El título de esta columna parece evocar la última novela de Jorge Ibargüengoitia, que trataba sobre los conspiradores de la Independencia de México, pero realmente se refiere a los pasos de López Obrador. Y si usted piensa que hablaremos sobre la presidenta Sheinbaum y cómo está construyendo, o le están construyendo, el segundo piso de la 4T, también está equivocado. No porque no sea cierto, sino porque en esta ocasión quisiera destacar una serie de similitudes entre las acciones y maneras de López Obrador y las que está mostrando el flamante presidente de los Estados Unidos.
Me ha llamado la atención que Trump está siguiendo los pasos de López y hay muchos indicios de ello. Por ejemplo, está intentando gobernar a través de decretos o “Executive Orders” y no por cambios en la legislación, a pesar de tener mayoría en ambas cámaras del Congreso. En apenas un mes ha firmado decenas de decretos que han afectado a grupos étnicos, a principios elementales de la sociedad norteamericana, a las relaciones internacionales y a la configuración del poder a nivel mundial. Trump se ha peleado con sus aliados y ha abrazado a sus enemigos, traicionando principios democráticos básicos.
En México, el primer decreto que firmó López Obrador fue para confrontarse con la sociedad civil organizada y, desde entonces, la atacó sin descanso. Luego siguieron decenas de decretos o cambios legislativos que eran abiertamente inconstitucionales. El alud de decretos en ambos casos inició una tendencia hacia la concentración de poder en el Ejecutivo y el amedrentamiento de cualquier indicio de oposición.
Mano dura para demostrar quién está al mando: en México, López Obrador canceló el nuevo aeropuerto de Texcoco cuando ya estaba avanzada su construcción y su financiamiento iba a ser cubierto esencialmente con dinero privado. No importaron razones ni costos. Tampoco en el despilfarro del Tren Maya y la refinería de Dos Bocas. Tuvo que meter al Ejército y declarar las obras como de seguridad nacional para obviar los límites jurídicos de la acción pública. En el caso de Trump, se lanzó contra sus socios comerciales y vecinos y la Unión Europea al amenazarlos con aranceles y con tomar por la fuerza el canal de Panamá y “adquirir” Groenlandia.
O bien, su decisión de tomar Gaza, expulsar a los gazatíes y convertirla en un centro vacacional en las playas del Mediterráneo. Su concepción de la nueva geopolítica va hasta el cambio del nombre del Golfo de México por el Golfo de América y llamando a Canadá el estado número 51 de la Unión Americana. López Obrador ejercía su poder internamente, pues afuera no tenía ninguno, mientras Trump lo ejerce tanto dentro como fuera.
Hay cosas más sutiles que apenas se empiezan a ver. Su orden ejecutiva de eliminar los principios de diversidad, equidad e inclusión en el gobierno y en sus políticas públicas ha obligado a numerosas fundaciones y organizaciones de la sociedad civil a replantear sus objetivos y dejar de lado sus principios, so pena de desaparecer. Está terminando con una sociedad plural y diversa. En México, López Obrador ha aplastado fuertemente a las organizaciones civiles de manera selectiva para intentar doblegar a quienes no se plegaban a sus deseos. Solo unas pocas se han mantenido firmes y siguen pagando las consecuencias.
La narrativa oficial de Trump, mediante mensajes en sus redes sociales e intervenciones públicas, tiene su equivalente en las mañaneras de López Obrador. Ambos construyen su realidad alterna con mentiras, información falsa y sofismas, al grado de afirmar que Ucrania fue quien inició la guerra con Rusia. En México, mentiras semejantes se han intentado propagar, como que nuestro sistema de salud es como el de Dinamarca o que simularon un tren entre la estación de Buenavista y el AIFA, montaje incluido.
La mentira y la falta de evidencia para emitir juicios son constantes en ambos personajes.
La desaparición de información oficial en México es ya alarmante y tiende a aumentar.
Se siguen dejando de actualizar bases de datos, el INEGI deja de producir encuestas esenciales y los datos de homicidios y de inseguridad se manipulan a conveniencia.
En Estados Unidos, ese fenómeno está iniciando y ya hay organizaciones que están intentando salvar información que está a punto de desaparecer. Por ejemplo, se pretende simplificar la información y eliminar datos como género, condición socioeconómica y otras variables de vulnerabilidad, esencial para invisibilizar la problemática. Este proceso apenas inicia, pero ya es una preocupación entre la sociedad civil estadounidense.
