En 1951, mientras Europa intentaba recomponerse de las cicatrices de la Segunda Guerra Mundial, un grupo de gobiernos creó la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) para gestionar un flujo imparable: millones de personas desplazadas, exiliadas o buscando refugio en un continente en ruinas. Así nació la (OIM), como un comité provisional para reubicar a los migrantes europeos.
Más de setenta años después: 175 Estados miembros y operaciones en 171 países, no solo ha sobrevivido, se ha convertido en un referente a nivel mundial. Por ello, analicemos:
El mundo occidental enfrentaba una singularidad: necesitaba mano de obra para reconstruirse, pero temía el «caos» de los desplazamientos masivos. Así, su primer nombre reafirma origen: Comité Intergubernamental para las Migraciones Europeas (CIME), reflejaba esa misión: trasladar a millones de personas desde campos de refugiados hacia países receptores favorables.
Entonces, un origen, varios destinos y proyectos. Europa (propio interior) y países de América (frecuentes: Estados Unidos, Canadá, Argentina y Brasil). Su evolución dejó de ser un tema regional para volverse global.
En 1989, adoptó su nombre actual (OIM) y amplió su mandato: ya no solo facilitaba movimientos, sino que protegía derechos, combatía la trata y promovía políticas migratorias basadas en la dignidad.
El cambio esencial llegó en 2016, cuando la OIM se integró al sistema de la ONU como organización relacionada. Este paso no fue administrativo, sino simbólico: reconocía que la migración es un asunto central para la seguridad, la economía del siglo XXI, forma y fondo ordenado, seguro y digno, respetando derechos humanos y fomentando el desarrollo sostenible.
Entre sus aportaciones clave: Terremoto de Haití (2010): Coordinó asistencia a desplazados y evitó el tráfico de menores. Pandemia de COVID-19: En 2020, ayudó a repatriar a 400 mil migrantes varados y distribuyó dispositivos de bioseguridad en fronteras.
México y la OIM: En América Latina, la OIM ha sido clave para abordar flujos migratorios complejos. Por ejemplo, el éxodo venezolano o las caravanas centroamericanas. En México, su labor incluye desde combatir la trata de personas hasta apoyar a deportados. Un modelo, el programa Somos Colmena, inicia en 2021 para integrar a migrantes en comunidades locales mediante empleo y acceso a servicios básicos.
Hoy, la OIM. Percepción personal:
Y, sus cuatro pilares:
Recordemos que detrás de las estadísticas hay rostros: familia en busca de oportunidad, joven que huye de maras, o el trabajador que construye rascacielos en Dubái, ciudad en los Emiratos Árabes Unidos y arquitectura impresionante. (Hazael Ruiz Ortega, El Sol de México, Análisis, p. 14)
Nueva reforma a Ley de Telecomunicaciones no es censura, opina
La nueva reforma a la Ley Federal de Telecomunicaciones prohíbe que gobiernos extranjeros paguen propaganda política, ideológica o comercial en medios mexicanos. Esto surge tras el escándalo de los espots transmitidos por Televisa y otros medios, donde Kristi Noem, funcionaria de EU, aparecía amenazando con “cazar” migrantes. Una campaña racista y clasista que fue comprada y difundida por canales nacionales en horario estelar.
La ley sólo permite contenidos turísticos o culturales, y también aplica a plataformas digitales. Quien la viole podrá ser sancionado con multas de hasta 5 por ciento de sus ingresos anuales.
La oposición, dolida y vendida, grita “¡Ley censura!”, pero lo que realmente les duele es que quedaron exhibidos: sirvieron como bocina de intereses extranjeros. Llamarla “Ley censura” es su forma de victimizarse, evadir su responsabilidad y deslegitimar una medida de soberanía justa y necesaria.
A esa parte de las sobras del Prian ya no les importa rescatar un gramo de dignidad, están por completo entregados al lodo, es imposible distinguirlos y es repulsivo mirarlos. (Carlos Fernando Cárdenas Amaro /El Correo Ilustrado, La Jornada, Editorial, p. 6)