Septiembre ya se va y es un buen momento para reflexionar sobre lo vivido en este año. Mientras las hojas cambian y los días se acortan, las oportunidades no lo hacen.
Sin caer en fatalismos, nos encontramos en un momento histórico de división que, con toda claridad, no parece llevarnos a buen puerto. Extrañamente, este fenómeno también lo vemos en nuestros vecinos del norte: ¿vendrá ahora una división bilateral entre los divididos aquí y allá, tanto a nivel nacional como estatal?
Veamos de aquel lado. Se respira en EU desde hace rato un hartazgo en dos temas: la migración ilegal (aunque necesitan nuestra mano de obra noble y barata) y el tráfico de drogas (aunque parezca que su demanda es insaciable). Tanto Harris como Trump vienen con todo.
Entre las promesas de Trump está la de cerrar la frontera y devolver las plantas automotrices que están en México a Estados Unidos. Harris, por su parte, promete ejercer presión como nunca antes.
Estos escenarios estarán fuera de nuestro control, tanto para autoridades como para ciudadanos. Sólo queda esperar que el espíritu de buena vecindad, diálogo y entendimiento prevalezca, tanto en las autoridades norteamericanas como en las nuestras.
Acá de este lado, hace unos años se convenció a muchas empresas de invertir en Nuevo León, pero la realidad les ha mostrado algo muy distinto.
Por ejemplo, el trato y la ineficiencia del INM (Instituto Nacional de Migración) hacia personal extranjero, asignado para tramitar sus visas de trabajo, es patético como ha reportado EL NORTE. Gente que viene con grandes expectativas, acostumbrada a otro tipo de trato, termina molesta y desilusionada.
Para muchos, ésta es su primera impresión del País, y como bien dicen los expertos en marketing: no hay una segunda oportunidad para una primera impresión.
Con tanto ruido político y de inseguridad, también se nos olvidan los paros y bloqueos en aeropuertos y carreteras. Por si fuera poco, está el caos de los taxis en el aeropuerto de la CDMX, donde los pasajeros de Uber son castigados con una laaarga caminata.
En cuanto al turismo, que es otra de nuestras principales fuentes de ingresos, volvemos al tema de las primeras impresiones.
Un buen amigo me compartió un artículo publicado en Travel Pulse que ha causado revuelo en los medios de eventos y convenciones. En Cancún, un guardia “mal encarado, con lentes oscuros y muy agresivo” acusó de contrabando a una líder norteamericana de organización de convenciones por no declarar su iPad y computadora personal.
La mujer estaba coordinando una premiación para vendedores, y querían hasta cobrarle impuestos por los trofeos. Finalmente, la multaron con 170 dólares, con cálculos absurdos y subjetivos.
El guardia incluso la amenazó con cárcel si se quejaba ante la Embajada.
¿Resultado? Bodas, convenciones, viajes recreativos de su empresa… ¡bye, bye! ¿Cuándo nos han hecho problema por entrar a Estados Unidos con varias computadoras, iPads, etcétera?
Si bien los regios somos guapos para atender visitantes, con este tipo de problemas no vamos a avanzar mucho. Necesitamos personal público capacitado para atender a inversionistas y turistas internacionales, y sobre todo superar sus expectativas, claro, cumpliendo la ley.
EL NORTE reportó recientemente un estancamiento y declive en el turismo, y la IED (Inversión Extranjera Directa) bajó un 3.2 por ciento. Se espera más de lo mismo. Como se dice, habrá que salir a vender.
Antes de preocuparnos por cómo vendrá el próximo Presidente(a) de Estados Unidos, mejor concentrémonos en estrategias y acciones que mejoren la relación con nuestro vecino y principal cliente. No digo para aumentar lo logrado, sino para mantenerlo.
Por más barata y buena que sean nuestra mano de obra o nuestras playas, todo tiene un límite. Debemos buscar tranquilidad, lealtad y permanencia en los visitantes. Queremos que quienes vengan sean embajadores de nuestra marca, que recomienden invertir o visitar nuestro País y que reciban el trato que merecen.
Es hora de hacer un llamado a un pacto nacional, multidisciplinario, para trabajar en equipo y en armonía, por el bien de todos: Federación, Estados, ciudades, cámaras empresariales.
La competencia mundial no es poca… y nos estamos quedando sin amigos de valor. (Rubén Treviño M, El Norte, Online)
Un centro de espionaje ruso opera en un base militar del Ejército en Managua; Destituyen el jefe de escolta de Daniel Ortega; Ministra del MEFCCA cayó por corrupción en programas millonarios; Zozobra y silencio de trabajadores públicos tras anuncio de “reestructuración” estatal; Rosario Murillo ordena la caída del jefe de la “Inteligencia Política” del Ejército.
