“En el camino se irán acomodando las calabazas en la carreta”, dijo José López Portillo al referirse a su primer gabinete presidencial. Y aunque el filósofo de la abundancia petrolera no aclaró si las calabazas iban cómodamente sentadas o amarradas con mecate para no caerse en la primera curva, la frase quedó para la posteridad política nacional. Porque en este país los gabinetes no son equipos de gobierno, son colecciones de calabazas. Algunas redondas, otras huecas y varias ya medio podridas desde la cosecha.
La presidenta Claudia Sheinbaum parece haber desempolvado aquella máxima lopezportillista y ha comenzado, poco a poco, a reacomodar las suyas. Porque una cosa es llegar a Palacio Nacional con banda presidencial y otra muy distinta gobernar rodeada de herencias, compromisos, cuotas, tribus, tómbolas partidistas y personajes que creen que la Cuarta Transformación les otorgó patente de corso vitalicia.
Los movimientos comenzaron cuando Rogelio Ramírez de la O dejó Hacienda. Llegó entonces Edgar Amador Zamora, más cercano a la presidenta y, sobre todo, menos vinculado al museo arqueológico del obradorismo económico. Porque en política la confianza vale más que un doctorado en Cambridge.
Un cambio que tardó más de lo recomendable fue el de Francisco Garduño, Comisionado del Instituto Nacional de Migración, funcionario que sobrevivió a críticas, incendios, recomendaciones internacionales y hasta al sentido común. Su relevo por Sergio Salomón se cocinó a fuego lentísimo, como barbacoa hidalguense en domingo electoral.
Donde también se acomodaron las calabazas fue en la Fiscalía General de la República, Alejandro Gertz Manero dejó el cargo después de utilizarlo como despacho jurídico familiar, oficina de agravios personales y laboratorio de venganzas. Ahora despacha como embajador en Reino Unido. Lo sustituye Ernestina Godoy, cercana a la presidenta, leal a su proyecto y alineada con el centro de mando. Si algo ha entendido la doctora Sheinbaum es que gobernar con fiscales ajenos equivale a dormir con un alacrán dentro de la almohada.
También en la carreta morenista, hubo reacomodo de cucurbitáceas: Luisa María Alcalde dejó la presidencia del partido para convertirse en consejera Jurídica de la Presidencia. Pero antes se dio el lujo de declarar que “iba a pensar” si aceptaba el cargo. Quince minutos duró la reflexión filosófica. Algún alma piadosa debió explicarle que cuando la Presidenta de la República te ofrece un puesto no se responde como si te estuvieran invitando a un baby shower en Coyoacán.
También Andrés Manuel López Beltrán dejó Morena para buscar una candidatura a diputado por Tabasco en 2027. Ahora deberá probar cómo se siente caminar sin la cobija del partido. Será interesante verlo descubrir que la política real no siempre se gana con apellido ilustre. Sobre todo, mientras consigue el tan codiciado fuero, esa figura jurídica creada para que algunos políticos le pierdan el miedo a los jueces y le agarren gusto a la impunidad.
Las corcholatas transfiguradas en calabazas también sufrieron reacomodo: Adán Augusto López Hernández dejó la coordinación morenista en el Senado después de que el caso de La Barredora levantara más polvo que un camino de terracería en época de secas. Gerardo Fernández Noroña abandonó —por obligación legal, no por gusto— la presidencia del Senado, polémico polemista, cambió la austeridad republicana por una casa en Tepoztlán, Morelos. Manuel Velasco perdió el poder que le permitió ser gobernador y senador simultáneamente. Ricardo Monreal se acerca al final de su periodo legislativo sin tener asegurado el futuro político de toda su familia, lo cual debe sentirse como una tragedia zacatecana.
El exsecretario de Educación, Esteban Moctezuma que trabajó en abonos chiquitos para Salinas Pliego salió de la embajada mexicana en Washington. Lo va a relevar, Roberto Lazzeri Montaño, quien representa otro movimiento de la presidenta para rodearse de perfiles propios.
Finalmente, Claudia Sheinbaum parece estar aplicando una teoría política que dice: “de lo que te impongan nunca te deshagas antes del primer año ni después del segundo. Antes parecerá ingratitud; después, debilidad”. (Manuel Ajenjo, El Economista, Política y Sociedad, p.40)
Por muchos meses, poco más de un año, se celebró la “cabeza fría” de Claudia Sheinbaum para lidiar con el presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump. Un provocador, un bully.
Nadie —se decía, decíamos— estaba enfrentando el huracán sin control que partía de la Casa Blanca al mundo como la Presidenta de México. Lo de la cabeza fría, la habilidad de no caer en las constantes provocaciones se repetía aquí y en otras partes del mundo.