El desprecio por la vida es también una similitud dolorosa. A López Obrador nunca le importó la muerte de los demás, ya sea por el huachicol en Tlahuelilpan, los 800,000 muertos en exceso por el Covid, los migrantes en el incendio del centro del INM en Ciudad Juárez, o los muertos y desaparecidos por los enfrentamientos entre pandillas y cárteles del crimen organizado. Trump presume su desprecio por la dignidad y por la vida misma de las personas en el video de ayer, creado por inteligencia artificial sobre el futuro de Gaza. Es aberrante.
Finalmente, es notoria la similitud que comienza a hacerse evidente en un asunto muy grave: el ataque al Poder Judicial en Estados Unidos presagia nubarrones. Apenas hace un par de días, Elon Musk habló de hacer juicios políticos a jueces que han suspendido los efectos de órdenes ejecutivas de Trump. López Obrador primero, y luego Claudia Sheinbaum, no se han detenido hasta destruir el Poder Judicial en México.
Hace unos años, cuando en México se hablaba de que nuestro país no podría llegar a los excesos autoritarios de Venezuela, era común escuchar que eso no ocurriría en México. Los hechos nos han mostrado que ya estamos en una situación muy similar. Hoy, en Estados Unidos hay voces negacionistas como las que había en México hace unos años. Esperemos que su historia sea diferente a la nuestra y que la sociedad y las instituciones democráticas de nuestro vecino logren detener el autoritarismo trumpiano. (Enrique Cárdenas, El Financiero, Opinión, p. 42)
Tres simplificaciones han distorsionado nuestra comprensión sobre las implicaciones legales, políticas y económicas de la designación de los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas.
La primera es que la activación de ese estatuto de excepción por parte de Estados Unidos implica la habilitación automática de fuerza letal y capacidades militares para contener a las organizaciones que generan violencia y crimen en México. Si bien es cierto que toda emergencia que constituye una amenaza a la integridad soberana, a la política exterior o a los intereses económicos- comercialesde Estados Unidos detona los “poderes ejecutivos de guerra” según una añejísima doctrina de autoprotección, hay muy pocas razones para pensar que drones artillados o comandos de marinos norteamericanos van a desmantelar a las estructuras delincuenciales que operan a sus anchas en México con la complicidad de todos los niveles de autoridad. El hastío frente a la política de los abrazos a los delincuentes tiene a muchos esperanzados en que Trump va a poner orden a balazos. Entendible, pero no deseable y poco probable.
La segunda simplificación es que esta decisión no pasa de una ocurrencia de campaña, un arrebato de legitimación o de una herramienta de negociación bilateral, como el amago de imponer aranceles. En realidad, se trata de un viraje radical en la definición de prioridades y en el modo de tratamiento de un fenómeno que, en menos de una década, dejó de ser un problema de gestión de mercados ilícitos y se convirtió en una amenaza de penetración y control territorial para los Estados Unidos: de la agenda cotidiana de la DEA al universo de actuación interinstitucional de la mayor potencia de defensa y de impartición de justicia del orbe.
Desde hace tiempo-en administraciones republicanas y demócratas y con distintos grados de presión de realidad- se había sopesado la idea de recurrir a los instrumentos antiterroristas para definir el tono del combate hemisférico a los cárteles mexicanos. Probablemente, había imperado la intuición de que las organizaciones criminales que se dedican a la extracción de rentas lícitas o ilícitas (caso mexicano) no se configuran ni operan bajo la lógica de dosificar violencia política, ideológica o religiosamente motivada, como sucede con el terrorismo islámico, secesionista o las guerrillas insurgentes.
La tercera simplificación es que las terapias antiterroristas únicamente tienen implicaciones en las políticas de seguridad de ambos países, esto es, en la decisión de cómo, cuándo y para qué se despliegan “botas en el suelo”. Desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 y la denominada Patriot Act, los Estados Unidos han delimitado un reservorio de instrumentos legales de restricción migratoria (negación o cancelación de visas), políticas de sanciones financieras (bloqueo de activos o prohibición de acceso al sistema financiero o de pagos) y de jurisdicción extraterritorial de responsabilidad penal (castigos privativos de libertad), con el propósito de incrementar el riesgo y anticipar consecuencias a las personas y entidades que, de forma directa e indirecta, colaboran con organizaciones que cuadren en la categoría de terrorismo. De esta evolución justamente surgió el régimen de persecución y sanción al apoyo material de organizaciones denominadas. De eso se trata la decisión de Trump.
Ocho cárteles con presencia en México han sido designados como organizaciones terroristas.
Estas estructuras criminales no solo se dedican al tráfico de fentanilo o a la trata de migrantes: disputan territorios, mercados y posiciones logísticas. Tienen alianzas, antagonismos, facciones, temporales y cambiantes.
