Opinión Migración 281024

¿Nos importa la migración en México?

El 3.6 por ciento de la población mundial es migrante. Se estima que en 2024 habría unos 281 millones de personas migrando. La globalización, el cambio climático y las situaciones de violencia hacen que las cifras hayan crecido de manera sostenida en los últimos años.

Sin embargo, en México las políticas de atención migratoria difícilmente ocupan un lugar preponderante en el discurso de gobierno o incluso, en la atención de la población en general.

Según el informe sobre las migraciones en el mundo publicado por la ONU, el corredor México- Estados Unidos es el corredor de migración internacional más grande del mundo, con unas 11 millones de personas que cruzan la frontera.

México tiene una situación particular con la migración. Es el segundo país de origen de personas migrantes y tiene un marcado incremento de la población que recibe de otros países y cada vez más viajan con la intención de quedarse permanentemente.

Además del movimiento de personas, la migración implica un importante flujo económico. Desde hace 15 años, México se encuentra en los tres primeros lugares como país receptor de remesas. En 2022, fue el segundo país con más recepción, solo detrás de la India.

Es por eso que el tratamiento de las políticas en Canadá y Estados Unidos, debería encender más de una alarma. Los canadienses recién anunciaron un endurecimiento de sus políticas de asilo y recepción de personas. En las campañas a la presidencia de Estados Unidos uno de los temas más discutidos por ambos candidatos es el fenómeno de la movilidad de personas.

Ni Donald Trump, ni Kamala Harris ofrecen un panorama en el que la migración hacia el territorio de Estados Unidos sea más sencilla. Los discursos de campaña están enfocados al endurecimiento de las medidas. En el caso de Donald Trump es una abierta y vocal política en contra de los migrantes. En el caso de los demócratas, la política es menos estridente, pero igual de restrictiva.

Las organizaciones de apoyo a migrantes reclaman que los planes para contener la migración no la frenan sino que únicamente hacen más compleja la ruta y hace más propensos a los grupos de ser víctimas de grupos criminales.

Desde el gobierno federal mexicano, las políticas para atender los fenómenos no han ocupado espacio como una de las prioridades del gobierno.

Y aquí la duda genuina: ¿cuál debería ser la política de gobierno en el tema de migración? Sin duda podría ser mucho más específica y sensible que hasta ahora.

A pesar de tener una investigación por la muerte de al menos 40 migrantes en la estación de Ciudad Juárez, Francisco Garduño está todavía al frente del Instituto hasta que su relevo, Sergio Salomón, actualmente gobernador de Puebla, llegue a ocupar el puesto.

La generación de oportunidades e infraestructura es un reto mundial. Y a pesar de la urgencia, el reto en nuestro país es mayor y más complejo porque no parece tenerlo en agenda. (Miriam Castillo, 24 Horas, CDMX, p. 6)

Elecciones en EU, cruciales para México

En las elecciones presidenciales más competidas de Estados Unidos en la historia moderna de ese país, el creciente voto latino será determinante, el martes de la próxima semana, para inclinar el fiel de la balanza entre la candidata Kamala Harris, del Partido Demócrata, y Donald Trump, del Partido Republicano, quien busca la relección diferida.

La composición étnica de ese país se puede dividir entre 60 por ciento de población de origen europeo y 40 por ciento resultado de mezclas étnicas de diferentes orígenes. Dentro de estos segundos se encuentra la población hispana, que representa 18.5 por ciento de la población de Estados Unidos, casi la quinta parte del total, y que, según las proyecciones, pronto será la cuarta.

Por eso el peso específico de la población latina en las elecciones de la Unión Americana es significativo y cada vez en mayor escala, con un impacto cada vez mayor en los resultados electorales y las estrategias de campaña. Su influencia es particularmente fuerte en estados clave como Florida, Texas, Arizona, Nevada y California, donde existe una gran concentración de votantes hispanos.

