Opinión Migración 261223

Migrantes: una visión progresista

El domingo pasado por la mañana, en vísperas de las celebraciones navideñas, 7 mil personas partieron de Tapachula, Chiapas, con el propósito de avanzar hacia la frontera con Estados Unidos e ingresar a ese país. Los integrantes de esta nueva caravana migrante, autodenominada éxodo de la pobreza, denuncian que se vieron obligadas a tomar camino porque el Instituto Nacional de Migración (INM) y la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) se han limitado a darles largas a los trámites para regularizar su estancia en México. Mientras esperan a que se les entreguen los permisos necesarios, sostienen, permanecen paralizados, sin alimentos ni fuentes de ingresos para autosustentarse o enviar a sus seres queridos en Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Brasil, Colombia, Perú, Venezuela, Ecuador, Cuba, Haití, República Dominicana, Pakistán, Bangladesh, China e India, entre otros.

Entre las centenas de miles de personas que se encuentran en México en situación migratoria irregular, es necesario distinguir dos grandes grupos: quienes ven al país como punto de llegada y quienes lo entienden co-mo parada en su periplo hacia Estados Unidos. Las autoridades de los tres niveles de gobierno mexicano deben asumir la obligación humanitaria de asistir al primer conjunto de viajeros y atender sus peticiones de asilo.

Más allá de las consideraciones impuestaspor el respeto a los derechos humanos, es imperativo un giro en la percepción que amplios sectores de la sociedad tienen sobre los migrantes de regiones que atraviesan adversidades mayores que las mexicanas: la idea de que representan un inconveniente para la sociedad y una carga para el erario ha de remplazarse por la comprensión de que estos individuos y familias no sólo necesitan asistencia, sino que también pueden aportar mucho a México, donde el crecimiento económico, el fenómeno de la relocalización de las cadenas productivas y, en el caso de las grandes ciudades, el envejecimiento demográfico, demandan mano de obra que no se alcanza a cubrir de manera interna. En este contexto, está claro que sería más conveniente para el país dedicar recursos a capacitar y preparar a los migrantes en edad laboral para integrarse plenamente a la economía mexicana, que mantenerlos aislados y fuera de los circuitos productivos.

Por otra parte, están quienes atraviesan el territorio mexicano con el único objetivo de alcanzar Estados Unidos. A ellos, es bien pocolo que pueden ayudarles las autoridades nacionales, pues piden algo que el Estado mexicano simplemente no puede darles: el acceso a la superpotencia. La desesperación de cientos de miles de personas que exigen documentos migratorios para transitar por el país e intentar el cruce hacia el norte es en todo punto comprensible, y cualquier humano sensible sentirá empatía hacia ellos, pero su situación variará en muy poco si se apiñan en la frontera sur o en la norte de México. Lo que es más, incluso con todos los papeles que reclaman al gobierno federal, su travesía estará llena de peligros y los expondrá a las amenazas de grupos criminales, todo para que al final del camino se topen con el muro levantado por Washington y los gobernadores de entidades estadunidenses fronterizas. Por ello, debe señalarse la irresponsabilidad de las organizaciones que les hacen creer que el único obstáculo entre ellos y el sueño americano lo constituyen las instancias migratorias mexicanas.

Lo que resulta evidente es que México no puede permitirse copiar la visión y las políticas migratorias de Estados Unidos, caracterizadas por la xenofobia, el racismo, la judicialización de un tema humanitario y una palpable hipocresía, dañina tanto para los buscadores de refugio como para el país que los rechaza, el cual se pierde del enorme potencial de personas cuya máxima aspiración es trabajar para salir adelante y brindar un horizonte de mejora a sus familias. (Editorial ;a Jornada, p.2)

Datos biométricos en aeropuertos

El 11 de septiembre representó un cambio total en los procesos de identificación de las personas usuarias de servicios aeroportuarios. A partir de los ataques terroristas en territorio de los Estados Unidos de América, los aeropuertos, las aerolíneas y las personas usuarias tuvieron que adaptarse a una nueva realidad en los procesos de seguridad, particularmente, los que se basaban en la identificación de las y los pasajeros.

Nuevas tecnologías como el reconocimiento facial y la identificación biométrica emergieron como una vía para brindar mayor seguridad, comodidad y beneficios a quienes realizaran un viaje. Estas tecnologías de reconocimiento de personas por biometría que comenzaron a utilizarse comúnmente en los aeropuertos funcionan de dos formas: para la identificación, y para la autenticación o verificación.

En lo referente a la identificación de personas, esta técnica consiste en determinar la identidad de una persona, a través de la captura de un elemento biométrico, como la huella dactilar o el rostro, para posteriormente, compararla con los datos biométricos de otras personas.

