De la mano recorren el territorio nacional, de sur a norte y de oeste a este, dejando su estela de desolación y muerte por donde transitan. Es el drama humano que vive México como nunca antes en su historia, del binomio de una migración incontenible y al mismo tiempo, una violencia que ensaña y enseña una brutalidad inédita.
Sobre al drama migratorio, la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR), reporta un incremento de 7 a 100 mil solicitudes de refugio en tan sólo unos años. En 2013 se habían recibido 1,296 solicitudes y para 2022 el año cerró con 118, 570, un incremento de ¡9148% en diez años! En agosto del 2023 suman 99mil 881 peticiones sobre todo procedentes de los “paraísos democráticos” en Venezuela, Nicaragua y Haití (EL UNIVERSAL, 21/sept/ p.10). ¿Por qué será que los gobiernos de estos países no pueden evitar el éxodo de sus nacionales, si tan contentos los tienen en sus edenes políticos? Un reciente reporte del NY Times informó que más de 200 mil personas cruzaron la frontera procedentes de Centro y Sud América en lo que va del año.
En cuanto a la violencia, por la carretera de San Gregorio Chamic a Frontera Comalapa en Chiapas, casi frente a Guatemala, el Cártel de Sinaloa (CDS) circula en un convoy de camionetas cargadas de armas de alto poder, de uso exclusivo del Ejército, recibido con aplausos y vivas de ¡Arriba Sinaloa! por la población local, después de tres semanas de permanentes bloqueos, en un conflicto con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) sobre el control de las rutas de tráfico de drogas y personas en el sureste de nuestro país. Mientras tanto, en ocho municipios en la zona fronteriza una población estimada en 280 mil personas permanece prácticamente encerrada en sus viviendas, como pueblos fantasma, en un virtual estado de sitio o toque de queda, por la extorsión o pánico de sus pobladores.
Frontera Comalapa es hoy en día es una zona convertida en un enclave de lucha de los dos carteles CDS y CJNG; una zona estratégica que constituye un corredor que pasa por la Trinitaria y Comitán hasta llegar a San Cristóbal de las Casas, de ahí a Tuxtla Gutiérrez y hacia el norte (Código Magenta). Según la Diócesis de San Cristóbal “Chiapas se encuentra desgarrada por el crimen organizado”.
Pero Chiapas no es el único estado invadido por la metástasis de este cáncer. Guanajuato, Zacatecas, Morelos, Colima, Veracruz, Baja California, son otros de los más relevantes escenarios de la criminalidad rampante en México, que tan sólo en 2023 acumula 426 mujeres asesinadas según registro del Sistema Nacional de Seguridad Pública, esto es 47 al mes. Más de una mujer por día ha sido víctima del feminicidio.
La característica común entre estos dos terribles males es la ausencia total del Estado. ¿Alguien ha visto al gobernador chiapaneco Rutilio Escandón dar la cara ante esta crisis que vive su estado?
La consecuencia ominosa de la omisión gubernamental fue diagnosticada ampliamente por Thomas Hobbes desde el siglo XVI en su obra el Leviatán, que calificó como el “estado de naturaleza”, esto es, la guerra de todos contra todos, donde predomina la ley del más fuerte, el ojo por ojo, y aflora “que el hombre es un auténtico lobo para el hombre”, ante la ausencia de un Estado garante de la seguridad y la paz.
Ese binomio voraz de migración incontenible + violencia, enmarca el contexto electoral en el que los partidos políticos convocarán a 98 millones de mexicanas(os), a salir a votar para decidir quién nos gobernará los próximos años. Mientras el país se hunde, en un “Llano en Llamas” (Juan Rulfo dixit), el presidente AMLO, (al igual que lo hizo Fox en el 2006), se divierte interviniendo en la elección del 2024 en la que ofreció no inmiscuirse, e invitando a soldaditos rusos al desfile del 16 de septiembre, después de autorizar a su embajador en la ONU, Juan Ramón de la Fuente dar el voto condenatorio de México a Rusia por la invasión a Ucrania. ¡Vaya embrollo en medio de esta tragedia! (Emilio Rabasa Gamboa, El Universal, Opinión, p. A15)
Chicago, Illinois. – Las detenciones de inmigrantes en la frontera sur de Estados Unidos está en los niveles más altos en los últimos años. Tan solo en la mitad de septiembre se reportan 142,000 detenciones, casi la misma figura del total del mes anterior que ya era muy preocupante. El drama humano de miles de personas que sufren el viacrucis del viaje hacia la promesa de una vida mejor es evidente en México y Estados Unidos.
