Opinión Migración 290722

Quebradero

No nos acostumbremos

Los migrantes ya están en nuestras ciudades. No había manera de que el gobierno pudiera tener un control de ellas y ellos. Es un fenómeno auténticamente incontrolable que el gobierno no ha logrado de entender y leer del todo.

Seguimos con una política migratoria reactiva desde los atropellados tiempos de Trump. En el corto plazo veremos si con la expedición de visas de las que se habló y prometió en la visita de López Obrador a Washington se abren alternativas. No se va a resolver el problema, pero se podría atemperar y quizá también obligar a crear condiciones en las naciones que expulsan a sus ciudadanos; la migración, reiteremos, es un asunto multilateral.

En un buen número de casos a los migrantes no les queda de otra que dejar sus lugares de origen. Los gobiernos centroamericanos no hacen mucho al interior de sus países para crear condiciones en que los ciudadanos encuentren alternativas para quedarse en sus comunidades.

La migración mexicana ha crecido de manera significativa, lo cual obliga a que el gobierno no solamente ponga la mira en la migración proveniente del extranjero. Desde hace tiempo se viene presentando esta tendencia, la cual debería obligar al gobierno a atender sus causas.

De por medio no sólo está el tema económico, que por supuesto es central, lo que ha ido creciendo como una causa migratoria es que muchas y muchos huyen del país ante la contundente violencia.

Está siendo cada vez más complicado para el gobierno controlar la migración. Son muchas las razones, algunas de ellas pasan por la forma en que ha terminado la delincuencia organizada, la cual le ofrece  a los migrantes salir del país por muy alto costo económico de la mano de un altísimo nivel de riesgo; como hemos visto los migrantes cada vez se atreven a correr más, más y más riesgos.

Se han incrementado las rebeliones en las fronteras, lo cual ha servido para que la delincuencia esté al acecho. Las lamentables muertes de migrantes se deben entre otras razones a que no les importa el costo con tal de salir del país o de los campamentos que los tienen materialmente hacinados.

Ésta es una de las muchas razones por las cuales los migrantes están apareciendo en las grandes ciudades. Han ido aprendiendo a moverse en medio de sus urgencias, sus capacidades, su sagacidad y su desesperación. Estamos ante una etapa más de los procesos migratorios que no hay manera de frenar.

Los migrantes están pasando paulatinamente a la rebeldía y a estas alturas ya poco les está importando si los detienen. Después de las tragedias en los tráileres están dispuestos a correr cualquier tipo de riesgos.

La migración tiene que ver en un buen número con las condiciones de vida que tienen en sus lugares de origen. Muchas y muchos de ellos están dispuestos a cualquier cosa con tal de evitar la pesadilla que es cotidianidad de sus vidas.

Huyen de la violencia, de la pobreza, de las condiciones políticas y económicas en las comunidades en las que viven y a pesar de todos los riesgos que corren, en la gran mayoría de los casos son las propias familias las que los alientan a tratar de llegar a EU, o al menos a México, como nos decía un migrante hondureño con niño en brazos.

Nuestro país está siendo el destino de muchos migrantes, quienes se van dando cuenta de las dificultades para cruzar “la línea”. Si en otro tiempo se escondían en las grandes ciudades hoy ya se dejan ver abiertamente en las esquinas de las calles, en los semáforos y en donde pueden.

Siempre han estado entre nosotros, porque somos además de todo un país migrante, pero ahora están en nuestras ciudades y bien nos convendría ser solidarios, sería lamentable que nos acostumbremos a verlos en las esquinas. (Javier Solórzano Zinser, la Razón, La 2, p.2)

Desde afuera / EU y México: agitado inicio de negociación

Mientras una multitud de señales indica que hay un distanciamiento creciente entre los gobiernos de México y Estados Unidos, la enorme integración social, económica y geopolítica de los dos países es una realidad que ni siquiera los más férreos nacionalistas de ambos lados pueden ignorar.

Pero eso no quiere decir simplemente que una de las dos partes deba o pueda ceder en todo. Los dos países tienen activas vidas políticas propias que tienen impacto real en su relación, pero también un interés profundo en el bienestar mutuo.

En medio del brutal debate que rodea la posición adoptada por el presidente Andrés Manuel López Obrador ante la queja de EU y Canadá sobre su participación en el mercado energético del país, no puede olvidarse que era una demanda “cantada” hace meses, y que la ruta de respuesta o de negociación empieza lo más lejos posible de los puntos de acuerdo deseados.