Éstos son los titulares de algunas de las principales investigaciones periodísticas que en las últimas semanas hemos publicado en Confidencial.digital, el medio de comunicación independiente que fundé hace 28 años en Nicaragua, y que ahora dirijo desde el exilio en Costa Rica. Nuestra redacción fue asaltada dos veces por la policía, sin orden judicial, después que en 2018 estallara una ola de protestas sociales que desató una violenta represión contra los derechos humanos. En 2021, el medio de comunicación fue ilegalmente confiscado por la dictadura de Daniel Ortega.
Todos nuestros periodistas se vieron obligados a salir al exilio para seguir haciendo periodismo en libertad, y nuestras fuentes informativas independientes se encuentran perseguidas y amenazadas. Sin embargo, las noticias que seguimos publicando sobre la corrupción pública, las pugnas en el interior del régimen, las purgas de altos funcionarios, el éxodo masivo de casi el 10% de la población, y la utilización de Nicaragua como trampolín para la exportación ilegal de migrantes a Estados Unidos, son historias de las que nadie se entera en la prensa oficial.
Nuestras audiencias, dentro y fuera de Nicaragua, opositoras o partidarias del régimen, tienen una alternativa de información al margen de la censura, que también le ofrece periodismo de calidad a las audiencias internacionales.
Detrás de cada una de estas investigaciones está el talento de jóvenes periodistas que no se someten a la censura y la autocensura y, sobre todo, la confianza que mantienen las fuentes informativas, entre ellas los servidores públicos -civiles y militares- en la prensa en el exilio.
La historia se repite en Cuba y en Venezuela. El periodismo independiente que se ejerce desde el exilio representa un espejo de los nubarrones que amenazan a la prensa en América Latina, y también es un ejemplo de resistencia del buen periodismo. Ahí donde ha colapsado el estado de derecho, y donde la sociedad civil también está bajo acoso o al borde de su extinción, la única defensa de la prensa independiente radica en su propia credibilidad.
En estos tres países, las dictaduras han criminalizado la libertad de prensa y la libertad de expresión, al extremo de que los periodistas no pueden identificarse como tales y deben omitir las firmas de sus notas para evitar ser detenidos. En Nicaragua, el periodista Víctor Ticay estuvo 17 meses preso, condenado por el presunto delito de “conspiración” por haber transmitido las imágenes de una procesión religiosa en su cuenta de Facebook. En Cuba y Venezuela, hay decenas de periodistas presos, acusados de “terrorismo” o “incitación al odio” por informar sobre las protestas sociales o el fraude electoral, y por opinar en sus redes sociales. Mientras, el Estado ejerce distintas formas de censura directa e indirecta, incluyendo el bloqueo de Internet para impedir el acceso a los medios independientes. A pesar de estas restricciones extremas, la prensa independiente sobrevive a través de un ecosistema que tiene como soporte el periodismo en el exilio.
La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) concedió este año el “Gran Premio a la Libertad de Prensa 2024”, su más alta distinción, al Periodismo en el Exilio “en homenaje a colegas y medios de comunicación latinoamericanos que de manera creciente son forzados a desplazarse o a emigrar debido a la violencia, las amenazas y la persecución de grupos criminales, funcionarios corruptos y gobiernos autoritarios”.
La SIP ha documentado un aumento creciente en el número de periodistas exiliados, “principalmente de países como Nicaragua, Venezuela, Guatemala, Cuba, Ecuador, y de desplazados internamente en México y Colombia. El fenómeno también incluye a las redacciones de Cuba, Nicaragua y Venezuela, algunas de los cuales tienen sus operaciones en el exterior debido a que son víctimas de persecución sistemática”.
Los desafíos para seguir haciendo periodismo en el exilio son monumentales. El más urgente es brindarle seguridad a periodistas y colaboradores, que se encuentran bajo riesgo, y a las fuentes informativas, que se comunican a través de canales seguros. El más complejo es lograr la sostenibilidad económica de las redacciones en el exilio.
Mi colega Luz Mely Reyes, directora de Efecto Cocuyo de Venezuela, aboga por identificar “países de acogida que brinden una protección especial” a los periodistas exiliados para que puedan continuar haciendo su trabajo, mientras que Carlos Manuel Álvarez, director de El Estornudo de Cuba, propone la creación de nuevas “redes de apoyo” y formas de financiamiento internacional para la prensa en exilio, que “dejó de ser algo transitorio”.
En efecto, bajo el estado policial de los regímenes autoritarios la prensa en el exilio es ahora una condición permanente. La embestida de las dictaduras contra la prensa también plantea un desafío a la comunidad internacional: es imperativo preservar la última reserva de todas las libertades. (Carlos F. Chamorro, El Sol de México, Análisis, p. 12)