La movilidad de las personas en busca de mejores condiciones de vida es una realidad que sigue creciendo en el presente siglo, sin importar las políticas que implementen los países y acciones de grupos delictivos.
Para Guillermo Yrizar Barbosa, investigador en el Departamento de Ciencias Sociales de la Iberoamericana Puebla, las migraciones humanas irregularizadas, invisibilizadas y con alta vulnerabilidad, seguirán conformando, durante las próximas décadas, realidades más complejas y desafiantes.
Durante el Simposio Migrante, organizado por la Ibero Puebla, los defensores de derechos humanos, sacerdotes y especialistas de instituciones de educación superior, coincidieron en que su trabajo busca de visibilizar en la agenda pública las problemáticas en torno a quienes buscan mejores condiciones de vida, está latente.
Para las redes de apoyo a los llamados “sin papeles, en la actualidad, es urgente que la sociedad y las autoridades garanticen condiciones dignas con respecto a los derechos humanos.
La migración entre México y Estados Unidos, establece el especialista de la institución de educación superior que forma parte del Sistema Universitario Jesuita, es estructural y funcional “al capitalismo global”.
En la realidad, a los migrantes, de alguna forma, se les tolera, pero, al mismo tiempo, se les explota en trabajos precarios que sostienen sectores clave de las economías de diferentes regiones.
Ante el fenómeno, Robert C. Smith, investigador de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, resaltó la importancia de mantener acciones en materia de defensa de los derechos de las personas migrantes.
En medio de las complicaciones que viven los migrantes, las redes de apoyo impulsar el acompañamiento que significa que las personas no caminen solas y que sepan que, diferentes sectores de la sociedad están con ellos.
Ante las agresiones y violencia que viven los migrantes, como lo estableció Robert C. Smith, el acompañamiento se convierte en una forma de acción transformadora basada en la investigación y la empatía. El reto en la actualidad es mayúsculo porque no se puede permitir que los abusos de diferentes sectores de la sociedad se normalicen. (Jaime Zambrano, Milenio, Online)
Por obvias razones este histórico tema estará año con año en la agenda de la Presidenta quien, a pesar de los embates del gobierno de los Estados Unidos de Donald Trump, en todo momento ha protegido a la comunidad migrante mexicana —la más grande que tiene el vecino país—. Hace unos días, a través de titular de la Secretaría de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, nos enteramos de que en el año que agoniza fueron deportados alrededor de 145 mil mexicanos. Sobra decir que las deportaciones siempre se han dado, pero ahora fue más marcado por la sistemática estrategia de un gobierno que se niega a reconocer la valía de nuestra gente en aquel país. Y emerge la pregunta: ¿Y la reforma migratoria, para cuándo?
Desde el Senado de la República hemos seguido muy de cerca todos los informes del secretario de Relaciones Exteriores, Juan Ramón de la Fuente Ramírez, al igual que hemos expresado algunas recomendaciones para proteger a nuestros migrantes que, lamentablemente —con razón o sin ella— fueron regresados a México—. Debemos reconocer que la SRE ha estado en todo momento hablando con los consulados y embajada de México en Estados Unidos brindando ayuda a los connacionales. En miles de casos se pudo acreditar la estancia legal de mexicanos en la Unión Americana; en otros casos, lamentablemente no se logró acreditarla, pero porque no había documentos suficientes probatorios para defenderlos, o bien, por algún problema con la justicia estadounidense.
Es importante dejar claro que la presidenta Sheinbaum Pardo no ha escatimado un sólo peso para ayudar a la gente deportada; de hecho, buena parte del presupuesto de la Secretaría de Relaciones Exteriores se invierte en la defensa jurídica y ayuda de nuestra comunidad migrante que tuvo que regresar al país. Sólo como referente y por su importancia, hay cientos de historias donde nuestra nación ayudó a migrantes, principalmente de
Centroamérica, para que regresarán a sus lugares de origen. Esto tiene que ver mucho con el humanismo mexicano impulsado por la Cuarta Transformación que no se ve, pero que ahí está presente. Es un gesto de humanidad hacia hermanos en desgracia.
A lo que pretendemos llegar es a que, en este agonizante 2025, el tema de los deportados en México estuvo presente todo el año, buena parte de la agenda de la Presidenta estuvo marcada por la política migratoria de Trump, quien no tuvo contemplación para los migrantes que apoyan en buena medida la economía y estabilidad de Estados Unidos, pero, en cambio, sí fueron deportados, miles de ellos sin sustento legal. Por eso decimos que el gobierno de la doctora Sheinbaum es sensible a respaldar no sólo a la comunidad mexicana, sino de otros países. Incluso, en estados como Coahuila, Chihuahua, Baja California, Chiapas, Tabasco y Tamaulipas mantienen centros debidamente habilitados para recibir a los deportados; en tanto, se les brinda el apoyo para que regresen a sus estados de origen.
