Opinión Migración 270525

Negocios y Empresa / Migración maldita

A lo largo de la historia se ha culpado a los migrantes de generar grandes males a la sociedad. Desde la difusión de pandemias hasta guerras profundas están presentes en el imaginario popular. Para señalar un solo ejemplo, el rapto de Helena, la esposa del rey Menelao de Esparta, por parte del príncipe Paris, generó una guerra de 10 años que acabó con Troya.

Sin embargo, la realidad es otra: los migrantes enriquecen la comunidad a la que llegan y a la humanidad en su conjunto. Cada persona que arriba a otra sociedad lleva consigo nuevas ideas, nuevas técnicas, nuevas culturas. Generalmente se trata de gente joven que trabaja con ahínco para salir adelante.

Ahora, los indocumentados reciben una carga mayor que el resto de la sociedad. Como no cuentan con papeles, no les pagan prestaciones, no declaran impuestos a su nombre, los explotan tiempos extras sin compensación alguna, los corren cuando quieren y, en muchas ocasiones, el pago pactado se queda en una simple promesa, por no hablar de otros abusos y maltratos personales.

El gran problema para estas personas es que no tienen derecho alguno en la sociedad a la que llegan, en algunos casos ni siquiera les dan el derecho de existir, y en estas condiciones es difícil que prospere cualquier reclamo que hagan ante el gobierno. En cualquier momento, los dueños del capital e incluso sus vecinos los denuncian a la migra y así se acaba el sueño americano.

La situación de los indocumentados se complica en estos momentos por las barreras casi infranqueables que se colocan en la frontera, por las leyes más duras contra los migrantes y los que les den trabajo y por el ambiente de terror que se ha generado en Estados Unidos.

Con la nueva carga de un impuesto de 3.5 por ciento sobre las remesas, la situación se vuelve más difícil, ya que además de ser una medida para recaudar más impuestos, se trata de una forma de denunciar a los indocumentados.

Por fortuna, la tecnología blockchain (base de las criptomonedas) permite la transferencia de recursos sin pasar por el registro gubernamental. Este mecanismo, junto con otros existentes en el pasado, permiten el envío de dinero entre países sin ser detectado por la hacienda pública. (Miguel Pineda, La Jornada, Economía, p. 17)

Frentes Políticos

1  Dignidad. Frente al impuesto de 3.5% a las remesas impulsado por Donald Trump, la presidenta Claudia Sheinbaum no duda, México no se calla ni se arrodilla. Con firmeza, ha dejado claro que si se mantiene esta medida discriminatoria se responderá con movilizaciones pacíficas y argumentos sólidos. El mensaje es contundente, no se tolerará que se castigue el trabajo honesto de nuestros migrantes ni que se limite el sustento de millones de familias. Con el embajador Esteban Moctezuma como puente y el respaldo de senadores y organizaciones binacionales, Sheinbaum defiende soberanía, economía y dignidad. Así se representa a una nación. (Frentes Políticos, Excélsior, Nacional, p. 11)

Coordenadas / El laberinto de los aranceles de Trump… y lo que aún falta

Desde la tarde del lunes hasta la mañana del martes, si no ha habido cambios en la postura del presidente de Estados Unidos, nos enfrentamos a un verdadero laberinto en torno a los aranceles que Estados Unidos ya aplica y los que amenaza con imponer en un futuro cercano.

Desde el llamado “Día de la Liberación” (2 de abril) hasta hoy, han ocurrido muchos movimientos, y aún más pueden suceder en los próximos dos meses.

Recordemos que, después de calcular de manera confusa las tasas arancelarias, Trump decidió posponer hasta el 9 de julio la aplicación de algunas tarifas, mientras mantuvo una tasa generalizada del 10 por ciento.

Destacan dos excepciones claras entre países:

A China se le aplicaron aranceles que llegaron a un máximo de 145 por ciento, pero que luego se redujeron al 30 por ciento, cifra que permanece vigente.

México y Canadá, por su parte, disfrutan de una tasa cero para productos que cumplen las reglas de origen del TMEC. Sin embargo, para el resto de las importaciones desde estos países, Estados Unidos impuso un arancel del 25 por ciento como sanción por no controlar adecuadamente la migración y el tráfico de indocumentados.

Estos son los aranceles que actualmente están vigentes.

Además, Trump amenazó con imponer un arancel del 50 por ciento a la Unión Europea, que inicialmente se aplicaría en junio, pero fue pospuesto también al 9 de julio, sujeto a negociaciones en curso.

