ASTERISCOS
* Censurable, al margen de los directos implicados —el impresentable priista Alejandro A(m)lito Moreno en este caso— el uso de instancias oficiales, como es el Instituto Nacional de Migración (INM), que ¿dirige? Francisco Garduño, para tratar de “amedrentar” ilegalmente a la oposición política… (Enrique Aranda, Excélsior, Nacional, p. 14)
Gira por Estados Unidos
De nueva cuenta, el dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno, acudió ante organismos internacionales, en esta ocasión del continente americano, a denunciar las persecuciones políticas que se han “desatado” en México por el actual régimen contra quienes no “piensan” como sus líderes. El pasado lunes, el ya “famoso” Alito —debido a las filtraciones de su paisana Layda Sansores— acudió a tres instancias localizadas en Washington, Estados Unidos: primero sostuvo una importante reunión con migrantes mexicanos a quienes “escuchó para trabajar juntos por México”, dijo. Luego con congresistas en el Capitolio, miembros de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, así como de la Organización de Estados Americanos. Ante ellos, el político campechano abordó los temas más importantes para “recuperar” la buena relación entre ambas naciones. (Martín Espinosa, Excélsior, Nacional, p. 8)
Desde los 4 años, Diablo se crío en Texas en un ambiente en donde el levantamiento y cruce ilegal de personas en la frontera México-Estados Unidos era parte de su realidad diaria. Su padrastro se dedicaba al negocio y desde que iba a la escuela, a los 14 años comenzó a levantar gente porque así se lo ordenaban, durante el día iba al colegio y en la madrugada se iba a levantar personas. Ganaba alrededor de 16 mil, 17 mil dólares por semana.
A los 16 años, por una operación mal ejecutada, la policía lo ubica y lo detienen en su casa donde tenía a 73 migrantes indocumentados, 273 mil dólares, 2 kilos de coca, 3 libras de mota. La prisión se volvió su vida de los 16 a los 30 años. Al salir, decidió cortarse el sensor de prisión domiciliaria y huir a México en búsqueda de nuevas oportunidades, y al seguir en la vida de lo conocido, terminó preso en este país.
Al Diablo lo conocí al siguiente día de la terrible tragedia que aconteció, en donde 53 migrantes murieron asfixiados en un tráiler. La pregunta obvia que le hice fue que me ayudara a entender qué pasó con esos migrantes, donde me explicó: “que lejos de ser culpa del chofer, la migración, al igual que el narcotráfico, se ha dividido en zonas donde quienes migran pagan uso de suelo”. Me explicó también que había personas cuya única chamba era abrir las puertas de ese tráiler, el chofer quizá ni llaves tenía. “Se me hace que la plaza se calentó y el chofer huyó y quienes debieron de abrir las puertas para que salieran esos migrantes, nunca lo hicieron”.
Los tráilers surgieron como un método de contrabando ante el aumento en la vigilancia en las fronteras de Estados Unidos. Camiones llenos de hombres, mujeres y niños son los vehículos recurrentes de los traficantes, llamados “polleros”, debido a la probabilidad de no ser detectados.
Diablo comparte que durante el proceso de levantamiento se tiene que pagar al “pollero”, quien se encarga de arreglar y pagar todas las “bajadas”. Éstas se refieren a los diferentes trayectos, el acompañamiento caminando, los traslados en camionetas u otros medios de transporte, el teléfono que se les da para irlos ubicando vía GPS, el pago de “cobro de piso” por transportarse dentro de la zona.
El sistema de cruce de Diablo era principalmente por caminatas: acompañaba a los migrantes en ruta en todo el proceso hasta llevarlos a Estados Unidos. Para él hay mucha satisfacción en ayudar a cruzar a las personas para que lleguen con sus familias. Cuando salga de prisión, entre sus planes está regresar a Estados Unidos a trabajar como antes, cruzaba 2 a 3 veces por semana el río y regresaba por el puente caminando.
La migración hoy en día, equivale a uno de los negocios más rentables y lucrativos y que involucra a toda una red de personas que participan en el proceso, desde las autoridades locales, hasta la delincuencia organizada. Los migrantes son personas que no pertenecen a ningún grupo. Son personas que buscan desde el lugar más humano, una vida digna. México y el mundo tienen una deuda pendiente para legislar y proteger los derechos humanos de ellos y de ellas ante cualquier situación.
