EL PRESIDENTE Joe Biden envió a su canciller, a su asesora de seguridad nacional y a su secretario de seguridad interna a México para analizar la crisis migratoria. Sin duda tiene una fuerte presión electoral y una evidente inquietud social ante la nueva oleada de fin de año.
LA DELEGACIÓN MEXICANA igual fue de alto nivel, pero por los escuetos comunicados no hay visos de grandes acuerdos. Pronto se sabrá realmente lo que definieron en este intempestivo encuentro en el que, por cierto, el gran ausente fue el titular del Instituto Nacional de Migración, Francisco Garduño. (Templo Mayor, Reforma, Opinión, p. 8)
El discurso es el ornamento diseñado por el presidente López Obrador. La realidad es representada por los hechos, y no necesariamente se acercan a su discurso.
El discurso ha sido repetido durante más de cinco años. Lo hizo ayer en su conferencia previsible de prensa: “Ellos (en referencia a Estados Unidos) saben muy bien cuáles son nuestras propuestas (en materia de migración); hay que atender las causas”.
Su discurso sobre el tema de la migración se ha petrificado tanto, que sus alusiones parecen ser frutos frescos
del realismo mágico.
La realidad objetiva revela la cifra de 38 migrantes venezolanos muertos por asfixia en una estación migratoria de Ciudad Juárez en marzo de 2023.
¿Cuál es la política migratoria del gobierno del presidente López Obrador? No se sabe. Tampoco se conocen las razones por las que el director del Instituto Nacional de Migración (INM), Francisco Garduño, permanece en su puesto sin haber rendido cuentas por el crimen de los 38 migrantes venezolanos.
La presencia de Garduño en la dirección del INM revela la amoralidad de la burocracia y la nula empatía del presidente López Obrador por las víctimas, no solo por los venezolanos que perdieron la vida en Ciudad Juárez, sino por los miles de migrantes que han sido vejados en el país.
El embajador de Estados Unidos en México hace las veces del inexistente subsecretario para América del Norte de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE): entra y sale del Palacio Nacional para tratar de embonar las peticiones de su jefe, el secretario de Estado Antony Blinken, con las ofertas del presidente López Obrador.
AMLO desapareció la subsecretaría estratégica de América del Norte porque quiso concentrar todo tipo de negociación bilateral en sus propias manos. Así lo hizo cuando exigió al gobierno del presidente Trump la ntrega del general Cienfuegos en noviembre de 2020. En términos prácticos, Ken Salazar es nuestro ubsecretario para América del Norte. (Hoy es 28 de diciembre, pero no es una inocentada.
La inexistente política migratoria de AMLO le permite improvisar. Frente a la opinión pública muestra una estética ornamental con la que le exige a Estados Unidos aportar financiamiento a países expulsores de migrantes para atacar las causas. Nunca menciona a las dictaduras y la violación de derechos humanos como motivos de expulsión social.
El encuentro de Marcelo Ebrad con Mike Pompeo en noviembre de 2018, revela el quid pro quo de las egociaciones que desearía hacer el gobierno mexicano: México aceptaría a migrantes centroamericanos expulsados de Estados Unidos a cambio de que el gobierno de Trump evitara tener injerencias en la ruta crítica de AMLO.
La propuesta le gustó tanto a Trump que no solo aceptó el obsequio de Ebrad sino que potenció sus deseos: colocar a miembros de la Guardia Nacional en la frontera de México con Guatemala de lo contrario impondría aranceles. Trump externalizó las labores de la Patrulla Fronteriza con elementos de la Guardia Nacional.
¿Por qué razón el presidente AMLO no convocó a una reunión regional al inicio de su gobierno? Morales,
Bukele y Orlando (Guatemala, El Salvador y Honduras) comprometiéndose a reforzar sus fronteras?
AMLO viajó a la Casa Blanca para agradecerle a Trump por el fino trato con los mexicanos (escena que no imaginaría García Márquez), y más tarde, la victoria de Joe Biden lo hizo enojar.
Pero Biden fue continuista en materia migratoria; por activa y por pasiva mantuvo el Título 42. AMLO, contento. Hay materia para el quid pro quo.
