Opinión Migración 290723

El Santo Oficio / Francisco Garduño, el amoroso

El cartujo lee las declaraciones de Francisco Garduño, comisionado del Instituto Nacional de Migración (INM), en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, y el estómago se le revuelve. Recuerda el incendio del 27 de marzo en la “estación migratoria” de Ciudad Juárez con su saldo de 40 muertos y la respuesta del funcionario cuando, casi un mes después, ante los cuestionamientos de varios reporteros dijo dormir tranquilo pues al momento de la tragedia él estaba a mil 800 kilómetros de distancia, sin poder hacer nada.

Su apacible sueño —debió agregar— está bendecido por su impunidad y permanencia en el cargo debido a su amistad con AMLO, por eso vive sin zozobra, no como esos pobres diablos migrantes con el sueño guajiro de cruzar a Estados Unidos en busca de un destino mejor para sus familias, lejos de la miseria y el espanto de sus lugares de origen.

En la población coleta, al poner en marcha el Operativo Héroes Paisanos Verano 2023, de acuerdo con la nota del corresponsal de MILENIO Iván Cabanzo, Garduño dijo: “Chiapanecos, que su sol siempre brille en esta ciudad de San Cristóbal de las Casas (…), sean bienvenidos. Yo en lo particular los amo”. Exultante, reconoció a Chiapas como el estado de donde más mexicanos parten para trabajar en la Unión Americana, superando a Oaxaca.

No habló, por supuesto, de los motivos del éxodo: pobreza, inseguridad, violencia, aumento del crimen organizado, invisibles para quienes se regodean con las cifras exorbitantes de las remesas, producto de la temeridad y el sufrimiento de nuestros paisanos en un país donde con frecuencia son víctimas de discriminación y brutal asedio por parte de las autoridades, como ocurre en México con quienes llegan de fuera arrastrando su miseria y sus miedos solo para encontrarse con iracundos subalternos de Garduño, el amoroso a quien —como diría Sabines— “la muerte (le) fermenta detrás de los ojos”, como a tantos otros políticos y funcionarios de un régimen donde se abrazan la insensibilidad, la impericia y el cinismo.

Queridos cinco lectores, volveremos a encontrarnos el 19 de agosto, luego de un urgente retiro espiritual, mientras El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén. (José Luis Martínez S., Milenio, Al Frente, p. 2)

Los protegidos de la 4T

Ahora que el presidente anda con la idea de que se investiguen las empresas de Xóchitl Gálvez, le sugiero que le den ficha de atención a su caso y primero nos informen sobre el avance de otros asuntos vinculados a la 4T, que vienen de tiempo atrás y son bastante graves.

Empecemos con Francisco Garduño, director del Instituto Nacional de Migración, quien ya anda ofreciendo disculpas a los deudos de los migrantes que murieron en la estación migratoria de Ciudad Juárez, Chihuahua, por la criminal ineptitud del personal del INMI (28/03/2023).

Nunca quedó claro cómo fue que se contrató a la empresa CAMSA, del Grupo TANK, la cual apenas tenía cuatro empleados, ni tampoco por qué los guardias de seguridad llevaban el escudo de la anterior prestadora del servicio, SEICSA, cuyos tentáculos llegan hasta altos personajes nicaragüenses. También nos deben una explicación sobre las medidas correctivas sobre las extorsiones de las que son objeto los migrantes por parte del personal del INMI. (Jesús Ramírez Cuevas, La Crónica de Hoy, Nacional, p. 6)

Sin justicia

Hoy se cumplen cuatro meses de la terrible tragedia en la estación del INM en Ciudad Juárez, el incendio que cobró vidas humanas y que tiene a los sobrevivientes sin la más mínima ayuda.

No les han cumplido y evaden su responsabilidad, las familias no han recibido ninguna indemnización. El Presidente no ha cumplido, no le importan las víctimas ni los familiares que sufrieron este nefasto hecho.

