A pesar de los operativos mexicanos para detener la migración centroamericana de los países del llamado Triángulo Norte –El Salvador, Honduras y Guatemala– atendiendo a las instrucciones de la administración Trump, este flujo continuará por razones estructurales que ahí están, y que no se modificarán con esos operativos.
Ninguno de los países involucrados cree que esa es la solución, lo saben perfectamente. Cualquier persona medianamente informada sabe que detener a los migrantes sólo los desvía. Eso no quiere decir que los operativos mexicanos, que deberían avergonzarnos, son anodinos, responden a la dimensión política del proceso y no a la dimensión social y económica que es la que realmente está detrás del mismo. Para su campaña de relección Donald Trump requiere que el tema esté vivo y demostrar que él está deteniendo a los migrantes. México, también en una agenda política que nada tiene que ver con los migrantes, se presta a hacer ese trabajo.
Los migrantes centroamericanos no le importan positivamente a nadie. En las naciones de salida incluso se ve con buenos ojos que cientos de miles de sus jóvenes abandonen el país. Eso aligera tensiones sociales, además de que enviarán dólares. México, en lo general, los usa políticamente; construye una relación con su poderoso vecino, mostrando que los puede detener y algún día derivar en beneficios comerciales. (Jorge Santibáñez , La Jornada, Opinión, p.18)
Inversión privada de saliva // Remesas: marca tras marca
No es la primera vez que el presidente López Obrador hace el comparativo, pero es un tema en el que es necesario insistir, porque no es lo mismo la gimnasia que la magnesia. En la mañanera de ayer el mandatario destacó que “me interesa mucho la economía popular, lo que más me importa es que la gente tenga para satisfacer sus necesidades básicas, eso es lo que más importa”.
Y para redondear la idea detalló que “a los tecnócratas, a los neoliberales, les obsesionan las cifras, los datos. Les obsesiona, por ejemplo, el dato de crecimiento económico y a mí no me dice mucho eso, porque puede ser que una empresa o dos o tres, o cinco o 10 o un grupo de empresas o de bancos tengan muchas ganancias, pero que ese dinero no beneficia a la gente, que incluso ni siquiera se quede en México. Entonces, eso es lo que miden, el crecimiento en el dinero que se va acumulando”.
Sin embargo, por otra parte “están creciendo los volúmenes de remesas, lo que están enviando nuestros paisanos, como nunca este año. A ver, que me digan los expertos si no es cierto. Gracias a eso, imagínense lo que son 35 mil millones de dólares. Le agradezco mucho al sector privado de México, porque está invirtiendo y está creando empleos, y está trabajando de manera coordinada con nosotros. Pero ¿saben cuánto fue lo que se comprometieron a invertir este año? Treinta mil millones de dólares. Y las remesas son de 35 mil millones de dólares, para ubicarnos”. (Carlos Fernández-Vega, La Jornada, Opinión, p.23)
“El nacionalismo blanco es la creencia de que la identidad nacional debe definirse a partir de la etnia blanca y que, por ello, las personas blancas deben mantener una mayor presencia demográfica y el dominio de la cultura y de la vida pública del país….”, anota Eric Kaufmann, catedrático de la Universidad de Birkbeck en un análisis que recupera Paulina Chavira para The New York Times. En su texto, la editora de la versión en español del diario estadunidense, también incluye lo que el estudioso de mayorías raciales considera como la gran diferencia entre el término supremacismo y nacionalismo: “Los supremacistas tienen la creencia racista de que las personas blancas son superiores a las personas de otras razas; los nacionalistas quieren mantener el dominio político y económico, no sólo mantenerse como el grupo mayoritario y conservar la hegemonía cultural. El manifiesto que se relaciona con el autor del atentado de El Paso se considera como uno de ideología nacionalista blanca…”.
Make America great again… se convirtió en gasolina pura para el movimiento nacionalista en Estados Unidos. Y hoy está más empoderado que nunca, con el artífice de esta frase despachando en la Casa Blanca y en busca de su reelección. Donald Trump lo mismo ha sido el aliento de quienes increpan a latinos en restaurantes de comida rápida, que de aquellos que se dicen enemigos de los migrantes y de quienes salen con rifle en mano a cazarlos. De igual forma, fue la pólvora que envalentonó a personajes como Patrick Crusius, el joven que mató a 22 personas en El Paso hace menos de un mes.
Es necesario, urgente, que nombremos a las cosas por su nombre. Así como expertos hacen la diferencia entre nacionalismo y supremacismo, así también debemos llamar a hechos como el del 3 de agosto por lo que son. Y en este caso, habrá que llamarlo terrorismo. (Yuriria Sierra, Excélsior, Opinión, p.18)
No hay semana que Donald Trump no envíe un tuit atacando a los migrantes. No hay semana que no los maldiga. La semana anterior, por ejemplo, arremetió en dos temas: la enmienda constitucional número 14, que otorga la ciudadanía por nacimiento, y el laudo de la Corte conocido como Flores, que impide que los niños migrantes sean retenidos más de 20 días.
¿Por qué Trump es tan consistente en sus ataques a los migrantes? ¿A qué se debe que haga de la migración un tema central en su campaña presidencial de 2016, en la de medio término de 2018 y en la que se aproxima de noviembre de 2020?
La respuesta está en el colegio electoral. Es decir, la forma arcaica de votación en Estados Unidos en que cada estado tiene asignados un número de votos electorales dependiendo del tamaño de su población. El candidato que obtiene mayoría en un estado se lleva todos los votos electorales, lo cual hace posible que el candidato vencedor no sea necesariamente el que consiguió más votos a lo largo y ancho del país. (Rafael Fernández de Castro M., El Financiero, Opinión, p.31)