Lo que pasó en ese tráiler es una tragedia que nos debe movilizar a todos a entender que no hay nada más importante que la dignidad humana. (Saskia Niño de Rivera, El Universal, Opinión, p. 21)
Las imágenes de los ataúdes que llegaron al aeropuerto de Toluca conmovieron a tal grado, que te preguntas un millón de veces las razones por las cuales esos migrantes decidieron irse de su país, ése en el que no existen oportunidades, en donde sólo quieren alcanzar el soñado objetivo de llegar a Estados Unidos, ganar en dólares y mejorar su calidad de vida.
No sólo se trata de 26 mexicanos que murieron en la caja de un tráiler el pasado 27 de junio en San Antonio, Texas, ni siquiera se trata sólo de esas 26 familias rotas; se trata de todo un país y de unas autoridades apáticas, que no han podido brindarles un espacio de igualdad de oportunidades; se trata de un país que ha normalizado el dolor de sus migrantes durante años.
El Banco de México reportó, a principios de julio de este año, que el monto acumulado de los ingresos derivados de las remesas que envían los migrantes mexicanos que están principalmente en Estados Unidos, alcanzó los 22 mil 413 millones de dólares, durante el periodo de enero a mayo de 2022, lo que significa 16.8% más, con respecto al año pasado, que registró 19 mil 190 millones de pesos.
Cifras históricas que han sido “agradecidas” permanentemente por el gobierno federal, como si de un logro se tratara, mientras los llamados “coyotes” siguen haciendo negocios millonarios con los sueños de miles de mexicanos que pretenden llegar a la tierra prometida, sin que las autoridades pongan un alto a la cifra de personas que desaparecen y mueren en el trayecto o, simplemente, no logran cruzar, perdiendo el dinero que pagaron por ello.
Los recursos que envían los migrantes han resultado un bálsamo para miles de familias mexicanas, especialmente en estos momentos de incertidumbre económica debido al incremento de la inflación provocada, entre otras cosas, a causa de la pandemia, así como a la lenta recuperación económica, entre otros acontecimientos de coyuntura nacional e internacional.
Urge que los gobiernos, desde el municipal hasta el federal, generen estrategias reales de apoyo permanente a los migrantes y que dejen de ser moneda de cambio, y queden expuestos en todos los sentidos y direcciones.
A esto hay que sumarle la gran cantidad de migrantes de otros países de Centro y Sudamérica, el Caribe e, incluso, África, que han llegado a nuestro país con el mismo objetivo: cruzar el río Bravo para llegar a tierra estadunidense.
Nos hemos convertido en una sociedad apática a la que sólo le interesa su metro cuadrado, centrándose en su privilegio, y que no alcanza a comprender que estamos interconectados, que todo lo que pasa a nuestro alrededor nos afecta, y esta problemática no es la excepción.
Urge sensibilidad, empatía y soluciones a niveles local y regional para que haya una migración ordenada, pero, sobre todo, para que se les garantice a estos mexicanos su integridad y dignidad, y que sus derechos sean respetados en todo momento. (Lorena Jiménez Salcedo, Excélsior, Nacional, p. 13)
Ayer el New York Times publicó un texto en el que muestra la evolución del negocio del tráfico de migrantes que ha pasado de ser cosa de algunos coyotes ‘freelance’ al que es actualmente: un negocio billonario en el que están involucrados los grandes carteles que marcan a los migrantes con pulseras de colores para que puedan identificarlos al momento del cruce. La pulsera azul con el logo de un delfín, por ejemplo, es para identificar a ese migrante como un ‘cliente’ del Cártel del Golfo.
El flujo migratorio ha crecido en el sexenio actual. No por culpa de los conservadores; no por las políticas neoliberales. Ha crecido porque hay descuido e impunidad para lidiar con el problema. El camión que encontraron hace poco más de un mes las autoridades en San Antonio, Texas, con 53 personas muertas en su caja es una muestra del tamaño del problema. Veintisiete de ellos eran mexicanos. Este ha sido el caso más mortífero en la historia en el que estén involucrados indocumentados intentando lograr una mejor vida en Estados Unidos. Una vida que simplemente les es imposible soñar en México.
