Opinión Migración 291224

Frentes Políticos

  1. Alito alarmistaAlejandro Alito Moreno, siempre listo para el protagonismo, exige soluciones inmediatas ante un reto migratorio que, aunque alarmante, apenas comienza a delinearse. Con municipios como Tijuana y Tapachula desbordados y un INM debilitado, su diagnóstico suena certero, pero no olvida aderezarlo con una dosis de oportunismo político. Curioso que lo pida desde un partido con larga historia de promesas incumplidas y gestiones cuestionables. El retorno masivo de migrantes necesita acción real, no discursos reciclados. ¿Será capaz Alitode ofrecer algo más que declaraciones altisonantes? La verdad, no lo creemos. (Redacción, Excélsior, Nacional, p. 11)

Trascendió

QUE los consulados mexicanos en Estados Unidos y el mundo están presumiendo con mayor intensidad sus actividades, de cara al reto que significará la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Por lo pronto, el sistema para comunicar lo que hacen está mejorando, para llegar cada día a más personas que pudieran necesitar ayuda.

QUE antes de Año Nuevo, otra vez el presidente del Senado, Gerardo Fernández Noroña, viajará a Estados Unidos. La semana pasada se reunió con la comunidad migrante en Chicago. Ahora lo hará en Nueva Orleans donde también tiene previstos algunos encuentros con mexicanos radicados en ese país. (Redacción, Milenio, Online)

Trump y sus migrantes ideales

El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, dijo ayer que está a favor de los visados H-1B para profesionales con trabajos especializados, en concordancia con las declaraciones de su próximo director de Eficiencia Gubernamental, Elon Musk, quien, por su origen sudafricano, él mismo es beneficiario de este programa.

“Siempre me ha gustado el programa (de visados) H-1B, siempre he estado a favor de las visas y por eso las tenemos”, dijo Trump en una entrevista refiriéndose a los empleados de sus empresas.

Según el gobierno de Estados Unidos, para ser elegible a una visa H-1B, se requiere ejercer “la aplicación teórica y práctica de un cúmulo de conocimiento altamente especializado, y posesión de un título de bachillerato o grado superior en la especialización específica (o su equivalente) como mínimo para entrar en dicha ocupación en Estados Unidos”.

Sin embargo, y suponiendo que también Trump estaría de acuerdo con otras visas en este rubro de la hiperespecialización, estaría la visa H-1B3, que se refiere específica y únicamente para “modelos de alta costura”, para lo cual el mismo gobierno de EU indica que se es elegible si se es “un modelo de méritos y aptitudes distinguidas”.

Es decir, el migrante ideal para Donald Trump es preparado académicamente y/o con una belleza ejemplar en el ideario occidental.

Por eso es importante recordar la historia, porque nos ayuda a entender los panoramas e incluso hacer prospectivas. De 1942 a 1964, México y Estados Unidos impulsaron el programa Bracero, para que trabajadores mexicanos laboraran legalmente en el país norteamericano, tanto en el sector de la agricultura como en el ferrocarrilero.

Durante la Segunda Guerra Mundial y parte de la Guerra Fría, la fuerza laboral estadunidense era destinada en su mayoría para la milicia; fueron los mexicanos quienes sacaron adelante sectores básicos de la economía de EU cuando ésta lo necesitó.

Pero después llegaron tiempos de calma y con ellos el regreso del hombre blanco a su territorio; el estadunidense quería trabajo y, en muchos casos, los puestos ya estaban ocupados, entonces hubo que desplazar al migrante, si acaso criminalizarlo para que se fuera, porque ya no se le necesitaba.

Allá por 2012, 48 años después de que terminó el programa Bracero, todavía varios “beneficiarios” de dicha iniciativa, ya siendo adultos mayores, deambulaban por la Cámara de Diputados buscando el apoyo de algún legislador que les ayudara a recibir pagos que jamás les hicieron… Además de desplazados, les negaron el recurso que fueron a ganarse a Estados Unidos. Varios años después y en diversos lugares se repitió esa escena, pero la de hace 12 años es la que a mí me tocó ver.