Históricamente los votantes hispanos se han inclinado por los candidatos del Partido Demócrata, en las elecciones presidenciales y legislativas, pero esta preferencia no es uniforme y puede variar según el subgrupo étnico y la región. Esta vez los estudios de opinión apuntan en el mismo sentido, pero el porcentaje de participación podría variar, y ahí estaría la clave para determinar el resultado en estados de votación muy cerrada e incierta: con la designación de Kamala Harris como candidata del Partido Demócrata se detectó un aumento de registros de posibles votantes de origen hispano. La organización Voto Latino, dedicada a impulsar el sufragio entre los hispanos, ha percibido un aumento de 200 por ciento en el registro de nuevos electores desde que se dio el relevo en la candidatura del Partido Demócrata.

El resultado importa mucho a México por razones geográficas, comerciales, de seguridad continental y de derechos humanos, por la suerte de más de 25 millones de mexicanos, de primera y segunda generación que viven, estudian y trabajan, siempre en términos de una lógica de balance positivo para el país anfitrión y sin una correspondencia recíproca para los inmigrantes y sus descendientes, hasta ahora.

Está pendiente una reforma migratoria que planteó la administración feneciente, como oferta de campaña y aún como iniciativa gubernamental al inicio de la gestión, y nada mejor sería para ambas partes de la ecuación, país anfitrión-población inmigrante, que un amplio programa de regularización fuera el sello del gobierno que emergerá de las urnas en esta ocasión, de resultado tan incierto.

Desafortunadamente, las presiones de los sectores de ultraderecha del país vecino hicieron que, a lo largo de la campaña, en distinto grado, el mensaje antinmigrante predominara en ambos contendientes. Esperemos que recibido el mandato, la legislación, las políticas públicas y las acciones gubernamentales sean en la dirección que marcan la racionalidad y la justicia, para quienes no han hecho más que contribuir a la prosperidad económica y la diversidad cultural de la mayor potencia comercial, tecnológica y de innovación en el mundo.

En materia comercial, el resultado electoral importa mucho también, según ganen las posturas a favor del libre comercio entre los países del bloque de América del Norte o el proteccionismo de la derecha de Estados Unidos se imponga y se restrinjan los términos del actual T-MEC.

De acuerdo con cifras oficiales del Banco de México, el intercambio comercial (exportaciones e importaciones) de México con Estados Unidos y Canadá cerró en 776 mil 754 millones de dólares en 2023, y la dinámica al alza se mantiene este año, pues México en los primeros siete meses de 2024 se consolidó como el primer socio comercial de Estados Unidos, superando a Canadá y China, con un intercambio con valor de más de 486 mil millones, según datos divulgados por la Oficina del Censo de Estados Unidos, y citados por este medio nacional que nos permite un espacio para hacer estas reflexiones.

El país de mayor peso en este intercambio es Estados Unidos, pues el comercio bilateral de México-Estados Unidos fue de 745 mil 623 millones de dólares el año pasado. Las exportaciones de México al país vecino se ubicaron en 490 mil 183 millones de dólares y las importaciones en 255 mil 439 millones.

Lo anterior significa que la relación comercial es cuantitativamente favorable a México, con un superávit anual de 234 mil 744 millones de dólares y de 135 mil millones de dólares en los primeros siete meses de este año, pero con sectores económicos y sociales muy afectados en nuestro país, como el del campo, y especialmente la producción de granos básicos, como hemos apuntado siempre.

En suma, la próxima semana se decide el destino político y económico de Estados Unidos, con un impacto significativo en México por la relación geográfica, comercial y cultural de nuestros países. De manera particular, mis mejores deseos de un mejor trato, laboral, migratorio y humano para los millones de mexicanos y ciudadanos de origen mexicano que dan lo mejor de sí en cualquier lugar en el que se encuentran. (José Murat, La Jornada, Política, p. 14)

Tres décadas de lo mismo (II)

Debido a que en este mes se cumplen 30 años del inicio de la Operación Guardián, una medida de Estados Unidos para contener la migración por su frontera con México, decidí abordar, en el texto anterior y en el presente, lo que ha sucedido en este periodo y vislumbrar lo que podría hacerse para atender y gestionar el desafío de las migraciones en nuestro hemisferio.