Por lo que respecta a la autenticación o verificación, en esta se comparan las características de una persona con una plantilla biométrica de ella misma, con el fin de determinar su semejanza. Este modelo de referencia -la plantilla- se almacena en una base de datos o en un elemento portátil seguro, como una tarjeta inteligente. Posteriormente, se comparan los datos almacenados con los datos biométricos obtenidos para corroborar que es quien dice ser a través de la coincidencia con la plantilla biométrica.

Si bien estas tecnologías revelan más información personal, dependiendo del dato biométrico obtenido, también implican riesgos ya que pueden presentar probabilidad de error, al dar falsos positivos (que se acepte el ingreso de una persona que no es la misma) y falsos negativos (que no permita el paso a una persona que sí es la titular de los datos), esto dado que la precisión de los sistemas depende de factores que van desde la tecnología misma, hasta las condiciones en que se obtienen los datos, la limpieza del sensor y de la propia persona, toda vez que, con la edad, nuestros rasgos faciales o la huella digital, por ejemplo, van cambiando.

En el INAI somos conscientes de que hoy debemos reconocer la necesidad de apuntalar nuestros esfuerzos a la efectividad de la privacidad y la correcta gestión de los datos personales, por lo que el pasado 13 de diciembre aprobamos, por unanimidad, que el Instituto Nacional de Migración informe sobre la tecnología y los sistemas de identificación biométrica, cámaras de reconocimiento facial, detección de iris y huellas digitales utilizadas en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM).

Lo anterior, dado que la vigilancia generalizada sobre la sociedad puede generar efectos paralizadores y vulnerar la dignidad humana, así como afectar derechos fundamentales. De ahí la relevancia de evaluar el cumplimiento de los principios de proporcionalidad, información y consentimiento en el tratamiento de los datos personales y de dar certeza a la sociedad. Más aún cuando se presentan casos como el que recientemente conocimos sobre el presunto tratamiento indebido de datos personales de una periodista, por parte del AICM, y sobre del cual, el INAI abrió una investigación de oficio.

Por ello, es importante que las entidades y organizaciones públicas y privadas, sean conscientes de los riesgos y, sobre todo, del impacto que puede conllevar la utilización de tecnologías que procesan datos biométricos para la identificación o autenticación de personas.

Tener identificadas a las personas por sus datos biométricos puede traer consecuencias muy graves no sólo en su esfera más íntima sino para la sociedad en su conjunto, dado el control y las intrusiones severas que representan. (Blanca Lilia Ibarra Cadena, El Financiero, Economía, p. 8)

Ofensiva antinmigrante de Estados Unidos

Cuando se escuchan los deleznables despropósitos de personajes como Greg Abbott, gobernador de Texas, vociferando sobre su decisión de emprender acciones que afectan a los migrantes, deportaciones, cacerías, boyas con alambres, o a Donald Trump diciendo barbaridades como los migrantes envenenan la sangre de Estados Unidos, frase considerada nazifascista, y ser el favorito de las primarias republicanas, el gobierno mexicano debe tomar muy en cuenta esos propósitos al recibir la delegación de altísimo nivel del gobierno de Estados Unidos para hablar sobre el asunto migratorio. Quieren discutir nuevas acciones que puedan tomar juntos para abordar los desafíos fronterizos actuales y adoptar más acciones para controlar el flujo de migrantes a través de la frontera común: puestos de control en ferrocarriles y carreteras, favorecer la presencia de las fuerzas armadas en el sur; en palabras de John Kirby, una verdadera escalada antinmigrante. Y convertir el país en campo de guerra contra los migrantes.

Este es el marco de la ultraderecha mundial que busca chivos expiatorios para desviar la atención del verdadero conflicto de un modelo neoliberal que hace agua por todos lados, pero cuya salida de la crisis pasa absurdamente por su profundización. Por ello dirigen sus ataques hacia los migrantes del mundo, el grupo más vulnerable convertido en el enemigo público número uno (Manu Levin). Esta ultraderecha mundial está habilitando todas las formas de violencia posible para descargar odio y frustraciones, promoviendo ambientes que permitan la creación artificial del miedo como vía de” penetración sicológica en todas las capas de la sociedad” (R. Sánchez Cedillo). Así justifican los más oprobiosos modelos de violación de los derechos humanos. Para lograr sus objetivos buscan convertirse en fortalezas inexpugnables, como la Unión Europea con el pacto migratorio recién aceptado y como pretende EU, presionando al gobierno mexicano.

Pero, ¿por qué los flujos migratorios han aumentado en forma tan notable tras la crisis de los años 2008-09? En periodos anteriores, las fronteras se mantuvieron lo suficientemente porosas para que los migrantes fluyeran, por supuesto a conveniencia de los países desarrollados y bajo condiciones muy vulnerables porque la globalización neoliberal planteó libertad de movimiento para las mercancías y el capital, y freno a las personas, lo que explica por qué el patrón migratorio estuvo formado masivamente por trabajadores indocumentados.