La migración “sin precedente” que acusa EU no se frena con muros en las fronteras, sino combatiendo las causas. (Rayuela, La Jornada, Contraportada)
Que México y EU quedaron satisfechos con los alcances de esta primera cita de alto nivel para tratar el tema migratorio, pues mientras en Palacio Nacional el balance fue positivo porque se atendió la propuesta de involucrar a los países expulsores del continente, por el lado de los enviados de la Casa Blanca, el secretario de Estado, Antony Blinken, insistió en que su país está “comprometido en colaborar con México” no solo en este asunto, sino en otros como el combate al tráfico de armas y drogas. Eso sí, dicen quienes estuvieron presentes que también hubo momentos de tensión. (Trascendió, Milenio, Al Frente, p. 3)
AMLO aprovecha reunión con funcionarios de Biden para presumir sus obras
Todavía no había iniciado la reunión de alto nivel con la delegación estadounidense para abordar el tema migratorio, y mientras una caravana de miles de migrantes centroamericanos cruzaban el país, el presidente Andrés Manuel López Obrador rompió el hielo presumiendo las obras estrella de su administración: el Tren Maya, Tren Interoceánico y la puesta en operaciones de Mexicana de Aviación. El mandatario aprovechó el comentario del secretario de Estado Antony Blinken que justificó que la delegación que encabeza llegó retrasada porque “los vientos no estuvieron en su favor”. Ante esa ventana de oportunidad López Obrador bromeó que, aquí, sus adversarios dicen que sus trenes y aviones no llegan a tiempo, pero “es como la justicia que a veces tarda, pero llega”. (Bajo Reserva, El Universal, Nación, p. A2)
A PARAR LA OLA MIGRANTE
La secretaria de Relaciones Exteriores, Alicia Bárcena, anunció que México y Estados Unidos acordaron crear un grupo de trabajo con los países de Centroamérica, con el objetivo de frenar el fenómeno migratorio. Al término del encuentro entre ambas naciones detalló que para darle seguimiento a este tema tendrán encuentros más frecuentes con Guatemala y otros países de Sudamérica y Centroamérica. La próxima será a finales de enero de 2024. (Sacapuntas, El Heraldo de México, La Dos, p. 2)
Migración
¿A qué vinieron el secretario de Estado Antony Blinken, el secretario de seguridad interior Alejandro Mayorkas y la asesora de seguridad interior Liz Sherwood-Randall? Pese a lo que dijo AMLO, a exigir mayores restricciones al paso de migrantes indocumentados. El tema migratorio se ha convertido en la mayor debilidad electoral del presidente de EU Joe Biden. (Sergio Sarmiento, Reforma, Opinión, p. 8)
Así tenía que ser: había que revisar temas críticos bilaterales entre los gobiernos de México y Estados Unidos a partir de la creciente ola migratoria. Urge resolver, por ejemplo, el cierre de los pasos fronterizos por donde cruzan millones de toneladas de mercancías importantes para ambas economías. El incorporar a la búsqueda de soluciones a los gobiernos vecinos es una necesaria y urgente medida. Ojalá se concrete. (La Esquina, La Crónica de Hoy, P.p.)
México es el tercer país con mayor número de solicitudes de asilo en el mundo, detrás de Estados Unidos y Alemania. En 2023 se recibieron 137 mil aplicaciones, un número similar al observado durante los dos años anteriores.
En promedio, dos de cada diez personas que piden asilo permanecerán en México. Las otras ocho buscarán llegar a los Estados Unidos. Al menos esa es la cifra oficial con la que se toman decisiones respecto de este fenómeno abrumador.
Por eso el país ha invertido mal y poco en los centros de refugio. El pensamiento mágico lleva a suponer que no será necesario albergar a los migrantes porque pronto terminarán llegando a la frontera. Sin embargo, son miles quienes se están quedando,un número muy importante en la Ciudad de México.
De acuerdo con la Constitución de esta entidad, la capital se concibe como un santuario para la población migrante. Nada más alejado de la realidad. La autoridad capitalina cuenta únicamente con dos albergues para la población migrante. Uno se encuentra en la alcaldía Gustavo A. Madero, por el rumbo del monumento a La Raza. El otro está ubicado en el Bosque de Tláhuac, cerca de la avenida la Turba.
Oscar Hernández, reportero de ADN40, refiere que ambos están rebasados en un 500 por ciento. Esta es la razón por la que sus alrededores han sido poblados por campamentos que alteran la vida cotidiana de los vecinos.
Fuera del albergue de La Raza han protestado varias veces los habitantes de la colonia Smetana, cargando carteles dónde se exige refugio digno, a la vez que piden limpieza en la calle y banquetas libres.