La complejidad crece porque las excepciones también son sectoriales, creando un entramado tarifario altamente confuso.

Por ejemplo, para todas las importaciones de acero y aluminio, incluyendo latas de cerveza en el caso de México, el arancel vigente es del 25 por ciento.

En el sector automotriz, existe un arancel general del 25 por ciento, pero para México y Canadá éste se ajusta según el porcentaje de contenido originario estadounidense que incorporen los vehículos, lo que para México implica una reducción del 40 por ciento en el arancel en promedio.

Actualmente, las autopartes provenientes de estos dos países están libres de aranceles, aunque podrían ser gravadas una vez que se definan criterios más claros para medir el contenido norteamericano.

Por otra parte, sigue vigente la exención para celulares, computadoras y chips importados, aunque Trump ha amenazado con aplicar un arancel del 25 por ciento a Apple si los iPhone vendidos en Estados Unidos no se fabrican en ese país.

También hay aranceles pendientes para productos farmacéuticos, aunque aún no se ha especificado qué productos o qué tarifas se aplicarán.

El 23 de mayo, el secretario de Economía mexicano, Marcelo Ebrard, viajó a Washington para continuar las negociaciones comerciales, pero hasta ahora no se han revelado resultados concretos.

Este escenario se desarrolla en un contexto de cambios en el gabinete de Trump, donde Scott Bessent, secretario del Tesoro, parece estar tomando un rol más destacado en las decisiones económicas, aunque Peter Navarro, principal impulsor de los aranceles, sigue presente.

Estados Unidos mantiene una política proteccionista con la intención de regresar la manufactura al país, aunque ello suponga pérdida de competitividad o aumento en los precios para sus consumidores.

Sin embargo, esta política arancelaria ha tenido también toques pragmáticos que han evitado que las amenazas iniciales del “Día de la Liberación” se materializaran por completo.

Hoy, la situación arancelaria es un verdadero laberinto.

Y, por si fuera poco, en este entorno se anticipa una renegociación o revisión del TMEC en los próximos meses.

La recomendación para empresas y gobierno es armarse de paciencia y diseñar estrategias que permitan enfrentar la incertidumbre que probablemente persistirá por largo tiempo. (Enrique Quintana, El Financiero, Página Dos, p. 2)

La peor idea de Trump, pelear contra Harvard

El titular dice mucho, y lo digo en serio. A finales de la semana pasada, la administración Trump llevó su conflicto con la Universidad de Harvard al siguiente nivel, revocando la capacidad de la escuela para matricular estudiantes internacionales. Una jueza federal emitió un bloqueo temporal a la orden, pero el Departamento de Seguridad Nacional, que generó la prohibición, declaró que Harvard trata de socavar el poder presidencial y que la Casa Blanca seguirá tratando de prohibir la inscripción de alumnos extranjeros.

Esto es, por supuesto, un desastre, no solo para una universidad donde cerca de una cuarta parte del cuerpo estudiantil proviene del extranjero y para muchas instituciones más con cifras aún mayores (en la escuela de mi hijo, Northeastern, 39 por ciento del alumnado es extranjero), sino para Estados Unidos, y punto.

Si ahora decimos que los mejores y los más brillantes no son bienvenidos aquí, entonces estamos acabados como nación.

Analicemos primero los factores económicos básicos. La inmigración representó aproximadamente la mitad del crecimiento de la población en edad laboral en EU entre 1995 y 2014. La inmigración también es la razón por la que no hemos tenido una inflación salarial significativa en los últimos años.

Más allá de estas obviedades, los inmigrantes con un alto nivel educativo y con movilidad social ascendente que llegan a Estados Unidos para cursar la educación superior son la base (o fue) del excepcionalismo estadunidense. Si bien los inmigrantes representan 13.6 por ciento de la población estadunidense, son ellos los que crean una cuarta parte de las nuevas empresas. De hecho, un estudio que realizó el año pasado el American Immigration Council (Consejo Estadunidense de Inmigración) encontró que 43.8 por ciento de las empresas de la lista Fortune 500 fueron fundadas por inmigrantes o sus hijos. La mano de obra migrante altamente cualificada impulsa el espíritu emprendedor en EU.