Pero eso a AMLO no parece importarle. Al día siguiente de esta tragedia simplemente expresó sus condolencias en la mañanera. Habló de la pobreza y la desesperación que los orillan a esta migración, pero fue algo que le tomó menos de 2 minutos de sus más de dos horas de discurso.
Según datos del Departamento de Seguridad Interior de Estados Unidos, las ‘utilidades’ por el tráfico de personas han pasado de $500 millones de dólares en 2018, a ser actualmente un negocio con ganancias estimadas en 13 mil millones de dólares.
Y ¿qué planea el Presidente de México para lidiar con este problema monumental? ¿Cuál es el plan federal para atacar la migración de mexicanos de raíz y para lidiar con el negocio creciente que éste está siendo para el crimen organizado? No lo sabemos. Lo que si escuchamos de López Obrador es su agradecimiento por el flujo de remesas que ya es la principal fuente de ingresos del país.
Antes que preocuparse o indignarse por una situación cada vez más atroz, tenemos a un Presidente que prefiere quejarse ya sea de los conservadores; del neoliberalismo; de los pseudoambientalistas que rechazan la construcción del Tren Maya y hasta de la disculpa que ofreció un piloto de Aeroméxico a los pasajeros por el estado tan dañado de una pista del AICM. Eso sí le indigna y eso le ocupa buen espacio en sus discursos.
Antes que atender los problemas enormes que nos aquejan o de pensar en cómo aprovechar las irrepetibles oportunidades que se le presentan a México en este momento de crisis global, el presidente López Obrador repite sus mismas frases a diario en donde queda claro que vive en un mundo de fantasía, mientras el resto de los mexicanos padecemos su falta de oficio para trabajar por el bien del país que se obstinó durante décadas por querer ‘gobernar’. (Ana Paula Ordorica, El Universal, Nación, p. 9)
Ni las autoridades federales, ni las estatales y menos las municipales han tomado las riendas para atender el problema de la migración en Tijuana, Baja California, en donde la alcaldesa Montserrat Caballero está más preocupada por apoyar a su mentor, el exgobernador Jaime Bonilla, y en promocionar su imagen en un intento por reelegirse.
Justo cuando se requieren recursos para atender a familias enteras de migrantes o a cientos de niños no acompañados, cuyos padres murieron en el intento de cruzar a Estados Unidos o se extraviaron en el camino, comienza a cerrarse un cerco vigilante por el presunto manejo irregular de recursos públicos del ayuntamiento.
Las autoridades del Gobierno de Baja California, ahora bajo el mando de Marina del Pilar Ávila, tienen en el radar una erogación superior a los 46 millones de pesos para la promoción de la alcaldesa tijuanense, una de los pocos personajes cercanos a Bonilla Valdez que quedan en la administración pública en la entidad.
Asimismo, en el Cabildo municipal preparan una revisión a los entregables de dos diferentes contratos asignados mediante adjudicaciones directas a portales informativos, uno de ellos creado apenas el año pasado, que en total alcanzan los 7 millones de pesos para ejercerse en ocho meses, de abril a diciembre del presente.
El primero de los convenios que observarán los regidores de Tijuana alcanza un valor de 4 millones de pesos, otorgado al sitio TJ Comunica, representado por Víctor Lagunas Peñaloza, hijo de la exdiputada local del PAN, Alfa Peñaloza Valdez, identificada como parte de los legisladores que aprobaron la famosa “Ley Bonilla”, con la que se quiso modificar la Constitución para permitir al entonces gobernador permanecer en el encargo por cinco años, y no por dos como correspondía el periodo para el que fue electo.
La morenista, que tomó protesta apenas en septiembre del 2021, ha destinado más recursos a la promoción de su gestión que a tareas de bacheo o reencarpetado, mismas en las que se ha invertido apenas unos 20 millones; además, la bolsa es superior a los 40 millones de pesos que el Gobierno federal estima para la manutención anual de cada centro migrante, con poblaciones de entre 200 a 300 personas.
