Opinión Migración 280521

La Feria / Golpe de la FGR en Quintana Roo

Este jueves la Fiscalía General de la República dio un golpe prometedor en el camino para desmontar una red que se asentó en Quintana Roo, desde donde operó durante varios años, según acusaciones internacionales, una banda que robó cientos de millones de dólares a través de tarjetas bancarias que eran clonadas en cajeros automáticos alterados.

 

La FGR detuvo ayer en la Ciudad de México con fines de extradición a Florian Tudor, ciudadano de origen rumano y cuyas actividades en suelo mexicano se pueden rastrear desde 2014. Tudor ha sido señalado por contar con una red de protección de tal nivel que habría logrado la expulsión de Quintana Roo de un exdelegado de la Fiscalía General de la República que le investigaba, y por haber acosado mediáticamente a Alberto Capella, secretario de Seguridad que por otros hechos luego se separó del puesto.

 

Columnistas, entre ellos particularmente Héctor de Mauleón, dieron cuenta la primavera del año pasado del modus operandi de Tudor y su grupo. Aquí dos de sus entregas: https://www.eluniversal.com.mx/opinion/hector-de-mauleon/los-rumanos-y-su-red y https://www.eluniversal.com.mx/opinion/hector-de-mauleon/el-negocio-de-la-mafia-rumana-en-cancun

 

Semanas después, un grupo de periodistas, entre los que había extranjeros y mexicanos, daría a conocer un minucioso reportaje que establecía la dimensión de los robos y cómo éstos ya habían llamado la atención de autoridades en Estados Unidos y Rumanía. Esa investigación se publicó en varios idiomas el 3 de junio pasado.

 

En el reporte se estableció que Tudor, que ya había sido detenido en Italia, y su grupo comenzaron operaciones mexicanas hace siete años, cuando consiguieron una licencia para instalar, con otra marca comercial –Intacash–, cajeros automáticos de Multiva en distintos puntos turísticos de México, principalmente, no sólo en la Riviera Maya.

 

Según un testimonio llegaron a operar hasta 100 cajeros. Éstos eran alterados para que clonaran las tarjetas de los solicitantes de efectivo y, según la declaración de ese involucrado, llegaron a tener ganancias de 20 millones de dólares, que eran dispersados en países de Asia, el Caribe y Sudamérica.

 

Tudor fue señalado como el líder de la banda, pero él siempre negó esas acusaciones y dijo que los funcionarios policiacos mexicanos querían extorsionarle.

 

La realidad es que policías que le enfrentaron terminaron por ser removidos, como Javier Ocampo García, entonces delegado de la FGR en Quintana Roo, o sujetos a campañas mediáticas, como Alberto Capella.

 

Ya fuera de Quintana Roo, Ocampo García declaró a los autores del reportaje De Rumanía a Cancún, la banda de la Riviera Maya: bandidos globales de cajeros que estaba dispuesto a “declarar ante una institución de investigación formal” sus indicios de que había autoridades que brindaban protección a Tudor.

 

“La fama pública internacional de este grupo de seudoempresarios es, creo, de lo peor que hemos visto”, dijo por su parte Capella en entrevista con los periodistas del reportaje internacional.

 

Tras la revelación de ese reportaje, y luego de nuevos señalamientos de otros medios, las noticias más destacadas con respecto al caso fueron en dos sentidos: por una parte, Tudor logró que alguien en una mañanera en Palacio Nacional pidiera al Presidente de la República una cita para él, pues se decía víctima; y que desde su país de origen llegara una solicitud de extradición.

 

El contraste no podía ser mayor: mientras en Europa era solicitado por la justicia, en México lograría entrevistarse con la secretaria Rosa Icela Rodríguez.