Al menos este refugio está cerca del transporte público. Se hace menos de una hora para acudir a hacer trámites al Instituto Nacional de Migración (INM) o a la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar). En cambio, quienes han sido ubicadas en el Bosque de Tláhuac están condenadas a trayectos caros y muy largos que inhiben la permanencia de las personas migrantes en ese sitio.
Es obvio que la Ciudad de México va a tener que cambiar de enfoque respecto de este fenómeno. La migración no pinta para detenerse en breve y tampoco las solicitudes de refugio.
Zoom: Si de verdad la capital, según su Constitución, se pretende un santuario, urge echar a andar una política pública muy distinta a la que hasta hoy se ha implementado. (Ricardo Raphael, Milenio, Al Frente, p. 3)
El pasado 18 de diciembre, Greg Abbott, gobernador de Texas, promulgó un paquete de leyes aprobado por la 88.º Legislatura de ese estado de la Unión Americana. Allí se encuentran dos reformas con diversas medidas antiinmigrantes: la primera es el proyecto de Ley Senatorial 3 de la Sesión Especial #4 (Huffman/Jetton), el cual asigna 1,540 millones de dólares a las autoridades locales (departamentos de Policía), para incrementar la vigilancia en la frontera con nuestro país (esto es, implementar el proyecto de ley SB4, que en próximas líneas se describirá), además de la construcción, operación y mantenimiento de infraestructura de barrera fronteriza, es decir, de un muro.
De acuerdo con Adriana Piñon, directora legal de la Unión Americana de Libertades Civiles de Texas (ACLU of Texas, por sus siglas en inglés), “[…] el estado desperdicia miles de millones de dólares de los contribuyentes en políticas de vigilancia fronteriza fallidas que podríamos gastar en educación, mejor infraestructura y mejor atención médica”.
La segunda es el proyecto de Ley Senatorial 4 de la Sesión Especial #4 (Perry/Spiller o proyecto de ley SB4). De acuerdo con información del sitio electrónico de la Oficina del Gobernador de Texas, ese proyecto de ley:
Crea un delito penal por la entrada ilegal a este estado desde una nación extranjera. Toma medidas enérgicas contra los intentos repetidos de ingresar a Texas al crear el delito de reingreso ilegal y penaliza a los infractores con hasta 20 años de prisión. También proporciona el mecanismo para ordenar a un delincuente que regrese a la nación extranjera desde la cual entró o intentó ingresar a este estado. La ley proporciona inmunidad civil e indemnización a funcionarios, empleados y contratistas de los gobiernos locales y estatales por demandas que resulten de la aplicación de estas disposiciones.
Se tiene previsto que este último proyecto de ley entre en vigor el 5 de marzo de 2024, aunque ello puede cambiar dependiendo del resultado de las acciones legales que presente cualquier parte afectada o interesada.
Por su parte, Karine Jean-Pierre, secretaria de Prensa de la Casa Blanca, afirmó que el proyecto de ley SB4 no servirá para aumentar la seguridad en las poblaciones texanas cercanas a la frontera con México.
Mientras tanto, y a decir de la ACLU of Texas, que interpuso una demanda ante una corte federal de la ciudad de Austin, impugnando el proyecto de ley SB4, este permitiría a las autoridades locales y estatales arrestar y detener a personas de las que se sospeche que ingresaron a Texas desde otro país, sin autorización federal. Asimismo, habilita a los jueces de Texas —que no están capacitados en leyes de inmigración ni tienen la autoridad adecuada para hacerlas cumplir— a ordenar la deportación de una persona sin el debido proceso y antes de que tenga la ocasión de buscar protección humanitaria.
Recuérdese que —como ya lo expresó el presidente Andrés Manuel López Obrador— todo lo relacionado con la política exterior estadounidense corresponde al Congreso y al mandatario de ese país. En tal sentido, el control de la inmigración es una competencia federal; de ahí que el Gobierno de México también tomara la decisión de impugnar el proyecto de ley SB4.
El jefe del Estado mexicano calificó a este proyecto de ley como inhumano, y señaló que tiene tintes políticos, porque se inscribe en el marco del proceso electoral de 2024, que también se llevará a cabo en aquel país y para el cual el gobernador Abbott buscará asentarse en la candidatura a la Vicepresidencia, por parte del Partido Republicano.
