El turno de Ebrard.- El próximo en pararse ante el Pleno del Senado será Marcelo Ebrard. Este martes el secretario de Relaciones Exteriores acudirá a comparecer ante los senadores con motivo del Primer (Tercer) Informe de Gobierno. Nos adelantan que Migración y la relación con el gobierno de Donald Trump serán los temas dominantes, porque hay mucha tela de dónde cortar. (El Heraldo de México, p. 2)
La voracidad de Marcelo Ebrard no tiene límite. Dicho en los mejores términos políticos, claro. Porque de ese modo debe verse el constante incremento de su poder como funcionario y su influencia al interior del gobierno federal. No nada más lo hace de en temas relacionados con su dependencia, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), sino en actividades tradicionalmente encomendadas a otras áreas.
El primer caso notable fue la asunción del control migratorio desde la frontera sur hasta la del norte, empeño de la administración actual para congraciarse con Estados Unidos. Tarea muy meritoria, suficiente a Donald Trump para presumir el despliegue de 27 mil soldados para contener las hordas de migrantes de extranjeros a través de sus límites con México.
Migración era un tarea de gran importancia para la gobernabilidad del país y estaba encomendada a Secretaría de Gobernación (Segob), pero se le quitó con Olga Sánchez Cordero por disposición superior. El canciller Ebrard la tiene bajo su control. (José Ureña, 24 Horas, p. 3)
Para México y los mexicanos, la migración contempla por lo menos cuatro procesos. La emigración, es decir, la salida de mexicanos de su territorio; la inmigración, que es la llegada de otros nacionales a su territorio; el tránsito, cuando se usa su territorio para llegar a otro país, y el retorno, que contempla la forma en que los emigrantes mantienen vínculos con su país de origen, incluyendo los recursos que periódica y frecuentemente mandan a sus familiares y amigos, las visitas que hacen a su país y hasta el regreso físico definitivo.
No es fácil tener una visión integral y armónica de los cuatro procesos. Lo que tradicionalmente ha ocurrido es que cada uno era ignorado o atendido desde diferentes dependencias con visiones y estrategias casi siempre contradictorias. Así, por un lado, se trataba a los inmigrantes con estrategias policiacas y violatorias de sus derechos humanos mientras se reclamaba que se diera ese trato a nuestros emigrantes. Por una rara mezcla de factores internos y externos, quizá por primera vez, los cuatro procesos mencionados o al menos la mayoría de ellos estarán bajo un mismo paraguas, el del canciller mexicano.
Internamente, la torpeza con que se manejó el tema al inicio de esta administración detonó que la inmigración se saliera totalmente de control en lo relacionado con números, características y formas de expresión. Alguien le aconsejó al Presidente mexicano, en la embriaguez del aplastante triunfo electoral, que podía anunciar y dar la bienvenida al nuevo paraíso para los inmigrantes en que su triunfo habría convertido al país. (Jorge Santibáñez, La Jornada, Opinión, p. 17)
Se equivoca Olga Sánchez Cordero cuando afirma, “enfáticamente”, que la política migratoria es y seguirá siendo función de la Secretaría de Gobernación porque la ley no ha cambiado y no va a cambiar. Se equivoca también cuando dice que la dependencia “no ha sido disminuida y que está más fuerte que nunca”. Y se equivoca porque en la práctica, la política migratoria de nuestro país no la fijan ni ella ni el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, es más, ni el Presidente, sino EU, insisten los observadores políticos. Y para quien lo dude, ahí están las nuevas declaraciones de Trump: “Estoy usando a México para proteger nuestras fronteras”.
Bueno, ni en los asuntos internos delicados, como las reuniones en lo oscurito que mantuvieron funcionarios de la secretaría con grupos del crimen organizado, han mostrado eficiencia, pues el Presidente tuvo que corregirles la plana. (Luis Soto, El Heraldo de México, País, p. 9)
Christopher Landau, nuevo embajador de Estados Unidos en México, parece destinado a presentar la cara amable del gobierno de su país.
Ser embajador en México “es menos difícil de lo que se dice (…) tenemos intereses en común”, dice Landau, que a sus casi 56 años de edad lleva un mes en el puesto y puede afirmarse que comenzó con el pie derecho.
