Opinión Migración 290724

A Fuego Lento / Se manchan de sangre las manos en Sinaloa

 

EL GOBIERNO FEDERAL realiza una exhaustiva investigación para determinar quién autorizó el despegue de la aeronave que habría trasladado a Ismael El Mayo Zambada y a Joaquín Guzmán López, hijo de El Chapo Guzmán, a Estados Unidos.

Hubo encubrimiento, pues el avión salió del aeropuerto del Hermosillo, Sonora, y para despegar debió tener el permiso de Instituto Nacional de Migración y mandos militares.

¿Hubo corrupción o encubrimiento… o las dos?

 

Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “Ojo por ojo y el mundo acabará ciego” (Alfredo González Castro, El Heraldo de México, País, p. 5)

Fuera de la Caja / Guatemala

Chiapas es un estado fallido. Después de varios gobernadores muy malos, el actual ha perdido por completo el control del estado, que se encuentra disputado por bandas de criminales que buscan dominar el mayor negocio de los últimos años: la trata de personas. La gran migración hacia Estados Unidos desde el sur de México, no sólo de latinoamericanos, y la tradicional porosidad de nuestra frontera sur, ofrecen grandes oportunidades a estos criminales. Ni el Instituto de Migración, ni la Guardia Nacional, ni nadie se les ha parado enfrente, y el estado actual es prácticamente de guerra.

Los habitantes de la zona han clamado por ayuda, han buscado defenderse, y ahora algunos de ellos abandonaron el territorio nacional para desplazarse a Guatemala. Flujo inverso del ocurrido hace cuarenta años, cuando la guerra civil en ese país movió a decenas de miles de guatemaltecos a guarecerse en nuestro país.

He visto comentarios denigratorios de Guatemala alrededor de estas noticias, así que creo conveniente compartir un poco de información para actualizar creencias y prejuicios. Aunque Guatemala es un país mucho más pequeño que México, y que tradicionalmente ha tenido ingresos más bajos, en el transcurso de las últimas décadas su desempeño ha sido notoriamente mejor al nuestro. De acuerdo con los datos del Banco Mundial, el ingreso por habitante, medido en términos constantes y eliminando el efecto del poder de compra, creció en Guatemala a más del doble del de México de 1990 a 2023. Mientras nuestro crecimiento fue de 0.7 por ciento anual, en Guatemala crecían al 1.6 por ciento cada año.

En los últimos cinco, con nuestro deplorable gobierno, el ingreso por habitante en México se ha estancado, no crecimos nada. En Guatemala, cada uno de esos años el ingreso crecía 2.1 por ciento. Así, mientras en los primeros años noventa la diferencia de ingreso entre Guatemala y México era parecida a la que teníamos nosotros con Estados Unidos (bajo esta medición de paridad de poder de compra), en 2023 los guatemaltecos casi llegan al 60 por ciento del ingreso de los vecinos.

Aunque sin duda Guatemala tiene muchos problemas, como el resto de los latinoamericanos, en cuestión económica su desempeño reciente es de felicitar. El nuestro no, especialmente en los últimos cinco años, que han sido un fracaso rotundo. Al respecto, conviene insistir en que durante los últimos dos años se creó desde el gobierno una burbuja de ingresos que permitiera a la población consumir más, y con ello garantizar que su estado de ánimo favoreciese el triunfo de la opción oficial. En eso también Guatemala nos ha dejado atrás: con dificultades, pero el triunfo democrático de Bernardo Arévalo no se parece en nada a la elección de Estado que vivimos nosotros.

La burbuja creada en México es una gran preocupación, porque el ‘consumo en exceso’ de los últimos dos años equivale, casi exactamente, al déficit fiscal. Eso significa que cualquier intento de consolidar las finanzas públicas implicará una caída en el nivel de vida de los mexicanos, que no será nada sencillo de procesar. Con una economía que se desacelera mucho más rápido de lo esperado, y que ya apunta a no llegar siquiera a 2 por ciento de crecimiento en este año, y con una inflación que se ha salido de control, esa caída en el consumo va a hacer evidente a los mexicanos el engaño que sufrieron rumbo a la elección.

Por otra parte, el nivel de riesgo que los inversionistas atribuyen a México ha crecido en los últimos dos meses. Desde que López Obrador anunció su intención de destruir el Poder Judicial, el peso se ha depreciado a un ritmo superior al resto de las monedas. En los días siguientes al anuncio, esa diferencia superó 10 por ciento, aunque después se moderó un poco. En esta semana, nuevamente ha llegado a esos niveles.