Además, el proyecto conlleva una serie de afectaciones graves a los derechos humanos, como la separación de familias, la discriminación y el perfilamiento racial.
La criminalización de la migración es un fenómeno que no se debe banalizar, y medidas antiinmigrantes como las promulgadas en Texas tienen que ser combatidas por todos los medios legales disponibles, pues, generalmente, las personas migran por necesidad y no por complacencia; no lo olvidemos. (Ricardo Monreal, El Sol de México, Análisis, p.12)
El pasado jueves 14 de diciembre oficiales del Ejército guatemalteco se reunieron con sus pares mexicanos encabezados por el general Rubén Dario Díaz Esparza, comandante de la 38 zona militar con sede en Tenosique, Tabasco, en la segunda reunión local de comandantes fronterizos. Este tipo de encuentros forman parte del mecanismo conjunto llamado Grupo de Alto Nivel en Seguridad (GANSEG), establecido entre ambos países con la finalidad de coordinar operaciones contra actividades de la delincuencia organizada como tráfico de drogas, armas, migrantes y fraudes aduaneros.
Llamó la atención que una semana después, casi a la media noche del viernes 23, ocurrieron una serie de ataques coordinados en Villahermosa y Comalcalco, donde se registraron bloqueos con vehículos incendiados, balaceras y motines en los penales de ambas ciudades tabasqueñas. Los mensajes de las organizaciones criminales se suscitaron a menos de un par de horas de Palenque donde se efectuó la reunión binacional militar y donde tiene su residencia el presidente de la República Andrés Manuel López Obrador.
El vacío de autoridad y la ausencia de una explicación sobre el trasfondo de estos hechos, puso en el escenario lo que está en juego en la zona fronteriza de Tabasco con Guatemala. Hoy día El Ceibo, puesto de frontera, está controlado por grupos afines al llamado Cártel del Pacífico, aunque las rutas de que ahí parten hacia Veracruz, Oaxaca y centro del país, están en su mayoría bajo dominio de organizaciones afines al llamado Cártel de Jalisco Nueva Generación.
Lo que ha ocurrido en los últimos años en esta parte de la frontera es que la delincuencia organizada ha ampliado sus centros de operaciones de rutas para el narcotráfico, tráfico de personas y armas, robo de vehículos, contrabando y defraudación aduanera, según un documento de la secretaría de la Defensa Nacional sobre las últimas reuniones bilaterales del GANSEG fechado a finales del 2022. Uno de los objetivos fijados para este año que termina es que se realizarían operativos espejo coordinados en áreas fronterizas para combatir el tráfico ilícito de migrantes.
Pese a estos propósitos la crisis migratoria se recrudeció esta semana con una nueva caravana compuesta por alrededor de seis mil personas que partió el domingo 24 de Chiapas, en dirección a la frontera norte, donde varios puertos de entrada como Piedras Negras-Eagle Pass, Matamoros-Brownsville, están saturados desde hace varias semanas.
La ruta crítica 2024 comenzó con la visita del jueves 28 a Palacio Nacional de una delegación estadounidense de alto nivel encabezada por Antony Blinken, secretario de Estado, Alejandro Mayorkas, secretario de Seguridad, y la asesora de Seguridad Nacional Liz Sherwood. El énfasis en la crisis migratoria y las consecuencias para la agenda binacional era lo que se anunciaba como temas en el encuentro programado con López Obrador. Más allá de formalidades, la preocupación estadounidense de nuevo se centró en la inacción del gobierno mexicano que luce rebasado por las oleadas de migrantes.
El tema reservado son los reportes que las agencias estadounidenses han recopilado en los últimos años sobre el papel de Venezuela, Cuba y Rusia detrás de las oleadas de migrantes que son el tema más escabroso en la agenda electoral estadounidense del 2024. (Juan Veledíaz, El Sol de México, República, p.5)
Migración: ¿se revisaron escenarios?
En dos horas y media, más allá de las cortesías del hola y adiós, obviamente es difícil acordar algo más que líneas generales de cómo abordarán México y Estados Unidos el mutuo dilema político y humano, pero también prosaicamente electoral de la migración.
Quizá, como afirmó la canciller Alicia Bárcena, el secretario de Estado Anthony Blinken no pidió nada a nombre de la Casa Blanca, tan presionada a mes y medio del arranque formal de las elecciones primarias.