Guardián y sus muchas derivaciones hicieron de la frontera un muro físico, humano y tecnológico, que ha contenido gran parte de los flujos, pero ha causado sufrimiento y muerte de migrantes y ha hecho del cruce un enorme negocio para el crimen organizado, que terminó por reclutar o sustituir a los polleros de antaño, lo que ha generado corrupción, violencia e inseguridad en la franja fronteriza.

Después de tres décadas cabe preguntarse: ¿Se puede hacer algo más eficaz y productivo respecto de la migración, con los más de 6 mil millones de dólares con que cuenta anualmente la Patrulla Fronteriza? ¿Se puede optar por otro modelo que no implique la muerte de más de 600 migrantes cada año en la frontera, como ha sucedió en los tres más recientes?

¿El único camino posible es aumentar y aumentar presupuesto, agentes, muro y tecnología, sabiendo que en 30 años estos recursos se han convertido en demandantes de más y más recursos, con apetito siempre creciente? ¿Hasta qué punto se aprovecha el prejuicio del racismo o la amenaza del terrorismo para que se insista en modelos que cuando no son regresivos sí impiden llegar a soluciones de naturaleza distinta? ¿Por qué Estados Unidos, innovador siempre, sigue operando un sistema añejo en materia migratoria?

Estas preguntas son pertinentes, pero insuficientes, porque también los países emisores de migrantes deben analizar sus responsabilidades.

¿Qué nos toca hacer a los países latinoamericanos para evitar que sigan saliendo connacionales hacia la Unión Americana en busca de oportunidades laborales, o bien, en busca de seguridad, escapando de la violencia y del crimen organizado? ¿Y cuál es la responsabilidad de los regímenes autoritarios que expulsan o causan la salida masiva de sus nacionales, que huyen de la persecución o de la falta de libertades políticas y económicas?

Quizá haya que retornar a lo básico: una mejor gestión de la migración indocumentada depende de acuerdos bilaterales o multilaterales, porque no hay un solo país que pueda hacerse cargo del desafío que implica.

Es posible que a pesar de lo que hemos aprendido como países, y no obstante el imperativo de actuar de manera diferente, nos mantengamos todos en nuestras trincheras, con la estrategia de victimizarnos o de culpar a los otros hasta de errores o decisiones propias. Tal vez nos resistamos unos años, pero tendremos que reconocer que urgen nuevas ópticas y acuerdos de colaboración, porque la migración del siglo XXI, masiva, diversa, creciente, multinacional, demandante de asilo, requiere de renovadas visiones y soluciones.

A menos que queramos repetir los lamentables errores que todos los países involucrados hemos cometido en estas tres décadas. (Mauricio Farah, El Heraldo de México, Editorial El Heraldo, p. 17)

Las raíces del problema migratorio de Europa

Londres. En 2023, 150,000 migrantes cruzaron el Mediterráneo central desde el norte de África en pequeñas embarcaciones, huyendo de guerras, enfermedades y hambrunas en sus países. A lo largo de los años, miles han muerto en este viaje al volcar las naves o incendiarse. Pero así como estas tragedias periódicas despiertan la inquietud humanitaria, el flujo constante de migrantes también ha dado aliento a partidos nativistas de derecha en el mundo democrático.

Una película de 1990, profética en su momento pero hoy casi inhallable, insinuaba desenlaces peores. The March, dirigida por David Wheatley sobre la base de un guion de William Nicholson, cuenta la historia de varios miles de refugiados sudaneses famélicos que tras abrirse camino hasta el Mediterráneo para intentar cruzar a Europa en el estrecho de Gibraltar, son recibidos por un muro de ametralladoras. A estas alturas, una crisis como la que muestra la película tendría que ser una mera fantasía. Pero hoy Sudán enfrenta una vez más una hambruna catastrófica de una magnitud nunca antes vista. ¿Qué salió mal? O mejor dicho, ¿qué no salió bien?