Ahora, Donald Trump y su pupilo favorito, Elon Musk, buscan a migrantes especializados en tecnología, no cualquier tipo de extranjero, sino el que satisfaga la nueva estrategia de un gobierno que promete llevar al ser humano a la Luna de nuevo y después a Marte.

Pero se olvidan del albañil que hace las casas para sus ciudadanos, el mesero que atiende sus restaurantes, la campesina que sabe, como nadie, hacerse una con la tierra para garantizar el mejor cultivo, incluso aquellas mujeres que cuidan a pequeños estadunidenses que las quieren más que a sus madres.

¡No digan que ése no es un trabajo especializado! Con un doctorado en Física o Ingeniería Robótica no sabríamos ni cómo empezar los cimientos para un cuarto que nos proteja de la lluvia. ¿Por qué a unos se les pone un muro y a otros la alfombra roja de la visa especial?, ¿por qué seguimos fomentando un mundo tan desigual?

Elon Musk escribió en X: “La razón por la que estoy en Estados Unidos al igual que quienes construyeron SpaceX, Tesla y cientos de otras empresas es por la H-1B” y  prometió “ir a la guerra por este tema”.

En tanto, el exasesor Trump en la Casa Blanca, el ultraconservador Steve Bannon, criticó lo que llamó la “estafa de los oligarcas de Silicon Valley para quitar los puestos de trabajo a los ciudadanos estadunidenses”.

Steve Bannon me parece uno de los hombres más peligrosos del planeta, cuyos discursos son deleznables, pero, por lo menos, tiene el valor de ser congruente con su conservadurismo y no dejarse llevar por el discurso hipócrita de “que vengan los que me convienen”. (Miguel Alejandro Rivera, Excélsior, Nacional, p. 10)

¿Serán deportados los braceros?

A los braceros los llamaron trabajadores “indispensables” durante la pandemia, ahora son sujetos de deportación, porque la mayoría de los braceros que trabajan en el campo son indocumentados.

Por lo pronto, el zar de la migración ya anunció que va a empezar con las deportaciones en Chicago.

Primero, porque es una ciudad santuario, pero también, porque allí radica la clase obrera migrante.

Lo que recuerda las deportaciones de 1929, cuando la prioridad era deportar a los mexicanos de las zonas industriales del norte, donde los empleos debían ser para los inmigrantes blancos.

Uno de los principales objetivos de la política migratoria estadunidense a lo largo de todo el siglo XX, fue la de concentrar a los mexicanos en el sur y en las labores agrícolas. El programa bracero (1942-1964) otorgaba contratos a trabajadores agrícolas hombres de manera temporal. Se aplicaba una selectividad genérica para que no llegaran familias; era un contrato estacional para que no se quedaran permanentemente y, finalmente, era exclusivamente para ejidatarios agricultores. Los únicos que están “impuestos”, y pueden resistir esas jornadas de trabajo.

En la actualidad, en la agricultura trabajan hombres y mujeres; son residentes, no regresan; los que trabajan en la pisca son indocumentados y 95 por ciento son mexicanos y 5 por ciento guatemaltecos. Pero cada vez son menos.

La mecanización y la robótica en la agricultura desplazan todos los años a cientos de trabajadores manuales, literalmente braceros.

Primero desplazaron a miles de trabajadores del betabel, luego del algodón, más tarde a los cañeros.

Ahora entró la mecanización a los cultivos de zanahoria, brócoli, alfalfa, cacahuate, nuez, almendra, uva para vino, etcétera. Todavía se resiste la lechuga, que parcialmente está mecanizada, la uva de mesa, la fresa y las berries, el aguacate y el perejil, también la manzana y otros. Cuando los frutos maduran en tiempos diferentes es complicado mecanizar. Pero los israelitas ya tienen drones con robots que detectan las manzanas maduras y dejan las que están verdes.

