Opinión Migración 270123

En privado // Con él o contra él. Su lista

Retales

EBRARD. Marcelo Ebrard desmintió ayer la versión del secretario de Estado en tiempos de Trump, Mike Pompeo, de que en un encuentro en Houston aceptó el programa Quédate en México con la condición de que ese sí fuera secreto. Dijo que es falso y lo documentó con comunicados. Lo atribuyó a la campaña presidencial en Estados Unidos, pero yo, a la campaña aquí. (Joaquín López Dóriga, Milenio Diario, Al frente, p. 3)

Sacapuntas

Ebrard desmiente a Pompeo

De amigos a rivales pasaron el Canciller Marcelo Ebrard y el ex secretario de Estado de EU, Mike Pompeo. El mexicano desmintió el señalamiento del ex colaborador de Donald Trump, en su nuevo libro, respecto a que habría aceptado sin chistar el plan “Quédate en México” para que los migrantes permanecieran en nuestro país. De hecho, sostuvo que las afirmaciones de Pompeo son parte de “una campaña antimexicana” para justificar el muro. (El Heraldo de México, La dos, p. 2)

Pepe Grillo

El canciller salió al paso

Los aspirantes a la candidatura presidencial del Partido Republicano de Estados Unidos tienen un común denominador: están utilizando los problemas de la frontera con México, migración ilegal y narcotráfico, como ejes de sus discursos.

Compiten para ver quién adopta posiciones más intransigentes y peligrosas.

El canciller Marcelo Ebrard salió al paso de la ofensiva anti mexicana de Mike Pompeo, es director de la CIA y ex secretario de Estado del gobierno de Donald Trump que se sumó a la ola de usar a México para subir en las preferencias electorales.

Ebrard recordó que México ha sido un aliado confiable de Estados Unidos en materia de seguridad y con respecto a la migración insistió en que la propuesta es atender de raíz las causas de la migración, fundamentalmente la pobreza.

 

No será, por desgracia, la última vez que el canciller tenga que salir al paso de los comentarios insidiosos de los políticos norteamericanos en campaña. No hemos visto nada todavía. (Pepe Grillo, La Crónica de Hoy, Columnistas, p. 3)

Astillero

Lorenzo Córdova: bono de marcha // ¿Confiar en la Corte? // Ayotzinapa: militares mandan // Pompeo-Ebrard, ¿secretos?

Astillas

A MARCELO EBRARD se le han acumulado los señalamientos desde Estados Unidos que le muestran demasiado flexible ante presiones que serían lesivas para el interés nacional. Donald Trump, siempre excesivo en su vanagloria, se jactó de haber doblado a México con argucias arancelarias que finalmente le significaron miles de guardias nacionales mexicanas en la frontera con Centroamérica y la recepción de migrantes que se quedarían provisionalmente en México. Ahora ha sido el ex secretario de Estado Mike Pompeo quien ha señalado al canciller mexicano de pedir que no se dieran a conocer acuerdos polémicos… ¡Hasta el próximo lunes! (Julio Hernández López, La Jornada, Política, p. 8)

Estrictamente personal // El entreguismo de López Obrador

Para utilizar una de las frases coloquiales que utiliza el presidente Andrés Manuel López Obrador, con Estados Unidos tiene “puro choro mareador”. Se llena la boca acusando al Departamento de Estado de intervencionismo y criticando a las agencias de seguridad e inteligencia. Se regodea con el nacionalismo rancio, que es como entiende al mundo, y presume la autonomía de México ante todas las naciones. La realidad es muy diferente. Su actitud ante Washington es medrosa cuando le levantan la voz, y dócil para acatar sus imposiciones. Pero la realidad siempre lo alcanza, como en esta ocasión, donde un libro de Mike Pompeo, secretario de Estado del presidente Donald Trump, lo deja a él y al canciller Marcelo Ebrard como simples peones en un ajedrez político que no controlan.

Pompeo acaba de sacar a la venta sus memorias, Never give an inch (Nunca hay que ceder nada), donde revela que dos semanas antes de asumir la Presidencia, López Obrador y Ebrard cedieron su independencia ante las amenazas de Trump de cerrar la frontera con México, completamente, si no aceptaban recibir a cientos de inmigrantes que buscaban asilo en Estados Unidos. La percepción de Pompeo sobre Ebrard y sus encuentros lo muestra paternalista con el canciller mexicano, pero también desnuda la forma como, aunque no le gustaba la idea, cedió fácilmente a sus pretensiones, y su reacción para minimizar el daño que le causaría al gobierno entrante fue pedir que se ocultara el acuerdo al que llegarían.