 

Tras el golpe de ayer, sólo resta preguntar por qué tardó el gobierno de México en proceder, y si las autoridades federales investigarán todas las complicidades que hicieron posible que una banda de esas dimensiones operara por años tranquilamente desde Cancún. (Salvador Camarena, El Financiero, Opinión, p.41)

 

Razones / La CIA en México

Se entiende que una visita del director de la CIA no deba publicitarse ampliamente, pero la que está cumpliendo el nuevo director de la muy poderosa central de inteligencia estadunidense, William Burns, es, desde todo punto de vista, “absolutamente inusual”, como incluso reconoció la exembajadora de México en Washington, Martha Bárcena.

 

Burns llegó a México desde el miércoles, el presidente López Obrador dijo ayer que llegaría “en los próximos días”, la cancillería no dijo cuándo llegó, pero dice que hoy se reunirá con mandos de la Sedena, la Marina y del Centro Nacional de Inteligencia. Al mismo tiempo se dijo que venía para organizar la visita de la vicepresidenta Kamala Harris.

 

Obviamente, no sabemos la agenda con la que viene Burns, un director de la CIA con una notable carrera diplomática previa, pero es poco creíble que venga a organizar la visita de la vicepresidenta Harris. Las visitas de los mandatarios estadunidenses siempre son preparadas, en términos diplomáticos, por el departamento de Estado, cuyo titular, Antony Blinken, tiene programada una visita, pero a Costa Rica, para la próxima semana y, en términos de seguridad, por el servicio secreto. Cualquiera que haya cubierto visitas de mandatarios estadunidenses recordará los encontronazos que se producían entre el servicio secreto y el Estado Mayor Presidencial en anteriores visitas por los movimientos y la seguridad de los mandatarios, pero como el EMP se supone que ya no existe, eso seguramente quedará en el pasado.

 

La CIA, más allá de estereotipos, es uno de los servicios de inteligencia más eficientes del mundo y su labor se concentra en un punto: los desafíos externos que afronta Estados Unidos. Y vaya que hay temas, dentro de México y en la agenda bilateral, que pueden afectar la seguridad interior de ese país.

 

Aquí seguimos institucionalmente subestimando muchos de esos desafíos y alejándonos de la relación con Estados Unidos. El desafío del narcotráfico está más presente que nunca, con una política de retracción hacia los grupos criminales que los termina haciendo más fuertes.

 

Tenemos temas de colaboración bilateral en el ámbito del terrorismo y el cuidado de las fronteras que han tenido éxito para evitar la infiltración de terroristas, que han sido muy eficientes desde los atentados del 2001. En Washington, en más de una ocasión, se ha destacado el temor de que los grupos criminales en México terminen cobijando a organizaciones terroristas (ya ocurrió en las relaciones con grupos del narcotráfico con las FARC y el ELN colombianos y en casos menos claros de relación de Los Zetas con Hezbolá) y por la propia actividad terrorista de nuestras organizaciones criminales.

 

Me imagino, no es más que un ejercicio de imaginación política, que debe haber preocupación por el derrotero de la administración López Obrador. Para nadie es un secreto que Rusia y China están en las prioridades de seguridad de Estados Unidos, países a los que acusa de espionaje industrial, de hackear sus sistemas y robar información y de haber intervenido, sobre todo Rusia, en los procesos electorales de 2016 y 2020. Con ambos, pero mucho más claramente con China, existe una guerra comercial inocultable. La administración López Obrador tiene una posición muy amistosa con ambos países, que están ampliando su influencia en América Latina.

 

El canciller Marcelo Ebrard estuvo en una visita de tres días en Rusia, supuestamente para ver temas de vacunas, que, hasta ahora, no se han terminado de concretar, visita que terminó con elogios nada menos que para Vladimir Putin, una invitación a que visite México y un agradecimiento a Rusia, incluso con un tuit escrito en ruso. Ni una crítica a la violación de derechos humanos, tampoco en el caso de Bielorusia, mucho menos con Venezuela o Cuba.