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio se idearon para evitar situaciones como la que describe la película. En 2000, 191 estados miembros de Naciones Unidas se comprometieron, con plazo en 2015, a reducir a la mitad la pobreza extrema (definida como vivir con menos de 1.25 dólares al día). La atención estaba centrada en África, y en particular África subsahariana, que debía recibir 165,000 millones de dólares en ayuda para el desarrollo.

Pero el cumplimiento de los ODM sólo fue parcial. La pobreza extrema se redujo a la mitad antes de lo previsto, pero esto se debió en gran medida al asombroso 10% anual de crecimiento del ingreso per cápita real (deflactado) que logró China entre 2000 y 2015. Como este país alberga alrededor del 18% de la población mundial, su crecimiento generó una reducción drástica de la cifra global de pobreza. Además, el crecimiento del ingreso real de China se debió no sólo a la productividad de su economía, sino también a la estabilización de su población. Al no aumentar la cantidad de bocas que alimentar, nada frenó ni revirtió el proceso por el que China salió de la pobreza. Luego la India siguió una trayectoria similar, aunque no tan espectacular.

En África subsahariana, en cambio, Malthus impera a sus anchas. Entre 2000 y 2015, el PIB de la región creció a una tasa anual promedio del 5%, pero la población aumentó de 670 millones a 1,000 millones. Esta tendencia limitó el crecimiento real per cápita a alrededor del 1%, muy insuficiente para reducir a la mitad la pobreza extrema. Aunque entre 1990 y 2015 el porcentaje de africanos que viven en la pobreza extrema disminuyó del 54% al 41%, la cantidad de pobres aumentó en términos absolutos, de 278 a 413 millones. Resultados deseables, como la caída de la tasa de mortalidad infantil, han mejorado los índices de sobrevida, adelantándose a cualquier reducción de la fertilidad.

Las razones por las que África no pudo escapar al ciclo maltusiano incluyen la violencia, la extorsión, el cambio climático y la ideología. Algunos países africanos llevan mucho tiempo bajo dominio de juntas militares y capitalistas prebendarios que luchan por el control de recursos escasos como el petróleo, los minerales y el agua; en tanto, grupos extremistas como Boko Haram y Al Shabaab siguen expandiendo el terror por la región del Sahel.

Estas “nuevas guerras”, como las denomina la politóloga Mary Kaldor, provocan desplazamientos poblacionales a gran escala; además, el Cuerno de África ha tenido varios años de sequía grave, lo que genera hambrunas para millones de personas. La comunidad internacional responde formulando nuevos objetivos de reducción de la pobreza más ambiciosos y con un plazo más lejano en el futuro.

Diferentes análisis económicos de la situación se pueden hallar en los trabajos de economistas del desarrollo, como Jeffrey D. Sachs y Paul Collier. Sachs sostiene que para crecer, los países pobres necesitan ayuda extranjera que les permita cubrir el faltante de ahorro local. La pobreza extrema se podría erradicar con inversiones selectivas en salud, educación, agricultura e infraestructura; pero África subsahariana no ha tenido financiación suficiente, porque en general los países ricos no cumplieron sus promesas de aportar un 0.7% del PIB para los ODM.

Collier, por el contrario, sostiene que aunque la ayuda externa es importante, el diagnóstico de Sachs no tiene en cuenta el papel de la gobernanza. Sin buenos gobiernos, los fondos ingresantes caerán en manos de milicias rivales que los usarán para financiar sus guerras, y los préstamos privados a estados frágiles terminarán en cesación de pagos. Sachs sugiere que los países tienen mala gobernanza porque son pobres, mientras que para Collier es exactamente al revés.