Mi propia familia pasó de la clase trabajadora a la media alta en una sola generación porque mi padre tuvo la oportunidad de venir a Estados Unidos desde Turquía y obtener una licenciatura y una maestría en ingeniería industrial y eléctrica, y después de eso fundó una empresa de fabricación que ha empleado a numerosos inmigrantes con movilidad social ascendente. Como él mismo me comenta a veces, probablemente no habría venido hoy, dado el clima hostil en EU y el hecho de que hay muchas más oportunidades para estudiantes inteligentes en el extranjero (de hecho, la proporción de estudiantes extranjeros en Estados Unidos ha estado disminuyendo desde hace tiempo, a medida que otros países los cortejan).

Obviamente, esto es un desastre económico en ciernes. Pero hay algunos otros puntos que destacar. Primero, por qué esta lucha no es ya una lucha mayor. Me intriga que todas las universidades no se hayan unido para luchar contra el desmantelamiento de Trump de escuelas individuales. Las diez grandes universidades del Medio Oeste con concesión de tierras lo han hecho, al decirle a la administración que si pelea contra una escuela, pelea contra todas. Pero los colegios de la Ivy League no hicieron lo mismo, ni tampoco las numerosas instituciones de artes liberales ricas que podrían verse en la mira. ¿A qué se debe esto? ¿Acaso creen que sus cuantiosas dotaciones las protegerán? ¿No pueden ponerse de acuerdo sobre cómo lidiar con la administración? Si algún lector tiene ideas o información al respecto, que la comparta.

En segundo lugar, si los empresarios estadunidenses no se unen y luchan contra esto, no sé qué los impulsará a hacerlo. Este es su grano de arena que se está desperdiciando ahora mismo. Y si las universidades no pueden matricular a estudiantes extranjeros, ¿cuánto tardarán las empresas en no poder emplearlos, y punto?

Por último, creo que esta medida puede ser incluso más peligrosa que lo que está sucediendo con los aranceles. Por muy absurdo que fuera el Día de la Liberación, se puede argumentar en principio de forma coherente a favor de algunos aranceles selectivos, y muchos países los utilizan ocasionalmente como parte de un conjunto de herramientas económicas más amplio. Aparte del valor de las noticias MAGA (Make America Great Again) al decir “mantengamos a los chicos chinos ricos y a los activistas estudiantiles extranjeros progresistas fuera del país”, no hay ninguna buena razón para esta medida contra las admisiones extranjeras de Harvard.

Más bien, esto parece ser otro dato más en la lenta caída de Estados Unidos hacia el fascismo (vale la pena leer el artículo de The New York Times escrito por académicos de Yale que estudian el tema y se van a Canadá).

Tengo la suerte de volver a estar con mi colega Edward Luce en Swamp Notes. Ed, ¿crees que esta medida es peor que los aranceles? ¿Cómo la clasificarías en términos de las cosas malas que ha hecho Trump? ¿Y qué presagia?

Edward Luce responde

Antes que nada, Rana, permíteme felicitarte por ser fan de Dolly Parton. Si las administraciones universitarias estadunidenses de todo el país tuvieran un ápice de su dinamismo y agallas, Trump estaría en desventaja.

Al igual que tú, me desconcierta que, en general, a Trump, Kristi Noem, la fiscal general Pam Bondi y otros se les permita eliminar universidades una por una, como lo hizo el mandatario republicano con los bufetes de abogados. Tendrían mucha más seguridad si fueran numerosos. El destino de Columbia, que se sometió a todas las exigencias del presidente estadunidense y sin obtener ningún indulto a cambio, ya debería haber impulsado la acción colectiva. Que esto no haya sucedido solo va a envalentonar a Trump. Una y otra vez, se nos recuerda que si actúas como una presa, Trump te devorará. Enfrentarse a él puede no tener éxito. Pero rendirse garantiza el fracaso.

En cuanto a cómo clasifico el ataque de Trump a Harvard con sus otras guerras que ha elegido contra las instituciones estadunidenses, me resulta difícil priorizar. Hay muchas yihads (acciones políticas y militares) de Trump que compiten por el primer premio. Pero estoy de acuerdo contigo en que el daño al atractivo de Estados Unidos como destino, a su futuro como líder mundial en investigación científica y médica y el daño a la economía, lo convierte en una categoría especial de insensatez.

Incluso si los tribunales anulan el ataque de Trump a Harvard, dudo que la opinión pública lo castigue por sus acciones. No hay un electorado popular que apoye a los estudiantes extranjeros ni a la libertad académica. A la gente le encanta odiar a las escuelas de la Ivy League. Que Trump intente destruir posiblemente la marca más valiosa de la educación basándose en el principio de “Estados Unidos Primero” es tonto y obsceno. Esto no tiene ningún aspecto positivo. (Rana Foroohar, Milenio, Negocios, p. 18)