Opinión Migración 310125

Astillero

AGREGA EL WSJ: “en medio de las negociaciones en curso con Canadá y México, la administración parece indecisa sobre si imponer aranceles a todas las importaciones de esos países, dijeron las personas familiarizadas con el asunto, agregando que los funcionarios de la administración se están preparando para optar por medidas más específicas. Es probable que Trump anuncie algún tipo de medida comercial el sábado, pero podría afectar sólo a ciertos sectores, como el acero y el aluminio (…) con un periodo de gracia antes de implementarlos, lo que permitiría continuar las negociaciones con los vecinos continentales”. Además, agrega el diario citado, en la Casa Blanca se aprecia la cooperación de la administración Sheinbaum a la de Trump, en materia de contención migratoria, en especial la “concesión significativa” de “recibir a migrantes no mexicanos expulsados”.

TODO LO CONTRARIO: la administración de López Obrador fue funcional para los intereses de Estados Unidos, sobre todo en materia de migración y de ganancias extraordinarias de los grandes capitales. Los jaloneos mexicanos con agencias de Estados Unidos en materia de narcotráfico llegaron al punto sinaloense Chapito-Mayo, con alto daño a la entidad federativa, pero sin consecuencias aún en las élites políticas.

HABRÁ DE VERSE si, más allá de los escarceos declarativos y del calado real de los multicitados aranceles, los preparativos mexicanos para enfrentar al trumpismo no han generado ya retrocesos que signifiquen ganancias para esos intereses extranjeros. Convertir a los grandes empresarios mexicanos en muy celebrados “aliados” para defender a la patria, impulsar un neoliberal Plan México, abrir a la iniciativa privada la posibilidad de invertir en el terreno energético, mantener la mano represiva de Garduño ante los migrantes, recibir a deportados no mexicanos porque así lo quiere Washington y mantener una estructura política gobernante con personajes muy cargados a la derecha y al oportunismo, con turbulencias internas inocultables, dejaría a México menguado y maltrecho, con aranceles o sin ellos. ¡Hasta el próximo lunes! (Julio Hernández Lópezla, Jornada, Política, p. 8)

Migrantes, otro acto del mismo drama

En el contexto en que se está dando la expulsión de migrantes de Estados Unidos hacia México, parece sensato repasar ciertos antecedentes, algunos tan remotos de casi un siglo, otros de la mitad de ese mismo plazo y hechos que suelen ser desatendidos por nosotros, como las migraciones internas.

A lo largo de los tiempos el hombre ha buscado dónde desarrollarse en un estado digno para la vida humana. Sin embargo, la historia real nos enseña un cuadro bastante diferente: el de una sucesión de desequilibrios entre variables demográficas, sociales y físicas que conduce a la injusticia.

México conoce o debiera conocer bien el problema de las migraciones. Las ha habido desde siempre, su historia está marcada por ellas. Las ha habido legales hacia el norte, los braceros, mientras Estados Unidos las necesitó para sustituir a los trabajadores que, convertidos en soldados, dejaron puestos laborales. Lamentablemente después trabajadores siguientes, los mojados, han sido ilegales en la medida en que las restricciones oficiales estadunidenses se endurecieron.

Respetando los dedicados esfuerzos de tantos demógrafos mexicanos encargados de realizar los debates que condujeran a definir y perfeccionar nuestra política migratoria, es lamentable decir que el común de los mexicanos no percibimos efecto ninguno de tales esfuerzos en la vida nacional al grado de que, existiendo un Consejo Nacional de Población, con un mandato muy claro, nada se sabe.

Simplificando, de los grandes casos migratorios nacionales, en nuestro siglo pasado encontramos:

1) La primera experiencia, durante la Segunda Guerra Mundial, existió el único marco de referencia legal que permitió regir la planeación y ejecución del movimiento poblacional desde varias áreas del país hasta Estados Unidos y posteriormente su ordenado regreso.

2) Un segundo capítulo migratorio se dio con el ingreso y asentamiento ilegal de casi 40 mil guatemaltecos en México, alrededor de 1984, como resultado de las gravísimas represiones que las poblaciones indígenas mayas sufrían en su país. Estaban dispersos en más de 100 pequeños asentamientos a lo largo de la frontera México-Guatemala en condiciones gravísimas para su subsistencia.

Teniendo en cuenta el alto compromiso de nuestro gobierno con su seguridad y derechos humanos, organizó el traslado y asentamiento de ellos en los estados de Campeche y Quintana Roo.