Quizá sólo revisaron escenarios posibles y probables. Uno de ellos podría haber sido considerar que sin el apoyo de México se agravaría la migración, se fortalecerían los republicanos y la próxima presidenta quizá tendría que enfrentar a Trump, la viva imagen del sesentero ugly american. (José Fonseca, El Economista, Política, p.42)
Mejorar la calidad de la educación de los migrantes es fundamental para su bienestar y para un benéfico mercado laboral para todos los países en Norteamérica.
Conversé con Rodulfo Figueroa Pacheco, quien a principios del sexenio renunció como delegado del Instituto Nacional de Migración (INM) en Baja California, por estar en desacuerdo con la consecuente crisis humanitaria del programa Quédate en México.
Pregunté al capaz ex delegado del INM en Tijuana, cómo enfrentar el complejo fenómeno migratorio.
“El enfoque racional, deliberado y sistematizado para administrar —ojo no resolver— el fenómeno migratorio en México debe pasar forzosamente por un análisis técnico que considere entre muchos factores al mercado laboral, la situación demográfica y el clima en Norteamérica, Centroamérica y el Caribe”, afirmó.
“Existen oportunidades —agregó Rodulfo Figueroa— que permiten aprovechar la clara asimetría económica entre los países de la región, misma que es el motor más evidente de la migración. Por ejemplo, la población de Estados Unidos y Canadá envejece rápidamente, los llamados baby boomers son más de 85 millones de personas quienes vivirán más que cualquier generación previa en la historia de la humanidad. ¿Quién los va a cuidar? ¿Cómo se va a abatir el déficit de trabajadores en el sector salud en Norteamérica? ¿Qué significa que nuestros migrantes ganen sueldos de enfermeros en lugar de sueldos de jornaleros agrícolas?”
Figueroa, residente fronterizo desde 1995, considera que la clave del futuro migratorio está en la educación.
“Los países expulsores de gente o incluso los receptores, pueden, y a mi juicio deben desarrollar sistemas de educación que complementen las necesidades laborales de los países receptores, solo así podemos imaginar un futuro en donde la migración no se caracterice por la presencia de policías, violencia, traficantes y explotación, sino de maestros, educación, circularidad y bienestar”.
¿Consideras que la militarización está dando resultados?
“Hasta ahora, respondió, lo fácil ha sido alimentar la maquinaria represora de los países contratando agentes de migración en Estados Unidos y guardias nacionales en México, salpicados de helicópteros, camionetas, centros de detención, etcétera, todo esto sin éxito”.
Rodulfo Figueroa propuso cambiar el paradigma migratorio:
“Estados Unidos necesita trabajadores agrícolas y los obtiene con gran éxito bajo los programas que existen hoy en día ¿porque no extender ese modelo a otros sectores? Vamos a capacitar a nuestras poblaciones con habilidades técnicas que ya demanda hoy el mercado laboral, vamos a dignificar el esfuerzo de los héroes que deciden buscar un mejor futuro para ellos y sus familias con un sistema de capacitación que incluya industrias y tareas perfectamente bien definidas y que son autosustentables, el gobierno debe facilitar el desarrollo de estos sistemas”.
El experto migratorio concluyó:
“Atrevámonos a buscar un nuevo camino, tengamos el valor de innovar y busquemos aquí, hoy, nosotros, las soluciones para un futuro que prometa esperanza y bienestar”.
Ojalá que la propuesta del especialista en migración sea escuchada por los líderes de México y Estados Unidos, reunidos ayer en Palacio Nacional con el presidente López Obrador. (Agustín Gutiérrez Canet, Milenio, Política, p. 9)
La Unión Europea acaba de acordar, tras años de negociaciones, un pacto de migración y asilo que institucionaliza la necropolítica migratoria, que puede ser el final de un derecho tan básico como el de refugio. Recientemente también la Asamblea Nacional francesa aprobó una discutida y restrictiva ley de inmigración, que la lideresa del partido ultraderechista Reagrupamiento Nacional, Marine Le Pen, calificó de victoria ideológica. Mientras, en Reino Unido la Cámara de los Comunes aprobó el controvertido proyecto de ley que impulsa el gobierno para deportar a Ruanda a los inmigrantes sin papeles en regla.