En el caso específico de México al negarse rotundamente Estados Unidos a la posibilidad de firmar un acuerdo paralelo migratorio en el marco del TLCAN se eliminó por completo la posibilidad de tener flujos de trabajadores ordenados, seguros y legales. Y así se fueron 6 millones de mexicanos indocumentados, importantísimos para la economía de Estados Unidos, resultado de la devastación del campo mexicano y de la industria ante la competencia de productos estadunidenses. Tras 30 años siguen con la espada de Damocles sobre sus cabezas, sin poder regularizar su situación, con total desprotección laboral, en un claro limbo jurídico, lo que permite deportarlos cuando convenga a la economía del vecino país, sin la más mínima indemnización. ¿Cómo se atreve EU a pedir colaboración a México si después de 30 años los migrantes mexicanos indocumentados y sus hijos están en la mayor desprotección?

México, a pesar de la presión del más alto nivel, debe rechazar las propuestas de Washington que pretende el reforzamiento de las fronteras con más Guardia Nacional; que el país reciba todos los migrantes devueltos de EU, sin importar nacionalidad o situación administrativa; que construya un espacio de concentración de migrantes en el sur del país; en pocas palabras, para que se convierta en un tercer país seguro, cosa que hasta ahora se ha evitado. Hay que señalar a los enviados de alto nivel que las fronteras no pueden ni deben bloquearse no sólo por ser totalmente ineficiente, contrario a los derechos humanos, pero sobre todo porque promueve a los traficantes de personas que han creado redes internacionales de explotación migrante y favorecido su incremento, pero que al final, lamentablemente, se estrellan en muros fronterizos al negárseles acceder a los mecanismos establecidos claramente en el derecho internacional, asilo, refugio, visas humanitarias.

El camino para enfrentar esta ofensiva antinmigrante es que los países reviertan el modelo trabajo exportador por un modelo de desarrollo incluyente, de oportunidades para todos, con un régimen fiscal que permita una equitativa distribución de la riqueza, con soberanía plena sobre los recursos estratégicos. Eso es ir a las causas de la migración forzada al poner en el centro la protección de las poblaciones. Es importante no desdeñar la integración latinoamericana para alcanzar un espacio de libertad de movimientos, de conectar avances en conocimientos, tecnología, innovaciones, que permita desarrollar todo el enorme potencial de la región. (Ana María Aragonés, La Jornada, Opinión, p.10)

Templo Mayor

EN OCTUBRE vino por lo mismo que lo trae hoy a Palacio Nacional: tratar de frenar la oleada migratoria que ya hizo crisis en la frontera binacional. Sin embargo, Blinken parece estar acumulando millas de vuelo en balde, pues las cosas están lejos de mejorar.

 

APENAS el fin de semana, como regalo sorpresa de Navidad, una nueva megacaravana de migrantes salió de Chiapas y avanza a paso veloz hacia Estados Unidos. Con las elecciones norteamericanas a la vuelta de la esquina, la administración de Joe Biden sabe que esas oleadas de inmigrantes minan su posibilidad de reelección y, a la vez, fortalecen la retórica radical de los republicanos.

LLAMA la atención que el presidente Andrés Manuel López Obrador quiera convencer a Washington de traer a la mesa a los gobiernos de Cuba y Venezuela, dado el éxodo de personas que huyen de esos países.

PASAN LAS HORAS y a Movimiento Ciudadano se le acaba el tiempo para decidir quién será su candidato presidencial en 2024. Hasta ahora dentro del partido naranja se insiste en que la opción será Jorge Álvarez Máynez. ¿Quién? El coordinador de los diputados federales emecistas. (Fray Bartolomé, Reforma, Opinión, p.8)

Trascendió

Que la visita de alto nivel de EU a México programada para mañana tomó por sorpresa a las agencias de ese país al grado de que aún no terminan de coordinar la logística para la cita con el presidente Andrés Manuel López Obrador. Se sabe que los secretarios de Estado y de Seguridad Interna, Antony Blinken y Alejandro Mayorkas, respectivamente, vienen a formalizar el despliegue de la Guardia Nacional en el sur del país para frenar los cruces de migrantes, mientras que Elizabeth Sherwood-Randall, asesora de Biden en seguridad nacional, seguro traerá algún mensaje personal del jefe de la Casa Blanca. (Trascendió, Milenio, Al Frente, p. 2)

La Esquina

Vienen días importantes para la migración; las reuniones de alto nivel México-EU serán un intento más por dar cause al fenómeno más significativo de los últimos años en el contexto internacional. En tanto esto prospera, la realidad para miles y miles de adultos y niños en situación de tránsito es la misma: indefensión. (La Esquina, La Crónica de Hoy, P.p.)