Landau ha señalado que sus prioridades para la relación con México son migración, seguridad —donde incluye el flujo de armas estadounidenses—y comercio, en concreto el nuevo tratado comercial que ni Canadá ni Estados Unidos han ratificado y tal vez no lo hagan pronto, por problemas político-electorales.
Pero ese será tal vez el menor de los problemas que enfrentará Landau. Por un lado, no es hombre de Donald Trump, pero sí del sistema. Se le considera vinculado con Jared Kushner, consejero y yerno del mandatario al que se considera a cargo, entre otras cosas, de la relación con México. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 23)
Fue interesante el discurso del canciller Marcelo Ebrard en la Asamblea General de Naciones Unidas. Habló de un México que ha recuperado la confianza en sí mismo y que tiene ahora como prioridad sumarse al sistema multilateral.
Destacó la amenaza que representa el terrorismo, particularmente el generado por el supremacismo blanco. Fue entonces que mencionó el ataque de agosto pasado en El Paso, Texas, en el que un joven estadounidense expresó con balazos su odio en contra de los mexicanos.
Insistió en que el actual gobierno de México ha decidido responder al fenómeno de la migración con el Plan de Desarrollo Integral para Honduras, El Salvador, Guatemala y México, una iniciativa que ha obtenido el respaldo de 35 países y 18 agencias de la ONU. Explicó que con ello buscan atacar las causas; evitar que las personas emigren a través de la generación de oportunidades en sus países de origen.
Pero una cosa son las intenciones de este gobierno, y otras las acciones que ha tenido que tomar en lo inmediato. Y es que el presidente Donald Trump está decidido a frenar la migración hacia los Estados Unidos como sea y encontró la vía para convertir a México en un instrumento para lograrlo. Con la amenaza de imponer aranceles, nos puso contra la pared. Consiguió que un país con una preocupante crisis de inseguridad, destine a 25 mil agentes policiacos para blindar la frontera. Solo ha podido construir pequeños tramos de muro, pero tiene a nuestra Guardia Nacional fungiendo como barrera humana. (Paola Rojas, El Universal, Nación, p. 7)
Usos y desusos.- Una nota de Lizett Ximena Mejía de su periódico Excélsior informa que ante la declaración que hizo el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre “usar a México para proteger la frontera”, el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, aseguró que el gobierno toma en cuenta el agradecimiento de Trump al presidente López Obrador por su cooperación migratoria en el discurso en la Asamblea General de la ONU. Asó como lo oyon: de que muchas gracias por poner a 27 mil efectivos en la frontera.
Fuentes fidedignas afirman que el canciller dijo más o menos así: no condenemos al naufragio lo vivido: “respecto a la declaración que hizo el presidente (Donald Trump), yo me iría a la declaración que dio en Estados Unidos, que dijo ‘México nos ha mostrado gran respeto y yo, en retorno o en correspondencia, también les muestro respeto’, para mí eso es la declaración oficial de Estados Unidos”.
Lo que un día fue no será: “En el ámbito de América Latina y el Caribe, les comparto que México considera y se opone a medidas como el bloqueo a Cuba o la imposición de sanciones a países”, manifestó el titular de la SRE. El funcionario sostuvo que México apuesta por resolver las diferencias a través del diálogo, mju. (Gil Gamés, Milenio Diario, Nacional, p. 47)
¿Qué ocurre en un México que vive una joven democracia, con un Presidente popular y animoso por debatir? Primero, la instauración de las mañaneras que son, en efecto, una innovación por su frecuencia y duración. La disposición del Presidente para hablar sin mediaciones con la fuente, empieza a generar elementos que merecen reconsideración.
Un presidente no puede ser impreciso u omiso por sistema sin que en el mediano plazo esto merme la credibilidad de las instituciones. El Presidente tiene toda la legitimidad del mundo, pero eso no significa que tenga razón en todo, como, por ejemplo, haber decidido ser el brazo militar de Donald Trump para contener la migración. Finalmente, algo que me parece grave es que, desde la tribuna presidencial, se estigmatice a personas con nombre y apellido. Que un miembro del Colegio Nacional sea señalado, sin fundamento, por el Presidente, abre la posibilidad de que éste sea linchado en redes sociales por esos mismos grupos que todo aplauden. Los millones de votos no legitiman que un presidente falte a la verdad y tampoco estigmatice a quien no le sea grato. (Leonardo Curzio, El Universal, Nación, p. 15)