De acuerdo con una encuesta de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), las políticas antimigratorias impuestas por la administración Trump en Estados Unidos han provocado un incremento de las personas en movimiento que permanecen en México por largos periodos, pero en su mayoría no disponen de un documento que les permita una estancia regular en nuestro país. De un total de 548 extranjeros encuestados, 72 por ciento dijeron no tener un permiso de residencia.
Por su parte, Giovanni Lepri, representante saliente del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) en México, resaltó que el país “se ha vuelto de asilo” que “ha brindado a personas refugiadas una segunda oportunidad, la posibilidad de reconstruir su vida”, si bien tiene ante sí el desafío de consolidar una política pública “estable, sostenible y efectiva” para responder a las necesidades de las personas en movilidad que han salido de sus lugares de origen por amenazas, violencia o persecución.
Ciertamente, la condición nacional como territorio de asilo, refugio y acogida se funda en una larga tradición histórica que ha permitido a innumerables personas escapar de guerras, de regímenes represivos, de situaciones de violencia generalizada y del hambre.
Momentos estelares de esa tradición son la recepción de oleadas de libaneses que no querían vivir bajo el Imperio Otomano, de decenas de miles de republicanos españoles que escaparon de su país durante y tras la guerra que culminó con la instauración de Francisco Franco como dictador y de judíos europeos que huían del genocidio emprendido por la Alemania nazi. Más tarde, en la segunda mitad del siglo pasado, México recibió a un sinfín de centro y sudamericanos perseguidos por las dictaduras militares que Washington instauró en el subcontinente. Ya en el siglo XXI, el cierre de fronteras y la persecución de migrantes que han caracterizado a los dos periodos de Donald Trump en la Casa Blanca han hecho que miles de personas que buscaban establecerse en Estados Unidos hayan convertido su tránsito por México en una estancia más duradera.
A contrapelo de esa política humanista que trasciende los sexenios y en la que convergen la sociedad y el gobierno, en el ámbito administrativo subsisten el burocratismo y la desatención a quienes llegan al país para salvar la vida o, simplemente, en busca de un mejor futuro. El rezago y la discrecionalidad caracterizan la entrega de documentos de residencia y en los aeropuertos internacionales se han registrado no pocas situaciones vergonzosas en las que las autoridades migratorias han rechazado injustificadamente el ingreso a territorio nacional de personas procedentes de otros países. Más aún, México no tiene una política de Estado para la asimilación y la inserción de inmigrantes en la economía y los servicios.
Tales circunstancias son injustificables si se contrastan con la voluntad nacional de ser y de seguir siendo tierra de asilo y acogida. Incluso desde la perspectiva del interés nacional, el asentamiento de extranjeros es positivo si se tiene en mente el dato oficial según cual el desempleo se ha colocado como uno de los menores del mundo y muy por debajo, en todo caso, del indicador respectivo en Estados Unidos, que en agosto pasado era de 4.3 por ciento, frente a 2.9 por ciento de México.
Por último, si se considera que la incorporación a la vida nacional de personas procedentes de otras naciones, lejos de perjudicar al país, lo ha enriquecido en todos los sentidos, salta a la vista la necesidad de analizar una reforma que actualice y adapte a las nuevas circunstancias la Ley de Migración, promulgada en 2011, y que se emprenda una reformulación institucional del Instituto Nacional de Migración para convertirlo en un organismo más sensible, flexible y eficaz. (Editorial, La Jornada, p. 4)
Fin y principio
Al concluir el año en Estados Unidos, tal vez lo más importante que sucedió durante 2025 fue el principio de algo prometedor para 2026: la resistencia y la solidaridad.
Todos los días durante 2025 el país fue inundado de las noticias más oscuras, preocupantes y feas de tiempos recientes en esta nación. Corrupción oficial desde lo más alto (la escala del enriquecimiento de la primera familia no tiene precedente en la historia del país, reporta The New Yorker), persecución política y amenazas contra opositores, desmantelamiento de programas sociales, educación y de salud pública, despliegue de tropas contra ciudadanos y medidas antimigrantes masivas que incluyen lo que en otros países sería calificado de secuestros, desapariciones y violación de derechos básicos y, hacia el exterior, apoyo incondicional del genocidio perpetrado por Israel, asesinatos extrajudiciales en alta mar y acciones de cambio de régimen en países que se atrevieron a desafiar a Washington (impulsados por el primer ganador del Premio de la Paz de la FIFA).