Estas dos miradas se corresponden con diferentes estrategias de desarrollo. Mientras que Sachs tiende a ver la ayuda extranjera selectiva como condición suficiente para el crecimiento económico, Collier sugiere que, en algunos casos, para que la ayuda sea eficaz se necesita intervención extranjera. Esto implica que en el conjunto de herramientas de desarrollo hay que incluir fuerzas de paz internacionales, normas globales para la gestión de recursos naturales y el control extranjero de ministerios estratégicos. Por supuesto que sus conclusiones han provocado acusaciones de neocolonialismo. Pero mirando más allá de ideas como imperio y soberanía nacional (aunque sin resolver la cuestión), Collier plantea una pregunta crucial: ¿cómo sería un sistema político exitoso en África?

Lo que ambos argumentos no tienen en cuenta es hasta qué punto el fracaso de los estados es atribuible (al menos en parte) a la globalización (que hizo posible el libre comercio de armas, alimentos y materias primas) y a la rivalidad geopolítica (que introdujo a China en la competencia por los minerales y la influencia en África). La destrucción de los sistemas agrícolas tradicionales en nombre de la eficiencia ha dejado a los países más pobres del mundo en una peligrosa dependencia de volátiles importaciones de alimentos. Como hemos visto tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, los bloqueos, las sanciones y otros impedimentos a las exportaciones de trigo y fertilizantes provocaron enormes daños colaterales en las economías africanas. En Europa, el encarecimiento de los alimentos puede causar estrecheces, pero en África causa hambrunas.

La “Europa fortaleza” lleva años tratando de evitar el ingreso de migrantes indocumentados, con una mezcla que incluye el soborno (pagar por la instalación de campamentos de refugiados en Turquía y las islas griegas) y la fuerza. Pero el mensaje de The March sigue siendo válido. Europa no podrá aislarse de África apelando a esos métodos. Mientras no se resuelva el hambre a gran escala en África, los problemas de Europa con la inmigración continuarán. (Robert Skidelsky, El Economista, Finanzas Globales, p. 54)

El Informe Oppenheimer / Trump y el voto latino

Uno de los mayores misterios de la campaña para las elecciones del 5 de noviembre en Estados Unidos es por qué el candidato republicano Donald Trump -que diariamente insulta a los indocumentados y ha dicho que los migrantes “están envenenando la sangre de nuestro país”- ha ido ganando terreno entre los votantes hispanos en los últimos años.

Para ser claros, Trump no lidera las encuestas entre los votantes hispanos, como lo afirma falsamente todo el tiempo. Una encuesta reciente de votantes hispanos de The New York Times y Siena College muestra que el magnate está recibiendo el 37 por ciento del voto latino a nivel nacional, contra un 56 por ciento de la Vicepresidenta y candidata demócrata, Kamala Harris.

Pero Trump ha aumentado su margen de apoyo entre los hispanos en alrededor de 9 puntos porcentuales desde las elecciones de 2016. Harris, por el otro lado, está obteniendo alrededor de 12 puntos porcentuales menos del voto latino del que recibió la candidata demócrata Hillary Clinton en 2016.

Los portavoces de la campaña de Harris dicen que muchos latinos que no siguen regularmente las noticias no están al tanto de sus declaraciones que deshumanizan a los migrantes y promueven el odio racial.

Y también dicen que muchos latinos no están tomando en cuenta el probable impacto del plan de deportaciones masivas de Trump, que según ellos podría implicar arrestos indiscriminados de latinos en las calles.

Trump ha venido escalando su discurso antimigrante en días recientes, insistiendo en su falsa afirmación de que la mayoría de los indocumentados son criminales y que han “invadido” Estados Unidos. De hecho, varios estudios han demostrado que los indocumentados cometen menos crímenes violentos que los estadounidenses.

Y las cifras oficiales muestran que el número de cruces fronterizos no autorizados se ha desplomado en un 70 por ciento este año.

“Estas personas son animales”, apuntó Trump en un mitin de campaña el 28 de septiembre, refiriéndose a los indocumentados.

El candidato republicano había dicho el 16 de diciembre que los migrantes “están envenenando la sangre de nuestro país”, un término que popularizó el líder nazi Adolf Hitler.

Ernesto Castañeda, director del Centro de Estudios Latinoamericanos y Latinos de la American University, dice que una de las razones por las que muchos latinos apoyan a Trump es porque no creen que esté hablando de ellos cuando lanza sus diatribas contra los migrantes.