Pepe Grillo / Éxodo de la pobreza

Los políticos del continente americano no han podido resolver, ni siquiera atenuar, el problema de la migración ilegal rumbo a Estados Unidos.

La pregunta es si hay voluntad real de solucionarlo, o sin en realidad los presidentes están satisfechos por librarse de los inconformes.

De hecho ayer comenzó a transitar por México otra gran caravana de migrantes, la mayor del año, que lleva el nombre de “Éxodo de la pobreza”. Son miles de personas de diversas nacionalidades que están dispuestas a arriesgarlo todo, la vida incluso, para llegar a Estados Unidos.

La caravana avanza mientras que enviados del gobierno de Biden, personajes del más alto nivel como Tony Blinken, Alejandro Mayorkas y la señora Sherwood-Randall, la principal asesora de seguridad, alistan un nuevo encuentro con el presidente López Obrador. ¿Harán más bocadillos de saliva o en esta ocasión sí buscarán soluciones concretas, de corto plazo?

A la administración Biden se le acaba el tiempo, la campaña en Estados Unidos toca a la puerta y sus adversarios del Partido Republicano le reclamarán porque el asunto de los migrantes en lugar de solucionarse, se complica y es cada vez más peligroso. (Pepe Grillo, La Crónica de Hoy, Columnistas, p. 3)

2023: guerras y migraciones

El año estuvo marcado por el signo de la tragedia. Es el tenaz, el terco signo de nuestros tiempos. Condiciones brutales de la existencia humana que no cambian, son surtidores de conflictos y de dramas continuos. Los mayores son las guerras y la migración.

Con información de la ONU y otras fuentes, la Wikipedia registra 56 guerras y conflictos activos en el mundo: 56. El informe incluye conflictos interestatales, intraestatales y no estatales en los que hay uso de la fuerza entre dos o más grupos armados organizados. En el número uno, la guerra de Estados Unidos contra Rusia mediante soldados ucranios, en territorio de Ucrania. El número de bajas difiere según las fuentes consultadas, pero involucra a cientos de miles de seres humanos. Su origen más próximo es la guerra del Donbás de 2014-22. El número dos, es la masacre del gobierno sionista de Israel contra los palestinos de Gaza; el origen se halla en la invasión de 1948 a Palestina cuyo propósito fue crear por la fuerza de las armas el Estado de Israel. Un genocidio sostenido desde siempre por Washington. Los disfraces cayeron desde el 7 de octubre cuando Hamás asesinó a más de mil israelíes: en la farsa, Netanyahu es el malo con las bayonetas y Biden el que le pide que no sea demasiado tosco. Es la guerra con el mayor potencial de conflicto internacional; la historia de esta pesadilla parece estar en sus prolegómenos. Israel y EU han abierto una herida que durará por un tiempo inmemorial. No hay dibujo posible de un futuro previsible mínimamente armónico, después del daño que estos países ya provocaron.

Las 56 guerras tienen un número acumulado de muertes indecible. El sufrimiento humano actual, presente en el cada día, es necesariamente indescriptible, y permanece ajeno a la inmensa mayor parte de los humanos del planeta. En gran medida debido a esta realidad, varios de los estados nacionales involucrados lejos de estar abocados a detener esos conflictos, son los que los provocan. En el número siete, con un estimado de 350 mil muertos a fines de 2021, el informe incluye a México, con un conflicto que describe como guerra contra el narcotráfico, originado en 2006.

El segundo enorme problema de nuestros días (de nuestros años), es la migración. Lentamente va quedando claro para todos que sí, hay un grave problema; pero no son los migrantes, ellos son las víctimas de unas sociedades que los expulsan o los impelen a migrar. La suma de los recursos que los estados nacionales gastan en sus conflictos de guerra sería seguramente suficiente para atender ese problema. Pero la política falla miserablemente: los ciudadanos neoliberales, atomizados como son y están, no actúan frente a sus propios estados, ni parece interesarles.

Del 13 al 15 de este diciembre tuvo lugar en Ginebra el Foro Mundial sobre Refugiados. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, advirtió que los recursos para apoyar a los refugiados están sometidos a una enorme presión, especialmente en el sur global, que soporta una carga desproporcionada. Señaló que había sido un año de intensa división política, conflictos y catástrofes climáticas que han empujado a un número récord de personas a huir. “Desde el Sahel a Afganistán, Siria y Yemen –a la República Democrática del Congo, Myanmar y Somalia– hasta la devastación total que estamos presenciando en Gaza”, subrayó que las pesadillas humanitarias han creado y agravado el desplazamiento de 114 millones de personas durante 2023, 36 millones de las cuales son refugiados. Datos desmesurados de un grave problema mundial que podría convertirse en un gran proyecto de desarrollo para los países generadores de migrantes.