Además del lacerante sufrimiento humano, se cocina una crisis política ante la emergencia. Una encuesta de ABC y The Washington Post señala que la aprobación del presidente Joe Biden está por los suelos, según el estudio, el 62% de los estadounidenses reprueba el manejo del gobierno de los flujos migratorios.
Por ello no sorprende que otra encuesta de NBC muestra que la gente cree que un gobierno republicano manejaría mejor la seguridad fronteriza, la inmigración, la delincuencia y el desempeño de la economía, todos temas que preocupan al ciudadano común pues tienen un efecto en todo el país.
Históricamente, los efectos de la migración se sentían en los estados fronterizos, pero ahora los refugiados se desplazan a urbes más amigables de inclinación demócrata, y por los traslados de inmigrantes realizados por gobernadores republicanos de Texas y la Florida a enclaves liberales. El mensaje es, si ustedes dan la bienvenida a la inmigración irregular entonces lidien también con el problema.
En este punto, es necesario reflexionar sobre las causas del fenómeno, así como denunciar las pésimas políticas públicas implementadas en naciones receptoras, todo alimentado por la hipocresía e intereses políticos.
Comencemos con el origen. ¿Por qué miles de personas están dispuestas a dejarlo todo y emprender una jornada de sufrimiento? Esta oleada migrante inicia por el fracaso de naciones como Venezuela, Honduras, Guatemala, El Salvador, Nicaragua y México para ofrecer oportunidades a sus ciudadanos. Así mismo, la violencia es un factor que obliga a familias completas a arriesgar la vida para escapar del horror cotidiano.
En gobiernos tiránicos el demagogo en turno culpa las desgracias domésticas a entes externos, y usa la victimización para ocultar el fracaso de sus políticas incapaces de generar crecimiento económico. Nicaragua y Venezuela son representativas, pues se estima que al menos 7 millones de venezolanos han dejado su país para refugiarse en naciones sudamericanas, Estados Unidos y España, por poner un ejemplo.
El otro elemento es la hipocresía prevalente en naciones receptoras como Estados Unidos. La demagogia rechaza implementar políticas realistas que usen datos independientes para permitir flujos ordenados donde la mano de obra es necesaria. Las compuertas de la migración deben observar al ciclo económico recibiendo más almas en tiempos de expansión y limitando la entrada cuando la economía pasa por malos momentos, o ante situaciones extraordinarias como desastres naturales.
Ante la ausencia de un entramado que regule la migración con criterios apolíticos, el cinismo se impone demonizando a migrantes equiparándolos con terroristas, y también exhibe la retórica de quienes dicen ser “santuario para inmigrantes” para recular y rechazarlos cuando arriban en masa. Son immigrant-lovers pero solo en los bueyes de mi compadre.
Por su posición en el mundo, Estados Unidos debe liderar una política que incluya la movilidad laboral continental con migración legal administrada desde el origen. Así mismo, debe evaluar los esfuerzos de las naciones expulsoras para medir su progreso. Si estos países no cumplen con su parte, violan los derechos humanos, fomentan la corrupción y no se ajustan a un estado de derecho, hay que cerrarles las compuertas de la migración y el comercio internacional, pues es inaceptable que otros resuelvan la irresponsabilidad sistémica del origen del fenómeno. (Antonio Rosas-Landa, El Universal, Opinión, p. 15)
Como senadora de la República, acudí personalmente a la estación migratoria de Ciudad Juárez, para exigir al Gobierno federal resuelva esta crisis migratoria que pone en riesgo a los migrantes y a los juarenses.
La falta de una estrategia clara que permita a los migrantes transitar por México, ha hecho que se haya vivido una de las peores tragedias en la historia de este gobierno: 40 migrantes murieron por la negligencia del Gobierno federal.
Advertimos que, si no se implementa una política integral migratoria, el gobierno de López Obrador será responsable de una nueva tragedia.
La falta de políticas públicas del Gobierno federal de Morena en temas migratorios, tiene a todo el país colapsado, y por no implementar medidas se ha generado una crisis social y económica, especialmente en Ciudad Juárez.
Se encuentra colapsado el comercio transfronterizo y están teniendo impactos en la producción maquiladora, que es la principal fuente de empleo en la región.
La negligencia del Gobierno federal por atender esta situación, deriva en falta de dinero en los bolsillos de las familias juarenses y en la posibilidad de otra tragedia como la que ocurrió el pasado 27 de marzo.