Pero esas nos son las únicas noticias del año, ni necesariamente las más importantes.
Y es que entre las otras, por ejemplo, está la de que durante 2025 se realizaron las protestas masivas más grandes de la historia de Estados Unidos contra de la derecha en el poder (en octubre, la más grande del año, unos 7 millones se manifestaron en los 50 estados).
De Los Ángeles a Chicago, Portland a Boston, desde Nueva York hasta Charlotte, Nueva Orleans y Phoenix, entre tantas más, brota un movimiento de resistencia civil contra las políticas antimigrantes federales.
También hubo movimientos estudiantiles y de académicos que surgieron de protestas universitarias y escuelas contra la complicidad estadunidense con el genocidio del pueblo palestino infligido por Israel, y después contra las medidas de represión del nuevo régimen en Washington contra esos movimientos y la libertad académica a través del país.
La resistencia contra el ataque declarado por el nuevo régimen contra la cultura y los medios fue expresada de múltiples maneras, desde escuelas, bibliotecas, centros culturales, museos hasta en el mundo de la música, teatro, cine y televisión.
Frente la declaración de guerra contra toda oposición al régimen, incluso amenazando desplegar tropas militares contra ciudadanos inconformes y también emitiendo instrucciones oficiales para la elaboración de listas de “enemigos” dentro de Estados Unidos, surgieron nuevas formas de resistencia y, aún más notable, nuevas alianzas entre diversos universos dentro de este país. Defensores de inmigrantes se encuentran con activistas contra el sionismo y defensores de la libertad de expresión, bibliotecarios, maestros de educación pública que rechazan la imposición de una nueva narrativa de historia oficial, con organizaciones de fe –católicos, protestantes, musulmanes y judíos– en defensa de derechos de inmigrantes o contra el apoyo del genocidio, junto con ambientalistas o defensores de salud pública y así, todo un nuevo mosaico de repente se encuentra en las calles durante protestas masivas, o en acciones locales para frenar redadas, o para repudiar medidas de censura contra libros o para elegir a una nueva generación en la política.
La mayor figura de un cambio generacional y político en el ámbito electoral es Zohran Mamdani, quien el 1º de enero –para estrenar 2026– se convertirá en el alcalde inmigrante, musulmán y socialista democrático de la capital del capitalismo mundial y la principal ciudad de Estados Unidos (será juramentado por el senador socialista democrático y judío Bernie Sanders, su mentor político). No es el único, con varios otros progresistas jóvenes triunfando en elecciones locales, estatales y hasta federales. Todo esto en un país donde la mayoría de los jóvenes dicen favorecer el socialismo.
Aún queda pendiente la solidaridad desde el Sur global con estos movimientos dentro de Estados Unidos. Es momento de alianzas entre fuerzas que comparten –Norte y Sur– una visión progresista, noble y bella sobre ese otro futuro que, a pesar de todo, es posible y, más aún, más urgente y necesario que nunca. (David Brooks, La Jornada, Mundo, p. 25)
Llega a su fin un año particularmente tempestuoso en todo el orbe, pero especialmente en Estados Unidos, nación desde donde se generaron una buena parte de las tormentas. Desde luego las fatídicas guerras en el Medio Oriente y Europa oriental, donde Israel y Palestina por un lado, y Rusia y Ucrania por el otro, generaron desazón y angustia por los efectos que pudiesen tener en el mundo entero. Pero fue en y desde la nación estadunidense en que los manotazos en contra del statu quo del presidente Trump, los que en forma más clara han tenido mayores consecuencias en contra del multilateralismo y provocaron el rompimiento con los esquemas tradicionales de relaciones comerciales y financieras, los que en forma más profunda amenazaron en desestabilizar al mundo entero y, evidentemente, a la propia Unión Americana.