Quedaba claro que lidiar con el presidente estadunidense no era sencillo para nadie, para ningún país del mundo, pero la Presidenta se había contenido y la relación caminaba, avanzaba. México, por ejemplo, ponía de su parte en asuntos como la migración convirtiéndose en el nuevo muro y permitía que Trump lo celebrara ante los suyos, como su logro en exclusiva. Normal. Estados Unidos privilegiaba a México en relación con otros países en la locura de los aranceles, y eso permitía seguir avanzando. Se entregaban decenas de criminales sin proceso de deportación y eso ayudaba en la colaboración binacional contra el crimen. Todo bien.
De repente: Estados Unidos anuncia que un Gran Jurado ha decidido en una corte de Nueva York acusar por narcotráfico y otros delitos al gobernador Rocha Moya y su equipo más cercano de colaboradores. Y todo estalla.
Desde ese día hemos escuchado en voz de la Presidenta la palabra “pruebas” más veces que palabras caben en este espacio. Y así han salido otros, muchos, que importan en el “movimiento” a repetir lo mismo.
Hasta el presidente de la Comisión de Justicia en el Senado, sí, de esa comisión, fue a consolar al senador acusado, y luego explicó con Aristegui que por lo que él sabía y conocía de su amigo del country, la acusación parecía falsa.
Y luego pues hasta reforma electoral inspirada en este nuevo ambiente de “soberanía”.
Oye, Carlos, me dirán algunos, pero lo de Chihuahua.
Como si se pudiera comparar la presencia de cuatro agentes en un operativo, exitoso según presumió el gobierno federal en su momento, protegido por el Ejército mexicano que dice no los vio, con la toma de una entidad del tamaño e importancia de Sinaloa por el crimen organizado en complicidad con quien lo gobierna… gracias a los mismos grupos criminales.
Escribí hace unos días que los pasados siete días eran los más importantes del año por las visitas de funcionarios estadunidenses de alto perfil a México a reunirse con la Presidenta. Dos cancelaciones.
Se acabó la cabeza fría. Rocha Moya debe estar agradecido. (Carlos Puig, Milenio, Al Frente, p. 2)
México dejó de ser hace tiempo la maquila barata de América del Norte. Hoy es mucho más incómodo para Washington, ya que es el engrane indispensable de una industria automotriz que Estados Unidos ya no puede sostener solo. Por eso, cada revisión del T-MEC será también una batalla política y económica donde nuestro país tendrá que defender algo más que exportaciones; tendrá que defender su lugar en el nuevo mapa industrial del mundo.
No es casualidad que Donald Trump haya convertido a México en símbolo de la supuesta decadencia manufacturera estadounidense desde 2016. Aquella cancelación de la planta de Ford en San Luis Potosí marcó el inicio de una narrativa que todavía persiste: la idea de que México “le quitó” empleos a Estados Unidos. Pero la realidad es mucho más compleja. Lo que ocurrió fue que las armadoras globales encontraron en México eficiencia, costos competitivos, cercanía logística y capacidad técnica para producir vehículos que en territorio estadounidense simplemente serían demasiado caros.
Paradójicamente, la presión política de Washington terminó fortaleciendo la posición mexicana. Mientras Estados Unidos endurecía su guerra comercial contra China y elevaba requisitos del T-MEC, las cadenas automotrices norteamericanas descubrieron que no podían desprenderse de México sin disparar costos y perder competitividad y ahí también destaca el trabajo de la Secretaría de Economía que lleva Marcelo Ebrard. Ajustaron operaciones, movieron líneas, reorganizaron producción, pero nunca abandonaron la manufactura mexicana porque el modelo regional depende de ella.
Carlos Slim puso el dedo en la llaga en su conferencia anual, ya que dijo algo que en Estados Unidos pocos quieren reconocer públicamente: que la economía estadounidense dejó de ser competitiva en sectores industriales estratégicos como el automotriz y el acero. Los altos costos laborales, la reducción de capacidad manufacturera y la transición hacia una economía dominada por servicios han debilitado su músculo industrial. De ahí los aranceles de hasta 50 por ciento al acero y la creciente obsesión proteccionista.
Pero el dato más revelador no es el proteccionismo. Es la dependencia. Slim recordó que Estados Unidos necesita a México y también a los migrantes mexicanos para sostener sectores completos de su economía, desde servicios hasta tecnología. Y ahí está el verdadero cambio de fondo: la relación ya no es únicamente comercial, es estructural.
Claro, México todavía enfrenta un enorme desafío. Ser “el nuevo Detroit” no basta. El riesgo es quedarse atrapado como ensamblador de bajo valor agregado mientras el futuro automotriz se decide en baterías, inteligencia artificial, software y energía. Ahí se jugará la siguiente gran disputa industrial.