Pero este sarampión de xenofobia antimigrante no sólo aqueja a Europa. En Estados Unidos los republicanos ya han amenazado con bloquear la ayuda militar a Ucrania si no hay mayor inversión en la construcción del muro antimigratorio con México. En Chile el gobierno de izquierdas del presidente Gabriel Boric militarizó las fronteras del norte en febrero de 2023 para asegurar el control público y generar un efecto disuasorio ante la llegada de migrantes irregulares. Perú declaró en abril estado de emergencia en siete departamentos fronterizos y ordenó el despliegue de sus fuerzas armadas. Estas medidas fueron adoptadas en un contexto de creciente estigmatización y xenofobia y de discusiones legislativas que buscan criminalizar la migración irregular.
La cuestión migratoria se ha convertido en uno de los temas que más han tensionado la política en los últimos años, Europa es un magnífico ejemplo, especialmente desde la crisis económica de 2010, y luego con la mal llamada crisis de los refugiados de 2015. El rechazo o los planteamientos restrictivos en relación con la inmigración es un elemento común a las principales formaciones de extrema derecha a escala europea. Casi la totalidad de las organizaciones de este heterogéneo ambiente político apunta a los inmigrantes, principalmente a los pobres y no occidentales, como chivo expiatorio de una supuesta degradación socioeconómica y cultural de Europa y de los países receptores.
Aunque lo especialmente peligroso es que estas posturas se han propagado, con relativa facilidad, mucho más allá de su contexto de producción, permeando el debate político en su conjunto y siendo parcialmente asumidas por muchos partidos mayoritarios en toda Europa, y por las propias instituciones de la UE. Este año, en Alemania, el canciller socialdemócrata Olaf Scholz declaró su intención de empezar a deportar a gran escala. En Suecia, en plena ola de violencia relacionada con el tráfico de drogas, el primer ministro, el conservador Ulf Kristersson, declaró: Nos ha llevado aquí una política de inmigración irresponsable. Y en Dinamarca, el socialdemócrata ministro de Educación, Mattias Tesfaye, declaraba al diario británico Financial Times: Si sólo la extrema derecha habla de los problemas, entonces la gente buscará las soluciones sólo en la extrema derecha.
Cabe hablar, por tanto, de un verdadero poder de agenda de la extrema derecha, entendido como capacidad para establecer las prioridades programáticas, las problematizaciones relevantes, los enunciados discursivos que fijarán los términos del debate. Lo que los sociólogos franceses llevan años catalogando como lepenización de los espíritus de la política europea, esa victoria ideológica que la propia Le Pen declara. Buen ejemplo de la capacidad que tiene la extrema derecha de marcar la agenda europea, incluso institucional, es el propio pacto de migración y asilo, que elimina de un plumazo las cuotas obligatorias de reparto de refugiados. Una clara victoria política para los gobiernos de extrema derecha de Polonia y Hungría, que habían hecho de las cuotas uno de sus principales caballos de batalla y de fricción con Bruselas. Además de criminalizar la actividad de las ONG de búsqueda y rescate en el Mediterráneo como exigía el gobierno neofascista italiano de Meloni.
A lo largo de estos años estamos comprobando cómo la verdadera victoria de la extrema derecha, así como la condición previa para su actual ascenso electoral e institucional, ha sido la normalización progresiva de su discurso. Hoy, tanto el debate general como muchas políticas públicas relacionadas con la seguridad (ciudadana y fronteriza) y con la inmigración (refugio, asilo, integración, interculturalidad) están cargadas de contenidos introducidos pacientemente por la nueva extrema derecha y que hace unos años hubiesen resultado impensables. Un éxito que no se mide sólo en votos, sino también y sobre todo en haber conseguido que las posiciones identitarias, excluyentes y punitivas se hayan trasladado desde la marginalidad hasta el mismo centro de la arena política, condicionando hoy buena parte del debate público. La reciente victoria de Milei en Argentina demuestra la velocidad con que ideas o propuestas supuestamente marginales pueden llegar a convertirse en gobierno.
Se avecina 2024 cargado de importantes citas electorales, al Parlamento Europeo, en EU, México, municipales y regionales en Chile, legislativas en Finlandia, en numerosos landers alemanes y en tantos otros países. El sarampión xenófobo del populismo de las vallas puede conseguir alcanzar nuevas cuotas de poder institucional, ya sea a través de nuevas victorias de la extrema derecha o de los partidos de régimen que se convierten en aprendices de brujo de una ultraderecha en auge. En nuestra incapacidad de construir propuestas y relatos alternativos contra hegemónicos a los discursos xenófobos, racistas y de odio de la extrema derecha se encuentra el principio de nuestra derrota. (Miguel Urban, Diputado de la izquierda en el Parlamento Europeo, La Jornada, Opinión, p. 12)
Estados Unidos, 5 de noviembre de 2024. En juego: la presidencia, 33 de 100 senadurías, toda la Cámara de Representantes y 11 gubernaturas. La carrera hacia la meta arranca formalmente en enero con el proceso de primarias y asambleas estatales.