Pero se requiere de al menos un millón de braceros al año, la mitad de ellos tienen visas temporales H2A y los demás suelen ser indocumentados. Además de la mecanización, hay que tomar en cuenta la programación de los cultivos y las fechas exactas en que se debe cosechar. De ahí la necesidad de contar con mano de obra disponible en ese preciso momento.

En el mercado de mano de obra, controlado por los contratistas de indocumentados, se vive con la incertidumbre de poder contar con la mano de obra adecuada, en fechas precisas. Esto juega a favor de los contratistas que hacen los compromisos, fijan los precios y tienen margen de maniobra. Por eso mismo, los granjeros prefieren a los contratados con visas H2A, que no entran en el mercado libre de mano de obra y que están sujetos a un solo patrón y no pueden trabajar en otro lado, aunque las condiciones sean deplorables.

Este programa de visas temporales es unilateral y viene a suplir al programa bracero, que eran acuerdos anuales bilaterales. Con estas visas, México sólo ha llegado a tener un memorando de entendimiento con Estados Unidos bastante general, repetitivo y poco riguroso. No obstante, en éste se afirma: “Ni el empleador, ni el reclutador, ni ningún agente del empleador el reclutador puede obtener beneficio alguno de la transacción”.

Todo mundo sabe que eso no se cumple y que los reclutadores cobran sus comisiones y que los abobados, mexicanos y estadunidenses, cobran por sus servicios.

También es conocida la práctica de quitar los pasaportes de los trabajadores para que queden sujetos al empleador, lo que se considera como trata.

Son innumerables las anomalías en este campo y están bien documentadas por investigadores. Enrique González Araiza ha documentado y denunciado la trata laboral.

Según Hernández León, se trata de una industria y de una “economía del engaño” y añade que “la actividad de los enganchadores y sus agencias resulta sumamente lucrativa porque pueden realizar un doble cobro: a los empleadores por identificar y reclutar nueva mano de obra, y a los trabajadores por ser incluidos en las listas”.

Pensando en voz alta, se podría uno imaginar la posibilidad de que se rompiera el acuerdo de entendimiento sobre las visas H2 y que se impidiera o limitara la salida de medio millón de trabajadores agrícolas mexicanos. Simplemente porque no se cumple la Constitución, artículos XXV y XXVI y tampoco con el memorando de entendimiento, firmado por este gobierno de la 4T, el 17 de enero de 2023.

Esta sería una jugada peligrosa porque afectaría a medio millón de mexicanos y sus familias que se quedarían sin esos ingresos.

Pero la medida podría cambiar las reglas del juego en el trabajo agrícola temporal a favor de los trabajadores, y México podría tener mayor injerencia en la supervisión de ese programa, que podría ser avalado por el Congreso y no como un simple memorando de entendimiento. (Jorge Durand, La Jornada, Opinión, p. 10)

Ante amenaza de intervención, más acciones internas efectivas

La presidenta Sheinbaum insiste en contestar a bote pronto todas las necedades que Trump plantea día tras día, lo cual la rebaja a cohabitar con él en el sótano del debate político que Trump provocativamente estimula, degradaciones e insultos incluidos. Como si no se supiera que el presidente electo es un sociópata y mitómano que ha mentido sobre todas las acciones de su vida, desde a su familia hasta a todo el pueblo estadunidense. Esta disposición a acceder a un diálogo con Trump a la distancia y que se ventila a través de los medios masivos de comunicación es evidencia que el gobierno de México aún no sabe cómo tratar a este personaje, que le está imponiendo la agenda a todos los interlocutores que tiene Estados Unidos; desde Dinamarca, que contestó que Groenlandia no estaba en venta después de que Trump afirmara que, por razones de seguridad nacional, esa isla tendría que pertenecer a Washington; hasta a Panamá, cuyo canal, según Trump, debía ser estadunidense, violentando a todas luces los acuerdos Torrijos-Carter, firmados en septiembre de 1977 y que en 1999 darían a Panamá el control soberano del canal; José Raúl Mulino, presidente panameño, ha rechazado la advertencia: el canal “es de Panamá y lo seguirá siendo”; y ahora de nuevo a Canadá, a la cual Trump se refiere como el estado 51 de la Unión Americana y a su primer ministro como su “gobernador”.