“Fui el primero en compartir formalmente nuestro plan al gobierno entrante de México en Houston, el 15 de noviembre de 2018″, escribe Pompeo refiriéndose al programa que se conoce como Permanecer en México. “Se lo describí a Marcelo Ebrard. “Dentro de dos semanas, le dije, aceptaremos solicitantes de asilo en la frontera de Estados Unidos y los regresaremos a México. Marcelo estaba visiblemente sacudido. Insistió que su gobierno no aceptaría esos términos, señalando que la gente estaría muy molesta de tener a miles de inmigrantes viviendo en el país”.

“¿Te estás oyendo?”, le respondió Pompeo. “Es exactamente (la razón por la cual) estamos estableciendo esta política”. Ebrard, cuenta, le dijo entender el objetivo, pero expresó su escepticismo sobre qué podría hacer Estados Unidos en dos semanas. “Si en 14 días no pueden regresar el Departamento de Estado y el de Seguridad Interna todos aquellos que buscan asilo”, le dijo Pompeo, “vamos a cerrar completamente la frontera. Nada se moverá. Sin duda tendrá un impacto en Estados Unidos, pero también en la migración masiva ilegal”.

El gobierno entrante de López Obrador tenía alternativas, si no para impedirlo, para neutralizarlo, y lo sabían en la Casa Blanca. Cuando analizaron la medida, en junio, unos cinco meses antes de planteárselo a Ebrard, y ver la manera como lograban que México aceptara, Kimberly Breier, que estaba en la Oficina para América Latina del Consejo Nacional de Seguridad, le dijo a Pompeo, después de una reunión: “Tengo sólo dos palabras para usted sobre aranceles: Michigan y Ohio”.

Breier se refería a las opciones que tenía México, y que habían sido utilizadas como disuasivas y de contrapresión por los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, cuando los estadounidenses quisieron imponer sus políticas. Las secretarías de Economía y de Relaciones Exteriores tenían una estrategia ante la imposición de aranceles –como fue la amenaza posterior de Trump para obligar a López Obrador a mandar a la Guardia Nacional a frenar inmigrantes centroamericanos a Chiapas–, donde México haría una retaliación con aranceles en aquellos estados y regiones que más afectaran política y electoralmente al gobierno de Estados Unidos. López Obrador no lo hizo, aunque no se sabe si por ignorancia, falta de información o por recomendación de Ebrard.

El canciller mexicano había sentido a Pompeo. En su reunión, le precisó, según escribe en sus memorias, “Marcelo, no necesitamos su permiso para hacer esto. Queremos colaborar, pero no es un requisito”. Ante tal amenaza y chantaje, Ebrard respondió de una manera que, sólo porque está escrito, se le puede dar crédito, porque no pensó en alternativas, sino cómo podrían dar a conocer en México el acuerdo, sin reconocer que había uno.

“Ebrard tenía varias dificultades”, recuerda Pompeo. “El primero era sobre política interna: tenía que proteger a su jefe de parecer que había cedido ante El Norte. En segundo lugar, no podía trabajar con su propia embajadora en Washington (Martha Bárcena, tía política de López Obrador), porque estaba radicalmente opuesta aun a pensar en un concepto como éste. Hicimos todo lo posible en nuestras discusiones para que no supiera nada”.

Dos días antes de la fecha máxima para que el gobierno entrante aceptara, Ebrard le habló a Pompeo y le dijo que tenía la solución. Lo que le planteó, lo sorprendió: México aceptaría a los inmigrantes que buscaran asilo, pero lo haría en privado, que no habría anuncio y que no se firmaría nada. Rechazaron la idea y se hizo un comunicado con un lenguaje ambiguo y que le diera una salida plausible al gobierno de López Obrador en caso de necesitar explicar algo. 

El Presidente no dijo nada ayer. Ebrard sí se vio obligado a dar la cara, mediante una carta, sin membrete, a título personal cuando es un asunto de gobierno, donde desmiente sin desmentir. En ningún momento negó los diálogos que sostuvo con Pompeo, ni rechazó que quiso mantener todo en lo oscurito. Recordó, a manera de defensa, que no fue un acuerdo permanente, sino temporal. Fue relativo. Hace unas semanas, López Obrador aprobó fast track la petición del presidente Joe Biden para incrementar los permisos para buscadores de asilo en Estados Unidos.