El comisionado del INM, Francisco Garduño, sigue en su puesto. Hace cuatro meses, la Secretaria de Seguridad, Rosa Icela Rodríguez, prometió justicia y cero impunidad, pero no fue más que el mismo discurso de engaños.

Representan la desesperanza, no sólo de México, sino de los miles de migrantes que son maltratados, ignorados y olvidados por este Gobierno. (Guillermo Camarena, Reforma, Nacional, p. 4)

Migración: compromisos desiguales

Jake Sullivan, asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, anunció ayer el pleno apoyo del gobierno estadunidense al espacio internacional multipropósito que el gobierno de México planea establecer en el sur del país para ofrecer nuevas opciones de refugio y trabajo a las personas más vulnerables que actualmente se encuentran en nuestro territorio. El funcionario aseguró que dicha medida forma parte de una serie de exitosas iniciativas de vías legales que el presidente Biden y el presidente López Obrador han acordado poner en marcha, y aplaudió la amplia cooperación para administrar la frontera común de manera humana y ordenada como un testimonio de los fuertes y duraderos lazos de amistad y asociación entre nuestros dos países.

El proyecto al que se refiere Sullivan fue presentado el miércoles pasado por la canciller Alicia Bárcena. Se trata de un espacio internacional multiservicios para migrantes que se instalará en la región sureste y que, subrayó, no contempla tareas de control migratorio. Por el contrario, se trataría de ofrecer servicios y alternativas de protección, documentación y movilidad laboral, en coordinación con la Secretaría de Relaciones Exteriores, la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) y el Servicio Nacional de Empleo (SNE) de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social. La atención se dirigirá a migrantes que no son elegibles para optar a las nuevas vías regulares establecidas por Estados Unidos, a quienes se buscará acercar posibilidades de asilo y empleo, particularmente en proyectos gubernamentales de infraestructura.

Estas noticias dan cuenta de la profunda asimetría que prevalece en el compromiso y el enfoque de Washington y México en torno al drama migratorio. Por una parte, el gobierno mexicano, que dispone de recursos financieros infinitamente menores a los de Estados Unidos, invierte en el desarrollo social de las comunidades centroamericanas a través de programas sociales de probada utilidad (e incluso estudia la factibilidad de ampliarlos al Caribe). Asimismo, con el espacio internacional multiservicios destinará parte de su limitado presupuesto a crear oportunidades laborales para quienes han ingresado aquí con la expectativa de alcanzar suelo estadunidense.

Mientras tanto, Biden lucha en tribunales para mantener restricciones al derecho de asilo preocupantemente similares a las implementadas por su antecesor, Donald Trump, y su administración no ofrece ninguna claridad acerca de la forma que cobrará el pleno apoyo asegurado por Sullivan. También está clara la insuficiencia de las cuotas establecidas para pedir asilo a Washington: apenas 30 mil solicitudes al año (que no implican aprobación) para personas provenientes de Haití, Nicaragua, Cuba y Venezuela, así como hasta mil 450 citas diarias en centros de procesamiento estadunidenses para aquellos migrantes que se encuentran transitando por México; una oferta mezquina frente a cientos de miles de seres humanos que caminan hacia Estados Unidos para reunirse con sus familias, desarrollar su potencial profesional y laboral o ponerse a salvo de situaciones de violencia.

México no puede soslayar su deber de asistir a las personas en tránsito y velar por la vigencia de sus derechos humanos, pero es imperativo que la Casa Blanca cumpla con sus propias tareas, apoye al gobierno mexicano en el combate a la migración desde sus causas y respete el derecho universal a la petición de asilo. (Editorial, La Jornada, p. 2)

Cruzando Líneas / La dualidad del migrante

¿Cómo se ve un indocumentado?, le preguntaron a Jan Brewer en medio de una rueda de prensa en 2010. La entonces gobernadora de Arizona se quedó sin palabras. Le temblaron las manos, como siempre que se ponía nerviosa. No podía contestar; sabía que escupiría sandeces desde su privilegio. No sé, mintió, luego de promulgar la SB1070, “la madre de las leyes antiinmigrantes”.