Como en todas partes, México padece ambos problemas de modo interrelacionado: conflictos violentos y desplazamientos y migración, severamente agravados por la conversión de México en país receptor y de tránsito migratorio. Son problemas insolubles en el marco nacional. La de México no es sólo una guerra contra el narcotráfico, sino contra el crimen organizado. Felipe Calderón echó a andar el proceso de creación de la delincuencia organizada. Asoció el poder político con una delincuencia que rápidamente creció y diversificó sus actividades delictivas. El cártel de Sinaloa, el cártel de Tijuana, el cártel de Juárez, el cártel del Golfo, los Beltrán Leyva, La familia michoacana, el cártel Jalisco nueva generación, el cártel del noreste, Los Viagra, Los Rojos, Los Zetas y Los caballeros templarios, comenzando por estos dos últimos, los 12 grupos delincuenciales entraron en número cada vez mayor de actividades delictivas: trata de personas, tráfico de migrantes, extorsión/cobro de piso, secuestro, piratería, robo de combustible, robo de vehículos, tala ilegal, extorsión a mineras, tráfico de agua, tráfico de equipo médico y medicamentos.

Pobreza regional e inseguridad obligan a la 4T a realizar un nuevo y más profundo diagnóstico, con la sociedad, y a diseñar un nuevo programa para enfrentar tan enorme desafío. (José Blanco, La Jornada, Opinión, p.11)

La Navidad de los niños olvidados: una mirada a la crisis migratoria infantil

En esta Navidad, mientras las luces brillan en las calles y las familias se reúnen alrededor de mesas festivas, hay una realidad menos visible que merece nuestra atención: la de los niños migrantes en México. Las recientes estadísticas pintan un cuadro sombrío: sólo entre enero y agosto de 2023, 17,865 menores fueron repatriados de Estados Unidos a México, y otros 62,921 niños migrantes irregulares se encontraron en México. Estas cifras no son solo números en un informe; representan historias humanas de desesperación, valentía y resistencia.

La Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de México establece claramente que estos niños son titulares de derechos. Sin embargo, la realidad en el terreno a menudo contradice esta promesa legal. La creciente militarización y las políticas de seguridad fronteriza ponen en riesgo la seguridad y el bienestar de estos niños, desafiando la obligación legal de priorizar el interés superior de la niñez.

La discrepancia entre las leyes y su aplicación práctica es un llamado urgente a la acción. El gobierno mexicano debe intensificar sus esfuerzos para proteger a estos niños. Esto implica no solo salvaguardarlos de la violencia y la explotación, sino también proporcionarles acceso a educación y salud, y asegurar que sus voces sean escuchadas y consideradas en los procesos migratorios.

Más allá de las políticas y las leyes, hay una dimensión humana en esta crisis que no puede ser ignorada. Estos niños, muchos de los cuales han huido de circunstancias inimaginables, se encuentran ahora en una tierra extraña, enfrentando nuevos desafíos y obstáculos. Cada uno de ellos lleva consigo sueños, esperanzas y el deseo innato de seguridad y estabilidad, deseos que son universales y no conocen fronteras.

En esta temporada de reflexión y generosidad, es crucial que el gobierno y la sociedad civil tomen medidas significativas para mejorar la situación de estos menores. La Navidad, un tiempo de esperanza y alegría, debe ser inclusiva para todos, incluidos aquellos en las situaciones más difíciles. Como sociedad, tenemos la responsabilidad colectiva de trabajar juntos para asegurar que el bienestar de estos niños sea una prioridad constante.

La crisis migratoria infantil en México no es solo un asunto de política o legalidad; es un reflejo de nuestra humanidad y nuestros valores colectivos. La verdadera esencia de la Navidad se encuentra en el compartir, el cuidar y el proteger a los más vulnerables entre nosotros. Esto incluye a los niños migrantes, quienes, a pesar de su situación precaria, son parte integral de nuestra comunidad global.

Esta Navidad, mientras disfrutamos de la compañía de nuestros seres queridos y de las tradiciones que nos son queridas, es importante recordar a aquellos que no tienen la misma fortuna. Los niños migrantes en México, que enfrentan un futuro incierto y desafíos inmensos, merecen nuestra compasión y apoyo. No solo deben ser vistos como cifras en un informe, sino como individuos con historias, sueños y derechos.

Este año, hagamos un esfuerzo para incluir en nuestras celebraciones y reflexiones a estos niños olvidados. Su bienestar debe ser una preocupación común, y su protección una prioridad no solo durante la temporada festiva, sino durante todo el año. Al hacerlo, no solo estamos honrando el espíritu de la Navidad, sino también reafirmando nuestro compromiso con la justicia, la igualdad y la humanidad.