Con Trump o Biden, México sirvió a sus intereses políticos y modificó sus políticas de asilo. Ebrard dijo ayer que su propósito y labor “es salvaguardar y proteger siempre nuestro interés nacional”. Pompeo demostró que no es así y que la decisión tomada por López Obrador, no fue ni independiente, ni soberana, ni pensando en los intereses nacionales. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional, p. 36)

Ingenuo, acuerdo de Tercer País Seguro

Durante la administración del presidente Trump, Estados Unidos fue profundamente insistente en su deseo de rechazar a todas las personas que pretendían solicitarle asilo después de transitar de manera irregular por territorio mexicano. 

Inspiradas por un profundo sentimiento antiinmigrante —personificadas en dos asesores presidenciales, Bannon y Miller— las políticas de control migratorio estadounidense fueron modificadas para reducir al máximo la posibilidad de que migrantes pudieran ingresar de manera irregular a ese país. Durante los cuatro años de ese gobierno, se emitieron más de 400 cambios administrativos que desmantelaron el sistema de inmigración de Estados Unidos.

Las políticas antiinmigrantes buscaban negar la protección humanitaria a extranjeros que intentaran entrar después de transitar por México, en la idea de que si podían pedir protección al gobierno mexicano, por qué habrían de ofrecerla en territorio estadounidense.

En ausencia de un tratado internacional, la pretensión trumpista de rechazar a todos los solicitantes de asilo e imponerle la obligación al gobierno mexicano de otorgarles asilo, solo podía concretarse con un Acuerdo de Tercer País Seguro. En virtud de un acuerdo de ese tipo, como el que existe entre Estados Unidos y Canadá, el gobierno estadounidense podría devolver a territorio mexicano a todos los solicitantes de asilo, imponiéndole la obligación a México de brindar refugio a esas personas o deportarlas.

En un contexto electoral en Estados Unidos, en donde parecen revivir algunas posiciones antiinmigrantes y antimexicanas, es imprescindible reconocer que fue un acierto rechazar un acuerdo de ese tipo.

No debe ignorarse nunca que la propuesta de un Acuerdo de Tercer País Seguro estaba animada por un sentimiento antiinmigrante. Habría sido profundamente ingenuo comprometer permanentemente a México con un mecanismo que en esencia niega la protección estadounidense a miles de personas que desean entrar a ese país. Debe reconocerse que el gobierno de México soportó los embates de la administración Trump y se mantuvo en la postura de atender las causas de raíz de la migración y de establecer vías para que la migración a ese país sea de manera ordenada, regular y humana.

Hoy, podemos observar que la posición de México comienza a rendir frutos, pues la administración del presidente Biden está desplegando medidas innovadoras para permitir el ingreso de migrantes a su país. (Alejandro Celorio Alcántara, El Heraldo de México, La dos, p. 2)

A puerta cerrada // México y el terrorismo, entre lo probable y lo posible

Los términos posible y probable tienden a confundirse semánticamente. El Diccionario de la Real Academia define lo posible como “lo que puede suceder” y lo probable como “dícese de aquello que hay buenas razones para creer que sucederá o se verificará”.

La diferencia entre estos dos conceptos es vital para comprender el espíritu de la prospectiva estratégica y debe ser diferenciada de los enfoques de pronóstico (forecasting en inglés) que se caracterizan por su manera práctica de reconocer la realidad; su fuerza pronosticadora ha evolucionado más hacia la construcción de fenómenos abandonando las funciones predictivas de las probabilidades.

En la prospectiva estratégica se trata de deducir el futuro con acciones para anticiparse y poder influir en él.

Hace unos días, en un timing que no debe ser leído como una coincidencia, se dieron a conocer algunos adelantos de la autobiografía “Never Give an Inch” (“Nunca Cedas una Pulgada”) del exdirector de la Agencia Central de Inteligencia (CIA por sus siglas en inglés) y polémico exsecretario de Estado del gobierno de Donald Trump, Michael Richard Pompeo. Algunos extractos de lo narrado ahí están relacionados con asuntos de seguridad nacional y el fracaso de los abrazos del gobierno de López Obrador.