Parafraseando ese mal dicho de hace décadas, nosotros somos Guatepeor. (Macario Schettino, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 52)

La encrucijada americana

En este espacio de opinión comentamos hace algunas semanas, que el debate entre Joe Biden y Donald Trump no tenía precedente en cuanto al daño infligido al presidente de Estados Unidos y a la seria posibilidad de que su pobre desempeño desembocara en la pérdida de la candidatura demócrata. En sólo unos días, Biden ha sido borrado de la contienda, Donald Trump estuvo a milímetros de ser asesinado, y Kamala Harris irrumpe en la escena como la inesperada contendiente por la Casa Blanca.

Como vecinos, socios y espectadores de la elección estadunidense, se agradece tener una dosis de adrenalina, en vez del triunfo cantado de Trump que sucedió al debate. Sobre todo si se considera que, de acuerdo con el más reciente sondeo hecho por The New York Times, Harris y Trump están técnicamente empatados, entendiendo que las preferencias en Estados Unidos no representan el voto electoral, que se define por la cantidad de delegados de cada estado de la Unión. Sea como sea, Kamala tiene una oportunidad, cuando Biden estaba acabado.

La pregunta fundamental es: ¿le alcanzará para vencer a Trump? El ex presidente ha sido literalmente tocado por Dios después del intento de asesinato. Sus seguidores, más enardecidos que nunca, lo ven como un hombre providencial, elegido por el destino para regresar a Estados Unidos a ese país mayoritariamente blanco, sin inmigrantes, cristiano y conservador, que tanto añoran. Basta revisar lo ocurrido en la convención republicana de Milwaukee para entender que la ultraderecha borró la institucionalidad del Partido Republicano, del que no queda más que el logotipo. A tiempos radicales la nación MAGA ( Make america great again) le pone pólvora y fuego; al racismo latente le da una liberadora patente de corso, a la narrativa del supremacismo blanco, le da forma y liderazgo. No es casual que J.D. Vance, el arquetipo de blanco anglosajón desplazado de la clase media desde los 80 que ve con recelo a los inmigrantes y siente que ha sido despojado en suelo propio, sea el candidato a la vicepresidencia. Al radical candidato le acompaña un ultra radical como fórmula.

¿Qué pasó con la sociedad estadunidense en las primeras décadas del siglo XXI para que las principales banderas republicanas sean la prohibición absoluta del aborto, la aniquilación civil de los inmigrantes, el acotamiento de derechos civiles y el regreso de símbolos de la guerra de secesión? Como bien sintetizó la Rayuela hace algunos días, a la Convención sólo le hacían falta las puntiagudas capuchas blancas, pero el odio, el racismo, la xenofobia, el chauvinismo, el espíritu de Alemania de los 30, estaban ahí, aplaudiendo a los promotores de una nostalgia por la época de la posguerra, que hoy se vende como ideal de futuro. Una sociedad que, independientemente del resultado de noviembre, parece inyectada por un veneno añejo, el racismo, para el que jamás ha encontrado antídoto.

Parte de esa sociedad está representada en la boleta. Ahora, con Kamala Harris, también está representado el heterodoxo y complejo país de migraciones y oportunidades. Porque Kamala es fruto del éxito y el esfuerzo en segunda generación. Sus padres, ambos profesionistas brillantes, la madre de la India, el padre de Jamaica, han destacado en la ciencia y la economía, y fueron alumnos de las mejores universidades estadunidenses. Esa unión improbable es el ADN de Harris, forjada como fiscal en California, y cuyo ascenso en la política parece más predestinado que meteórico.

Trump ya le ganó en 2016 a una mujer. Una mujer poderosa, blanca, con una brillante carrera política y símbolo del establishment de Washington: Hillary Rodham Clinton. En ese sentido, Harris tiene un desafío aún más grande que el de Hillary, el de convencer a los moderados de que su agenda liberal, no es demasiado radical, ni sus orígenes una razón para la sospecha. Suena absurdo, pero recordemos que a la fecha, uno de los puntos que más le ha pesado a Barack Obama es llamarse Hussein y haber nacido en Hawai. El puritanismo radical no perdona ni a sus más prolíficos y brillantes ciudadanos.

Trump arranca con ventaja. Tiene al atentado como épica, y la inflación acumulada en la administración de Joe Biden como su aliada. Kamala Harris puede tener la narrativa a su favor: la de la fiscal que persigue sin descanso al delincuente, la que acorrala a quien se ha burlado de la ley de manera sistemática y casi patológica.

Harris ha cambiado el tono y el rumbo de la contienda, ¿le alcanzará? Me atrevo a vaticinar, por el ciclo histórico que vivimos, que NO. (David Penchyna Grub, La Jornada, Política, p. 13)

Apuntes Globales / ¿De qué está hecha Kamala?