Que el Gobierno federal no voltee a ver lo que pasa en Ciudad Juárez, solo es el reflejo del abandono en el que tienen al país.
Morena debe hacerse responsable del caos que ha generado su desatención a los temas migratorios.
Urge que el presidente municipal, Cruz Pérez Cuellar, se ponga a trabajar en favor de los juarenses, en lugar de andar pensando en sus intereses políticos, en su reelección y en Claudia Sheinbaum.
El presidente municipal debe exigirle al Gobierno federal, una política migratoria integral.
El gobierno de Andrés Manuel López Obrador debe atender con urgencia esta crisis migratoria, porque de no hacerlo advertimos el riesgo de una nueva tragedia. (Kenia López, Reporte Índigo, Reporte, p. 8)
Los grupos criminales no llegaron al estado en 2021, pero la violencia ha aumentado a partir de ese año como una marea embravecida, matando a cientos, desplazando a miles. Y es que, en el mundo del crimen organizado, las fuentes de ganancia pueden cambiar de manera repentina y, con ello, la lucha entre organizaciones rivales.
Aunque el tráfico de drogas sea uno de los negocios ilícitos más lucrativos, el dinero obtenido a partir de cultivos como la marihuana y el opio pierden terreno. En cambio, está en aumento el lucro obtenido mediante el tráfico de personas y la extorsión, que retienen un porcentaje de las remesas (por lo que Chiapas se convierte en negocio para los cárteles). Estos cambios están impulsados por factores como el surgimiento de nuevas drogas sintéticas, que hacen obsoletas a las plantaciones de amapola; la militarización de las fronteras, que empuja hacia la clandestinidad las rutas de los migrantes; el cambio climático que expulsa campesinos por lluvias atípicas, sequías y tormentas (desde Centroamérica, el cuerno de África y el subcontinente indio) y, finalmente, por el encarecimiento del tráfico de cocaína proveniente de Sudamérica debido a la llamada “securitización” de las fronteras.
Como cabeceó La Razón el 25 de septiembre: “Crisis migratoria traslada millonada en remesas, 309% más, a Chiapas”. La reciente migración de indígenas chiapanecos a Estados Unidos (miles de ellos con visas H2A de trabajadores agrícolas temporales) tiene un doble efecto indirecto que favorece al crimen organizado: con la salida de los hombres a Estados Unidos, poblaciones ocupadas por mujeres, niños y ancianos se vuelven más vulnerables a la invasión de cárteles. El aumento de remesas, por otro lado, es botín en sí mismo.
Además, la creciente vigilancia y fortificación de la frontera sur ha elevado los riesgos y los costos asociados con la migración proveniente del resto del mundo. Los coyotes cobran tarifas sustanciales. La militarización de las fronteras aumenta la demanda de sus servicios, ya que las personas buscan rutas y medios seguros para cruzar. En vez de entenderlo, los gobiernos criminalizan, las caravanas migrantes, que son movimientos sociales abiertos y con quienes sería posible dialogar.
En resumen, aunque tengan décadas en Chiapas y Huehuetenango (Guatemala), los grupos criminales hoy en lucha frontal, redefinen alianzas, enemigos y reparto del botín (ruta de la cocaína, tráfico de personas y extorsión a las comunidades para obtener las crecientes remesas). Abordar estos desafíos requerirá respuestas igualmente adaptables y multifacéticas por parte de las autoridades, incluyendo medidas para combatir la trata de personas y repensar enfoques de políticas relacionadas con la seguridad de las fronteras. En particular, debe repensarse el impulso gubernamental que se le da a la salida de trabajadores agrícolas temporales hacia Estados Unidos. Además de dejar a familias chiapanecas expuestas al crimen, esos trabajadores carecen de derechos plenos en el lugar de destino. (Bernardo Bolaños, La Razón, México, p. 06)
Cuando hablamos de migración pensamos, sobre todo y con razón, en su componente humano. Ahora bien, se trata de un fenómeno complejo que, junto con las personas, impacta a las instituciones, la economía y hasta las elecciones, entre otras áreas. Sus consecuencias se dejan sentir en distintos espacios y niveles, algunos más evidentes que otros.
Claro que es, antes que otra cuestión, una crisis humanitaria. Sus causas son mayoritariamente circunstancias no elegidas, como la violencia o la pobreza. En el trayecto, los migrantes encuentran innumerables injusticias, desde estafas hasta tráfico de personas. Y quienes logran llegar a su destino aún deben enfrentar abusos como la discriminación y falta de derechos.