Reflexión final

La Navidad es un tiempo para extender nuestra empatía y compasión más allá de nuestras comunidades inmediatas. Al abogar por los derechos y el bienestar de los niños migrantes en México, estamos fortaleciendo los lazos que nos unen como sociedad y reafirmando nuestro compromiso con un mundo más justo y compasivo. Que esta Navidad sea un recordatorio de nuestra responsabilidad compartida hacia los más vulnerables y un catalizador para el cambio y la acción positiva. (Nadine Cortés, abogada especialista en gestión de políticas migratorias internacionales, El Financiero, Opinión, p. 28)

Desde afuera / Migración y frontera, prueba para la relación bilateral

Hace poco más de seis años, una caravana de migrantes centroamericanos puso a prueba la relación entre México y Estados Unidos.

Y no lo hizo para bien.

Hoy una caravana multinacional que incluye migrantes centroamericanos, sudamericanos, caribeños, y de otras partes, pone de nuevo a prueba el de por sí complicado y ahora más deteriorado y vital vínculo entre las dos naciones.

La caravana avanza desde Chiapas, mientras el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador se prepara para recibir a una delegación estadounidense formada por los Secretarios de Estado, Anthony Blinken, y de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas, así como Elizabeth Sherwood-Randall, asesora de la Casa Blanca para Seguridad Doméstica.

Aquella caravana, como la actual, dan cuerpo a los argumentos del entonces mandatario y ahora aspirante presidencial republicano Donald Trump, para justificar sus alegatos de “invasión” y fronteras sin control y, por tanto, inseguras.

Trump, en su momento, presionó abiertamente al gobierno mexicano para que frenara la llegada de migrantes a su frontera. El propio magnate ha presumido de haber obtenido la cooperación forzada y el uso de 27 mil soldados para detener a los migrantes en México a través de la amenaza de imponer hasta 25 por ciento de aranceles a las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos.

Ahora, cuando Trump y los republicanos buscan mostrar al presidente Joe Biden como débil e ineficiente, aluden a la crisis fronteriza, incluso las muertes causadas por el tráfico de drogas, el fentanilo en particular, y la creciente llegada de migrantes indocumentados o peticionarios de asilo.

Para forzar la mano de Biden, la mayoría republicana en la Cámara baja condicionó la aprobación de un paquete de ayuda militar a Ucrania, uno de los principales temas de la polìtica exterior estadounidense, a un severo ajuste en la frontera, incluso el retorno a políticas propuestas por Trump, como la construcción de una valla fronteriza y un programa para obligar a los peticionarios de asilo a esperar la resolución de su caso en México.

La presión ahora es política y en cierto grado económica. Biden se juega la reelección y parece dispuesto a ceder en cuanto a medidas fronterizas para obtener la ayuda a Ucrania.

Un aparentemente fortuito cierre temporal de dos accesos ferroviarios fronterizos puso de relieve el costo económico que puede traer un cierre más estructurado.

El costo sería elevado para los dos países, dada su integración, pero considerablemente mayor para México por tamaños relativos: el comercio bilateral supera los 600 mil millones de dólares anuales y significa 80 por ciento del comercio exterior mexicano.

El estilo de Biden da más espacio al juego político y, por tanto, a ofrecer a sus contrapartes la posibilidad de mostrar que son parte de la decisión y no sólo receptores obligados.

La delegación estadounidense viene a pedir ayuda, pero también a avisar que su gobierno puede y va a tomar medidas que sería mejor tuvieran el concurso y participación mexicanas. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 25)

Lo dicho: retórica belicista, acciones racistas

Tal y como lo apunté en la entrega anterior, tan solo pasaron unos días, para que en eventos por separado, pero con una diferencia de horas y el mismo pasado día 18, se confirmara la perniciosa vinculación ideológica, programática y política, entre la retórica belicista que promueven amplios círculos radicales de los conservadores del Partido Republicano que promueven la intervención de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos en territorio mexicano, con el baladí pretexto de enfrentar y liquidar a las organizaciones criminales mexicanas dedicadas al tráfico de drogas (fentanilo). De manera explícita, se han referido a nueva generación y a las bandas de Ismael Zambada y a los de los hijos de Joaquín Guzmán.

A los eventos que me refiero son. Primero, el multitudinario mitin del Donald Trump en New Hampshire. Allí textual afirmo, entre otras extravagancias, que “los migrantes envenenan la sangre de los Estados Unidos. Destruyen nuestros valores”. La reacción vino incluso de políticos de origen latino en el Partido Republicano así, como era de esperar, por parte de la Casa Blanca que fue lejos: asimiló el discurso de Trump a los expresados por Adolfo Hitler. Ni más ni menos. De esa forma, el aspirante presidencial por tercera ocasión, prometió un estricto programa de deportaciones amén de garantizar la imposibilidad del tránsito de migrantes, vengan de donde vengan.

