Secretaría de Seguridad se protege contra incendios
Dos meses después del incendio en una estación migratoria del Instituto Nacional de Migración, en la que murieron 40 migrantes, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) quiere evitarse cualquier problema en esta materia y ya entregó un contrato por el servicio de mantenimiento preventivo y correctivo a sistema contra incendios, detección temprana de humo y extintores en la dependencia federal. Nueve empresas competían, pero la ganadora fue Fuegofin, SA de CV, a la cual se adjudicó un contrato por un monto máximo de 2.7 millones de pesos. En la secretaría que comanda Rosa Icela Rodríguez, a quien le tocó la tarea de informar al detalle sobre el incendio en Juárez, andan con la consigna de “más vale prevenir que lamentar”. (El Universal, Nación, p. 2)
Hace más de una década trabajé en un diario con unidades en Los Ángeles, Chicago y Nueva York. En una de mis asignaciones entrevisté a un diplomático en San Diego, California y de ahí manejé a la frontera con Tijuana. Quería ver el oprobioso muro fronterizo, esa cicatriz de hierro entre el punto donde un país en desarrollo termina y la súper potencia comienza.
Crucé la frontera a pie que solo me requirió dar la vuelta a un pasamanos y listo, ya estaba en México. No había oficiales de migración, controles, simplemente pase usted y bienvenido.
Adelantemos el tiempo al momento en que escribo estas líneas, ayer que llegué al aeropuerto de Ciudad de México. La novedad, dos líneas para pasar migración, una para residentes de Norteamérica quienes pueden usar una máquina automatizada que escanea pasaportes y toma fotos, y la otra para “el resto del mundo”.
Lo que observé fue el incesante escrutinio que realizan los agentes migratorios, flanqueados por marinos, especialmente a personas y familias provenientes de Sudamérica. ¿A qué viene? ¿Cuánto tiempo se quedará? Muéstreme su boleto de regreso, y otros elementos que prueben que los extranjeros dicen la verdad y que no intentan usar México como pasillo de destino a Estados Unidos y ahí solicitar asilo.
Los niños se arrastraban en el piso desesperados esperando que terminara el cuestionamiento a sus padres, algunos visitantes visiblemente molestos aportaban pruebas que les demandaban para asegurar que su visita es con V de vuelta. Al menos en mi experiencia, los venezolanos son de los que la pasan peor con la migra mexicana.
A pesar de que esas preguntas y revisiones son comunes cuando alguien quiere entrar a Estados Unidos, lo cierto es que los incisivos agentes mexicanos ganan la medalla de oro en busca de contradicciones o inconsistencia para negar la entrada. En los más de 25 años que llevo viajando frecuentemente entre ambas naciones nunca había sido testigo de filtros tan cerrados y estrictos como ocurrió en CDMX.
México que históricamente tuvo una política compasiva y de puertas abiertas con los refugiados políticos ya no existe. Hoy la directriz es evitar que los extranjeros lleguen a Estados Unidos por nuestro territorio, no vaya a ser que se moleste el señor Biden. De lo contrario, la Unión Americana pondría más atención a la regresión democrática mexicana, al abuso y la ilegalidad que impera, al crimen organizado que es empresa, gobierno y desgobierno en vastas zonas del país.
Para que el Tío Sam nos deje hacer el desastre doméstico hay que pararles el problema migratorio, desplegar miles de guardias nacionales para perseguir y detener a los desesperados, estos refugiados económicos en eterno movimiento para lograr sobrevivir. Hay que hacer el trabajo sucio al vecino pa’ que no se meta y respete la gloriosa soberanía nacional.
La retórica ramplona y barata de Palacio Nacional se estrella en los hechos, con la realidad. Y luego de tanta pose, infamias y falsedades, en realidad, somos los mexicanos los que pagamos el muro fronterizo. Porque todo este país es una barda, barricadas que obstaculizan en puertos de entrada, persecuciones de migrantes en las fronteras, maltratos en las ciudades fronterizas mexicanas y quizá hasta causar la muerte como ocurrió en el crimen de Estado en Ciudad Juárez, donde un centro de detención se convirtió en crematorio de 39 extranjeros.
Si bien nunca hubo perfección, México paso de una enfoque humanista y compasivo con la migración a ser el cuate del garrote que a palos espanta y maltrata a extranjeros y migrantes. Hoy, México es el muro, el muro que somos. (Antonio Rosas – Landa, El Universal, Opinión, p. 15)
No hay nada más fácil, injusto y hasta cruel que culpar a los inmigrantes por los problemas que tenemos. Es increíble que en este 2023, en un país creado por extranjeros, sigan imponiendo leyes que castigan y criminalizan a los recién llegados. Y la Florida, donde está mi casa, es el mejor ejemplo de cómo no se debe tratar a los inmigrantes.
Hace casi cuatro décadas que vivo en Miami. Es una ciudad fascinante, multicultural y que crece muy rápidamente, en parte, por la constante llegada de inmigrantes. Aquí se habla más español que inglés y siete de cada 10 somos hispanos. Cada vez que hay una crisis en América Latina, Miami se va llenando de refugiados. Y de la energía de los que están dispuestos a empezar de cero.
