularidades y represalias.
El pasado 12 de julio de 2025, un tribunal guatemalteco revocó su condena, pero Zamora sigue en prisión mientras espera un nuevo juicio. PEN America afirma que este caso simboliza “el alarmante uso de la justicia para silenciar al periodismo independiente en América Latina” (PEN America, 12 de julio de 2025).
Según Artículo 19, entre diciembre de 2018 y 2024 en México 47 periodistas fueron asesinados en relación con su labor (DW). Al mismo tiempo, Reporteros Sin Fronteras reporta que en los primeros siete meses de 2025 ya han sido asesinados nueve periodistas, casi dos por mes, y lamenta que se trate de trabajadores de medios locales y comunitarios que cubrían temas como corrupción y crimen organizado (El País).
Como explica Artur Romeu, director de Reporteros Sin Fronteras para América Latina:
“Pese a los mecanismos oficiales de protección, México sigue siendo el país más peligroso de la región para los periodistas”.
Además, muchos viven ahora en el anonimato, refugiados en Estados Unidos o Europa para poder seguir informando desde lejos, según advierte un experto de la OEA y la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión (oas.org).
La presión internacional sigue creciendo. PEN America y otras organizaciones exigen su liberación inmediata. No es cuestión de ideologías. Es cuestión de derechos humanos. Y desde capítulos como PEN Guadalajara, al que pertenezco, no callaremos ante la injusticia ni dejaremos de alzar la voz por quienes escriben con valor desde el exilio o la prisión.
Mi padre —abogado de miles de migrantes en Estados Unidos y también escritor de artículos periodísticos— solía decir: “Quien arriesga su vida por decir la verdad, merece que el mundo la escuche.” A veces lo escuchaba escribir por las noches, o dictar a mi madre en voz baja desde la cocina, cuando ya no había audiencias ni dictámenes ni entregas pendientes. Me enseñó que dar testimonio es una forma de resistencia. Que las palabras también migran.
Por eso, aunque el exilio duela y la cárcel silencie, siempre habrá quien escriba entre cliente y cliente, como Daniel. Siempre habrá quien guarde su libreta cerca del corazón, por si un día el mundo decide volver a escuchar. (Juan Hernández, El Sol de México, Análisis, p. 13)
MADRID.- Camino por las calles de la capital española y nadie me persigue. Tampoco veo a hombres encapuchados, sin identificación, deteniendo a latinoamericanos y metiéndolos en camionetas negras. Ni a agentes fuertemente armados rompiéndoles los vidrios del auto a personas que se niegan a dar su información privada a policías que no llevan una orden de arresto. Se nota que estoy muy lejos de Estados Unidos.
Antes de llegar a Madrid estuve en la estupenda ciudad de San Sebastián y, más allá de comer extraordinariamente bien, brincando de un bar al otro, sin reservación y solo siguiendo la vista y el olfato, me sorprendió que no vi un solo policía durante dos días. Eso, por supuesto, no significa que no haya policías sino, sencillamente, que yo no los vi. Pero llama la atención que una ciudad que atrae a miles de viajeros y que se queja de la “turistificación” de su parte vieja, no vea la necesidad de tener una fuerte presencia policial.
En el hotel me preguntan de dónde vengo y cuando digo que de Estados Unidos hay un silencio incómodo. Y luego una especie de solidaridad. Me preguntan de Trump y de las redadas que ven por televisión y luego sueltan un aire de incredulidad, un cómo es posible que algo así esté ocurriendo en el país más poderoso del mundo.
Estados Unidos era un país que recibía a los más vulnerables del mundo. Bueno, me recibió cuando México todavía no era una democracia y cuando la censura de prensa bajaba directamente desde la Presidencia a todos los medios.
Estados Unidos ahora es un país donde persiguen a los más débiles, a los que más ayuda necesitan, a quienes huyeron de sus países para buscar un trabajo mejor, una mejor educación para sus hijos y un poquito de asistencia médica. Hay cientos de departamentos de policía que antes daban multas de tráfico y que ahora son cómplices y participantes de las redadas. ¿Con qué confianza vas a denunciar un crimen con la policía si sospechas que te puede detener a ti solo por la manera en que te ves o por tu acento al hablar inglés?
El gobierno dice que no, pero la realidad es que están realizando redadas en zonas hispanas y utilizando el perfil racial para detener a migrantes. Basta ver lo que ha pasado en Los Ángeles y en otras ciudades de California. Si pareces hispano o latinoamericano, si hablas español e incluso si frecuentas ciertas zonas de la ciudad, corres el riesgo de ser detenido y, si no tienes papeles, deportado.
La idea original, la que Trump y sus correligionarios impulsaron durante la campaña presidencial, era que iban a ir por los inmigrantes que hubieran cometido algún crimen. Pero no engañaron a nadie al decir que querían realizar las mayores redadas en la historia de Estados Unidos. Y eso es lo que están haciendo, sembrando el terror en las comunidades de latinos e inmigrantes.
Dicen que van a buscar a los criminales pero luego hay lo que llaman “arrestos colaterales”. Se trata de personas que estaban en el lugar y en el momento equivocados y que, al no demostrar que tienen los documentos para vivir legalmente en el país, también son detenidos.
Nadie se salva. Acabo de entrevistar a una joven de 23 años, que llevaba 12 viviendo en Estados Unidos, y que prefirió autodeportarse a México para evitar las humillaciones de un centro de detención. Y un padre, también mexicano, me contó cómo fue detenido su hijo, que viajaba como turista, en una autopista de la Florida. Tras ser arrestado, le pidió ayuda a su hermano, y al llegar el hermano también fue detenido. Los dos están ahora en las inhumanas jaulas de la cárcel de “Alcatraz de los Caimanes” en medio de un pantano floridano.
No, nada va a mejorar. Al contrario. Se acaba de aprobar un nuevo presupuesto que añadirá 10 mil nuevos agentes de migración y otros centros de detención. Y el gobierno quiere llenarlos.
Ante este terrible panorama, siempre sirve tomarse un break en España o en cualquier otro país para darse cuenta de que el mundo no es tan desalmado como Estados Unidos. (Desalmado es una palabra fuerte; nada peor que perder el alma). Estados Unidos es una nación que tiene tanto que dar y que, en cambio, su actual gobierno ha decidido presumir de su propia crueldad. Ahora es el país de las persecuciones. (Jorge Ramos, Reforma, Opinión, p. 8)
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