 

El presidente López Obrador, mientras tanto, dice que Estados Unidos interviene, sin tener prueba alguna de ello, en la política mexicana; que incluso la degradación del sistema aéreo se hizo sólo para que crezcan en México las líneas aéreas de Estados Unidos y que la auditoría de la FAA “estuvo mal hecha” (la SCT dixit); ayer reiteró que algunos países “se sienten los dueños del mundo”, hablando precisamente de la Unión Americana. Fue a Washington a hacer campaña, así fue interpretado en Estados Unidos, en favor de Donald Trump y defendió implícitamente la teoría del fraude en los comicios de noviembre pasado.

 

Pero hay más. La llamada ley de seguridad que se aprobó en noviembre pasado lastimó profundamente las condiciones de colaboración con Estados Unidos y sus agencias de seguridad, colaboración que, hay que decirlo, había sido lastimada previamente con la detención injustificada del exsecretario de la Defensa, el general Salvador Cienfuegos. Entre las normas que establece la ley es que cualquier agente de una agencia extranjera (hablemos de la DEA, el FBI, la CIA, El Mossad o cualquiera de las muchas que operan de una u otra forma en México), no sólo deberá estar registrado y presentar un informe mensual de actividades, sino también compartir con las autoridades mexicanas los hallazgos que pudieran realizar.

 

Hay muchos otros puntos estrictos en la norma, aunque todo lo relacionado con la obligación de compartir información, por supuesto que entra en el terreno de los deseos. Pero esa ley lastimó la colaboración y, entre otras cosas, por eso está el señor Burns en México. (Jorge Fernández Menéndez Excélsior, Opinión, p.12)

 

Trascendió

Que hablando de seguridad, el rumano Florián Tudor echó mano del librito una vez que se vio atrapado por la Agencia de Investigación Criminal, en una imagen tan distante de aquella cuando acudió a entrevistarse con la secretaria de Seguridad, Rosa Icela Rodríguez, por órdenes presidenciales. Primero alegó tener una suspensión provisional, luego forcejeó y lanzó mentadas de madre en perfecto español, después alegó ser víctima de un levantón y acabó declarándose enfermo a punto de la muerte, todo en un video sobre la aprehensión del sujeto vinculado a una mafia de clonación de tarjetas con sede en Quintana Roo. (Milenio, Opinión, p.2)

 

Pepe Grillo

La agenda de Kamala

Para los expertos en la relación bilateral México-EU, como la ex embajadora Martha Bárcena, resulta “inusual”, por decirlo suavemente, que el primer funcionario del más alto nivel del gobierno de Biden en visitar México haya sido William Burns, director de la CIA.

Todavía más inusual es el hecho de que David Cohen, subdirector de la agencia de inteligencia, haya sido designado coordinador de la agenda de la inminente visita de la vicepresidenta Kamala Harris.

Kamala ha estado concentrada en temas migratorios con funcionarios y grupos empresariales de Guatemala, Honduras y El Salvador. Para ello ha estado acompañada por funcionarios del Departamento de Estado.

Lo que rompe la rutina es que se vayan a tratar temas de la órbita de la CIA, que por cierto no rinde cuentas al Departamento de Estado, sino a Avril Haines, coordinadora de las agencias de Inteligencia y al presidente Joe Biden. (La Crónica de Hoy, Opinión, p.10)

 

Pista de Aterrizaje / La visita de Kamala Harris a México

El hecho de que Donald Trump ya no viva en la Casa Blanca no ha implicado que Demócratas y Republicanos hayan encontrado más espacios de diálogo, o que se haya generado un espíritu de trabajo más harmonioso entre ellos. El tema migratorio refleja esta realidad de cuerpo completo.

 

Desde la perspectiva Republicana, las acciones que ha tomado el Presidente Biden para desmantelar las medidas contra la migración impuestas por Donald Trump han generado una crisis en la frontera con México, debido a que promueven indirectamente que más personas intenten llegar a Estados Unidos sin documentos: la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) calcula un incremento de 70% en los intentos de cruces ilegales en abril del 2021.