Primero, desde luego, estaban los cubanos que huían de la dictadura de Fidel y Raúl Castro. Pero luego vinieron los nicaragüenses y otros centroamericanos espantados por la guerra. Y cuando los cárteles explotaban carros-bomba en las calles, los colombianos se refugiaron en la Florida. Y ahora que la tiranía de Nicolás Maduro ha destruido Venezuela y se ha robado la esperanza, muchos de los siete millones que han sido expulsados de su país son nuestros vecinos.
Con cada oleada de nuevos inmigrantes, toda la Florida se fortalece. Y se renueva. Cambian los acentos entre los techeros, carpeteros y drywalleros que laboran en los edificios y casas que siempre están en construcción en Miami, Naples y Tampa. Vemos caras nuevas entre los repartidores de paquetes, conductores de Uber, cuidadoras de niños y en los uniformados empleados de los parques en Orlando. Los que limpian los hospitales de Jacksonville hablan español. Y son otras las manos encallecidas que recogen las cosechas de tomate y naranja en Homestead y en Immokalee.
Por eso es indignante, y una gran traición, que en la Florida se haya aprobado una de las leyes antiinmigrantes más estrictas del país. La ley, firmada por el aspirante presidencial y gobernador Ron DeSantis, criminaliza la contratación de indocumentados y transportarlos a la Florida puede resultar en cárcel hasta por 15 años.
Estoy seguro que todos los legisladores que aprobaron esta vergonzosa ley antiinmigrante se benefician del trabajo de las personas que han castigado. La comida que compran, las casas donde viven y muchos de los servicios que reciben, son posibles gracias al trabajo de indocumentados.
La aprobación de esta ley está cargada de hipocresía. No hay que rascarles mucho a las historias personales de estos políticos para descubrir que dentro de sus propias familias hubo (o hay) personas que llegaron a Estados Unidos sin visa y sin documentos.
Escapar de la guerra, de la pobreza, del abuso doméstico, de una dictadura, de las pandillas y de la falta de oportunidades no es un crimen. “Dame a tus cansados, a tus pobres, a los que quieren respirar libremente…”, dice el poema junto a la Estatua de la Libertad en Nueva York. La nueva ley de la Florida dice exactamente lo opuesto: no vengas, regrésate, no me importa lo que te pase.
Es cierto que en los últimos dos años ha aumentado considerablemente el número de cruces ilegales desde México. Pero la solución no es golpear a los migrantes al llegar a la Florida. La solución es un sistema que legalice a los 11 millones de indocumentados que ya están aquí y que pueda procesar, rápidamente y en orden, a los que llegan por la frontera con México. Llevamos esperando una reforma migratoria desde 1986 y ahora, a punto de comenzar una nueva campaña electoral, no hay ninguna voluntad política en Washington para legalizar a nadie.
Los políticos de la Florida que votaron a favor de esta brutal e inhumana ley antiinmigrante son el mejor ejemplo de cómo no se debe tratar a los extranjeros. Para los que somos inmigrantes, o vienen de familias inmigrantes, la regla es darles a los extranjeros que vienen después de nosotros las mismas oportunidades que tuvimos.
Lo que está mal en la Florida es que, un estado que se ha creado y crecido con el trabajo de los inmigrantes, ahora les da la espalda y los vuelve delincuentes. Lo más triste es cuando, en tu propia casa, un inmigrante le cierra la puerta al inmigrante que viene detrás. Este no es el mismo lugar que me abrazó a mí y a millones después de mí. (Jorge Ramos Ávalos, Reforma, Opinión, p. 8)
Unas por otras. Bajo la premisa de que con la vara que midas serás medido, el coordinador de la bancada del PRI en la Cámara de Diputados, Rubén Moreira, respondió a las descalificaciones de Movimiento Ciudadano contra los priistas, señalando que los gobiernos estatales bajo el partido naranja son un desastre, sobre todo en materia de seguridad. “Un voto por MC es uno a favor de la inseguridad. Y si no, vean lo que está pasando en el sur y en el norte de Nuevo León, donde gobierna MC, matan a migrantes, a empresarios, secuestran a turistas. No voten por MC. Salvemos a México. Salvemos a Coahuila”, expuso el exmandatario estatal. Así se llevan cuando se enojan. (Excélsior, Nacional, p. 11)
Una posible solución para los migrantes es que los países de donde provienen asuman la responsabilidad de establecer la contratación con el gobierno estadunidense a través de sus embajadas. De igual manera, que las personas en tránsito que busquen asilo lo demanden a ese país o al nuestro.
Eso pondría fin a la travesía de esa población por el territorio mexicano, donde por décadas y con crecimiento que ya llega a cientos de miles en los pasados tres años, son víctimas de la delincuencia, el coyotaje y la burocracia.
Se evitaría el gasto de miles de millones de pesos del presupuesto público que se destina al pago de la Guardia Nacional, la policía y el personal de Migración destinados a enfrentar el problema, así como de la asistencia limitada del gobierno.
Esta grave situación tiene su causa principal en que los gobiernos de donde provienen los migrantes no dan solución a la demanda de trabajo y seguridad social. También, a la falta de apoyo de las organizaciones de trabajadores, campesinas, estudiantiles y populares que debieran defender los derechos de esta población y evitar que se vean en la necesidad de abandonar su país para buscar trabajo y seguridad social en Estados Unidos. (José García, Ariel Arellano, María de los Ángeles Colunga, Roberto Luviano y Paula Sánchez, La Jornada, Editorial, p. 2)