El tema alcanza las dimensiones de escándalo tomando en cuenta el endurecimiento de las políticas migratorias de Estados Unidos que impiden que los migrantes crucen la frontera, por lo que permanecen varados en el paso más peligroso del país, donde tan solo el año pasado se registraron mil 238 muertes.
Las pesquisas se han acelerado en días recientes, de cara al citatorio que Bonilla tiene en la Fiscalía General de Baja California, y al que pretendía llegar con la protección del fuero que le brindaba la Cámara Alta. (Alberto González, 24 Horas, CDMX, p. 7)
Que otros que ya están “en sus marcas” son los republicanos Donald Trump y Mike Pence, ex presidente y ex vicepresidente de Estados Unidos, quienes adelantaron ayer en Washington señales de por dónde van sus intenciones para competir por la candidatura y desde ya la división no puede ser mayor: el magnate sosteniendo su discurso de fraude electoral en 2020, contra los migrantes y la descalificación de todo adversario, y el segundo planteando dar vuelta a la página de esos comicios y viendo hacia adelante, porque está en juego su “estilo de vida”. (Milenio Diario, Al frente, p. 2)
Estados Unidos, a través de la historia, ha mantenido una relación agridulce con México, la cual nunca ha sido fácil. La vecindad de nuestros países ha resultado en un importante intercambio cultural y económico, flujos migratorios, intervenciones militares. Estamos en una relación que se vive entre los límites del respeto, la amistad y la animadversión mutua.
Así, la injerencia del vecino del norte siempre se ha dejado sentir. Basta recordar un poco.
El 8 de agosto de 1847 el general Winfield Scott llegó a la Ciudad de México con 14 mil elementos, entre el 19 y 20 de agosto comenzó la primera batalla de una serie de enfrentamientos que culminaron con la toma de la capital del país.
El 21 de abril de 1914, a la llegada de Woodrow Wilson a la presidencia, sin mediar declaración de guerra de Estados Unidos al gobierno mexicano, comenzó la batalla por el puerto de Veracruz, con tropas estadounidenses (marinos e infantes de marina) ocupando la aduana y otros edificios de importancia estratégica. Las tropas del Ejército mexicano se retiraron del lugar por mandato del presidente Huerta.
Por otro lado, tras la sorpresiva invasión de tropas extranjeras, hubo una muy desigual y poco efectiva defensa, integrada por un centenar de soldados del Ejército federal, varios centenares de voluntarios civiles, algunos presos liberados de las cárceles (conocidos como rayados), y un centenar de cadetes de la Escuela Naval Militar. La batalla duró solo un par de días. Para el día 30 de abril las tropas de la marina estadounidense, que habían capturado el puerto, fueron reemplazadas por el Ejército, que se encargó de mantener la ocupación durante casi siete meses. No fue sino hasta el 23 de noviembre que el Ejército estadounidense se retiró, entregando el puerto al Ejército constitucionalista de Venustiano Carranza.
Hoy, la lucha por la soberanía no se hace con marines y tropas, no veremos barcos en Veracruz o cualquiera de nuestros puertos, la lucha es económica. Se basa en hacer que nuestro país ceda a los caprichos del imperio, a través de las presiones bursátiles y arancelarias. Donald Trump tensó en 2019 la relación con México en la batalla contra la inmigración irregular cuando anunció un arancel de 5 por ciento en todos los productos importados del país vecino.
Siguiendo la misma política intimidatoria, la Casa Blanca ha anunciado que buscará resolver las disputas sobre las políticas energéticas del presidente Andrés Manuel López Obrador, por medio de consultas bajo el acuerdo comercial T-MEC. (…)
México tiene que responder a EU de manera altamente patriótica, poniendo los intereses de los mexicanos por encima de los intereses de unos cuantos. Somos respetuosos de los acuerdos comerciales, pero sabemos que ningún acuerdo puede poner en peligro la soberanía y los intereses de México. En el Senado aprobamos con responsabilidad la Ley de la Industria Eléctrica para buscar fortalecer a la CFE y garantizar que la energía producida en México sirva para los intereses nacionales, y no caeremos en chantajes de intereses que nunca han visto por la gente. (José Narro Céspedes, El Heraldo de México, Editorial, p. 12)