Barack Obama, el presidente número 44 de Estados Unidos, llegó a la nominación de su partido a base de carisma, un discurso incluso hasta poético y una visión de país en el que había lugar para todos, especialmente las minorías.

Joe Biden llegó a ser el candidato demócrata después de más de cuatro décadas de carrera política a base de enjundia, conexiones con los poderosos y lealtad al propio Obama, a quien acompañó fielmente durante ocho años como vicepresidente.

Kamala Harris está más en la liga de Biden. No es una política carismática ni con gran visión. Escaló las jerarquías partidarias con base en estrategia, enjundia y ambición. Su biografía personal le ayudó. Hija de inmigrantes, una endocrinóloga de la India y un economista de Jamaica, quienes se conocieron en la Universidad de California, Berkeley, durante las revueltas estudiantiles de los 60.

Especialmente en el último tramo del camino de Biden, Kamala fue extraordinariamente fiel. Aparentemente se creyó el cuento –el presidente aún puede ser el candidato que derrote a Trump–. Lo defendió a capa y espada.

Biden le pagó con creces. A minutos de publicar en redes sociales que abandonaba la carrera a la Presidencia, le dio su respaldo incondicional señalando: nominarla vicepresidenta fue lo mejor que hice durante mi administración.

La rápida aceptación de su candidatura por los líderes y activistas demócratas fue tan sorpresiva como la renuncia de Biden. Le ayudó la urgencia de sus partidarios de no perder más tiempo para combatir a Donald Trump.

También estuvo a su favor su edad, 59 años. Trump no podrá presumir de su energía de caballo a sus 77. Ante Kamala se le notarán la edad y los kilos que le sobran.

Voluntad inquebrantable, buenas decisiones, estar en el lugar indicado, lealtad y edad la han catapultado para ser la segunda candidata mujer del Partido Demócrata.

Todo esto no le será suficiente, sin embargo, para ganarle a Donald Trump el próximo 5 de noviembre.

En los próximos 100 días sabremos de qué está hecha Kamala. Si tiene o no el liderazgo necesario para aprovechar la energía de los demócratas, rayando en desesperación, para impedir que regrese Trump a la Casa Blanca.

En breve tendrá que decidir quién será su compañera o compañero de fórmula. Un VP que le garantice algunos votos, pues siempre su lucha por la Oficina Oval será cuesta arriba.

Ser mujer y negra no le bastará para desplegar el enorme paraguas que permitió a los dos últimos presidentes demócratas –Obama y Biden– cobijar a todas las corrientes y minorías del partido. Desde la extrema izquierda, como la representante por Nueva York, Alexandria Ocasio-Cortez, o bien el conservador pro-hidrocarburos, el senador de Virginia del Oeste, Joe Manchin. Le urge una visión y mensaje integrador.

Será esencial que encuentre una narrativa balanceada en el tema que más le duele a Biden y a la propia Kamala –la migración y la porosa frontera con México–. Ya Trump y su compañero de fórmula, JD Vance, la han apodado “zar de la invasión migrante”.

Tiene poco tiempo para presentarse ante los electores indecisos como una candidata del centro del Partido Demócrata, a la Bill Clinton. Ya Trump la pintó de “roja” hace cuatro años y la artillería republicana en ese sentido será despiadada.

Finalmente, tendrá que lograr ‘metérsele en la piel’ a Donald y no de que éste la descoloque literalmente con sus barrabasadas, como lo hizo con Hillary Clinton. Tendrá que comprobar su fama de dura y segura a la hora del debate con Trump.

La lucha por la Casa Blanca en los próximos tres meses será despiadada. El premio es extraordinario. La oficina más importante del globo.

Kamala presidenta es un sueño para las minorías, especialmente las mujeres de Estados Unidos, del mundo y de México. Kamala presidenta es también un sueño para quienes creen en la democracia republicana de pesos y contrapesos y de la versión de Estados Unidos tolerante con todas las razas y religiones.

Para que el sueño se haga realidad, la candidata demócrata –Kamala Harris– tendrá que mostrar en los próximos cien días que está hecha con madera de líder, visión de futuro y temple ejemplar. (Rafael Fernández de Castro M., El Financiero, Mundo, p. 45)