“Algunos dicen: ‘No está hablando de mí. Está hablando de otros, de los migrantes malos. Yo soy un migrante bueno'”, me dijo Castañeda.

Eso es peligroso, claro, porque una vez que se legitima el odio racial contra un grupo étnico, se normaliza el odio contra todas las minorías, y la discriminación racial, agregó.

Además, muchos latinos en distritos republicanos están tan ansiosos por integrarse a sus comunidades que adoptan las posturas pro-Trump de sus vecinos.

Algunos hispanos “creen que la mejor manera de ser aceptados como estadounidenses es votar por Trump. Piensan que eso aumentará su sentido de pertenencia”, me dijo Castañeda.

Los partidarios de Trump dicen que el aumento del apoyo latino al ex Presidente se debe a que a los hispanos les fue mejor bajo el Gobierno de Trump, aunque las estadísticas económicas no respaldan esa afirmación.

Los hispanos están levemente mejor hoy que durante los años de Trump, según un estudio comparativo del Poynter Institute. La tasa de desempleo de los latinos se ha reducido a casi la mitad desde el principio del Gobierno de Biden, según datos oficiales.

Trump también afirma que los indocumentados les están quitando puestos de trabajo a los hispanos establecidos desde hace mucho tiempo. Sin embargo, según la Cámara de Comercio de Estados Unidos, hay una enorme escasez de trabajadores para cubrir los puestos que los estadounidenses y los residentes legales no quieren realizar.

Probablemente, la principal razón detrás del aumento del voto latino para Trump sea que el Partido Demócrata ha dado por sentado el apoyo de los hispanos.

Los demócratas saben que ganarán fácilmente en los principales estados con población hispana, como California y Nueva York, y que perderán Florida y Texas.

Por eso no gastan muchos recursos tratando de cortejar a los votantes latinos, aunque podrían ser un factor decisivo en estados indecisos como Nevada o Arizona.

Si las encuestas están en lo cierto y más latinos se inclinan por Trump, será un caso extraño de una minoría que apoya a un candidato que los insulta regularmente y aviva el odio racial, además de no haber hecho nada para mejorar su situación económica.

Pero eso es lo que hacen los populistas carismáticos: son muy buenos para convencer a la gente de votar en contra de sus propios intereses. (Andrés Oppenheimer, Reforma, Internacional, p. 14)

Tres consecuencias graves de un triunfo de Trump

Si Donald Trump vuelve a la Casa Blanca en 2024, las consecuencias de su reelección se extenderán más allá de las fronteras de Estados Unidos. Un triunfo de Trump repercutiría en todo el panorama geopolítico, desestabilizando la democracia mundial y el Estado de derecho. Desde Ucrania hasta las instituciones estadounidenses, los riesgos son monumentales.

La lista es larga.

Aquí, tres particularmente graves:

Trump significaría la caída de Ucrania y fortalecería a Putin

Durante su presidencia, Trump socavó la alianza con la OTAN y no ha parado de expresar su admiración por líderes autoritarios como Vladimir Putin. Trump ya ha señalado que, de ganar en noviembre, detendría la ayuda militar estadounidense a Ucrania.

Sin ese apoyo, la capacidad de Ucrania para defenderse colapsaría y la Rusia de Putin podría imponer condiciones injustas de rendición o incluso optar por arrasar Ucrania. Si Ucrania cae, aumentaría el riesgo de una mayor expansión rusa hacia estados de la OTAN. Rusia lleva mucho tiempo apuntando a debilitar las alianzas occidentales. La victoria de un candidato aislacionista en Estados Unidos daría a Putin un triunfo propagandístico.

Trump debilitaría las instituciones democráticas estadounidenses

La democracia en Estados Unidos está en una coyuntura precaria. Trump ha dejado claro que su segunda presidencia tendría la venganza como prioridad. Ha incluso amenazado con usar las fuerzas armadas contra sus enemigos políticos. No es casualidad que personas de gran importancia en su primer gobierno, como el general John Kelly, usen los últimos días de la campaña para advertir de las propensiones fascistas de Trump.