Al mismo tiempo, los efectos de la migración se extienden a sectores como las actividades económicas. Hace unos días, Ferromex decidió detener 60 trenes para proteger la integridad de las más de 4 mil personas que se concentran en sus vías y patios de operaciones en varios estados. Ello representó pérdidas diarias de 40 millones de pesos, de acuerdo con algunos analistas, además de importantes retrasos de las mercancías en tránsito hacia Estados Unidos.
Casi al mismo tiempo, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) estadounidense decidió unilateralmente suspender el procesamiento de carga en el Puente de las Américas, entre Ciudad Juárez y El Paso. El cierre impidió el paso de 600 tráileres diarios, lo cual representó pérdidas por hasta 33 millones de dólares cada día.
Otra de las aristas de la migración es el creciente desafío para la gobernabilidad en las ciudades fronterizas, cuyas capacidades institucionales están rebasadas. En Ciudad Juárez, los albergues son insuficientes desde hace meses, lo que ha provocado que miles de migrantes vivan en las calles. El alcalde de El Paso, Oscar Lesser, afirmó recientemente que están ante un “punto de quiebre” a causa de las 2 mil personas que diariamente buscan asilo.
La magnitud de esta crisis no tiene precedente. De acuerdo con el Instituto Nacional de Migración (INM), sólo en septiembre fueron rescatadas 189 mil personas en tránsito: un promedio de 9 mil al día. Los cruces hacia EE. UU. también han aumentado sistemáticamente, hasta alcanzar 8,600 en apenas 24 horas.
La situación ha obligado a las autoridades migratorias (INM y CBP), gobiernos locales y Ferromex a suscribir un acuerdo para evitar que las personas arriesguen su vida en los trenes de carga. No se trata de un mecanismo entre gobiernos nacionales, sino de un plan de re-acción para hacer frente al impacto local de la migración. La estrategia consiste, esencialmente, en “despresurizar” la frontera mediante el retorno masivo de migrantes a sus países de origen.
No obstante, se trata de paliativos de corto plazo. Más aún, si bien la migración es un desafío transnacional, incluso los compromisos multilaterales resultan a veces volátiles –sobre todo en época electoral, como a la que estamos por entrar en ambos países. Así, y sin dejar de exigir corresponsabilidad a nuestros vecinos, México debe plantearse, como política de Estado, tener un estándar de capacidades autónomas –en forma de instituciones, personal, protocolos y muy importante, presupuestos adecuados– que con independencia de coyunturas le permitan atender las afectaciones humanas, económicas e institucionales de la migración. Parte de esta visión debe consistir en ayudar a los gobiernos locales a desarrollar mayores capacidades, que hoy están desbordadas y que en el corto plazo quedarán aún más presionadas. (Claudia Ruiz Massieu, Milenio, Opinión, p. 16)
Luego de que se desbordara la cifra de detenidos en Estados Unidos, justo en la frontera con México, ambos países llegaron a un histórico acuerdo migratorio con lo que envían un mensaje al mundo sobre la nueva forma de colaboración para afrontar este fenómeno de manera responsable y humanitaria.
El acuerdo establece que los gobiernos de México y Estados Unidos concretarán 15 acciones que incluye la deportación de inmigrantes indocumentados a sus países de origen y no hacia México, como se venía haciendo anteriormente, incluso, aunque los deportados fueran de otras naciones, lo que colapsaba nuestras fronteras de extranjeros en situaciones difíciles.
Sin duda, dejar su país de origen para vivir una cultura diferente e inmigrar a otra nación es arriesgado, por lo que es de celebrar que este convenio, al repatriar a las personas, contribuye a poner fin a las políticas migratorias inhumanas de sexenios anteriores, en la que los migrantes eran carne de cañón, como se evidenció con la “Masacre de San Fernando” en Tamaulipas, donde 72 extranjeros fueron acribillados en agosto de 2010 a manos de la delincuencia.
Este acuerdo muestra que en la política internacional ya no cabe la soberbia que invadía las oficinas de Relaciones Exteriores en sexenios pasados, hoy en día la transformación incluye un alto grado de sensibilidad social mediante el cual el gobierno de López Obrador también se reunirá con los cancilleres de las 10 naciones latinoamericanas que concentran el mayor flujo de migrantes, como Guatemala, Honduras, Venezuela, Cuba, entre otros, para conformar una propuesta en materia migratoria que el presidente presentará a su homólogo de Estados Unidos durante su encuentro que se tiene planeado en el mes de noviembre, que representa una oportunidad de humanizar la política migratoria a nivel mundial.