La entonces relación bilateral no sólo se tornó compleja, difícil y llena de amenazas creíbles, sino la genuflexión del Ejecutivo ante los embates y chantajes estadounidenses se volvió bastante evidente.

El capítulo migratorio y la política de expulsión de personas a la fecha, lleva ese distintivo sello quizá con algunos matices, pero en lo integral para México sigue siendo el mismo infierno con diferente diablo.

Lo llamativo es la visión y la prospectiva del análisis de Pompeo, quien ha transitado los pasillos de la inteligencia y contrainteligencia, enfocado al empoderamiento en los últimos cuatro años de las organizaciones criminales en México vistas ya como una amenaza no sólo a la seguridad nacional, sino regional al manifestar que Estados Unidos podría sufrir una amenaza terrorista gestada desde territorio mexicano.

 

Esta afirmación —entre muchas otras— debería ser en sí una alerta roja. Se asume un análisis prospectivo de variables, actores, escenarios y estrategias de quien fuera un alto funcionario estadounidense con acceso a información confidencial.

Aseverar que “…mi evaluación es que México como refugio seguro y punto de partida para operaciones terroristas dentro de los Estados Unidos es una posibilidad seria dentro de los próximos 10 años…” es una revelación notable.

Las distracciones estériles y la propaganda mañanera no alcanzan para (dimensionar) matizar esta realidad que, dada a conocer en la coyuntura del juicio contra García Luna, no da pie para demasiadas lecturas.

El gobierno de México (de todos los colores partidistas) está en el banquillo de la narrativa de ser un narcoestado donde sus organizaciones criminales son consideradas posibles amenazas terroristas.

 

Las derivaciones de este escenario expuesto en el contexto electoral estadounidense y mexicano en medio de la lucha por el 2024 tendrá un impacto cuyo pronóstico es aún reservado.

Dudas razonables: En la cuatroté, ¿confundirán estrategia con planeación minimizando un análisis y evaluación de riesgo? Y en la oposición, ¿los actores políticos tendrán una hoja de ruta ante la complejidad integral de este escenario? (Marcela Gómez Zalce, El Universal, Nación, p. 7)

Desde afuera // La relación México – EU a prueba

El problema está menos en lo realista que sea o lo viable que resulte.

La cuestión está en lo lógico que suena para el estadounidense promedio.

En su libro Never Give an Inch (Nunca Cedas una Pulgada) Mike Pompeo, el exsecretario de Estado y exdirector de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), relata cómo amenazó a Marcelo Ebrard, entonces encargado de relaciones exteriores del presidente electo Andrés Manuel López Obrador, con un cierre de fronteras que tendría lugar justamente el día anterior a que AMLO tomara posesión en medio de una crisis por la llegada irrestricta de migrantes y peticionarios de asilo desde Centro y Sudamérica.

El aviso fue, en buena medida, que si México no actúa cerramos la frontera de EU a sus exportaciones e importaciones. La amenaza no es menor y más allá de su viabilidad, era y es un riesgo que ningún gobierno mexicano podría tomar.

Fue el inicio de la operación “Quédate en México”, producto de un entendimiento forzado entre los gobiernos de los dos países, y Pompeo relata que la preocupación de Ebrard fue la imagen que eso daría de su jefe, y por supuesto de él mismo.

Ciertamente, es desagradable, pero es parte de la realidad. Ebrard entonces y ahora veía hacia dentro; Pompeo jugaba entonces, como ahora, a la política doméstica estadounidense –su lugar en el gobierno Trump y sus ambiciones políticas para 2024–.

El libro presenta a México como un potencial peligro para Estados Unidos y, de hecho, como un viable punto de lanzamiento de un nuevo ataque terrorista, al estilo del 11 de septiembre de 2001, debido tanto a la vulnerabilidad de la frontera común como a los problemas mexicanos de gobernanza.

Es un tema común para los republicanos, que dicen preocuparse y lo hacen, al menos en campañas electorales, por lo que consideran como la vulnerabilidad de su frontera sur a la migración y el narcotráfico, y las conflictivas situaciones –reales o imaginarias– de inseguridad que los acompañan.

La pregunta es qué ha cambiado en esa situación en los últimos años. Ciertamente, el bofetón le tocó a Ebrard y si bien dio la respuesta política que debía, o podía, lo cierto es que su imagen queda igualmente golpeada.