EL FENÓMENO CONTINUARÁ…
Como ya consignamos líneas arriba, en el 2025, con el arribo del nuevo gobierno de Estados Unidos, el tema de las deportaciones se incrementó de manera importante, Por su parte, México no dejó de atender en ningún momento a nuestros connacionales. De hecho, el presidente Trump ya anunció que, en el 2026 —Año del Mundial de Fútbol—, no pararán las deportaciones, no habrá forma de que se detengan, no habrá tregua, por lo que el Gobierno de México estará pendiente al fenómeno migratorio que continuará, hasta en tanto no haya una ruta de solución.
En conclusión, por un asunto cultural, tradición histórica, por ser un país binacional con muchas entidades federativas, el fenómeno migratorio va a continuar. (Saúl Monreal Ávila, El Sol de México, Análisis, p. 14)
Remesas a la baja, familias en apuros
A lo largo del año, producto de las draconianas políticas anti migratorias de Donald Trump, el envío de remesas a México mostró signos de debilidad. Cerraron el año con una caída de más de 5 por ciento, rompiendo una racha alcista de más de una década.
No se trata solo de una cifra para realizar análisis económico, la caída afecta el nivel de vida de miles de familias mexicanas, en estados que de por sí ya tienen múltiples problemas, como Chiapas, Guerrero, Zacatecas y Michoacán. Muchos migrantes han reducido al mínimo su actividad laboral en Estados Unidos por temor a ser detenidos y deportados.
Las perspectivas no son optimistas para el corto plazo. El 2026 pinta para ser un año todavía más complicado para los migrantes ya que los agentes del ICE y la Patrulla Fronteriza tendrán más presupuesto para acosarlos. (Redacción, La Crónica, La Dos, p. 2)
En México, el respeto a la libertad religiosa ha avanzado significativamente en los últimos años, reflejándose en la expedición de documentos oficiales. Un ejemplo relevante de este progreso es el derecho de las mujeres musulmanas mexicanas a portar el hiyab en la fotografía de su pasaporte. Este logro es resultado de una prolongada lucha jurídica y social, y simboliza un paso crucial hacia el reconocimiento de la diversidad cultural y religiosa en el país.
La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) emitió una resolución favorable ante el amparo promovido por mujeres musulmanas mexicanas, reconociendo su derecho a usar el hiyab en la fotografía del pasaporte. Esta decisión no sólo beneficia a estas mujeres, sino también a todas las personas que requieran portar prendas religiosas como el hiyab, el turbante, el kippá, entre otras. El único requisito es que la cara permanezca completamente visible, permitiendo la verificación de la identidad y cumpliendo con los estándares de seguridad y reconocimiento facial exigidos.
Este requisito asegura que el documento sea válido y, al mismo tiempo, respeta el derecho de cada persona a expresar su identidad y creencias religiosas. Las autoridades mexicanas tienen la obligación de evitar toda forma de discriminación por motivos religiosos durante el proceso de expedición de documentos. Nadie debe ser forzado a quitarse, modificar o adaptar sus prendas religiosas, salvo en los casos donde éstas cubran completamente el rostro y dificulten la identificación visual. Esta política promueve un entorno inclusivo y plural, en el que el Estado reconoce y respeta la diversidad de creencias, garantizando el acceso igualitario a trámites y servicios públicos.
A pesar de los avances legales y administrativos alcanzados, persisten desafíos derivados de prejuicios y desinformación en la sociedad mexicana. Algunas personas argumentan que permitir el uso de prendas religiosas distintas a las tradicionales mexicanas significa ceder ante costumbres “ajenas” que no representan la cultura nacional ni la religiosidad mayoritaria. También existen ideas erróneas que asocian estas prácticas con la opresión de la mujer o con culturas violentas, como lo expresó la ministra Batres al afirmar que se podrían permitir prácticas extremas como la poligamia ante el Registro Civil, el sacrificio de animales por santería, el sometimiento de menores a prácticas religiosas o la mutilación genital.
Estos prejuicios constituyen obstáculos para la plena inclusión y el reconocimiento de la diversidad religiosa. Sin embargo, la SCJN ha dejado claro que el respeto a las creencias y expresiones religiosas es un derecho fundamental que debe ser protegido, sin importar la aceptación social o popularidad de las prácticas en cuestión.