Son una realidad inasible.
Lo mismo incursionan en el derecho de piso, las extorsiones, el secuestro o el huachicol que en el trasiego tradicional de drogas. A partir de enero de este año, no son ya un problema de seguridad pública o interior: son enemigos combatientes con capacidades asimilables a las de un Estado-nación: milicias sujetas a un complejísimo régimen de derecho internacional y reacción unilateral. Cualquier interacción, voluntaria e involuntaria, encuadra en un régimen de guerra existencial.
Mientras el Gobierno de la República andaba atento a los derechos migratorios de El Mayo Zambada, México pasó a la ominosa lista de los países en los que fecundan y se facilita la proliferación de terroristas. La nación de los cárteles terroristas. “Tienen alianzas, antagonismos, facciones, temporales y cambiantes. Son una realidad inasible” (Roberto Gil Zuarth, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 52)
Pigmalión, rey de Chipre, buscaba a una mujer perfecta para desposarla, pero no la encontraba. Decide entonces permanecer célibe y se dedica a esculpir obras cada vez más hermosas. Una de sus esculturas femeninas lo seduce, se enamora de ella y se deprime -como ocurre en la ficción y en la vida real- ante el amor imposible.
Una noche el rey sueña que la estatua cobra vida y, al despertar, se entristece ante la frustrante realidad. La diosa Afrodita se enternece al enterarse del caso del artista seducido por su propia obra y le anuncia a Pigmalión: “Mereces la felicidad, esa que tú mismo has plasmado. Aquí tienes a la reina que buscabas…” Y, Galatea, la escultura, encarna en mujer.
El mito de Pigmalión puede explicar el inicio del segundo cuatrienio de Donald Trump y su -para él- hermosa escultura que no se llama Galatea sino MAGA (Make America Great Again), un imperio integrado por pretensiones territoriales al norte de la frontera estadounidense, por la intención de someter a sus vecinos geográficos mediante amenazas de aranceles, una guerra declarada contra millones de migrantes… Mentiras, despropósitos, desmesuras, bravatas, discursos de odio, incumplimiento de compromisos políticos y comerciales pavimentan el tortuoso camino del sueño imperial.
Sólo que no hay -ni habrá- una diosa Afrodita que vivifique su sueño. Así lo sugiere un caótico primer mes en la Casa Blanca, desde donde Trump empezó a esculpir -o eso cree- su amada MAGA. Las agresiones a sus dos socios fronterizos, el pleito con Europa, los miles de empleados federales despedidos, los migrantes que son expulsados, las tropelías de DOGE con Elon Musk al frente (el gallinero encargado al zorro), la inquietud de los mercados, la propagación de usos y horizontes neonazis, la agresividad con China, la extorsión a Zelensky… una serie de disparatados úkases, hechos y comentarios sin sustento que podrían estar alineando en su contra a gran parte del mundo.
Sin embargo, en un rapto de cordura, infrecuente en su vertiginoso primer mes, Trump anunció algo sensato que hace mucho debió emprender su país: una intensa campaña de difusión contra el consumo de drogas, sugerida por Claudia Sheinbaum y que es deseable incluya programas de rehabilitación.
Otras medidas sensatas podrían ser quitarle al narcotráfico mucho o algo de su principal arma, que no es de fuego, sino el conjunto de grandes fortunas que presuntamente son lavadas en las instituciones bancarias, financieras y bursátiles de la Unión Americana
Trump y su gabinete quieren combatir al narco con medidas escandalosas como la “designación” de terrorismo adjudicado a los cárteles, pero una batalla más eficaz serían la prevención y rehabilitación señaladas, complementadas con la persecución a los narcotraficantes estadounidenses y al masivo contrabando de armas a México por parte de empresas convertidas ahora en cómplices de “terroristas”, por proveerles de armamento. (Eduardo R. Huchim, El Heraldo de México, País, p. 11)
Cuando Donald Trump anunció la gold card, una visa de residencia permanente para quienes puedan pagar cinco millones de dólares, lo hizo con su característico tono: promesas de grandeza, retórica nacionalista y la insistencia en que Estados Unidos solo debe recibir a los “mejores”. Pero detrás de su propuesta no hay un plan económico bien estructurado ni una estrategia migratoria funcional. Lo que hay es un mensaje claro: la residencia estadounidense está en venta, y solo quienes puedan pagarla son bienvenidos.
Para México y América Latina, la iniciativa tiene implicaciones profundas. En un momento en que la migración de mexicanos hacia Estados Unidos está en niveles históricos no solo por factores económicos, sino por violencia y falta de oportunidades, Trump plantea un modelo donde la puerta se abre de par en par para las élites económicas, mientras que se refuerzan las restricciones para todos los demás.