Para aminorar la migración se tiene que reactivar la economía en todos los países involucrados para que las personas no tengan necesidad de abandonar su nación y esto, de acuerdo a instancias internacionales, cada vez son menos los mexicanos que migran a los Estados Unidos debido al desarrollo económico local, que desde la Cámara de Diputados seguiremos impulsando, pues aunque aún falta mucho por hacer, los resultados de la transformación están viendo la luz mediante acciones por el bien de todos.
Además de continuar con estos cambios, se deben reforzar para aminorar las injusticias y vejaciones de sexenios pasados a nuestros hermanos latinos. Con la Cuarta Transformación, México ha dejado de ser el principal exportador de mano de obra a territorio estadounidense, pero el compartir fronteras hace imprescindible que ambos países sigamos construyendo puentes seguros que protejan el derecho humano de migrar. (Julio César Moreno, El Heraldo de México La Dos, p. 2),
Llamado urgente desde Chihuahua
El tono de la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, parece desesperado. En un pronunciamiento público solicita al gobierno federal, “con un enorme sentido de urgencia”, dar solución al problema migratorio. La mandataria panista –calificada como adversaria conservadora por el Presidente– indica que el 22 de septiembre, en una reunión en la que participaron autoridades federales e incluso Troy Miller, comisionado de CBP, se acordó que la Federación despresurizaría la frontera mediante el retorno inmediato a través de puentes aéreos y terrestres. “Ninguna de estas acciones se ha llevado a cabo y tan sólo ayer arribaron 2,500 migrantes a nuestro estado”. Difícil situación y se torna cada día más compleja.. (Confidencial, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 31)
¿Partirán por CDMX la olla de tamales de Morena?
Desde el 20 de noviembre del 2012, cuando el hoy presidente Andrés Manuel López Obrador registró a Morena como asociación civil, sabía que el movimiento, como olla de tamales, juntaba gente de dulce, de chile y de manteca.
Durante 11 años su carismática personalidad y su intransigencia controlaron a las fuerzas centrífugas de la olla de tamales- ¿Qué cambió como para que Alejandro Encinas ataque pública y abiertamente a Omar García Harfuch?
Difícil entender que el talento político presidencial no concluya que García Harfuch es la opción pragmática y quiera arriesgarse a perder la clasemediera capital de la República por de los puros rajar la olla y soltar los demonios de eventual diáspora.
IP y Gobiernos analizarán ¿Y después del 24?
Habrá cambio de gobierno dentro de 12 meses en México y dentro de 16 meses en Estados Unidos y los empresarios de ambos países saben que sería error histórico no fomentar una sana y benéfica relación bilateral.
El sector empresarial de México y Estados Unidos representado por Francisco Cervantes del CCE y Suzanne Clark, directora de la Cámara de Comercio de Estados Unidos hará “recomendaciones de políticas públicas sobre prioridades comerciales y de inversión”.
Por México van Raquel Buenrostro, titular de Economía, la canciller Alicia Bárcena y el subsecretario de Energía Miguel Ángel Maciel. Por Estados Unidos los subsecretarios Richard R. Verma, David Turk, de Energía, de Comercio Diane Farrell. Como sea, ya hablarán de lo que sigue a 2024.
Ayotzinapa y el cuento de no maten al lobo
Cuando estalló el conflicto del EZLN en 1994, don Manuel Velasco Suárez, exgobernador de Chiapas, advirtió “no vayan a matar el lobo, porque se acaba el cuento”. Es posible que con el caso Ayotzinapa ocurra lo mismo.
A nueve años del asesinato de los muchachos de normalistas y a cinco de que el subsecretario Alejandro Encinas comprometió al lopezobradorismo de demoler la “verdad histórica” de Jesús Murillo Karam y consignar a los culpables.
Sólo tensó la relación con los familiares y su representante y, aunque un sector del oficialismo, arrastrado por el prejuicio mantiene la “verdad Encinas”, los que conocieron y conocen del caso afirman que 95% de esa “verdad” es igual a la “verdad histórica”. ¿Tendría razón el doctor Velasco Suárez?