Este avance reafirma el compromiso de México con los derechos humanos, la igualdad y la inclusión, fortaleciendo la convivencia plural y democrática y asegurando que ninguna persona sea excluida o discriminada por sus creencias religiosas. (Jacqueline L’Hoist Tapia, La Razón, México, p. 10)
Oportunidades y Riesgos ante la Estrategia de Seguridad de EU
La Casa Blanca acaba de publicar un documento titulado “La Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América”, que tiene profundas implicaciones para México. Describe un cambio profundo en la manera en que Washington entiende su papel en el mundo y, sobre todo, en el hemisferio occidental. Por primera vez en décadas, Estados Unidos declara abiertamente su intención de “reafirmar y hacer cumplir la Doctrina Monroe” y establece un “Corolario Trump” para reafirmar su preeminencia en la región, impedir la presencia de potencias externas y garantizar el control estratégico de los flujos económicos, migratorios y de seguridad en su entorno inmediato. Este enfoque plantea para México riesgos importantes, pero también oportunidades históricas para convertirse en un actor central en la arquitectura de seguridad, estabilidad y competitividad del hemisferio, pero principalmente en América del Norte.
El documento enfatiza que la estabilidad del hemisferio es un interés vital para Estados Unidos, pues permite detener la migración masiva, contener a los cárteles, reducir flujos ilícitos y asegurar cadenas de suministro estratégicas. La estrategia plantea que los países de la región deben ser ”reclutados” (“enlisted”) como socios activos para controlar migración, combatir organizaciones criminales y desarrollar economías locales más robustas. En este contexto, México es, por su ubicación, tamaño y nivel de integración económica, el país más relevante para el cumplimiento de ese objetivo. Esto abre la puerta a una cooperación ampliada en inteligencia, vigilancia fronteriza, capacidades tecnológicas y seguridad marítima, así como a la posibilidad de construir acuerdos de largo alcance que vinculen inversión, comercio, migración y seguridad de manera estructural.
La estrategia también resalta la necesidad de fortalecer las cadenas de suministro dentro del hemisferio y reducir dependencias con China, especialmente en sectores críticos como manufactura avanzada, tecnologías estratégicas y minerales esenciales. Al señalar que la relocalización industrial será un instrumento clave del poder económico estadounidense, el nearshoring se refuerza como elemento geopolítico, no solo económico. Esto representa una oportunidad histórica para México: atraer inversiones estratégicas, integrarse en nuevas cadenas de valor, escalar tecnológicamente y consolidarse como socio productivo indispensable de Estados Unidos. El Plan México tiene este enfoque, pero enfrenta barreras estructurales profundas derivadas de la fragilidad institucional, la insuficiencia energética, la infraestructura limitada, la inseguridad y la caída de la inversión privada, factores que reducen la capacidad del país para absorber y ejecutar proyectos de gran escala. Se requieren acciones decididas y, sobre todo, un reconocimiento explícito del gobierno federal sobre la necesidad de fortalecer las instituciones y garantizar el estado de derecho, así como impulsar la inversión con visión de largo plazo.
Esta nueva visión estratégica de Estados Unidos también plantea riesgos importantes para nuestro país. El hecho de que la seguridad fronteriza es el elemento primordial de la seguridad nacional estadounidense anticipa presiones crecientes sobre México para frenar flujos migratorios. También se puede prever un endurecimiento del discurso y de las expectativas de Washington hacia la acción mexicana contra el crimen organizado. Este punto representa una tensión potencial en términos de soberanía, cooperación bilateral y manejo de fuerzas de seguridad. Otro riesgo estratégico proviene de la relación con China, con un escrutinio más estricto sobre reglas de origen, prácticas de exportación y cadenas de suministro mexicanas. Esto podría derivar en nuevas medidas arancelarias, verificaciones más estrictas o condicionamientos dentro de la revisión del T-MEC en 2026.
Para México, la estrategia estadounidense presenta un escenario dual: por un lado, una ventana de oportunidad para fortalecer su industrialización, modernizar su infraestructura, atraer capital estratégico y profundizar su integración tecnológica y de seguridad con Estados Unidos; por otro, un conjunto de presiones sobre su política migratoria, su autonomía regulatoria, su relación con otros socios globales y su capacidad para mantener márgenes de soberanía en seguridad interior y decisiones de inversión.
El desafío para México es convertir este nuevo marco geopolítico en una estrategia de Estado. La proximidad geográfica y la interdependencia económica pueden ser palancas, no vulnerabilidades, si se traducen en una agenda proactiva que combine seguridad, comercio, energía, innovación y diplomacia. El reto no consiste en alinearse de manera automática con Washington, sino en construir una relación madura que permita negociar acuerdos integrales que generen beneficios recíprocos. (Ángel García-Lascuráin Valero, El Financiero, Economía p. 8)