Opinión Migración 290220

México preso

Las épocas de crisis suelen ser épocas de desmemoria. México atraviesa hoy una particularmente difícil: los niveles de violencia no sólo no han disminuido, sino que se aceleran; nuestro sistema de justicia sigue siendo inexistente, incapaz de concedernos la menor seguridad jurídica y la menor certeza de que los criminales obtendrán su castigo; la violencia hacia las mujeres no ha sido contenida y el gobierno federal ha mostrado un lamentable desdén hacia sus víctimas; la economía permanece estancada; la austeridad ha sido aplicada sin medir las consecuencias en sectores prioritarios; y hemos terminado por someternos a las políticas discriminatorias de Trump hacia los migrantes, a quienes les concedemos un trato inhumano en nuestras dos fronteras.

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador tiene poco que presumir a estas alturas: sus programas sociales hacia los desfavorecidos, el aumento sostenido de los salarios mínimos, una lucha contra la desigualdad económica sin precedentes y un combate a la corrupción que es la reacción natural al derroche y el abuso sistemáticos de la administración de Enrique Peña Nieto. Los errores del Presidente, obstinado con su verborrea cotidiana, no han hecho sino agravarse. Todo esto es cierto y se vuelve imperativo señalarlo, y sobre todo señalarlo desde la izquierda, porque somos sus votantes de izquierda quienes esperábamos mucho más de su gestión. Cada crítica busca que rectifique, en particular en temas de seguridad y migración, porque aún puede hacerlo y porque la esperanza en esos cambios lo llevó al poder. (Jorge Volpi, Reforma, Opinión, p.9)

 

Hitler y Trump

A raíz del extremismo de los discursos pronunciados desde la candidatura de Donald Trump en 2015, académicos y periodistas norteamericanos comenzaron a hurgar en antecedentes y analogías históricas: de toda obviedad la cuestión racial que subyace en la Guerra Civil Norteamericana, el fin del esclavismo —que no de la discriminación—, la hostilidad contra nuevas corrientes migratorias fundamentalmente católicas —primero de países europeos y luego de latinoamericanos—, la tesis de la supremacía racial de los blancos, la recurrente aparición del Ku Klux Klan, la xenofobia en ascenso y recientemente la comparación con los movimientos fascistas y nacionalsocialistas surgidos de entreguerras.

Horace Bloom en su obra “Trump y Hitler” hace una comparación seria; articulistas como Aaron Blake y Roger Cohen de The Washington Post y The New York Times, así como Michiko Kakutani, ganadora del Premio Pulitzer, han observado la semejanza entre la compilación retórica de Trump y la obra Mein Kampf, producida en 1925 por quien más tarde ascendería a Führer. Coincidentemente ésta se inspira en los ensayos de 1924 del ideólogo del racismo científico estadounidense Madison Grant. A su vez el padre indiscutible de estas teorías fue un francés, Joseph Arthur de Gobineau, quien escribió en 1855 el Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas, que desarrolla la teoría de superioridad racial aria y quien puso el primer “Huevo de la serpiente”.

La famosa Doctrina Monroe de 1823 elaborada por John Quincy Adams bajo el lema “América para los americanos”, no es sólo una tesis imperialista que excluye cualquier dominación europea sobre nuestro continente, sino que esconde un proyecto racista como lo descubrió el mencionado Grant: “La inmigración procedente de las Indias Occidentales en su mayoría negra, de México y América del Sur en su mayoría indígena, pura o mezclada, y la adición de estas a nuestra población es sumamente indeseable, pero evidentemente explotable”. (Porfirio Muñoz Ledo, El Universal, Opinión, p.12)

Cartón

trump

(Franco Excélsior, Nacional, p.10)