 

Por su parte, el ala más progresista de los Demócratas, que siempre han tenido una postura más tolerante, desean impulsar medidas incluso más ambiciosas a las que el Presidente Biden ya está implementando, como sería la no criminalización de los cruces ilegales, además de ofrecer servicios de salud a personas que ya se encuentren en el país, independientemente de su estatus migratorio.

 

Es en este contexto que hace unos días se confirmó que Kamala Harris, la Vicepresidenta de Estados Unidos, realizará una visita de trabajo a México y Guatemala el próximo 7 y 8 de junio, precisamente para analizar el tema migratorio. La visita de la Vicepresidenta a México es fundamental para la Casa Blanca, ya que para avanzar en cualquier dirección en el tema migratorio, es claro que Estados Unidos necesita la cooperación de nuestro país.

 

Creo que el primer objetivo de la visita debe ser contribuir a cambiar la narrativa y la percepción del tema en México. Si Donald Trump obligó a México a desplegar a la Guardia Nacional en la frontera sur, so pena de enfrentar aranceles a nuestras exportaciones, el Presidente Biden debe de promover la cooperación migratoria como un ejercicio ganar – ganar para ambos países.

 

El Presidente Andrés Manuel López Obrador ha insistido en que se deben atacar las raíces económicas del fenómeno migratorio. México puede promover que Estados Unidos adopte también este eje como parte de su agenda migratoria. Se podría, por ejemplo, ampliar el financiamiento para proyectos productivos en la región que tengan vínculos con México y con Estados Unidos, utilizando mecanismos como el Banco Interamericano de Desarrollo.

 

Los beneficios económicos de este tipo de esquemas podrían ser amplificados aún más cuando consideramos que las cadenas de suministro se están reacomodando a nivel mundial, y que algunas empresas desean tener fuentes de producción mucho más cercanas al mercado estadounidense. El sur de México y Centroamérica están en el lugar ideal para aprovechar estos nuevos patrones, tanto geográficamente como comercialmente.

 

Aunque no será el tema principal del viaje, creo que la Vicepresidenta Harris también debe insistir ante México que el cumplimiento irrestricto y sin cortapisas del T-MEC es una condición necesaria para avanzar en estos temas. La economía puede apoyar a la migración, pero ésta no puede funcionar si no se respetan las reglas del juego,y si no se ofrece la confianza necesaria para que los operadores económicos realicen sus actividades.

 

Desde cualquier perspectiva, la visita de la Vicepresidenta tendrá una importancia capital para la relación México – Estados Unidos y para encauzar los trabajos de la agenda bilateral en los próximos años.

 

*Juan Carlos Baker es académico de la Universidad Panamericana; previo a eso, desarrolló una carrera de veinte años en el gobierno federal en temas de negociaciones comerciales internacionales. (Juan Carlos Baker, El Economista, Opinión, p.47)

 

Sacapuntas

Llegaron los observadores

Ya está en México la Misión de Visitantes Extranjeros de la OEA que observará la jornada electoral del 6 de junio. La encabeza el argentino Santiago Cantón y se han firmado dos acuerdos para garantizar su trabajo: uno con el INE, para acceder a todas las instancias del proceso; otro con el gobierno federal, que les otorga “inmunidades y privilegios para los visitantes extranjeros”. (El Heraldo de México, Opinión, p.2)

 

Una nueva casa de México en Houston

El pasado lunes 24 de mayo, el Consulado General de México en Houston abrió las puertas de sus nuevas instalaciones, desde las que nos enorgullece atender a la numerosa comunidad mexicana que reside en esta parte del estado de Texas. La apertura de una nueva sede consular mexicana en la cuarta ciudad más poblada de Estados Unidos es un hecho muy significativo, que nos da ocasión para reflexionar sobre la enorme relevancia de la diplomacia consular para el bienestar de millones de compatriotas que residen en la Unión Americana.