El sentido del voto está prácticamente decidido en 43 de los 50 estados. El resultado dependerá entonces de un universo reducido de votantes indecisos en 7 estados bisagra que no se decantan consistentemente por uno u otro partido: Arizona, Carolina del Norte, Georgia, Nevada, Michigan, Pensilvania y Wisconsin. En 2020, Joe Biden ganó todos, salvo Carolina del Norte. Ahora, Donald Trump encabeza las preferencias en 6 entidades, salvo Wisconsin.
Las encuestas refuerzan narrativas que inciden en el ánimo del electorado, y Biden no logra remontar percepciones negativas sobre su liderazgo y edad, a pesar de su eficaz gestión de la pandemia y de una economía en crecimiento.
Trump avanza imparable hacia la nominación Republicana, a pesar de -hasta el momento- los procesos penales en su contra y una incipiente controversia constitucional detonada por la decisión de la Suprema Corte de Colorado excluyéndolo de la boleta por su vinculación con el intento de toma del Capitolio. Al mismo tiempo, Nikki Haley, exgobernadora de Carolina del Sur y exrepresentante ante la ONU, comienza a reducir la brecha que la separa de Trump, perfilándose como una potencial aspirante viable que, consecuentemente, empieza a atraer fondos de algunos de los grandes donantes del partido.
Los Demócratas tendrán que asegurar que mujeres, jóvenes y afroamericanos salgan a votar. De ahí el énfasis que harán en temas como el derecho al aborto, la creación de empleos y la ampliación de beneficios sociales. Por su parte, los Republicanos dibujarán un panorama de decadencia nacional, marcado por una creciente criminalidad y flujos descontrolados de drogas y migrantes.
México ya está en la mira. El endurecimiento de posiciones es evidente en los debates entre los aspirantes Republicanos; en el Congreso, donde las exigencias de políticas fronterizas más severas impidieron la aprobación presupuestaria para seguir apoyando a Ucrania; y, a nivel estatal, en la ley antiinmigrante firmada por el gobernador de Texas.
Trump ya marcó la pauta con declaraciones incendiarias sobre el cierre de la frontera el primer día de su presidencia, afirmando también que los migrantes que la cruzan están “envenenando” la sangre del país. Logre o no la nominación, el expresidente ya contribuyó a la normalización de un discurso agresivo e intervencionista.
Pero si ganara Trump, ¿perdurarán los esquemas de diálogo congelados durante su presidencia y reactivados por Biden? ¿Qué implicaciones tendría el regreso de un unilateralismo sin cortapisas? Al ser parte del T-MEC, ¿estaríamos exentos del arancel de 10% a las importaciones que supuestamente quiere establecer si regresa a la Casa Blanca? Si la competencia con China deriva en una mayor confrontación, ¿cómo se vería afectada nuestra relación con nuestro segundo socio comercial?
La otra elección es tan importante como la nuestra. Afectará directamente, aquí y allá, la vida de millones de mexicanos. Como botón de muestra, en 2022, tan solo el comercio con los 7 estados bisagra fue 4 veces mayor que el total de nuestros intercambios con Argentina, Brasil, Colombia, Chile y Perú. Incidirá en el rumbo de nuestro país y en sus políticas comerciales, migratorias y de seguridad. Su desarrollo debe centrar nuestra atención -gobiernos, empresas, medios, sociedad civil organizada y ciudadanía- con la misma intensidad que nuestra propia elección. ¿Estamos preparados? (Julián Ventura, internacionalista, ExSubsecretario de Relaciones Exteriores, Reforma, Opinión, p. 8)
¿Dónde está la indignación de los funcionarios electos republicanos por la afirmación racista del precandidato de su partido, Donald Trump, de que los migrantes de América Latina, África y Asia “están envenenando la sangre” de Estados Unidos? ¿Cómo se puede explicar su silencio ante semejante insulto?