En la nación que hoy encabeza un grupo empeñado en cambiar la faz de un Estado que ha prevalecido desde hace más de 200 años, las decisiones de su presidente, estampadas en docenas de decretos, han tenido un efecto devastador en la vida y la sociedad estadunidense. Sería muy largo repetir lo que en cierta forma es del conocimiento de cualquier lector atento a lo que sucede en esa nación y el mundo entero sobre la forma en que, paulatinamente, Donald Trump ha intentado demoler los cimientos que a lo largo de años han sido su sostén. Vale mencionar muy esquemáticamente algunos de los más sobresalientes:
Trump negó en principio los planteamientos del documento conocido como Proyecto 2025, elaborado por la organización conservadora Heritage Foundation, cuya esencia ha sido la inspiración para su trabajo de zapa. Pero una vez electo siguió casi literalmente cada uno de ellos y para que no hubiera duda incorporó a su gabinete a quien dirigió dicho documento, Russel Vought, quien maneja la oficina de gasto y presupuesto, una de las más poderosas del gobierno.
Vale dar cuenta nuevamente de sus principales ejes: coartar la inmigración y deportar tantos migrantes como fuera posible, sin importar la forma de hacerlo, violando incluso normas legales y constitucionales; reducción sustancial del gobierno, suprimiendo oficinas y agencias sin importar la necesidad de ellas para el funcionamiento del gobierno, ni la violación de derechos laborales de sus empleados o civiles de la población en general; reducción de impuestos, en especial a quienes obtienen percepciones más altas, y como contrapartida, reducir el gasto social; incrementar sustancialmente el poder del presidente, propuesta en la que la Suprema Corte coadyuvó, incluso violentando el precepto de la división de poderes, una de cuyas implicaciones es la vigilancia que el Congreso debe ejercer sobre las decisiones del Poder Ejecutivo; eliminar la independencia con la que tradicionalmente ha funcionado el Departamento de Justicia traspasando de facto sus funciones directamente a las órdenes del presidente; acabar con la independencia del Banco Central en forma tal que las decisiones en materia monetaria queden bajo las órdenes del ejecutivo.
Comentario aparte merece la política exterior, en especial en aranceles y con la OTAN, que el gobierno de Trump ha implementado para confrontar a un puñado de naciones, destacadamente la Unión Europea y China.
La mayor parte de esos lineamientos de gobierno han sido implementados en los 11 meses en que el presidente del país vecino del norte ha gobernado. En las elecciones de noviembre próximo, posiblemente el Partido Demócrata obtendrá la mayoría del Congreso y pondrá coto a los excesos del presidente. Sin embargo, hay una nube que amenaza el proceso electoral: la posibilidad de que, como lo trataron de hacer en el 2000, Trump y el Partido Republicano intenten desconocer los resultados de la elección, pero en esta ocasión con los medios y recursos extralegales para lograr su objetivo.
Hasta ahí, todo bien, o mal. Ahora hay que esperar que el Partido Demócrata elabore un plan con sus ideas y propuestas para contraponerlos a los del Proyecto 2025.
Una luz de optimismo: para sorpresa de propios y extraños, la Suprema Corte propinó un revés al presidente cuando dictaminó que la utilización de la Guardia Nacional para patrullar las calles de varias es violatoria de la Constitución. Fue una grata noticia para toda la nación y atenúa el temor de que Donald Trump prosiguiera con su intención de militarizar el país entero.
Mis mejores deseos para el año que viene, el aprecio a los lectores y a quienes hacen posible la edición de La Jornada. (Arturo Balderas Rodríguez, La Jornada, Política, p. 14)
El 2025 será recordado en los anales de la política exterior como el año en que el multilateralismo tradicional cedió su lugar a una diplomacia transaccional de suma cero. El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en enero pasado no sólo alteró la política interna de Estados Unidos, sino que reconfiguró el equilibrio de poder global a través de un bilateralismo agresivo. La experiencia de haber vivido un Trump presidente en 2016 no ha bastado para que este 2025 se haya sentido como un siglo distinto en materia geopolítica.