Notas en remolino
Anuncian que la Cofepris y Birmex colaboran para crear el Almacén Nacional de Medicamentos anunciado hace semanas por el presidente López Obrador. Lo que no nos dicen es que dependencia se hará cargo de adquirir las enormes cantidades requeridas para el proyecto presidencial… Sin anuncio oficial, la Guardia Nacional, policías estatales y personal del INM detienen los trenes con migrantes a bordo cuando están a 20 o 30 kilómetros de las ciudades fronterizas del norte y hacen que los migrantes caminen el resto del camino… Seguramente los historiadores de Palacio Nacional saben y conocen de la ley de 1939 expedida por el presidente Lázaro Cárdenas que autoriza la inversión privada de mexicanos en Pemex… A propósito de inseguridad, viene a la memoria lo dicho por Einstein: “La realidad es una mera ilusión, pero una muy perseverante”. (José Fonseca, El Economista, Política y Sociedad, p. 42).
Incluimos a la normalización dentro de las recurrencias en nuestro lenguaje y la añadimos a un catálogo de conceptos junto al populismo, la relativización o la demagogia. Hemos tardado en pensarla como consecuencia de los anteriores. La normalización de lo disfuncional es la cumbre del deterioro político. A pesar de sus saldos, dimensiones y frecuencia, fallamos en discutirla como fenómeno en los términos de la polarización.
Hay normalización social e institucional. Ambas dependen de la permisividad grupal a la indiferencia.
En México normalizamos la violencia, las desapariciones, los feminicidios, las marchas triunfales del crimen organizado y su control territorial, la opacidad amparada en una supuesta transformación, los militares empresarios, el maltrato a migrantes y su muerte.
La normalización como fenómeno crece con la necesidad de inmunidad, forma de autoprotección social ante lo detestable que fomenta la pérdida del escándalo. Insumo de irresponsables al procurar la normalización como forma de gobierno.
China normaliza sus vínculos con la dictadura Assad. Nuestro país lo hace con las latinoamericanas. Se normalizan relaciones entre algunos países árabes e Israel, donde a su vez se tiene normalizada la condición de la población palestina.
Normalizamos la guerra civil siria y seguimos con la invasión rusa a Ucrania. El mundo renormalizó los discursos identitarios, xenófobos, racistas. Estados Unidos normalizó a Trump y sus continuidades.
Estas normalizaciones son antípodas del pensamiento democrático; el perfecto opuesto de un sistema donde las posibilidades de alternancia en el poder funcionan como anticuerpo contra el estancamiento que asegura lo normalizado.
Nos encontramos sumergidos en normalizaciones que exhiben la naturaleza o asimilación del comportamiento autoritario. Implican la aceptación de la permanencia. Por eso les sirven a gobiernos poco democráticos en sociedades dejando de serlo.
La democracia permite la voz del individuo en el conjunto. La normalización anula al individuo, sus preocupaciones e indignaciones. Diluyen lo negativo hasta suscribir a la irrelevancia cada efecto trágico de la mentira, los insultos y la palabrería. (Maruan Soto Antaki, Milenio, Al Cierre, p. 39)
Nunca Chiapas había padecido una crisis de inseguridad y violencia como la que vive hoy ante la irrupción de los cárteles de la droga, que disputan el control de la región, y la complicidad, por la pasividad y omisión, de las autoridades de los tres niveles de gobierno.
Miles de chiapanecos se encuentran desamparados y a expensas de lo que ordenen los criminales, y de la violencia generalizada que se ha extendido en buena parte del estado.
Y lo más grave es que no hay para cuándo cese la violencia en esa entidad, además de que el presidente López Obrador minimiza el problema, al tiempo de soslayar los reclamos de la iglesia católica que exige paz y seguridad.
Está la palabra presidencial contra la cruda realidad con la que se despiertan los chiapanecos, quienes además de estar azotados por la pobreza y la marginación, ahora son desplazados por los migrantes y por los cárteles de Sinaloa y CJNG, que se enfrentan a muerte por apropiarse de la ruta de las drogas, migrantes, armas, tratantes de mujeres y niños.
Y por si faltara un ingrediente más para agravar todo, tienen al gobernador más inepto de su historia y vaya que han tenido muchos, el morenista Rutilio Escandón, quien es un florero en medio de la sala ensangrentada.
El góber brilla por su ausencia en poblaciones como Comalapa o Siltepec, aunque en las zonas conflictivas de la entidad que desgobierna ni se aparece, y ello ha sido una constante a lo largo de los cinco años que lleva como gobernante.
Chiapas está sometida al yugo de los criminales, unos que están en el bando de los cárteles de la droga y otros, de cuello blanco, que están enquistados en el gobierno estatal.
Menuda herencia le dejará Rutilio a su sucesor o sucesora y a la próxima presidenta de México, ya sea Claudia o Xóchitl, ya que para revertir el gravísimo problema de violencia e inseguridad por la que transita esa entidad, deberán pasar varios lustros.