Tal vez ignoren el hecho de que las palabras del ex Mandatario son casi iguales al lenguaje usado contra los judíos y otras minorías étnicas en la Alemania nazi. O tal vez no sepan que, a pesar de que Trump diga ahora que nunca leyó a Adolfo Hitler, es muy difícil que no haya sabido que estaba usando términos hitlerianos.
El aspirante republicano había usado palabras semejantes en septiembre, y le habían llovido las críticas de los principales grupos de derechos civiles del país.
Los medios habían señalado que sus dichos parecían sacados de “Mein Kampf”, el libro de Hitler donde afirmaba que los grupos étnicos minoritarios estaban envenenando la sangre de la raza aria.
Nuevamente, Trump está apelando al racismo para energizar a los supremacistas blancos dentro de su base y, además, conseguir aparecer gratis en televisión.
Los migrantes indocumentados “están envenenando la sangre de nuestro país. Eso es lo que han hecho”, afirmó el ex Presidente en su mitin de campaña el 16 de diciembre en New Hampshire.
“No solo en Sudamérica. No solo en los tres o cuatro países en los que pensamos. Están llegando a nuestro país de todas partes del mundo: de África, de Asia, de todo el mundo”.
La campaña del Presidente Joe Biden reaccionó aseverando que Trump había “repetido como un loro a Adolf Hitler” en su discurso.
La Liga Antidifamación (ADL) señaló en un comunicado que “envenenar la sangre de nuestro país” son palabras usadas por los supremacistas blancos y los antisemitas.
“Hemos visto este tipo de retórica tóxica inspirar violencia en el mundo”, agregó la ADL.
Además de parafrasear un eslogan nazi, Trump está volviendo a difundir -como ya lo había hecho en su campaña presidencial de 2016- la falsedad de que hay una “invasión” sin precedentes de migrantes. Fox News y otros medios de derecha están promoviendo alegremente esta leyenda, porque las noticias alarmistas llaman la atención y aumentan los ratings.
El problema es que el mito de una desastrosa “invasión” de extranjeros es solo eso, un mito.
En primer lugar, el número de migrantes como porcentaje de la población estadounidense no es un récord histórico. De hecho, el porcentaje actual está por debajo de lo que era en las décadas de 1890 y 1910, según el Pew Research Center. Estados Unidos siempre ha sido un país de migrantes, y lo sigue siendo.
En segundo lugar, contrariamente a las afirmaciones engañosas de Trump, los indocumentados no están inundando Estados Unidos con fentanilo, la droga más mortífera del momento. La mayor parte del fentanilo contrabandeado a este país está siendo traído por ciudadanos estadounidenses a través de puertos de entrada legales, según datos oficiales.
En 2021, más del 86 por ciento de los narcotraficantes condenados por fentanilo eran estadounidenses, 10 veces más que el número de migrantes indocumentados condenados por tales delitos.
En tercer lugar, no es cierto que los indocumentados cometen más delitos que los ciudadanos estadounidenses. Por el contrario, la mayoría de los migrantes quieren mantener un perfil bajo. Varios estudios muestran que el porcentaje de indocumentados arrestados es menor que el de ciudadanos estadounidenses.
En cuarto lugar, no es cierto que la mayoría de los migrantes le quitan empleos a los estadounidenses, ni que no paguen impuestos. La tasa de desempleo de Estados Unidos es del 3.7 por ciento, casi un mínimo histórico, y la mayoría de ellos realizan trabajos que los estadounidenses no quieren hacer.
Lo que me trae de regreso a la pregunta de por qué los funcionarios electos de origen hispano, como el senador Marco Rubio, el senador Ted Cruz, los congresistas María Elvira Salazar y Mario Díaz-Balart, no tienen las agallas para criticar los insultos racistas de Trump.
Ni siquiera han mencionado el hecho de que las madres de cuatro de los cinco hijos de Trump son migrantes.
Todo esto no es un asunto trivial, como algunos quieren hacernos creer. El ex Presidente está normalizando el lenguaje racista, y una vez que ese discurso contra un grupo es regularizado, se normaliza el comportamiento racista contra todos. (Andrés Oppenheimer, Reforma, Internacional, p. 15)
Un consejo humanitario

(Rapé, Milenio, Al Frente, p. 3)
Tema migratorio

(Kemchs, El Universal, Opinión, p. A16)

(Frik, La Crónica de Hoy, Columnistas, p. 2)