Opinión Migración 290521

Trascendió

Que mientras el Presidente lamenta que EU no haya dado respuesta a su queja por el financiamiento del Departamento de Estado a organizaciones mexicanas opositoras a su gobierno, la embajada de Washington, a la que se perfila Ken Salazar, asegura que “los periodos electorales son emocionantes para todas las democracias”, por lo que envió sus mejores deseos por la jornada del próximo 6 de junio, solo dos días antes de la visita de la vicepresidenta Kamala Harris. (Milenio, Opinión, p. 2)

EU y nuestra democracia

La opinión más extendida es que el gobierno de Estados Unidos no enfrentará al presidente López Obrador si trata de restaurar un régimen autoritario en México. Tal convicción se fundamenta en el desinterés que mostró históricamente por la existencia de democracia en el país, que se ejemplifica más claramente en el respaldo que dio a la “dictadura perfecta” priista. Otro elemento que apoya dicha interpretación es la experiencia con el presidente Donald Trump -modelo paradigmático de cinismo en política exterior- que tuvo obsesión por frenar la inmigración ilegal en demérito de otros temas.

Esta idea se ha seguido apuntalando bajo la Presidencia de Joe Biden. Su gobierno continúa dando prioridad al tema migratorio y ha relegado otros irritantes asuntos bilaterales a fin de obtener el apoyo del gobierno mexicano para frenar flujos desde Centroamérica.

No obstante, es previsible que el respeto a la democracia y el Estado de derecho en México cobre creciente relevancia para Estados Unidos, especialmente si López Obrador toma acciones contundentes para subvertir la autonomía del INE, desconocer resultados electorales y/o subyugar plenamente al Poder Judicial.

Tal cambio de postura no respondería al idealismo sino a una visión sobre la defensa de intereses estratégicos, que se subsume bajo el concepto de “interés propio bien entendido” (enlightened self-interest). Este enfoque es cercano al ideario del Partido Demócrata y ocupará un lugar relevante en la doctrina de política exterior de Biden. El 3 de marzo el secretario de Estado, Antony Blinken, ahondó en la prioridad por promover la democracia:

“Las democracias fuertes son más estables, más abiertas, mejores socios para nosotros, más comprometidas con los derechos humanos; menos proclives al conflicto, además de constituir mercados más confiables para nuestros bienes y servicios. Cuando las democracias son débiles […] el país se polariza tanto que es difícil lograr algo […] Nada de esto es favorable a nuestro interés nacional”.

Blinken también se refirió a la experiencia con Trump en la última elección, que mostró la vulnerabilidad de la democracia estadounidense. En alusión al ataque al Capitolio en enero, sostuvo que “fortalecer nuestra propia democracia es un imperativo de política exterior”, lo cual apuntalaría la promoción democrática en otros países.

En términos más amplios, hay varios factores que inclinan la balanza hacia mayor injerencia estadounidense para evitar la regresión autoritaria y mantener la posibilidad de alternancia gubernamental en México. Entre ellos destacan:

  • La incapacidad del régimen obradorista para instrumentar políticas públicas efectivas, lo cual difícilmente cambiará debido a la visión ideológica del presidente mexicano. Ello mantendría debilidad económica y altos niveles de violencia, impulsando la migración y la erosión de vínculos comerciales.
  • El aumento de la polarización si continúa la concentración del poder en la Presidencia y el debilitamiento de canales alternos de expresión política, con el potencial de estallidos sociales e inestabilidad.

Dicho esto, el involucramiento de Estados Unidos en defensa de la democracia mexicana no está exento de varios riesgos. Uno de ellos es que incentivaría la radicalización de López Obrador y el uso de la carta “antiyanqui” para activar su base de apoyo y fortalecer su control político.

El escenario de injerencia estadounidense es más factible que antes pero no ineludible. Para evitarlo, un momento clave será el 6 de junio, cuando los mexicanos podremos fortalecer los contrapesos al presidente y asegurar, por nuestros propios medios, la sobrevivencia de nuestra frágil transición a la democracia. (Alejandro Aurrecoechea Villela, Reforma, Opinión, p.9)