El segundo, fue el ampliamente difundido acuerdo firmado por Greg Abbott, en donde por la simple apariencia de “parecer migrante”, las autoridades correspondientes de ese antiguo territorio mexicano, podrán deportar sin más a las personas que a su leal entender, pudieran ser migrantes. De esa manera, sea por la forma de caminar, vestirse, hablar, comer o reunirse, podrán calificados como “migrantes” para que les sea solicitada la documentación correspondiente y que acredite su estancia legal en los Estados Unidos. Sí, lo leyó usted bien: bastará “parecer migrante” para ser detenido, interrogado y dado el caso, deportado.

A lo anterior, se le debe sumar la decisión de varias autoridades fronterizas estadounidenses, para cerrar de manera intermitente, los pasos ferroviarios entre ambas naciones, con el argumento de la masiva transportación ilegal de migrantes procedentes de varias partes del mundo. Sobre todo, después de que se dio a conocer que al menos 12 personas procedentes de países ajenos al Continente Americano, habían intentado cruzar a los Estados Unidos, portando explosivos. Aunque no se informó de la capacidad destructiva de los mismos, las llamadas “alertas migratorias” se dispararon de inmediato, para sumarse a lo que bien puede denominarse ya, como una notable tendencia política e ideológica que identifica a la migración de mexicanas y mexicanos, sobre todo, más como un auténtico riesgo que como una oportunidad para el comercio y la economía de ese país.

Si es cierto que el Presidente López Obrador descalificó e incluso anunció accio es diplomáticas en contra de la ley firmada por el gobernador de Texas, desafortunadamente, eso no será de mucha utilidad, pues la xenofobia, el racismo y el supremacismo, son el principal combustible de la plataforma electoral del Partido Republicano y por lo tanto de sus principales líderes/candidatos, tal como es el caso de Donald Trump. Todo un desafío planteado ante la simultaneidad de las elecciones presidenciales es Estados Unidos y México.

Deberemos analizar e incluso estudiar con detenimiento, lo que las dos principales candidatas a la Presidencia de la República expresan en la larga carrera electoral que tienen por delante. La mera retórica o peor aún las actitudes evasivas, jugarán en contra de sus aspiraciones por llegar al Palacio Nacional. (Javier Oliva Posada, El Sol de México, Análisis, p. 9 y Ovaciones, Opinión, p. 26)

Apuntes de Guerra / Deseos Navideños

Bien vista, queridos lectores, la Navidad es una de esas celebraciones que trascienden a una sola creencia o denominación religiosa. Simboliza el amor, la empatía, la solidaridad humana, las puertas abiertas al extranjero, la calidez que se encuentra aún en la mayor de las privaciones.

Es también, o debería ser, una fiesta de la esperanza renovada, de la supremacía de lo espiritual sobre lo material, de la disposición al sacrificio propio en aras del bien ajeno.

Para creyentes y no creyentes, para cristianos, judíos, musulmanes e hindús, por mencionar solo a algunas de las más grandes religiones contemporáneas, la ubicuidad de la Navidad y sus símbolos es también un poderoso recordatorio de como hay estados de animo que trascienden a las creencias propias y se contagian, o al menos así es como pensamos, como imaginamos, que debería ser.

Pero la brecha entre lo que debería ser y la realidad es cada vez más amplia. No me refiero siquiera a la fiebre de consumo que acompaña a estas fechas, ni al materialismo que las rodea. Vivimos en un mundo en que el capital manda, y el capital requiere del consumo generalizado para crecer, para mover los engranajes de la producción, del transporte, del comercio, del intercambio de conocimiento.

Es así, y nada ganamos peleando contra una realidad irrebatible, por lo que mi reflexión no va dirigida a ese aspecto de estas festividades.

No, me importa y me preocupa mucho más la creciente tendencia a la autarquía, al aislacionismo moral que se contrapone brutalmente ya no solo al espíritu de estas fechas, sino a los valores más básicos, más elementales de la humanidad.

 

Lo vemos en la tragedia de los migrantes en todo el mundo: millones y millones de desplazados ya por guerras, hambrunas, violencia criminal o desastres naturales.

El colapso de las instituciones básicas en países de África y América Latina se suma a las catástrofes anteriores para orillarlos a la más desesperada de las medidas: abandonar suelo, hogar y comunidad en busca de una vida mejor. La respuesta son puertas cerradas, incluso (o principalmente) en naciones que son producto de la migración, que gracias a ella han subsistido y prosperado.

Se hunden embarcaciones en el Mediterráneo, se ahogan madres e hijos en el Río Bravo, son secuestrados, vejados y traficados en sus trayectos, y la respuesta sigue siendo la misma: la puerta, el corazón y el alma con cerrojos inquebrantables.