México, entre el nuevo muro migratorio y la fuga de capitales
Trump ha sido un crítico feroz del programa EB-5, un esquema que desde 1990 permitía a inversionistas extranjeros obtener la residencia si generaban al menos diez empleos en Estados Unidos. Su argumento es que el programa estaba “lleno de fraude” y beneficiaba principalmente a desarrollos inmobiliarios de lujo en ciudades como Nueva York y Miami. Su solución: eliminarlo y sustituirlo por un esquema donde el único criterio es la capacidad de pago.
Para inversionistas mexicanos de alto perfil, la gold card puede parecer una vía rápida para asegurar su presencia en Estados Unidos y blindarse frente a la volatilidad económica o política de la región. Pero, ¿realmente será atractiva? Históricamente, los programas de inversión en Estados Unidos han tenido requisitos más estrictos que los de Europa o el Caribe, donde se ofrecen “pasaportes dorados” con procesos menos burocráticos. Además, con una política migratoria que endurece las restricciones para visas de trabajo y asilo, la gold card deja claro que Estados Unidos está priorizando el capital sobre el talento y la necesidad humanitaria.
Las dos caras de la migración mexicana
La gold card también revela una contradicción en la forma en que EU trata a los migrantes según su nivel socioeconómico. Mientras los multimillonarios pueden comprar su entrada, miles de mexicanos y latinoamericanos enfrentan obstáculos cada vez más duros:
Trump vende la gold card como una estrategia para atraer inversionistas y reducir el déficit, pero estudios sobre programas similares muestran que sus beneficios fiscales son limitados. En el caso del EB-5, muchas inversiones se desviaron a proyectos inmobiliarios en lugar de generar empleos en zonas necesitadas. Sin reglas claras sobre dónde deben invertir estos nuevos residentes, la gold card corre el riesgo de convertirse en un mero vehículo para el traslado de capital sin impacto real en la economía.
Antes del fin
Si EU avanza con este modelo, México podría sentir la presión de hacer lo mismo. Países como Portugal y España han adoptado esquemas de “residencia por inversión” para atraer capital extranjero, y la pregunta es si México seguirá esa ruta para captar inversión de estadounidenses y europeos en su territorio. Con un sistema fiscal cada vez más agresivo y un panorama incierto para los negocios en el país, no sería sorprendente que México termine adoptando su propia versión de la gold card en el futuro.
El Congreso de Estados Unidos tendrá la última palabra sobre si este plan avanza, pero su simple propuesta ya redefine la conversación migratoria. Mientras algunos podrán pagar su pase de entrada, otros seguirán enfrentando un sistema diseñado para excluirlos. (Nadine Cortés, El Financiero, Opinión, p. 44)
Médicos cubanos, otro foco rojo
Por si fuera poco, nos comentan, además de los temas del déficit comercial, el fentanilo y la migración por los que el gobierno de Donald Trump presiona a México, resulta que habrá que empezar a preocuparse por uno más: el de los médicos cubanos. Y es que resulta que el Departamento de Estado con cuya cabeza, por cierto, hoy se reunirán funcionarios mexicanos anunció que ampliará la restricción de visados a los que se beneficien de la “explotación laboral” de trabajadores de la isla en el extranjero, en referencia a las misiones médicas. La sanción, precisó, aplicará a funcionarios de gobiernos extranjeros, a quienes se ubique como responsables o como involucrados en esos programas. Es sabido que nuestro país accedió a ellos en el sexenio pasado. El Departamento de Estado considera que esos programas enriquecen al régimen mientras se priva a los cubanos de la atención médica que requieren en su propio país. (Rozones, La Razón, LA DOS, p. 2)
Resultados positivos
Parece que ante los resultados en el combate al tráfico de fentanilo y otras drogas, así como los de la estrategia para contener la ola migrante, el presidente de EU dio otro mes de plazo a los aranceles. Una noticia, sin duda positiva para la economía nacional, pero aún dentro de la prisión del chantaje trumpista. ¿Será?. (¿Será?, 24 Horas, PÁG. 2)
La entrada en vigor de los aranceles a México y Canadá se postergará, anunció ayer Donald Trump, por lo menos hasta el próximo primero de abril, ello permitirá que las reuniones que ha comenzado a establecer el gobierno mexicano con el estadunidense puedan transitar con un poco menos de presión.