Tres sucesos definieron el mapa de poder en 2025. Primero, la “paz con alfileres”, tomando el término prestado a la crisis de 1994-1995: bajo presión de Washington, el conflicto en Ucrania entró en una fase de congelamiento táctico. Aunque los combates de alta intensidad disminuyeron, la soberanía de Kiev quedó en vilo, creando un nuevo telón de acero tecnológico y comercial entre Rusia y la OTAN. Segundo, el colapso del régimen sirio: la sorpresiva caída de Bashar al-Assad a manos de facciones rebeldes reordenó el tablero en Medio Oriente, obligando a potencias como Irán y Rusia a replegarse, mientras Turquía y los estados del Golfo emergieron como los nuevos árbitros regionales. Tercera, la carrera por la “soberanía en IA”: 2025 fue el año de la Guerra de los Chips 2.0. Estados Unidos endureció los bloqueos tecnológicos a China, obligando a terceros países a elegir bando en la cadena de suministro de inteligencia artificial. La economía global en 2025 mostró una resiliencia frágil. A pesar de las amenazas de aranceles generalizados, el crecimiento mundial cerró en 3.2 por ciento. No obstante, esta cifra oculta una divergencia profunda: mientras Estados Unidos se apalancó en el auge de la productividad por IA, Europa coqueteó con el estancamiento debido a los altos costos energéticos y una base industrial erosionada. Para México, 2025 ha sido un año de aprendizaje para la nueva administración federal y de reto permanente a la paciencia y a la serenidad, de cara a la administración Trump. En este sentido, si una imagen se quedará grabada en millones de mexicanos, y probablemente trascienda generaciones, es la crueldad y el terror comunicacional del ICE contra los connacionales que viven y trabajan en Estados Unidos.
Una estrategia de comunicación que tiene dos audiencias: la interna, el votante duro de Trump, que aplaude y celebra la mano dura contra los migrantes, y los propios mexicanos en Estados Unidos, que ven en cada redada en un Home Depot, en cada detención afuera de una escuela, la historia que podrían vivir a manos del ICE.
2025 nos ha abierto una ventana al futuro: esta paradoja en la que la aceleración tecnológica sin precedentes se da en medio de instituciones políticas –la democracia liberal incluida– que crujen y se cimbran. Por eso, el próximo año no veremos el regreso a la globalización abierta que tanto se promovió en los años 80 y 90, sino la consolidación de la “globalización de cuates” y los riesgos por una burbuja económica generada por la IA y, en cierta medida, por el mundo cripto.
Tres elementos económicos que habrá que añadir: el ajuste monetario. Se espera que la Reserva Federal estabilice las tasas en un rango de 3 a 3.25 por ciento, buscando un aterrizaje suave. Segundo, la presión fiscal en países emergentes: el incremento paulatino del gasto público está llegando a un límite. La historia económica muestra que los caminos son pocos y nada fáciles: o se gasta menos o se recauda más. Está claro que con la reforma fiscal que intrínsecamente implicó la reforma judicial, la apuesta es por el segundo camino. Tercero, el factor “Mundial”: la Copa del Mundo 2026 servirá de barómetro para el T-MEC. Más allá del deporte, será la prueba de fuego para la integración logística y migratoria de América del Norte en un entorno de retórica proteccionista. Veremos cómo se comportan nuestros coanfitriones cuando todo el mundo esté observando.
El 2026 exigirá a los países, empresas y personas una capacidad de adaptación brutal. El orden basado en reglas ha muerto. En su lugar ha nacido un sistema basado en intereses y alianzas específicas. Los ganadores de 2026 no serán quienes más produzcan, sino quienes mejor gestionen sus dependencias en un mundo que ha decidido fragmentarse para, supuestamente, protegerse. (David Penchyna Grub, La Jornada, Política, p. 15)
El 2025 fue un año más, marcado por sangre por el genocidio contra el pueblo palestino, y otros terrores de guerras proxi de la Casa Blanca. El afán destructivo se manifiesta internamente en la persecución racista de inmigrantes, que también se convierte en negocio, y en la destrucción de instituciones en Estados Unidos y de su, ahora más que evidente, endeble democracia.
Sin embargo, Tope Folarin, director del Institute for Policy Studies (IPS) de Washington DC, escribe en su boletín de fin de año, “que a pesar de los implacables ataques contra nuestros vecinos, nuestras ciudades y nuestra democracia, nos sentimos casi… esperanzados. Porque, en muchos sentidos, los movimientos de los que formamos parte en IPS están a la altura de las circunstancias. Mientras la administración Trump se desploma en las encuestas y busca chivos expiatorios, los progresistas han obtenido victorias impresionantes a nivel estatal y local (traducción propia)”.