 

Uno de los pilares de nuestra política exterior, y objetivo prioritario para quienes formamos parte del Servicio Exterior Mexicano, es brindar asistencia y protección a los más de once millones de paisanos y paisanas que viven fuera de nuestras fronteras. Este trabajo tiene múltiples facetas como son la emisión de pasaportes y matrículas consulares; el registro de nacimiento, matrimonio o defunción de personas mexicanas; el auxilio en situaciones de emergencia; el diálogo con autoridades locales; la promoción cultural y económica; así como el vínculo con la comunidad mexicana.

 

El caso de Houston es emblemático de la labor de la red consular mexicana, pues ilustra no solo el reto de proveer de todos esos servicios a cientos de miles de personas mexicanas que radican en esta circunscripción (la cual cubre un área geográfica similar al estado de Jalisco), sino que incluye además una permanente y activa promoción y cooperación económica, turística, médica, académica y cultural en una ciudad que es un referente para residentes y viajeros de nuestro país.

 

En este sentido, puede afirmarse que la inauguración del nuevo edificio del Consulado General de México en Houston es un excelente símbolo de la Diplomacia Consular del gobierno del presidente López Obrador, ya que resume muchos de sus elementos cardinales, entre los que destaco tres: en primer lugar, por supuesto, está el de convertir a nuestros consulados en verdaderas procuradurías para la defensa de nuestros migrantes.

 

En efecto, nuestras nuevas instalaciones en Houston fueron concebidas con esa prioridad en mente, con un diseño que privilegia una atención más expedita a nuestros paisanos y espacios adecuados para atender de manera privada a quienes nos visitan buscando orientación legal, apoyos de protección consular, o atención a casos de personas en situación de vulnerabilidad.

 

En segundo lugar, y en consonancia con la política exterior feminista de nuestro gobierno, y en línea con la diversidad de nuestra comunidad, la perspectiva de género es omnipresente en todo el plan arquitectónico, con cuartos de lactancia, una fortalecida Ventanilla de Atención Integral a la Mujer (VAIM), una amplia ventanilla de salud que ofrece todo tipo de servicios, y facilidad de acceso para personas con alguna discapacidad.

 

Finalmente, la nueva sede en Houston refleja la eficiencia y austeridad republicana del Gobierno de México. En efecto, el cambio a nuevas instalaciones no tuvo ningún impacto presupuestario para el erario mexicano; se privilegió lo funcional sobre cualquier otra consideración; y, gracias a la certificación ambiental, su operación será más económica en los muchos años que se espera siga funcionando en beneficio de México y los mexicanos.

 

Todas estas son razones para celebrar la apertura de lo que ya es la nueva casa de México en Houston, la ciudad más diversa de Estados Unidos y hogar de miles de familias mexicanas. Es esta comunidad por la que trabajamos incansablemente todos los días, y a la que buscamos servir de manera más eficiente, segura y cercana, con el esfuerzo y dedicación que caracteriza al trabajo del Servicio Exterior Mexicano y de la red consular de nuestro país. (Alicia Kerber Palma El Heraldo de México, Opinión, p.15)

 

Coordenadas / La clave está en el último párrafo de The Economist

A lo largo del día de ayer se debatió en diversos foros respecto al artículo de portada de The Economist sobre el presidente López Obrador.

 

A mi parecer, una de las claves para entender la razón por la cual los editores de The Economist decidieron darle la portada al presidente mexicano puede ubicarse en el último párrafo del texto.

 

Dice lo siguiente:

 

“Estados Unidos necesita poner atención. A Donald Trump no le interesó la democracia en México. El presidente Joe Biden debe dejar claro que a él sí. Pero, debe tener mucho tacto. Los mexicanos son comprensiblemente alérgicos respecto a las presiones de su gigantesco vecino. Pero, Estados Unidos no debe cerrar los ojos respecto al sigiloso autoritarismo de su patio trasero. De la misma manera que envía vacunas incondicionalmente, Biden debe enviar también discretas advertencias”.

 

¿Quiénes son los lectores de The Economist? La élite internacional. Se trata de líderes políticos, directivos empresariales, analistas y académicos en muy diversos lugares del mundo.