A grosso modo, la demanda no cuestiona la propiedad estatal de los recursos energéticos, sino busca lo que llaman “terreno parejo” en el mercado de participación en la generación y comercialización de energía. Está de hecho en el texto del Tratado México-Estados Unidos-Canadá: el punto último a discusión es hasta dónde y bajo qué condiciones.

Para el gobierno López Obrador es un punto de importancia política y simbólica, una expresión de independencia vinculada con la gesta nacionalizadora del petróleo en 1938.  Eso lleva a gestos de idealismo latinoamericanista, como la contratación “solidaria” de médicos cubanos “especialistas” y justificada por el presunto desinterés o la falta de profesionales mexicanos. Es una forma también de ayudar a un régimen que, como el cubano, tiene una fuerte presencia en el imaginario nacional.

Pero la realidad es que muchas de las personas que esos médicos atenderán sobreviven, o viven un poco mejor, gracias a las remesas que envían sus familiares desde Estados Unidos, donde hay unos 11 millones de residentes mexicanos —y la mitad sin documentos— amén de 30 millones de ciudadanos estadounidenses descendientes de mexicanos.

La verdad también es que a gustar o no, un gran porcentaje de la economía mexicana depende de la relación con EU y que pese a los reclamos del actual gobierno, no son los primeros en intentar reducirlo con un éxito menos que relativo.

La geopolítica juega en favor y en contra del gobierno López Obrador. La enorme frontera común tiene todos los ingredientes de una integración económica y social, con producción y familias binacionales, aunque también una fuente de problemas como el paso de migrantes y peticionarios de asilo, por el tráfico ilegal de drogas o la necesidad de infraestructura para agilizar el comercio y cadenas de producción.

Así que después de gritos y sombrerazos, la realidad obliga a que los dos gobiernos negocien y alcancen puntos de acuerdo, porque quieran o no, les guste o no, se necesitan. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p.29)

Duda razonable / Trump: ¿la cárcel o la Oficina Oval?

Esta semana Donald Trump regresó a Washington, después de casi un año, a una reunión organizada por una asociación formada por personas que trabajaron con él en la Casa Blanca o que fueron sus aliados en aquellos tiempos.

La agenda de la reunión, los paneles y mesas de discusión fueron todos sobre los temas que Trump ha marcado desde que estaba en la Casa Blanca y desde que tuvo que abandonarla, después de perder su intento de reelección. El orden antes que la ley, el odio a la migración y el regreso al absurdo del muro fronterizo, el ataque frontal a grupos que proponen respeto a la diversidad, la xenofobia y el racismo.

“No hay mayor prioridad que limpiar nuestras calles, controlar nuestras fronteras, evitar que las drogas lleguen y restaurar rápidamente la ley y el orden en Eu”, dijo Trump, para después contar un cuento ofensivo y confuso para ofender a los atletas trans, que culminó con el ejemplo de que LeBron James jugara en un equipo femenino.

Una derecha aún más extrema que la que propuso el expresidente en su primera campaña electoral.

Trump volvió a insinuar, sin aún confirmarlo pero es difícil creer hoy que no sucederá, que está pensando muy seriamente en volver a competir.

La inflación y los indicadores que señalan una baja en el crecimiento tienen al gobierno de Biden en niveles muy bajos de popularidad. El trumpismo sigue creciendo.

En medio de esta disputa y después de las audiencias en el Congreso sobre lo sucedido cuando un grupo de seguidores de Trump invadió el Capitolio, la fiscalía estadunidense está cerca de terminar su investigación, pero sobre todo tendrá que decidir pronto si iniciará proceso legal contra el ex presidente Trump por haber contribuido o al menos no haber intervenido durante la toma del Capitolio. Esa será una decisión política calculando, sí, las posibilidades de hacer un caso sólido, pero sobre todo qué causaría entre los seguidores trumpistas tanto a la hora de votar en noviembre como en las calles.

Trump ha construido en estos dos años, aunque parezca increíble, una narrativa de víctima, la de un hombre perseguido y así lo dijo en su discurso en Washington esta semana. Eso funciona con sus seguidores.