Uno hasta el fondo / El futuro de Venezuela

Gil caminaba sobre la duela de cedro blanco del amplísimo estudio. Como no puede ver el futuro, Gamés ignora el resultado de las elecciones en Venezuela. Los comicios podrían marcar el final de una generación de gobierno del partido socialista en Venezuela, pero al mismo tiempo iniciar un periodo de incertidumbre e incluso rebelión popular en contra del régimen que ha destruido a Venezuela durante 25 años de chavismo y acabado con cualquier rastro democrático. Maduro ha presidido el desplome económico y ha provocado una de las mayores crisis migratorias del mundo. Mientras Gamés cavilaba, leía un reportaje en el New York Times a tres voces: Julie Turkewitz, Anatoly Kurmanaev y Frances Robles. Lean esto: las elecciones ocurren en la fecha de nacimiento del fundador del chavismo, Hugo Chávez y enfrentan a su sucesor, Nicolás Maduro, con una figura previamente poco conocida, Edmundo González, un antiguo diplomático. Pero González es en esencia el candidato sustituto de María Corina Machado, una exdiputada que surgió como la nueva líder de la oposición del país, reuniendo a las personas con la promesa de restaurar la democracia y traer a los venezolanos de vuelta a casa. Cuando el gobierno de Maduró impidió que se presentara a las elecciones, su coalición consiguió que González se uniera a la contienda en su lugar.

Algunos analistas y comentaristas políticos han empezado a llamar a Machado la “dama de hierro”, ya que la exdiputada es simpatizante de Margaret Thatcher, ícono conservador.

Mientras Gamés escribía estas líneas, el resultado de las elecciones era aún una incógnita. Maduro tiene una larga historia de fraudes y trapacerías electorales para inclinar los comicios a su favor.

El pico de oro

Gil lo leyó en el Portal: BBC en una nota de Ángel Bermúdez. Cuando Nicolás Maduro llegó a la presidencia en 2013 muchos en Venezuela creyeron que su mandato no duraría. Se le comparaba desfavorablemente con su antecesor, Hugo Chávez, el carismático militar que luego de encabezar un fallido intento de golpe de Estado en 1992 llegó al poder por los votos en 1998, convertido en un líder de masas que prometía una “revolución bolivariana” -suerte de segunda independencia- para refundar el país.

Chávez era un “pico de oro”, un líder carismático, cercano con la gente de a pie, conocido por su curiosidad intelectual y por ser un voraz lector que podía citar en un mismo discurso a Friedrich Nietzsche y a Mario Benedetti.

De Maduro, en cambio, se destacaba su aparentemente limitada capacidad oratoria y su lejano pasado laboral como sindicalista y conductor de autobús.

Once años más tarde, sin embargo, Maduro busca un nuevo mandato en las elecciones presidenciales de este domingo siendo ya el tercer gobernante que más tiempo ha durado en el poder en Venezuela desde inicios del siglo XX, sólo superado por Chávez y por el dictador Juan Vicente Gómez.

Acusado de autoritario e incluso considerado presidente ilegítimo por muchos, durante su mandato el país ha experimentado importantes cambios y eventos que han transformado profundamente la historia del país y de la sociedad venezolana.

BBC informa

Durante el gobierno de Maduro, Venezuela ha vivido la mayor ola migratoria de la historia contemporánea de América Latina. De acuerdo con cifras de la oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), hay 7,7 millones de venezolanos viviendo fuera de su país. Eso equivale a más del 22% de los 34 millones de habitantes que las autoridades venezolanas proyectaban tener, a partir del último censo realizado en 2011.

Con estas cifras, la ola migratoria venezolana es mayor que la de Siria (5 millones personas) y que la de Ucrania (6,5 millones), dos países que llevan años sufriendo guerras.

Esta salida masiva de venezolanos al exterior va completamente a contracorriente de la historia de un país que, desde que comenzó al auge petrolero hace un siglo, se convirtió en receptor de migración y durante décadas fue lugar de acogida de personas procedentes, sobre todo, de otros países de América Latina y del sur de Europa.

Los expertos coinciden en señalar que detrás de la salida masiva de venezolanos está la severa crisis económica que ha vivido Venezuela y que incluyó un largo periodo con la mayor hiperinflación del mundo, así como problemas crónicos de desabastecimiento de alimentos, medicinas y otros productos básicos.

Todo es muy raro, caracho, como diría Alberto Moravia: “Una dictadura es un estado en el que todos temen a uno y uno a todos”.

Gil s’en va. (Gil Gamés, Milenio, Al Cierre, p. 55)

CARTONES

Bienvenidos a Chiapas

Bienvenidos a Chiapas

(Calderón, Reforma, Opinión, p. 8)

Entrega-captura

Entrega-captura

(Perujo, El Economista, El Foro, p. 55)

La segunda entrega

La segunda entrega

(Patricio, El Sol de México, Análisis, p. 22 y La Prensa, Editorial, p. 14)

Fondos que Kamala reunió en una semana

Fondos que Kamala reunió en una semana

(Fernando Llera, Excélsior, Nacional, p. 12)

La pura verdad

La pura verdad

(Magú, La Jornada, Política, p. 4)