Porque el siglo XXI ya no premiará al país que arme más autos, sino al que controle la tecnología que los mueve. (Jeanette Leyva Reus, El Financiero, Economía, p. 6)
El domingo 31 de mayo a las 10 de la mañana, la Presidenta Claudia Sheinbaum encabezará desde el Monumento a la Revolución un informe que va mucho más allá de rendir cuentas a dos años de su triunfo electoral. Será una jornada nacional, con convocatorias simultáneas en plazas públicas de todo el país, en un momento en que el debate sobre la soberanía es urgente como pocas veces.
La Presidenta lo dijo sin rodeos: el informe también será para hablar de soberanía, para dejar claro que “en México decidimos los mexicanos, nadie más”. Dos años después de que 35 millones de personas la eligieron con la mayoría más grande de la historia reciente, esa frase no es retórica de mitin. Es una respuesta directa a una oposición que ha decidido apostar por todo menos por México.
Porque mientras Sheinbaum se prepara para rendirle cuentas a su pueblo, Alejandro “Alito” Moreno terminó hace unos días una gira de tres días en Washington DC, tocando puertas ajenas, pidiendo que desde allá intervengan en los asuntos de nuestra nación.
Y por si hiciera falta un ejemplo más cercano, aquí en la Ciudad de México está Raúl Torres, diputado migrante del PAN en el Congreso local, quien pidió en tribuna la intervención de Estados Unidos, afirmando que Trump es su mejor aliado.
Pero el caso más grave, el que más duele porque involucra a una gobernadora en funciones, es Chihuahua. El jefe de la Policía chihuahuense, Gilberto Loya Chávez, confirmó que la Torre Centinela estaba abierta para la presencia eventual del FBI, la DEA y la CBP en territorio mexicano. Lo dijo el hombre que Maru Campos nombró para cuidar su estado. Y luego, durante un operativo en la Sierra Tarahumara, murieron dos ciudadanos estadounidenses identificados como agentes de la CIA, junto al director de la Agencia Estatal de Investigación y su escolta. La presidenta Sheinbaum y la Federación advirtieron que no hubo notificación sobre la presencia de agentes extranjeros, como requiere la Constitución.
Ahí está el problema. No en si había o no un narcolaboratorio. Claro que había que destruirlo. El gobierno federal lleva más de dos mil quinientos destruidos en todo el país sin necesitar a la CIA. El artículo 89 de la Constitución le reserva exclusivamente al Ejecutivo Federal la conducción de la política exterior y la seguridad nacional.
Por eso el domingo importa. El Monumento a la Revolución es un recordatorio de que este país se construyó peleando contra los que querían gobernarlo desde afuera. Clara Brugada lo dijo claro: el evento es para “defender la soberanía de este país y dejar muy claro el apoyo que tiene el Gobierno Federal”. Frente a una oposición que prefiere que el destino de México se decida en Washington, en oficinas de la DEA o en los pasillos de la CIA, la respuesta del pueblo es salir a la calle a decir que en nuestra patria mandamos nosotros.
La soberanía no es propiedad de la izquierda ni de la derecha. Pero defenderla, eso sí es patriotismo. Y callarse cuando se viola, también es complicidad.
El futuro de México lo decidimos quienes nacimos aquí y nuestros hermanos naturalizados. El domingo 31 a las 10 am, en el Monumento a la Revolución, frente al mismo cielo que vieron los que nos enseñaron a no arrodillarnos, la Presidenta va a rendir cuentas al pueblo. (César Cravioto, El Heraldo de México, La 2, p.2)
¿El Mundial salvará al AIFA?
El que va de mal en peor, nos platican, es el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) —cuyo tráfico internacional se redujo 14.4% en abril, tras caer 9.6% en marzo— ya que no logró levantar el vuelo ni con Semana Santa. La central, que dirige Isidoro Pastor Román, lleva 13 meses perdiendo usuarios, según la Agencia Federal de Aviación Civil. Tras la inauguración el 26 de abril de la ampliación del Tren Suburbano, la esperanza es que la terminal dé un giro, pues tiene un contrato con la FIFA para recibir vuelos que transportan a selecciones, empresarios y personalidades por el Mundial. Por si no es suficiente, se prevé que el Departamento de Transporte, de Sean Duffy, libere 13 rutas a EU con Aeroméxico, Volaris y Viva, al reconocer al AIFA como parte de la oferta aeroportuaria del Valle de México. (Isidoro Pastor, El Universal, Economía A33)

(El Fisgón, La Jornada, Política, p. 4)