Pero la pregunta es qué se hubiera podido hacer. O qué hubiera podido hacer cualquiera de sus predecesores ante lo que era ya una amenaza abierta. O qué se hace para prevenir otra situación como esa.

Y peor aún, qué es lo que se puede hacer ahora cuando hay en EU quienes desean elevar el tono de amenaza y dar a su gobierno la autoridad para enviar misiones militares a efectuar arrestos (secuestros diría la ley) o eliminar laboratorios clandestinos, y al menos en los sueños de Trump, la posibilidad de usar medidas de fuerza real para presionar por políticas migratorias a su gusto.

Como le dijo Pompeo a Ebrard, prefieren la cooperación, pero no necesitan permiso. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 27)

El pasaporte mexicano, en el peor de los mundos

Los mexicanos pagamos uno de los pasaportes más caros del planeta, sin el disfrute de los beneficios generados por otros pasaportes con precios más bajos. El alto costo, que alcanza hasta los 3 mil 780 pesos, hace que millones de familias no puedan darse el lujo de pensar siquiera en tramitarlo, a pesar de su utilidad al ser una identificación tan aceptada como la credencial del INE. Entre precios altos y un sistema ineficiente de citas, la ciudadanía queda en el peor de los mundos

En términos comparativos, los japoneses y los suizos pagan un tercio menos que nosotros, mientras los estadounidenses menos de la mitad. Nuestro pasaporte figura a la par de Liechtenstein, Cuba, Australia, Siria y Líbano, con las tarifas más altas de toda la comunidad internacional. Mientras algunos países bajaron su precio durante la pandemia, como fue el caso de España, nosotros lo subimos.

Pagar uno de los pasaportes más caros no nos genera privilegio alguno. El Índice de Pasaportes Henley mide cuáles son los pasaportes más poderosos del mundo, considerando el número de países que se pueden visitar sin la necesidad de tramitar una visa. De acuerdo con este Índice el pasaporte más poderoso es el japonés, que les permite visitar 193 destinos sin contar con visa; por el contrario, Afganistán, Irak y Siria son los países a los que se les solicita visa con mayor frecuencia a sus nacionales.

A Japón le siguen Singapur y Corea con acceso a 192 países, así como Alemania y España que pueden entrar a 190 destinos. Los pasaportes de Bélgica, República Checa, Nueva Zelanda, Noruega, Suiza y Estados Unidos les permiten entrar sin visa a 186 países. México se ubica en el lugar 25 del Índice Henley con acceso a 160 países aunque a partir de mayo tendremos que obtener un permiso ETIAS para visitar la zona Schengen (Europa).

No debemos olvidar que el contar con un pasaporte accesible, en términos de costo y con acuerdos internacionales que permitan viajar sin necesidad de visa o trámites adicionales, resulta indispensable para mejorar la movilidad de personas, acelerar los intercambios comerciales y culturales, impulsar el turismo y evitar la comisión de delitos.

Algunos gobiernos han desarrollado políticas innovadoras: Mongolia exentará a 34 países del requisito de visa para atraer a un millón de visitantes extranjeros; Bélgica incluyó 48 elementos de seguridad en su pasaporte al mismo tiempo que su nuevo diseño transmite la identidad cultural del país; Costa Rica lanzó su primer pasaporte biométrico e incrementó los acuerdos bilaterales que le permiten acceso a 137 países con los que esta nación busca atraer nuevas inversiones y Suiza destaca por un innovador pasaporte que proyecta el patrimonio natural nacional y utiliza las más altas tecnologías de biométricas y de seguridad.

A pesar de lo mucho que se habla sobre una posible recesión que afecte a las economías en desarrollo, México tiene un enorme potencial que no sólo le permita escapar de estas predicciones, sino incluso lograr un crecimiento importante en distintas industrias: nuestra enorme capacidad turística aún tiene mucho que ofrecer, nuestras exportaciones deben diversificarse a muchos más mercados, nuestro poder cultural tiene muchos más horizontes por alcanzar y necesitamos más inversiones extranjeras para seguir creciendo y generando empleos mejor remunerados. El pasaporte mexicano puede transformarse en un instrumento de bienestar y debe dejar de ser el privilegio para sólo unos cuantos. (Gabriela Cuevas, El Universal, Opinión, p. 17)

Cartón

Pompeos de ayer

carton 1

(Perujo, El Economista, El Foro, p. 39)