Folarin cita 10 destacadas victorias resaltadas por Sarah Anderson y Chris Mills Rodrigo en la lucha contra la desigualdad en 2025. Ilustrar logros de luchas cotidianas resulta más importante que nunca, en particular en Estados Unidos en franca crisis política y social, impulsada por un hombre que ha logrado no sólo hacerse del poder por segunda vez sino de orillar a prácticamente toda gran empresa capitalista a aceptar que para alcanzar ganancias económicas sin precedente merece arrebatar de los más pobres lo poco que tienen (https://inequality.org/article/10-inequality-victories-of-2025/).
En contraste con la degradación moral que propaga el presidente estadunidense, pienso en la filósofa Martha Nussbaum y su teoría de la intuición de una vida humana digna en la que las personas tienen la capacidad de perseguir su concepción del bien en cooperación con los demás. Y, por supuesto, en la antítesis del capitalismo que representa el movimiento zapatista, próximo a cumplir 32 años de su levantamiento contra el aplastante pensamiento único del neoliberalismo.
Anderson y Mills, del IPS, enumeran “luchas contra la desigualdad en las urnas” y la victoria del socialista demócrata Zohran Mamdani en la alcaldía de la ciudad más poderosa económicamente del país, Nueva York. En 2025 se suman las victorias de la demócrata Kate Wilson, en la ciudad de Seattle, y las de Ellen Higgins, primera mujer, y demócrata también, a la alcaldía de Miami, y de Abigail Spanberger a la gubernatura del crucial estado de Virginia. Estas y otros triunfos apuntan a una mirada optimista ante las elecciones intermedias de 2026, que definirán el rumbo de Estados Unidos.
Anderson y Mills continúan con victorias de derechos laborales como las de “baristas” de Starbucks, cuya lucha empezó en 2020, y que este año que pasa logró un importante éxito en Nueva York forzando a la empresa a pagar 38 millones de dólares después de que una agencia de gobierno municipal descubriera que la empresa de rancio (digo yo) café, había cometido violaciones sistemáticas acerca de horarios laborales. Y explican cómo mega eventos, como las Olimpiadas, tienden a agravar la desigualdad en las ciudades anfitrionas. Con la proximidad de los Juegos Olímpicos en Los Ángeles, personas trabajadoras luchan por revertir esta tendencia gentrificadora, demandando viviendas y aumentos salariales. En mayo de 2025, consiguieron la aprobación de un “salario olímpico” para empleados de hoteles y aeropuertos. Cuando comiencen las Olimpiadas de 2028, el salario mínimo de Los Ángeles será de ¡30 dólares por hora!
En Utah se dieron victorias significativas para el Sindicato Internacional de Trabajadores Comerciales y de la Alimentación, el cual consiguió el primer contrato nacional con JBS, la mayor empresa procesadora de carne del mundo, que cubre a 26 mil trabajadores, en su mayoría inmigrantes, incluyendo aumentos salariales y prestaciones. Otro triunfo fue la de Enfermeras Nacionales Unidas que “demostró que es posible ganar en el sur de Estados Unidos, profundamente conservador y antisindical”.
Otros éxitos resaltados consistieron en aumentar impuestos a los ricos para financiar necesidades humanas. Citan a votantes en Seattle que aprobaron una medida electoral para gravar las remuneraciones excesivas de ejecutivos (CEO), para financiar viviendas sociales. Citan Anderson y Mills al activista y economista de Seattle John Burbank, quien declaró que esa votación era una victoria contra “oligarcas, Amazon, Microsoft, la Cámara de Comercio local, el sector inmobiliario, (…) los muskistas y los trumpistas”. En Colorado se logró gravar a ricos con ingresos de más de 300 mil dólares anuales para financiar comidas escolares gratuitas, producción de alimentos cultivados localmente, y el aumento salarial a trabajadores de cafeterías.
También se ha avanzado ante los combustibles fósiles. Por ejemplo, para financiar la atención infantil universal en el estado de Nuevo México, familias ahorrarán un promedio de 12 mil dólares al año… “un verdadero cambio para los hogares con bajos ingresos en uno de los estados más pobres del país”. En varios estados como Maryland, Maine, Montana, Nueva Jersey, Rhode Island y Washington también se han adoptado nuevos impuestos a personas acaudaladas. En Illinois, se han tomado medidas drásticas contra la evasión fiscal de las empresas.