Lo mismo con las guerras y el terrorismo: trátese de Ucrania, de Israel o de Gaza, la solidaridad y la empatía solo existen de acuerdo a la preferencia política, ideológica o religiosa de cada quien, a los prejuicios y estereotipos de cada quien. Mucho odio, poca humanidad, es el panorama del mundo en estos días en que el deber ser está lejos, muy lejos de nuestra realidad. (Gabriel Guerra Castellanos, El Heraldo de México, País, p. 7)

México SA

 Solución a crisis migratoria // Estados Unidos no ayuda // Mexicana, ya: ¡a volar!

De tiempo atrás estalló la crisis migratoria en nuestra región, pero los gobiernos involucrados en la masiva expulsión de seres humanos (centroamericanos, cono sureños, caribeños y más) sin más han cargado a México –que hace malabares para ayuda y tiene su propia dinámica en esta movilidad masiva, siempre con miras al soñado norte dorado– la responsabilidad de solucionar esta delicada cuan creciente situación, la cual, todo apunta, resulta imparable.

Entre lo más reciente destaca la caravana de 7 mil migrantes, autodenominada éxodo de la pobreza, que días atrás ingresó a nuestro país por la frontera sur y se dirige –más con esperanza que con posibilidad– al norte añorado, confiada en que, tarde que temprano, la siempre racista y xenófoba autoridad gringa terminará sensibilizándose y los dejará ingresar a su territorio dada la dramática cuan creciente crisis humanitaria.

La realidad es distinta, con todo y que históricamente Estados Unidos es una nación de migrantes, porque el gobierno de aquel país ha sido selectivo a la hora de aceptar a diversas corrientes migratorias, sea por razones políticas (como la oleada cubana), racistas (todos blancos provenientes de Europa), de conveniencia (recuérdese el Programa Bracero) o todas en una suerte de coctel que nada resuelve.

Por el lado latinoamericano, si bien la presencia de mexicanos en Estados Unidos ocupa el primerísimo lugar, la movilidad de otras nacionalidades de la región se ha incrementado sustancialmente. La Jornada (Lilian Hernández Osorio) nos ilustra, como siempre: las cantidades de migrantes y aspirantes a refugiados que durante 2023 ingresaron a México son de las más grandes en todos los tiempos en nuestro país y va a seguir esa situación crítica, coincidieron especialistas en política migratoria y defensores de derechos humanos de personas en situación de tránsito irregular. Sólo de enero a octubre de este año se registraron 588 mil 626 eventos de personas en situación migratoria indocumentada… Parte de la tragedia es que de esas personas, entre tres y cuatro mueren a diario en este drama de la movilidad, aseveró el investigador del Programa Universitario de Estudios del Desarrollo de la UNAM, Tonatiuh Guillén. Advierte: no hay factores para pensar que la situación se vaya a suavizar.

El Pew Center Research (PCR) aporta lo suyo: “los encuentros mensuales entre agentes de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos y migrantes que intentan cruzar al país por la frontera con México se mantienen en niveles no vistos en más de dos décadas, según las últimas estadísticas gubernamentales; la reciente afluencia de migrantes en la frontera suroeste ha sido un tema clave de discusión entre el presidente Joe Biden y su homólogo Andrés Manuel López Obrador… Los totales mensuales recientes superan con creces el pico alcanzado durante la última gran ola de migración en la frontera entre Estados Unidos y México en mayo de 2019 y están aproximadamente a la par del pico anterior alcanzado en marzo de 2000”.

El PCR subraya que las nuevas estimaciones no reflejan los cambios que se han producido desde que las detenciones y expulsiones de migrantes a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México comenzaron a aumentar en marzo de 2021 . Desde entonces, los encuentros con migrantes en la frontera han alcanzado niveles históricos.

 

De acuerdo con dicho centro, México es el país de nacimiento más común de inmigrantes indocumentados. Sin embargo, esa población se redujo en 900 mil personas de 2017 a 2021. Hubo aumentos de casi todas las demás regiones del mundo: América Central, el Caribe, América del Sur, Asia, Europa y África subsahariana. Entre los estados de Estados Unidos sólo Florida y Washington experimentaron aumentos en sus poblaciones de inmigrantes no autorizados, mientras que en California y Nevada se registraron disminuciones. En los demás se mantuvieron sin cambios.

Después de México, en 2021 las naciones latinoamericanas con mayor población de inmigrantes indocumentados en Estados Unidos fueron El Salvador (800 mil), Guatemala (700 mil) y Honduras (525 mil), y, sin aportar alternativas, la Casa Blanca cada día presiona más para que nuestro país sea el guardián de su frontera sur. (Carlos Fernández-Vega, La Jornada, Economía, p.15)