Un estado agobiado por la pobreza y la marginación que ha sido cuna de movimientos armados contra el gobierno federal como el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en tiempos de Carlos Salinas de Gortari, y de los primeros contingentes de paramilitares que se constituyeron al margen de la ley para defender a los potentados de los delincuentes.
Una entidad rica en recursos naturales, en contraparte, ha tenido gobernantes que han sumido más a los chiapanecos en la miseria y la ignorancia y ahora, vive en la peor crisis de seguridad y violencia de su historia.
El 78% de la población de Chiapas vive en pobreza extrema; la entidad tiene el primer lugar en el país en muerte materno infantil; el primer lugar en infección del sida; el 84% de sus niños y adolescentes viven en estado de marginación; la economía mantiene una tendencia negativa del -2%.
Se cayó la producción de café y de maíz. Tiene una deuda pública de 40 mil millones de pesos y ocupa el primer lugar nacional en rezago educativo.
Estos son solo algunos de los indicadores negativos que presenta Chiapas y como ya lo mencionamos, el grado de atraso y pobreza que lacera a su población se mantendrá por largo tiempo.
Ni el PRI, ni PVEM y ahora Morena han podido con el paquete, de hecho ahora se está peor que nunca y ello ha llamado la atención en otras latitudes del mundo, donde alarmados y perplejos observan a una región de México en estado permanente de guerra.
La crisis migratoria, sin parangón en la historia contemporánea, ha inundado de centroamericanos y de otras nacionalidades, incluso fuera del continente americano, a Chiapas, que, además de tener sus “propios pobres”, ahora se han asentado varios miles más por los flujos migratorios que dejan varados y la deriva a los más débiles.
Ante este dantesco escenario, el presidente minimiza la problemática regional azotada por la violencia, la inseguridad y la marginación y todo lo que ello conlleva y que por desgracia no solo estos problemas tienen patente de corso en esa entidad, sino que se generaliza en el resto del país. (Alejo Sánchez Cano, El Financiero, Opinión, p. 29)
Si la migración mundial fuera un país, sería el quinto más poblado, después de China, India, Estados Unidos e Indonesia. Suma 290 millones de personas. Son los parias del mundo. Pasan las pruebas del infierno (delincuencia organizada, retenes, extorsiones, xenofobia) antes de llegar a su destino incierto. Pese a los riesgos, los migrantes del mundo siguen queriendo instalarse en Estados Unidos o en Europa. Nadie quiere irse a Moscú o a Pekín.
Un ejemplo de la importancia económica de los migrantes para los países desarrollados es que, si se prohibiera la contratación de un millón de trabajadores indocumentados en la construcción en el estado de Texas, se tendría una crisis.
Si bien el 90% de los empleos creados en Estados Unidos en los últimos 20 años está en sectores de salarios bajos, estos son un gran alivio para los migrantes.
México, además de su propia migración hacia Estados Unidos y Canadá, es un país de tránsito de migrantes que quieren irse a Estados Unidos o quedarse en México. Quieren trabajar, pero en nuestro país esa posibilidad es difícil. México, por su crecimiento demográfico, demanda un millón 200,000 empleos cada año y nunca se ha logrado la creación de ellos a ese nivel, incluso con tasas de crecimiento económico altas. Por esto aumenta el desempleo y la migración mexicana. México es un exportador de mano de obra.
La migración irregular hacia México como trampolín para irse hacia Estados Unidos tiene ahora niveles récord de aumento. De enero a julio de este año llegaron a nuestro país 317,000 personas y solo en el mes de julio fueron 72,000.
El origen de estos migrantes es variado. Llegaron de Venezuela, Ecuador, Haití, Honduras, Guatemala, Azerbaiyán, India, Kazajistán, Nepal, Bangladesh. En la frontera de México con Estados Unidos intentan cruzar 500 personas cada día.
A México le llegan 60,000 millones de dólares anuales de Estados Unidos por remesas que envían los mexicanos radicados en ese país. Es uno de los factores económicos positivos que sostienen al país. Otros son las exportaciones, la inversión extranjera directa, el consumo y el turismo.
La migración mundial tiene diversas causas, todas ellas de origen siniestro. Por ejemplo, la salida de millones de ucranianos de su país por la invasión rusa con efectos depredadores, pero sobre todo la muerte de vidas humanas; en Sudán, la salida de un millón de personas que han emigrado por la crisis alimenticia creada por la invasión rusa a Ucrania que destruyó el abastecimiento de alimentos a África y al Medio Oriente; De Venezuela, Ecuador, Haití, Honduras y Guatemala, así como de países asiáticos, la población huye por la pobreza, la inseguridad, la falta de empleos, del narcotráfico que se ha apoderado de los países creando terror.