Ha pasado más de una década y no hay un político que se atreva a dar una respuesta a esa interrogante. Les cuesta admitir que, para ellos, casi todos los migrantes somos iguales; casi. Los extranjeros blancos y adinerados no son cuestionados; nosotros, los morenos y con acento marcado, seguimos con un blanco en la espalda y una insignia en la frente, no importa si llegamos con papeles, nacimos o nos naturalizamos, si parimos a estadounidenses o si seguimos indocumentados. Desde las alturas de la prerrogativa anglosajona, todos nos vemos iguales.

Lo sé porque nunca me dejan de preguntar de dónde vengo. Si respondo de Arizona, donde está mi casa, donde trabajo y crío, donde gasto y contribuyo… donde he parido, me cuestionan de nuevo, “sí, pero ¿de dónde vienes?”. Vengo de Phoenix, repito, y se hace un silencio incómodo. Se me nota lo fronteriza hasta en el carácter recio.

Me presento siempre diciendo que soy mexicana, latina y migrante. Esa es mi identidad. Es de dónde soy, dónde vivo y de dónde vengo. Soy la dualidad de la frontera. Es tener un pie de cada lado del muro y nuestra fertilidad siempre burlada y violada en el centro. Soy de aquí y de allá. Soy de donde estoy. Soy la de los labios rojos, los aretes étnicos y la sonrisa descarada. Soy lo que les molesta que sea: el rostro de sueños cumplidos sin dejar de soñar ni de triunfar. Yo también soy y luzco como migrante. Las fronteras me cruzaron y yo a ellas, y no me voy, pero tampoco me quedo. Tengo raíces en dos tierras, que un día fueron una y yo las remiendo con historias para unirlas de nuevo.

Conozco a personas en situación irregular migratoria que hablan mejor inglés que yo, que nunca han estado en México, que conocen el sistema desde dentro, que no entienden español, que conducen un auto del año, que tienen negocios exitosos, que disimulan su pesar y que no han encontrado una manera de sacudirse sus sombras. También he descubierto muchas Malinches; residentes y ciudadanos que traicionan sangre y cultura, que viven del Gobierno, que se escudan en la doble moral y que explotan a los suyos y se aprovechan de cualquier necesidad. De frente, quizá se ven igual. Las espaldas los delatan. El indocumentado es el que recibe las puñaladas y nunca deja de sangrar. Ni todos buenos ni todos malos; insisto, ni todos santos ni todos pecadores.

¿Cómo se ve un indocumentado? Como ellos, como yo. ¿Cómo se ve alguien con papeles? Como ellos, como yo. (Maritza Félix, El Sol de México, Análisis, p. 13)

Cadena de Mando / Amenazas multidimensionales

Trasiego de drogas en general —fenómeno del fentanilo—, migración y organizaciones criminales, son las amenazas que comparten México, Estados Unidos y Canadá. Más allá del discurso y de la gran cantidad de información mediatica que surge a partir de estos fenómenos, los tres países comprenden la seriedad y puntual atención que debe darse a esta realidad.

Esta semana se llevaron a cabo reuniones bilaterales y trilaterales que muestran la preocupación, las acciones y posturas de cada país para enfrentar estas amenazas multidimensionales crecientes.

La postura de México en el terrible tema del fentanilo ha sido que nuestro país sirve de puente para que desde China lleguen precursores químicos para la producción de esta droga sintética, que se ha convertido en la mayor amenaza de salud pública que tiene actualmente Estados Unidos y también ya se ha convertido en una amenaza para Canadá.

Las fuerzas armadas mexicanas han desmantelado 1,788 centros de procesamiento de drogas sintéticas, lo que ha representado un impacto para las organizaciones criminales de más de 1.6 billones de pesos en ganacias.