Los esfuerzos de Trump por anular las elecciones de 2020, mediante falsas afirmaciones de fraude electoral generalizado, sólo se vieron frustrados por la independencia de los tribunales y los funcionarios estatales. Si gana, podría remodelar estas instituciones. Su desdén por el Estado de Derecho y la Constitución podría provocar la erosión de las normas democráticas, como el traspaso pacífico del poder.

El peligro es real.

Trump provocaría una crisis humanitaria sin precedentes por las deportaciones masivas

A lo largo de su carrera política, Trump ha impuesto políticas punitivas de migración, pero nada comparado con lo que ahora ha anunciado: deportaciones masivas, dirigidas a millones de inmigrantes indocumentados, sin importar cuánto tiempo hayan vivido en Estados Unidos o si tienen hijos nacidos en Estados Unidos.

Durante su primer mandato, Trump separó a miles de niños de sus padres en la frontera e impuso – con la colaboración del gobierno de López Obrador, hay que decirlo– políticas brutales, como “Permanezca en México, que desataron una crisis humanitaria. Un segundo mandato de Trump podría ver la expansión de estas políticas draconianas, con ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) llevando a cabo redadas y deportaciones a gran escala.

Se calcula que en Estados Unidos viven al menos once millones de inmigrantes indocumentados. Deportar incluso a una fracción provocaría trastornos sociales y económicos. Las familias quedarían destrozadas y comunidades enteras -muchas de las cuales dependen en gran medida de la mano de obra inmigrante- estarían cerca del colapso.

El drama humano no tendría parangón en la historia moderna de Estados Unidos…y México.

En una semana sabremos si Estados Unidos continuará su imperfecto camino hacia la democracia, o retrocederá hacia el caos, el aislacionismo y la crueldad.

La elección está clara. Las consecuencias también. (León Krauze, El Universal, Nación, p. A15)

Razones/Terrorismo

¿Cuál es la diferencia? Hemos visto coches bomba explotar en varias ciudades del mundo, en París, en Londres, alguna vez en Madrid, hasta en Moscú; los hemos visto estallar en Colombia (¿quién puede olvidar la guerra entre Pablo Escobar, del Cártel de Medellín, contra el Cártel de Cali de los hermanos Rodríguez Orejuela o los atentados de las FARC, el ELN o los paramilitares?); los hemos visto en Ecuador, en Israel, en Irak, en Oriente Medio. Hemos visto atropellamientos masivos en Barcelona, Londres, París. Hemos visto personas decapitadas por ISIS, exhibidas en redes. Hemos visto ataques y desfiles militares de Al Qaeda y de otras organizaciones terroristas, para desafiar a las autoridades, en muchos países.

¿Alguien nos puede decir en qué se diferencian esas acciones terroristas de las que estamos viviendo en México? Sólo en los últimos días hemos tenido al alcalde de Chilpancingo decapitado y con su cabeza puesta sobre el techo de un automóvil a metros de la presidencia municipal; hemos tenido dos coches bombas, en Acámbaro y Jerécuaro en Guanajuato; hemos tenidos enfrentamientos, uno en Sinaloa y otro en Tecpan de Galeana, en Guerrero, que han sido verdaderos combates, con cerca de 20 muertos en cada uno, contra criminales que tienen armas de guerra y vehículos blindados, artesanales y no.

En Chiapas, la frontera está controlada por cárteles criminales que atacan a las comunidades, desplazan a la población, secuestran a las niñas y jovencitas para introducirlas en mecanismos de trata, a los jóvenes para volverlos sicarios, desfilan por las calles, exhiben su armamento y sus miembros se amenazan mutuamente entre ellos, y también a las autoridades locales y federales. Un reconocido sacerdote, Marcelo Pérez fue asesinado cuando terminó de ofrecer la misa de domingo.