 

La posición editorial de la revista ha sido consistentemente crítica a AMLO desde que era candidato. Ni lo ha ocultado ni la ha modificado.

 

Y precisamente por ello, está tratando de emitir una advertencia a esa élite respecto a las tendencias autoritarias del gobierno mexicano, y lo que, a su juicio, hasta ahora ha sido una cierta indiferencia del gobierno de Biden.

 

No es casual que esta portada y este texto se presenten una semana antes de las elecciones y de la visita que hará la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, a México.

 

Hace poco me preguntaban en un foro si pensaba que Harris vendría a supervisar los resultados del proceso electoral en nuestro país.

 

Obviamente no vendrá a eso.

 

La vicepresidenta tiene otras preocupaciones. El gobierno de Biden sabe que en la crisis migratoria tiene uno de sus principales retos y que, si falla en él, corre el riesgo de que en el 2022 los electores lo castiguen y pierda posiciones o quizás incluso la mayoría en la Cámara de Representantes, lo que limitaría fuertemente su capacidad política para implementar una ambiciosa agenda económica y social.

 

Harris está buscando la cooperación del gobierno mexicano para atender esta crisis y le aseguro que tendrá muy poco interés en el fondo de los temas electorales.

 

Justo por ello, The Economist trata de advertirle al gobierno de Biden que no cometa el error que, a su juicio, cometió Trump.

 

Pero, también expresa el cuidado que debe tener el gobierno norteamericano en caso de que decida expresar sus preocupaciones, pues si López Obrador encuentra que puede documentar presiones del gobierno de Estados Unidos, puede usarlas para denunciar el intento de “intervención yanqui” y fortalecer así su posición, ya que habría segmentos amplios de la ciudadanía que, aun sin estar de acuerdo con algunas políticas de AMLO, lo respaldarían para enfrentarse a presiones norteamericanas.

 

La polarización que caracteriza desde hace un tiempo a la sociedad mexicana, acentuada en la pandemia, sesga los juicios.

 

En las redes sociales vimos el día de ayer quienes festejaban la portada de The Economist como si fuera el triunfo electoral. Y los que respaldan a AMLO vieron una auténtica conspiración mundial de los conservadores, que sienten amenazados sus privilegios.

 

Ni una cosa ni otra.

 

Quienes en México son lectores de The Economist simplemente coincidieron con lo apuntado, que por cierto se lee con frecuencia en la prensa mexicana. Y me temo que los partidarios del gobierno confunden la decisión de un consejo editorial con una conspiración interplanetaria.

 

Por eso le apunto, ¿se hará eco el gobierno norteamericano de la advertencia de la revista –y de diversos círculos en México y en EU– o seguirá actuando pragmáticamente para asegurarse de contar con la cooperación de AMLO para las políticas domésticas de EU?

 

Pronto lo veremos. (Enrique Quintana, El Financiero, Opinión, p.2)

 

Desde Afuera / México y las Américas Latinas

¿Cuántas Américas Latinas hay?

 

La pregunta parecería broma, o la evocación de un viejo libro que hacía referencia a “las 21 Américas Latinas”, pero es una interrogante que podría hacerse seriamente a la Cancillería mexicana.

 

Porque parecería que hay por lo menos tres, y todas con un grado de prioridad importante.

 

Estaría, primero, la de los gobiernos que como Argentina y Bolivia, son compañeros y amigos en el camino de la Cuarta Transformación, amén de coincidir a niveles personales en el llamado Grupo Puebla, compuesto por personalidades representativas de la izquierda regional y al cual están afiliados los presidentes Alberto Fernández, de Argentina, y Luis Arce, de Bolivia.

 

Está también la maraña de acuerdos y organizaciones que, a veces con principios aparentemente contradictorios, promueven la integración regional, entre las que sobresale la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), ahora bajo la presidencia pro tempore de México.