Seguridad, salud pública y comunidades seguras son los ejes que los soldados de tierra, mar y aire, así como los guardias nacionales, sustentan para fortalecer tanto los acuerdos bilaterales y trilaterales como las acciones que se realizan.

La relación militar-naval que se tiene con los vecinos del norte goza de grandes fortalezas y de una cooperación y coordinación suficiente y necesaria para combatir desde el frente de seguridad nacional y seguridad interior esta realidad.

Sin duda, la acción diplomática mexicana, así como la participación activa de la secretaria de Seguridad Pública, debe reconocerse.

Sin embargo, pese a todo lo anterior, las amenazas multidimensionales que viven los tres países no se resuelven de inmediato. Debemos sumar a los retos la realidad que en materia de tráfico de armas de Estados Unidos a México existe; la migración, como nunca, representa el mayor reto de crisis humanitaria que se ha vivido en el continente americano.

Respecto al tráfico de armas, en los últimos tres años se han decomisado por los tres órdenes de gobierno más de 70 mil armas. Estados Unidos, a través de la Operación “Southbound”, dirigida por el Buró de Alcohol, Tábaco, Armas y Explosivos (ATF), ha aumentado en más de 60% las incautaciones de armas que intentan salir hacia México.

No está de más recordar la importancia de las armas como herramienta principal para las organizaciones criminales en sus actividades ilícitas como narcotráfico, extorsión, secuestros, robo a transporte de carga y pasajeros, trata y tráfico de personas.

México ya presentó sus cuatro propuestas para detener o por lo menos minimizar el tráfico de armas. La primera es mayor reciprocidad para incrementar las acciones en el decomiso de armas.

La segunda propuesta es aumentar la supervisión en Estados Unidos de licenciatarios de armas, es decir, tiendas que las promueven y venden, así como la gran cantidad de ferias de armas que existen en ese país.

La tercera es revocar las licencias de las tiendas a las que se les compruebe que venden armas ilegales, en especial que puedan tener conexión con el CJNG y el Cártel de Sinaloa.

La cuarta y última es no enfocarse solamente en los intermediarios que promueven las armas, sino llegar a las cabezas de las organizaciones que operan desde el inicio, hasta la entrada ilegal a México de estas herramientas para los criminales.

¡Así las cosas! (Juan Ibarrola C., Milenio, Al Frente, p. 3)

El secuestro: una muerte suspendida

El macabro mundo de los secuestros en México pareciera no tener fin.

Este delito es tan grave que, quienes desgraciadamente han sufrido la muerte de un ser querido y, además, un secuestro, ya sea en la familia o propio, consideran que lo primero es menos doloroso que lo segundo.

La razón es que el secuestro equivale a una muerte suspendida. Durante el tiempo de agonía que dura, todo es incertidumbre. En la muerte, por el contrario, se sabe que la víctima ya no tiene vida; que no seguirá sufriendo y, sobre todo, dónde está el cuerpo. Es decir: hay certezas.

A pesar de lo que dicen las autoridades, todo indica que este delito va en aumento. Desde principios de siglo, este crimen se transversalizó. No distingue entre clases económicas y cada vez afecta más a las personas de clase media y baja. Los criminales han descubierto que tener más de una persona secuestrada o secuestrar migrantes es más redituable que raptar a personas adineradas que cuentan con equipos de protección e influencia política.

En los últimos 22 años he apoyado a cientos de víctimas de secuestros y a sus familiares. Conozco personas adineradas, sí, pero en realidad son muchas más las personas de clase media y baja que padecen este delito. Incluso me tocó apoyar a un campesino a quien le intercambiaron una vaca por su hijo secuestrado. Pero a este gobierno lo que menos le importa es el sufrimiento de las víctimas.