Los muertos en el país suman, en la última semana, unos cien por día, en el sexenio pasado fueron 200 mil, con 51 mil desaparecidos. ¿Quién puede asegurar que los grupos criminales en México no son terroristas, que lo que vivimos no son ataques terroristas? La presidenta Sheinbaum dio una explicación un poco enredada y técnica sobre por qué no son ataques terroristas lo que sufrimos cotidianamente; el gobernador Rutilio Escandón fue más allá y aseguró que su estado, Chiapas, está en paz y que todo es una cuestión de percepciones; la presidenta municipal de Acámbaro va dos días después del atentado con coche bomba a la zona del ataque y dice que todo estará bien, la gente le grita que tiene miedo, que hubo niños que estuvieron a punto de morir; a ninguno de los dos municipios llegaron autoridades federales o estatales.

Según la ONU, la definición de terrorismo “es la intimidación o coerción de poblaciones o gobiernos mediante la amenaza o la violencia”. El FBI considera terrorismo al “uso ilegal de la fuerza y la violencia contra personas o propiedades para intimidar o coaccionar a un gobierno, a la población civil o a cualquier segmento de la misma, en apoyo de objetivos políticos o sociales”. Eso es lo que estamos viviendo en México. Puede ser que por razones políticas no queramos reconocerlo, pero es un hecho inocultable.

En el terrible conflicto de Gaza mueren unas 130 personas al día, en México (sí, en un territorio mucho más grande y con una población mayor) unas cien personas diarias. Y los grupos criminales, como dice la ONU o el FBI, utilizan la fuerza y la violencia para intimidar a la población y a las autoridades. No sólo eso, como vimos en los enfrentamientos en Tecpan de Galeana o como lo vemos todos los días en Chiapas, esos grupos criminales utilizan cada vez más sicarios provenientes de otros países, sobre todo de Centroamérica. Algunos pueden ser esos muchachos migrantes que son secuestrados cuando intentan llegar a la frontera, pero la mayoría provienen de grupos criminales, de exmilitares o exguerrilleros de El Salvador, Guatemala o Colombia.

En Estados Unidos, donde hay elecciones la próxima semana, los dos aspirantes presidenciales, Kamala Harris y Donald Trump, con distintos matices, están convencidos de que los grupos criminales mexicanos, que son causantes (no exclusivos, pero para ellos sí) de cien mil muertos anuales por sobredosis de fentanilo, deben ser declarados terroristas.

Eso les permite, según su legislación, realizar operaciones extraterritoriales para atacarlos: si, como todo lo indica, la caída de Ismael El Mayo Zambada y Joaquín Guzmán López fue el resultado de una operación de inteligencia estadunidense, estará amparada en esa legislación. Quién sabe qué harán en el futuro Harris o Trump, pero el republicano ya sopesó en su primer gobierno ataques con drones en México y para los dos esta situación obliga a que, en la próxima revisión del T-MEC, como convenio paralelo, exista un acuerdo tripartito de seguridad con México y Estados Unidos.

SERRAT

Joan Manuel Serrat recibió el premio Princesa de Asturias a las Artes. Su discurso fue notable. “Soy un hombre, dijo, partidario de la vida. Prefiero los caminos a las fronteras, la razón a la fuerza y el instinto a la urbanidad. Soy un animal social y racional que necesita del hombre mas allá de la tribu. Creo en la tolerancia. Creo en el respeto al derecho ajeno y el diálogo como la única manera de resolver los asuntos justamente. Creo en la libertad, la justicia y la democracia. Valores que van de la mano o no lo son. Tal vez por eso no me gusta el mundo en que vivimos, hostil, contaminado e insolidario, donde los valores democráticos y morales han sido sustituidos por la avidez del mercado, donde todo tiene un precio. No me gusta ser testigo de atrocidades sin unánimes y contundentes respuestas”. ¿Es tan difícil asumir esas palabras como nuestras? (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 10)

CARTONES

Cerrada competencia

Cerrada competencia

(Gregorio, Excélsior, Nacional, p. 12)