Las imágenes que vemos de un barco a la deriva en el Mediterráneo lleno de migrantes que se hunde, o personas que viajan amontonados en un camión adaptado para transportar cientos de ellos hacia Estados Unidos, nos dan el humillante mensaje de que hay vidas de segunda.
A nivel mundial y por países estamos necesitando de un sistema de asilo y gestión de la migración que sea efectivo y solidario. El problema es internacional porque hay países expulsores y receptores de población migrante. El enemigo es el nacionalismo y la xenofobia. (Sergio Mota, El Economista, El Foro, p. 47)
Venezuela se vacía. Son 30 millones de habitantes, pero casi uno de cada tres de ellos ha abandonado el país. La dictadura de Nicolás Maduro ha generado múltiples externalidades negativas, una de ellas es la pobreza, elemento suficiente para expulsar a millones de ciudadanos.
Son 7.7 millones de refugiados y migrantes venezolanos en el mundo; 6.5 de ellos se encuentran en países de América (datos al 5 de agosto de 2023 de la Plataforma de Coordinación Intergerencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela).
El ruido político termina por ayudar a los dictadores.
Nicolás Maduro está contento con la guerra en Ucrania porque el presidente de Estados Unidos comenzó a relajar sanciones a Venezuela, particularmente en el sector energético, que Donald Trump le impuso al régimen.
Es la geopolítica del caos.
A Maduro le gusta generar expectativas sobre posibles “soluciones” a la crisis política que, en gran medida, él mismo ha provocado. Ya son más de 15 mesas de supuesto diálogo que su régimen ha sostenido con la oposición.
Uno de los personajes que se prestó al teatro del absurdo es José Luis Rodríguez Zapatero, expresidente español. La supuesta “mediación” de Zapatero terminó por beneficiar a Maduro, nunca a la oposición.
Lo mismo ocurrió en Dominicana hace algunos años.
Ahora ocurre en México.
Uno de los primeros beneficios que le otorgó el presidente López Obrador a Maduro fue la salida de México del Grupo de Lima, creado luego de que la OEA encallara en Cancún en 2017.
El segundo beneficio fue la invitación que AMLO extendió a Maduro en su toma de posesión. Desde Palacio Nacional, el dictador disfrutó de la investidura a través de una pantalla de televisión, y por la tarde brindó por AMLO.
El 5 de agosto de 2021 AMLO entrega otro regalo al dictador al repetir el guion de las mesas de negociación. México sería sede y el anuncio del presidente mexicano generó nuevas expectativas entre los ingenuos.
Fallida antes de nacer, Maduro la abandonó luego de que Estados Unidos ordenara la detención de su amigo y lavador de activos, Alex Saab. ¿Qué tiene que ver el futuro de Venezuela con Saab?
Ayer, el presidente mexicano anunció que en 10 días vendrán al país funcionarios de varias naciones latinoamericanas para abordar el problema migratorio.
Le volverá a pedir dinero a Estados Unidos y nuevamente dirá que es necesaria una estrategia que ataque las causas de la migración. La petición la ha mencionado desde el 1 de diciembre de 2018.
Ya son casi cinco años de gobierno, pero está dispuesto a regresar a la casilla de salida.
En México hay poco más de 113,000 venezolanos; Colombia ha recibido a 2.9 millones; Perú 1.5 millones; Estados Unidos, 547,000
Maduro sigue las pautas de Cuba: empobrecer al país para que una parte importante de la clase media lo abandone.
El viernes 15 de septiembre la secretaria de Relaciones Exteriores Alicia Bárcena se reunió con Nicolás Maduro en La Habana. Su equipo de comunicación ocultó el encuentro. Era obvio que Maduro lo publicitara para demostrar que hay países que están dispuestos a blanquear su dictadura.
Resulta absurdo que la retórica poética sea utilizada por AMLO y Bárcena para botear en la Casa Blanca ayuda para frenar la migración.
Con dictadores al frente de países, Biden no debería de ayudar a frenar la migración. Maduro, Ortega y Díaz-Canel son parte del problema, no de la solución. (Fausto Pretelin Muñoz de Cote, El Economista, Geo Política, p. 38)
CARTONES

(El país de nunca Jabaz, Milenio, Al Frente, p. 3)