Al igual que pasa con todos los problemas de inseguridad, durante este sexenio no se implementó una política contra los secuestros. A la Comisión Nacional Antisecuestro (CONASE), que dio muy buenos resultados, le cambiaron su esencia, ya que se creó en 2014 con la intención de que fuera un organismo de coordinación y apoyo a las Unidades Antisecuestro Estatales (UECS) y contara con recursos económicos, técnicos, operativos (coordinado con la Policía Federal) y de auditoría, pero a lo largo de este gobierno se convirtió en una unidad operativa más que no cumple con su principal función, que es apoyar a los estados.

Desde 2020, en Causa en Común denunciamos que las fiscalías estatales, ya sea por ineptitud, omisión o posible manipulación, no están registrando correctamente los secuestros porque hemos descubierto que los inscriben en la subcategoría de “otros delitos contra la libertad personal” (“otros”) u omiten registrarlos.

Entonces, además de los secuestros, que van al alza en el primer semestre del año, también tenemos que poner el ojo en esa subcategoría. De esta forma, resulta que en 2015 se reportaron 1,381 víctimas de secuestro y 11,232 en la subcategoría “otros”. En 2022, en tanto, se reportaron solo 724 víctimas de secuestros, pero la subcategoría aumentó un 123% hasta alcanzar los 29,834 casos.

La tendencia que combina una reducción de secuestros con crecimientos desproporcionales del segmento “otros” se repite en una docena de estados, entre ellos Querétaro, Estado de México, Colima, Campeche, Baja California y Aguascalientes.

Se supone que la subcategoría “otros” asienta la intermediación, colaboración, asesoría, intimidación a la víctima y otros actos relacionados con la privación ilegal de la libertad; simulación

(auto secuestro); y desaparición. Ello significaría que hay muchas más personas intimidando a víctimas de secuestro, pero ¿hay mucho menos secuestros?, ¿se disparó el auto secuestro? ¿o en varios estados hay más desapariciones que registran en sus “otros” pero no en el Registro de Búsqueda? De no ser manipulación de cifras, no se entiende lo que está pasando.

Además, encontramos omisiones. Por ejemplo, el 22 de septiembre de 2022 encontraron a 183 migrantes secuestrados en un hotel en Puebla. Al revisar los datos de incidencia delictiva del SESNSP y los informes del fuero federal en dicho periodo, no se tiene registro de víctimas por secuestro, trata u otros delitos contra la libertad en el estado. En palabras llanas, están dejando de anotar a víctimas de secuestros o de trata. A estos datos hay que agregar la cifra negra que la ENVIPE 2022 estimó en 96.9% en 2021, lo que implica que se cometieron 63,131 secuestros.

Mientras esto sucede, la Secretaría de Seguridad y Participación Ciudadana que es la responsable de auditar las cifras y darlas a conocer guarda silencio sobre estas anomalías.

No dudemos que la realidad los va a alcanzar. Cada día hay más voces que expresan su dolor por las violencias que se cometen en el país sin que los gobiernos se inmuten. Y de acuerdo con un estudio de CIDAC (2015), el secuestro es uno de los delitos que más impacta de forma negativa en la percepción de seguridad de la población, ya que un aumento de cuatro secuestros por cada 100 mil habitantes incrementa la percepción de inseguridad en 1 %. Al tiempo.

Colaboró René Gerez. (María Elena Morera, El Universal, Opinión, p. 14)

Hasta que alguien me escuche

La inmigración es uno de esos temas que dividen y causan peleas en Estados Unidos. Es curioso que un país en donde casi todos somos inmigrantes o descendientes de familias inmigrantes, todavía no haya hecho las paces consigo mismo. El debate casi siempre es entre nosotros contra ellos. (Y ellos, por supuesto, son los recién llegados).