A estas victorias podemos sumar muchas más. El periódico The Guardian hace un recuento de 14 historias que han publicado este año “y que nos dan motivos para ser optimistas de cara al año que viene, desde avances científicos hasta comunidades que se unen tras catástrofes climáticas, pasando por hazañas individuales de heroísmo y perseverancia” Dice el rotativo que en 2025 hubo más esperanza de la que cabría imaginar (traducción propia, ver por ejemplo la creciente ola de activismo por derechos humanos, desde migrantes hasta personas LGTB, en Estados Unidos. https://tinyurl.com/4mdf5txx”.
Es difícil y hasta culpa da el intentar sentir optimismo ante la debacle actual, pero como la frase del zapatismo reza “nuestra profesión es la esperanza” y es apremiante y preciso adoptarla. (Manuel Pérez Rocha L., La Jornada, Opinión, p. 16)
A principios de año escribí una columna titulada: “¿Qué esperar en 2025?”. Allí, me referí a 3 temas que estaban en la discusión pública y sobre los que planteé mis propias expectativas. Los temas eran: los aranceles de Trump en contra de México, la posibilidad de deportaciones masivas y el crecimiento económico del país. Sobre el primer tema apunté que no creía que hubiera aranceles generalizados; con respecto a las deportaciones, señalé que no creía que estas aumentaran en forma significativa; finalmente, sobre el crecimiento económico mencioné que era posible que este se ubicara en la parte baja de las previsiones. Veamos qué ocurrió en cada uno de estos temas.
Con respecto a los aranceles, y a pesar de múltiples amenazas a lo largo del año, la realidad es que no tuvimos aranceles generalizados. Como algunos lo preveíamos, Trump respetó mayormente al Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC). De hecho, actualmente 85 por ciento de nuestras exportaciones a Estados Unidos siguen entrando bajo este acuerdo y, por tanto, libres de arancel. Por otro lado, si bien es cierto que tenemos aranceles en algunos productos (acero y aluminio, entre otros), también lo es que nuestra posición comercial relativa es mejor que la de cualquier otro país. Según el sitio Global Trade Alert, México obtuvo una ventaja arancelaria de 16 por ciento en relación con sus principales países competidores gracias a los aranceles de Trump. No es casual, por tanto, que nuestras exportaciones a Estados Unidos hayan aumentado en 2025 y que nos hayamos consolidado como el principal socio comercial de ese país.
En el tema de las deportaciones, las previsiones también resultaron correctas. Las deportaciones durante el primer año de Trump no solo no aumentaron en forma significativa, sino que incluso decrecieron con respecto a años previos. De hecho, la información que reporta mensualmente la Secretaría de Gobernación revela que el número de personas devueltas a México en 2025 es la más baja en muchos años. Entre enero y octubre de 2025, el número de mexicanos que fueron devueltos al país fue inferior a 130 mil, lo que contrasta con un promedio de 170 mil en el mismo periodo de los diez años previos y con el máximo histórico reciente de 221 mil que se tuvo en el segundo año de Joe Biden.
Finalmente, con respecto al crecimiento económico en 2025, también estuvimos en lo correcto. A pesar de que a principios de año se esperaba un crecimiento de la economía mexicana de 1.1 por ciento, la realidad será que esta crecerá en alrededor de 0.4 por ciento, es decir, en la parte baja de las estimaciones de principios de año. Como lo dijimos en su momento, un escenario de crecimiento inferior a 1 por ciento ya era previsto por 1 de cada 4 analistas y la mayoría de ellos anticipaba que el clima de negocios se deterioraría a lo largo del año. A final de cuentas, esta expectativa se materializó y la economía desafortunadamente crecerá a una tasa inferior a la de la población.