Trump siempre amenaza y humilla a sus sinodales para conseguir lo que sus caprichos demandan. Es un individuo enfermo y vil al que no se le puede tener un ápice de confianza. Sus declaraciones sobre designar a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas causaron un gran revuelo en México y a las que la Presidenta contestó minimizando el riesgo, pues, según afirmó, Trump nunca había hablado de intervención militar. Trump no necesita declarar explícitamente algo que en la ley estadunidense está implícito, cuando de intervención militar multifacética se trata en contra de los santuarios y los agentes involucrados en actividades terroristas. Estados Unidos lo ha hecho en el pasado y lo volverá a hacer si le es necesario. Así que no resulta benéfico para nada que la primera mandataria trate de suavizar el tono de Trump para disuadir al magnate de sus intenciones y hacernos falsas ilusiones sobre el futuro de las acciones de defensa de la seguridad de Washington. Si a Trump y al vicepresidente electo JD Vance, que declaró en la campaña misma que lo que México necesitaba era una intervención militar, se les ocurre que ésa es la medida necesaria, entonces procederán sin pedirle permiso a México (recurriendo al consenso senatorial, en donde tiene mayoría el trumpismo) con más acciones de inteligencia que, eventualmente, podrían devenir en injerencistas, todo lo cual crearía escenarios inesperados en nuestro país sometiendo al gobierno mexicano a una presión multidimensional (la expulsión de migrantes, el fentanilo, la seguridad fronteriza y la negociación del T-MEC bajo presión son algunos de los temas de esta intimidación).

La designación de algunos de los cárteles más violentos como organizaciones terroristas abriría las puertas a cumplir los deseos de los miembros del ala más dura del trumpismo (sobre todo al interior del Senado) que han abogado por movimientos de intervención selectiva para acabar con los cabecillas de estos grupos y bombardear laboratorios de fentanilo y otras drogas sintéticas, a fin de neutralizarlos para siempre. Y esto es lo que hay que entender que está en la cabeza de estos miembros radicalizados del trumpismo y que estarían tratando de influir sobre Trump, con la ayuda de Vance, quien, como ya se mencionó, es un fanático de la intervención en México. La relación entre México y Estados Unidos ha entrado en una etapa de incertidumbre desde que Trump fue electo para un segundo mandato. La deseada relación funcional y de cooperación que es el reto de estos días podría quedar truncada si se mandan señales equivocadas y se enredan las dos partes en dimes y diretes sin contenido real, arriesgando con esta amenaza de declarar organizaciones terroristas a los cárteles criminales, ulteriores acciones unilaterales por parte de Washington. Si bien es cierto que el gobierno mexicano debe rechazar toda intervención militar, es imponderable que la presidenta Sheinbaum, su equipo de seguridad, los gobernadores y los funcionarios involucrados en el tema hagan todo lo que sea necesario para fortalecer su estrategia en contra de un crimen organizado que se dejó crecer y fortaleció gracias a la indolencia e irresponsabilidad de AMLO. De no continuar consistentemente con las acciones de contención contra los criminales en todo el país, no será creíble para todos los actores en EU, que México está hablando en serio sobre atacar frontalmente a los cárteles. Aunque eficaces, los movimientos de las fuerzas de seguridad en Sinaloa y el Edomex , principalmente, las acciones han sido tardías y México se encuentra viajando con el tiempo en contra y ante la inminente amenaza de EU de intervenirnos. (José Luis Valdés Ugalde, Excélsior, Nacional, p. 11)