Uno supondría que un país con tantos inmigrantes -somos más de 44 millones o el 13.7% de la población- y más de dos siglos de migraciones masivas ya sabría qué hacer con los extranjeros. Pero no. Este país se vuelve un ocho cada vez que se pone a discutir qué hacer con los nuevos inmigrantes. Y con los resultados de las pasadas elecciones congresionales, ya sabemos lo que nos espera: más parálisis y más injusticias para los inmigrantes.

La última reforma migratoria en Estados Unidos ocurrió en 1986. Desde entonces casi nada ha pasado. El presidente Barack Obama creó DACA en el 2012 -un programa para proteger de la deportación a casi un millón de jóvenes que entraron ilegalmente a Estados Unidos- pero actualmente está siendo cuestionado en las cortes. DACA tiene un futuro incierto. Y la situación de más de 10 millones de indocumentados -en su mayoría mexicanos- también.

¿Por qué no se ha podido aprobar una nueva ley migratoria? La respuesta más obvia es que los dos partidos no se han podido poner de acuerdo: los demócratas quieren legalizar a millones y los republicanos quieren ver una frontera más segura. Pero hay más.

“Yo creo que nos falta voluntad de nuestra comunidad”, me dijo en una reciente entrevista el excongresista Luis Gutiérrez, uno de los más persistentes líderes latinos. “No veo el coraje. No veo la indignación. No veo el empuje… Estamos creciendo en número -a 62 millones (de latinos)- pero no estamos creciendo el poder; no estamos utilizando nuestro poder y levantando nuestra voz”.

Lo cierto es que no hemos logrado -como vimos en la pasada elección- que la legalización de millones de personas esté siempre en la agenda de ambos partidos. Esto a pesar de que un 79 por ciento de los estadounidenses, según una reciente encuesta, favorece una reforma migratoria que incluya a ambos partidos, seguridad fronteriza y un camino a la ciudadanía para los extranjeros.

Ante esta parálisis, hay pequeñas historias de heroísmo.

Como la de la niña escritora Estela Juárez, de solo 13 años de edad. Estela escribió un extraordinario y valiente libro sobre la deportación de su madre, Alejandra. Se llama Hasta que alguien me escuche.

Por la política de cero tolerancia del presidente Donald Trump hacia los indocumentados, Alejandra Juárez fue deportada en el 2018 a México, a pesar de estar casada con un militar estadounidense. Así la familia Juárez quedó dividida en dos países. Fue en ese momento que Estela empezó a escribirle cartas a varios políticos estadounidenses. “Me sentí muy frustrada y muy triste”, me dijo Estela en una entrevista. “No entendía por qué tenían que deportar a mi mamá. Fue ahí que empecé a escribir cartas al Presidente y a mis legisladores. Primero les conté de mi historia y les pedí que cambiaran las leyes de migración para que mi mamá pudiera quedarse permanentemente”.

Los pedidos de Estela funcionaron.

Tras casi tres años en México, el gobierno del presidente Joe Biden le otorgó a Alejandra un permiso humanitario para regresar temporalmente a Estados Unidos con su familia. “No me lo creía”, me comentó Alejandra, “fue como un sueño”.

Toda esta experiencia ha marcado su futuro y, en el proceso, ha encontrado una misión de vida. A pesar de su edad, se ha convertido en una lideresa para otros inmigrantes. “Quiero inspirar a otros niños (hijos de padres deportados) y decirles que no están solos en esta pelea”, me dijo Estela, quien tiene planes de convertirse en una congresista y abogada de inmigración.

Esta valiente y visionaria niña, con su libro y su insistencia, logró revertir la deportación de su madre y ahora están juntas. Pero también indica el camino a seguir para conseguir una reforma para otros inmigrantes como su mamá.

En la penúltima página de su libro, escribe: “Descubrí que mis palabras tienen poder. / Mi voz también tiene poder. / Y no dejaré de usar mi voz / Hasta que alguien me escuche…”. (Jorge Ramos, Reforma, Opinión, p. 8)

Cartones

EU Miles de migrantes

(Llera, Excélsior, Nacional, p. 10)