Hay avances muy significativos en los tres ámbitos principales de la agenda: en el migratorio, los hechos demuestran, como lo vimos semanas atrás, cuando estuvimos recorriendo la frontera norte y sur del país, que estamos en un momento de mucha calma en las fronteras, con una disminución notable de migrantes, de intentos de cruces ilegales, sin caravanas, incluso con un número muy bajo de capturas de la Border Patrol, reconocido por ellos mismos. Los dispositivos de seguridad implantados en el sur y el norte del país están funcionando y tenemos los menores índices migratorios de los últimos años.
En el tema comercial, ya hubo una primera reunión oficial de Marcelo Ebrard con las autoridades comerciales de la Unión Americana y, a pesar de que el secretario de Comercio de Trump, Howard Lutnick, se mostró muy arrogante (es el estilo de la nueva administración en la Casa Blanca), se avanzó en distintos temas y, como dijo ayer la presidenta Sheinbaum, existe la convicción de que casi de inmediato se tendrá que iniciar una nueva renegociación del T-MEC (quizá convertido en un acuerdo bilateral en lugar de trilateral, como lo están planteando algunos funcionarios de Washington). Los aranceles para Trump, tanto en el caso de México como con muchos otros países, son un instrumento de negociación, tanto política como comercial.
Por eso, el principal tema que está en la agenda es el del fentanilo. Las muertes por sobredosis de fentanilo en la Unión Americana habrían registrado una disminución de 20% en el último año, según un reporte del NYT, pero siguen siendo muy altas, no los 300 mil que dice Trump, pero actualmente deben ser unos 80 mil muertos por sobredosis al año, una ola de muertes que, a diferencia de otras, como la del crack de fines de los 80 y principios de los 90, no se ceba en afroamericanos y latinos, sino, sobre todo, en clases medias urbanas. Por eso también afecta política y socialmente el deterioro de muchas áreas urbanas. Las zonas ocupadas por adictos a opiáceos han deteriorado ciudades como San Francisco, San Diego, Los Ángeles, Nueva York, pero también estados como Ohio o Michigan. Por eso, la reunión más importante es la que tendrán hoy los integrantes del Gabinete de Seguridad de México en Washington con el secretario de Estado, Marco Rubio, y otros funcionarios estadunidenses.
Los mexicanos pueden mostrar ante Rubio los sólidos avances en seguridad de los últimos meses y semanas. Los golpes que han sufrido distintas organizaciones criminales han sido severos, sobre todo para Los Chapitos, los principales introductores de fentanilo en la Unión Americana, y el círculo en torno a Iván Archivaldo se está cerrando inexorablemente. El tema de la designación como terroristas a esos grupos criminales tuvo, al fin, una buena respuesta desde el gobierno cuando, el martes, Omar García Harfuch sostuvo que, más allá de las definiciones, para el gobierno, esas organizaciones están declaradas como “objetivos prioritarios”, equiparando internamente, de alguna forma, aquella designación.
En la última semana fueron extraditados a Estados Unidos ocho de los principales personajes detenidos en México reclamados por la justicia estadunidense y nada hace suponer que el gobierno se envuelva en la bandera para demandar que regresen a El Mayo Zambada. Quedan pendientes, desde 1985, la de Caro Quintero y las del Z40 y del Z42.
La pregunta es si todo esto alcanza. Y la respuesta es que probablemente, en el corto plazo, no. Primero, porque en la Casa Blanca querrán ver un esfuerzo sostenido. Eso se puede garantizar. Y, segundo, porque, como con todo, Trump querrá tener algo muy tangible, más allá de cifras y datos, para exhibir ante su opinión pública: lo están haciendo con Gaza, con Ucrania, lo hacen también con México. Y probablemente querrán ver algún golpe que puedan exhibir como bandera, de preferencia político.
La fecha de los aranceles se movió al primero de abril, pero recordemos que antes estarán las audiencias, en Chicago, de Ovidio y Joaquín Guzmán López, que ya están buscando un acuerdo con la Fiscalía, quedaron para fines de marzo, mientras que la de El Mayo Zambada, que amenaza con un acuerdo, si no es que ya lo ha hecho, está contemplada para el 22 de abril.
Sigo pensando que, a todo lo que se ha hecho en el ámbito de la seguridad, se deberá sumar, antes de que se intente imponer desde el norte, alguna decisión política, un golpe político de la misma envergadura que el que se ha dado a los grupos criminales. De eso, no me cabe duda, se terminará hablando también hoy en Washington.
Por cierto, hay que poner atención, por sus repercusiones, a los golpes que se han dado, con poca difusión, a los grupos criminales en Chiapas, en Tabasco y en Michoacán, así como a la reducción de la violencia en Acapulco, además del fortalecimiento de la seguridad en Chihuahua, sobre todo en la frontera. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 8)