 

Una segunda Latinoamérica imposible de ignorar: los países centroamericanos, y en especial los del llamado “triángulo norte” (Guatemala, Honduras, El Salvador), de donde salen gran parte de los migrantes que ahora buscan llegar o se encuentran ya a lo largo de la frontera con EU, con la esperanza de ser recibidos.

 

Luego se encuentran, por supuesto, los países que forman parte de la Alianza del Pacífico, creada en 2011, que impulsaron los regímenes de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, y actualmente con gobiernos menos ideológicamente afines, como Chile, Colombia y Perú, o como Ecuador, que está cerca de ingresar, pero acaba de elegir a un gobierno de centro-derecha. Son además parte del “Grupo de Lima”.

 

Y ciertamente están Brasil, Uruguay y Paraguay. “Sotto voce”, en la Cancillería hay sólidas esperanzas de que el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva gane las elecciones presidenciales de 2022, en Brasil, tanto por el buen recuerdo de su gobierno como por los problemas de gestión del actual mandatario, Jair Bolsonaro.

 

Uruguay se cuece aparte. Es una nación pequeña, liberal, simpática, dicharachera como su popular expresidente, José Mujica, con el que siempre se puede contar y al que siempre vale la pena escuchar.

 

Puede hablarse de apartados. Para empezar, Cuba, un país con el que hay una excelente relación, cuidadosa y respetuosa, que por años subrayó la independencia de la política exterior mexicana. Pero luego están Venezuela y Nicaragua, naciones con gobiernos autoproclamados de izquierda, cuestionados por tendencias autoritarias y en abierto conflicto con EU, y por los cuales algunos importantes miembros de Morena, partido gobernante, han expresado “admiración” y “solidaridad”.

 

Y finalmente el Caribe, ese conglomerado de naciones-isla mayormente de habla inglesa, que la diplomacia mexicana parece haber olvidado hace años, y no sólo en este gobierno. (José Carreño Figueras / El Heraldo de México, Opinión, p.27)

 

Templo Mayor

COMO se esperaba, Andrés Manuel López Obrador intentó minimizar la degradación de México a la categoría 2 de seguridad aérea por parte de la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos.

 

LO QUE sorprendió es que saliera con el argumento de que los estadounidenses tienen “normas que imponen a todo el mundo” y se les olvida que hay más de 200 países “libres, independientes y soberanos”.

 

SEGURAMENTE nadie le explicó al Presidente que las regulaciones de las que habló no son impuestas por EU, provienen del Convenio de Chicago creado en 1944 y ratificado por México desde 1946. Además, son actualizadas y estandarizadas por la Organización de Aviación Civil Internacional.

 

MENOS AÚN que la decisión tomada por la agencia estadounidense sólo aplica para los vuelos que involucran su espacio aéreo y nada tiene que ver con los que ocurren dentro de territorio mexicano o cualquier otro océano o continente dentro del planeta Tierra.

 

MUY MAL parado quedó el mandatario con su falta de conocimiento sobre el tema y su argumentación anacrónica en la que sólo le faltó echarle la culpa al “imperialismo yanqui”, como si México fuera la Cuba de los sesenta. (Fray Bartolomé, Reforma, Opinión, p.12)

 

Astillero

Astillas 

Ya se prepara el día siguiente a las elecciones: David Cohen, subdirector de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), está en México como inusual avanzada para preparar la visita de la vicepresidenta Kamala Harris. ¿El subdirector de la CIA? Pues, sí No podría ser de otra manera: la secretaria de Gobernación actuó ayer conforme a la realidad jurídica del momento, así que incorporó al tamaulipeco Francisco Javier García Cabeza de Vaca en una conferencia por vía de Internet con gobernadores estatales Y, mientras ha sido detenido Florian Tudor, el presunto jefe de la mafia rumana que durante años se mantuvo libre y actuante en el sureste de México, ¡hasta el próximo lunes, con el tic tac electoral en su última semana antes de las urnas! (Julio Hernández, La Jornada, Opinión,p.8)