En resumen, acertamos en los tres temas: dos de ellos implicaron resultados positivos para el país y el otro, desafortunadamente, negativo. Ya veremos que nos depara el 2026. Mientras tanto, ¡les deseo un muy Feliz Año Nuevo a todos los lectores! (Gerardo Esquivel, Milenio, Política, p. 10)
La socióloga Peggy Levitt ha transformado nuestra comprensión de la migración al introducir el concepto de transnacionalismo cotidiano. Según Levitt, los migrantes no cortan vínculos con su país de origen, sino que construyen vidas que cruzan fronteras, manteniendo lazos familiares, culturales, religiosos, políticos y financieros. Es decir, no son ciudadanos de un solo país, sino agentes activos en múltiples esferas a la vez.
En México, esta realidad se materializa con fuerza a través de las remesas. Lejos de ser un simple flujo monetario, las remesas representan una manifestación constante de presencia emocional, compromiso social y responsabilidad compartida. Aunque el periodo enero-octubre de 2025 mostró una caída interanual del 5.1%, con una captación de 51,344 millones de dólares inferior a los 54,090 millones del mismo lapso de 2024, el impacto de estos envíos sigue siendo profundo. Se estima que hasta el 60% del ingreso de las familias receptoras proviene de estas transferencias, y de ese monto, el 75% se destina al consumo inmediato, mientras que solo el 25% se canaliza hacia objetivos de mediano y largo plazo.
Este comportamiento evidencia una dependencia estructural, pero también una oportunidad de transformación. La comunidad migrante, aunque físicamente en EU, sigue influyendo activamente en las dinámicas económicas y culturales de México, especialmente en zonas rurales y semiurbanas. Esa “doble pertenencia” obliga a repensar las políticas públicas desde una perspectiva binacional, que reconozca la migración como un fenómeno permanente y no como una excepción.
La migración no solo transforma la identidad de quien se va, sino también de quien se queda. Padres ausentes físicamente, pero presentes económicamente; hijos que crecen con un pie en México y otro en el sueño americano; comunidades que sobreviven gracias a los dólares que llegan puntualmente cada mes. Todo esto configura una nueva forma de ciudadanía, más fluida, más híbrida, más desafiante.
En un año donde las remesas bajan, la resiliencia de las familias receptoras cobra protagonismo. Adaptarse, ajustar gastos, buscar alternativas… todo eso requiere creatividad y fortaleza. Pero también deja clara la urgencia de transitar del consumo inmediato al impacto estructural: impulsar herramientas financieras comunitarias, fomentar el ahorro colectivo, promover el emprendimiento familiar y desarrollar programas de inversión productiva desde lo local.
La visión de Levitt plantea que los migrantes no son solo trabajadores que envían dinero, sino puentes vivientes entre países. Por eso, el Estado mexicano debe evolucionar su estrategia: dejar de ver a las remesas como ingreso pasivo y empezar a tratarlas como capital semilla de desarrollo. Vincular a la diáspora con proyectos productivos, generar incentivos fiscales para inversión desde el extranjero, y empoderar a las comunidades receptoras para tomar decisiones autónomas son acciones urgentes.
En este proceso, el impulso a los negocios familiares es crucial. Estos pequeños y medianos emprendimientos —frecuentemente administrados por madres, hermanos o tíos de migrantes— necesitan transitar de la informalidad a la consolidación. Esto implica acceso a formación administrativa, incorporación tecnológica, asesoría legal y, sobre todo, financiamiento accesible.
Desde el sector privado, se requiere un mayor involucramiento: incubadoras, microfinancieras, cooperativas de crédito y redes de mentoría pueden convertirse en catalizadores de transformación real. Por su parte, el sector público tiene la obligación de articular políticas que simplifiquen la inversión en propiedad privada, garanticen certeza jurídica sobre la tierra, y diseñen esquemas de coinversión para migrantes. Así, no solo se protege el capital: también se crea patrimonio, se profesionaliza el negocio familiar y se dinamiza la economía local. Fomentar la adquisición, legalización y desarrollo de propiedad privada es, en este contexto, una estrategia de arraigo y prosperidad.
Al final, las remesas son mucho más que cifras en un reporte del Banco de México. Son actos de amor que cruzan fronteras, sostienen vidas y tejen comunidad. Entenderlas desde el transnacionalismo es el primer paso para transformar su impacto de paliativo a palanca de cambio.
“Tu hogar no es donde naciste; el hogar es donde todos tus intentos de escapar cesan.”
Naguib Mahfouz (Octavio de la Torre de Stéffano, El Financiero, Economía, p. 13)