Aplicar la ley contra el ex presidente por sus actos aquel día podría encender esa mecha y las consecuencias podrían ser algo que hace años no se ve en EU. (Carlos Puig, Milenio, Al frente, p.2)

Bitácora del director / México no esperará a llegar al panel

Puedo equivocarme, desde luego, pero con el actual diferendo con Estados Unidos y Canadá sobre la política energética de México, me parece que vamos a ver una repetición –en cámara lenta– del episodio de la amenaza de Donald Trump de imponer aranceles.

Como se recordará, el 30 de mayo de 2019 el entonces presidente de EU dijo que impondría un arancel de 5% a todos los bienes importados desde México a menos de que el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador detuviera el flujo de migrantes centroamericanos que buscaban cruzar la frontera común, y puso un plazo de 11 días para ver si México cooperaba.

En esa misma fecha, López Obrador escribió una carta a Trump en la que le decía que “los problemas sociales no se resuelven con impuestos o medidas coercitivas” y le pedía que –“si no tiene inconveniente”– recibiera a una delegación encabezada por el canciller Marcelo Ebrard, que estaba lista para salir a Washington al día siguiente, a fin de dialogar y “buscar alterativas”.

El jueves 6 de junio, cuatro días antes del ultimátum fijado por Trump, López Obrador convocó a un mitin en Tijuana “para proteger la soberanía nacional”. Anunció que “ahí se va a fijar nuestra postura”. En el acto, que se llevó a cabo el sábado 8, el Presidente declaró que México había ganado. “El lunes no va a haber una crisis”, aseguró.

Lo que había pasado, entretanto, es que México había aceptado desplegar elementos de la Guardia Nacional para contener a los migrantes. Es decir, que Trump había logrado lo que quería.

En un mitin, en abril pasado, el empresario dio su versión de lo sucedido. Presumió que nunca había visto a una contraparte “doblarse” tan rápido en una negociación como lo había hecho aquella vez el gobierno mexicano.

Pienso que algo muy similar va a suceder en el actual conflicto con EU y Canadá, pues el presidente López Obrador ha dado muestras, en muchas ocasiones, de que puede estirar la liga, pero no llegar a romperla. Lo hizo con Trump y lo hizo también cuando su plantón de 2006 en Paseo de la Reforma, cuando éste se levantó a tiempo para el desfile del 16 de septiembre.

El Presidente sabe que no tiene la razón en el diferendo energético. Sí, el capítulo 8 del T-MEC, dice que Estados Unidos y Canadá reconocen que México, en función de lo que establece su Constitución, “tiene el dominio directo y la propiedad inalienable e imprescriptible de todos los hidrocarburos en el subsuelo del territorio nacional”, pero precisa que aquellos países no pierden, por ello, “sus derechos y remedios disponibles conforme a este Tratado”. Esos derechos –como la protección a sus inversiones y la no discriminación a sus empresas– aparecen en otras partes del texto, como los capítulos 14 y 22, donde hay referencias específicas al sector de gas y petróleo.

¿Qué es lo que creo que pasará? De acuerdo con los tiempos fijados por el T-MEC, las consultas se iniciarán 30 días después de haber sido solicitadas, es decir, el 19 de agosto, y tendrán 45 días para llevarse a cabo, es decir, hasta el 3 de octubre.

Hace una semana, en la mañanera, López Obrador anunció que se esperaría a las Fiestas Patrias para fijar la postura mexicana (aunque ya ha dicho que México no ha incumplido el tratado y que la petición de consultas fue culpa de la voracidad de una empresa, Talos Energy). “Voy a aprovechar a informar el día 16 de septiembre, el día de nuestra Independencia, sobre este asunto”, declaró. “No vamos a informar antes”.

Si el episodio de 2019 es una guía, su gobierno buscará llegar a un acuerdo con EU y Canadá y sus respectivas empresas para el 16 de septiembre, cuando ya habrá pasado más de la mitad de los 45 días de las consultas. Y sea cual sea el resultado, dirá, como en Tijuana, que ganó y que la soberanía nacional quedó a salvo. Y por si hicieran falta más coincidencias, ayer López Obrador dijo que mandará una carta al presidente Joe Biden para explicarle las cosas.

¿Por qué no se esperará a que esto lo resuelva un panel de controversia? Sencillo: por el gran riesgo que tiene de perder y que, como resultado, se impongan a México aranceles compensatorios que afectarían, no a su gobierno, sino a exportadores mexicanos como los productores de aguacate. (Pascal Beltrán del Río, Excélsior, Nacional, p.2)