Un problema actual e ineludible es sin duda alguna la cantidad de migrantes que en diversas caravanas han llegado a nuestro país desde el año pasado, ya sea porque van en busca del sueño americano o simplemente por escapar a condiciones de violencia a pobreza vivida en su país de origen.
Ya que mientras el gobierno mexicano busca la forma de contener la migración, con acciones como la reciente apertura de la casa para el migrante en Coatzacoalcos, o la retención de las Caravanas desplegando a la Guardia Nacional en nuestra frontera sur, e incluso otorgándole trabajos temporales a quienes vienen en las caravanas, el presidente del norte continúa amagando con construir un muro fronterizo.
El objetivo es prevenir la migración forzada, atendiendo las causas estructurales que originan la migración, mediante la mejora de las condiciones de vida la población en su lugar de origen.
En este contexto la población más vulnerable son los niños, a quienes, de manera lamentable nos ha tocado ver sufrir en condiciones insalubres, accidentarse en la estación migratoria nacional e incluso, penosamente, nos ha tocado ver morir intentando cruzar hacia Estados Unidos o estando en custodia de su gobierno.
Ante cada coyuntura el Estado, a través del ordenamiento jurídico debe de tomar las medidas que le permita afrontar los retos, en este caso con la reforma mencionado se busca salvaguardar los derechos de todos los niños, pues su sano desarrollo, sus derechos y su interés superior deben ser prioridad de todo Estado Democrático de Derecho, como el que pretende ser el nuestro. (Élfego Bautista, El Sol de México, Nacional, p. 13)
Las recurrentes imágenes de las víctimas de la violencia en estos 10 meses ha derivado en una creciente victimización de la población civil. En estas guerras internas entre organizaciones delictivas se involucra al pueblo bueno y sabio, como se vio recientemente en Culiacán, como cómplice o blanco de guerra para alcanzar claros objetivos en la disputa por el control de las plazas.
Al panorama deben agregarse los altos índices de impunidad y la visión humanista presidencial que abonan a la percepción de vulnerabilidad del imperio de la ley, impactando la relación bilateral y amenazando la frágil agenda y no únicamente en el plano migratorio. La política estadunidense de la lucha contra las drogas y la migración forzada hace tiempo ha sido condicionada, de facto, al combate contra el terrorismo global.
Lo sucedido en Culiacán puede ser catalogado como terrorismo doméstico y etiquetado así abre una rendija para imponer más agenda.
Puntilloso en un extenso tuit, el embajador Christopher Landau escribió la frase de que “México no está solo. Juntos venceremos”. Quizá sustentando el intento estadunidense de expandir su perímetro de seguridad. ¿Juntos haremos esa historia? (Marcela Gómez Zalce, Milenio Diario, Al Frente, p. 2)
“Estamos ahorita en un proceso de desgaste muy fuerte; sin embargo, el soldado mexicano se desdobla, se esfuerza en satisfacer todos los requerimientos que ha hecho el Poder Ejecutivo”. Ésta es la frase que, según La Jornada (27/10/2019), pronunció en una reunión privada el general Homero Mendoza Ruiz, jefe del Estado Mayor de la Sedena, el pasado 3 de octubre en un encuentro de alto nivel de autoridades mexicanas con representantes de Estados Unidos.
¿Cuáles son esos requerimientos que se le han hecho al Ejército? Además de seguir encargándose de las tareas tradicionales, como proteger y auxiliar a la población en casos de desastres naturales, solucionar conflictos rurales y cuidar instalaciones estratégicas, ahora se multiplican sus funciones: combatir al narcotráfico, establecer “puestos de revisión” para operaciones de intercepción, construcción del aeropuerto de Santa Lucía, frenar el flujo migratorio y mantener el orden en los asentamientos de los migrantes, combatir el huachicoleo. (María Amparo Casar, Excélsior, Nacional, p. 6)
El cúmulo de errores cometidos con motivo del operativo de Culiacán habrá que añadir uno más que superará a todos los anteriores: la incapacidad de AMLO de rectificar; su terquedad. Ningún gobierno está exento de equivocarse. El problema con éste es, primero, que no lo reconoce y, segundo, la negativa a cambiar lo que no funciona a pesar de la contundente evidencia en su contra.
En menos de un año son múltiples los problemas por la incompetencia gubernamental. Un recuento de decisiones equivocadas muestra el déficit de gobernabilidad que ha generado el gobierno:
La crisis ambiental en Ciudad de México provocada por la cancelación de programas preventivos de incendios. La crisis migratoria generada por la política de puertas abiertas, como si no estuviera Donald Trump en la Presidencia de EU. La crisis de violencia e inseguridad provocada por la ausencia de una estrategia de seguridad; Culiacán es solo la cereza del pastel y qué cereza. (Guillermo Valdés Castellanos, Milenio Diario, Política, p. 12)
Desde los 137 muertos de Tlahuelilpan el 18 de enero de este año, tragedia convertida en victoria, aparece el síndrome del pirómano / bombero. En mayo, Donald Trump amenaza al gobierno con imponer aranceles de al menos 5% a todas las importaciones mexicanas a EU hasta que controle el cruce de migrantes. Sin ningún empacho, AMLO presume que salvó la economía nacional al “lograr un acuerdo” (o cedió a un amago unilateral del vecino); reaparece el síndrome dado que todo esto lo originó el propio Andrés Manuel con su pretendida política migratoria de puertas abiertas.
El pirómano/bombero reaparece en Culiacán cuando el presidente se ostentó como el humanista-salvador de vidas y no como quien las puso en riesgo desde un principio, al no planear adecuadamente el operativo. (Gustavo Madero, El Heraldo de México, Editorial, p. 18)
La reelección de Trudeau es, en términos generales, una buena noticia para el sistema internacional basado en reglas y para el continente americano en particular. En momentos en que a la administración Trump le importa un bledo la región y tanto Brasil como México se han auto-aislado con su particular visión de política exterior, el liderazgo canadiense en una multitud de temas —refugiados, cambio climático, no proliferación y la fe en el multilateralismo— puede ser un bálsamo en momentos volátiles y fluidos —y de vacío— en las Américas y el mundo. Y tercero, la victoria de Trudeau fue una campanada de muerte para la incipiente extrema derecha canadiense —el Partido Popular de Canadá— y un alivio para quienes vemos en Canadá al único gobierno liberal, progresista y cosmopolita de los tres que hoy gobiernan en Norteamérica. Su líder, el parlamentario conservador Maxime Bernier, adoptó el tono y la sustancia antiliberal y del nativismo xenófobo trumpiano, atacando al multiculturalismo, prometiendo restringir la migración y cuestionando los datos duros y la ciencia que postulan el calentamiento global. Formado hace un año, el partido no obtuvo un solo escaño, ni siquiera el del propio Bernier. (Arturo Sarukhán, El Universal, Opinión, p. 15)