En el difícil caso de recorrer cientos de kilómetros en selvas vírgenes y su posterior establecimiento siempre estuvo presente el principio de protección a la dignidad humana y vigente su derecho de en su momento regresar a sus tierras.

A los que nacieron en nuestro territorio, sin la menor duda se les reconoció su calidad de mexicanos y se procedió a su registro civil con esa calidad, dándoles así la identidad correspondiente a un ser con nombre propio como concierne al tratamiento de seres humanos y no simplemente números.

3) El capítulo de las migraciones internas es el menos considerado por la autoridad durante todos estos años. Se refiere a las migraciones que se han hecho y se seguirán haciendo en el país. Comunidades enteras se han movido y se seguirán moviendo dentro del territorio sin la menor atención por parte del gobierno. ¿Dónde están los miles que la violencia ha desplazado?

Hay estados claramente expulsores, como Zacatecas, Guanajuato, Michoacán. La principal motivación es la falta de oportunidades de obtención de mínimos satisfactores que se manifiestan principalmente por la inseguridad, falta de trabajo y una infraestructura ambiental satisfactoria.

En contrapartida, existen estados receptores que tienen condiciones para ofrecer trabajo y la infraestructura para una vida productiva, como Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Quintana Roo, Jalisco, Morelos, Querétaro y San Luis Potosí.

Estas migraciones internas sencillamente no tienen lugar visible en ninguna de las agendas de trabajo de las dependencias con responsabilidad en el mejoramiento de las condiciones en que dichas migraciones se dan. Es un problema que debiera preocupar principalmente a las secretarías de Gobernación, Salud, Educación, Trabajo y Seguridad que ni se enteran.

Ante esas situaciones de carácter histórico, hoy encontramos un fenómeno sin precedentes, como es la intención de Estados Unidos al expulsar a México de manera brutal individuos y familias en la frontera. Los efectos inmediatos pueden llamarse más que alarmantes por la carga de responsabilidades que recibe nuestro gobierno y en general el país.

En primer lugar, nuestras autoridades tienen el deber primario de entender que tratamos un problema cuyos titulares son seres humanos con clara identificación de su individualidad y, por tanto, merecen un trato correspondiente a tal calidad y no a la de simples números de masas humanas sin categoría de personas.

No es inútil repetir que los acontecimientos que vivimos marcarán históricamente al gobierno de Claudia Sheinbaum, tal como fueron marcados otros gobiernos. ¡Ojo, pues! (Jorge Carrillo Olea, La Jornada, Opinión, p. 12)

Intimidar y deportar

No hay mejor muestra de alarde que inventar un enemigo y luego, sobre el invento mismo, exagerar su tamaño para que el respetable se impresione con la clase de dragón que vas a aniquilar.

Y Trump alardea con 20 millones de indocumentados deportables, de los que un millón serían expulsados durante su primer año en la Casa Blanca, a decir del vicepresidente J. D. Vance.

Pero como todo en ellos, las cifras son chiclosas: el American Immigration Council (AIC) sitúa la cifra de los “sin papeles” en 13 millones (https://shorturl.at/ LKUlA), monto muy cercano a la de El Colegio de la Frontera Norte, 13.5 millones (https://shorturl.at/ vhNJq), pero superior a la del Pew Center, 11 millones (https://shorturl.at/7JfJS).

Para un sujeto adicto a los arranques espectaculares, como él, en su primera semana se quedó corto: de acuerdo con lo informado por la presidenta Claudia Sheinbaum en esos siete días el gobierno del país vecino deportó a 4 mil 94 ciudadanos mexicanos (https://goo. su/3aWjpry).

A ese ritmo, proyectado a un año (es decir, multiplicándolo por 52), en sus primeros 12 meses Trump habrá echado de Estados Unidos a 212 mil 888 connacionales nuestros, y en el curso de su segunda y última presidencia habrá conseguido expulsar a 851 mil 552, lo que lo situaría por debajo de Bill Clinton (casi 7 millones y medio de deportaciones en dos periodos), George W. Bush (4 millones 653 mil en dos cuatrienios), Barack Obama (2 millones 849 mil en ocho años) y Joe Biden (891 mil 503 en un solo periodo).

No se trata, desde luego, de banalizar o minimizar el sufrimiento de los millones de mujeres, hombres, ancianos y menores que serán arrancados de su vida cotidiana, de su familia y de sus posesiones, maltratados, humillados, tratados como peligrosos criminales y colocados sin piedad y de golpe en un vacío existencial.

Lo cierto es que ese enorme cúmulo de dolor humano deriva del que ha sido siempre uno de los instrumentos básicos para regular la oferta de trabajo en Estados Unidos y del que depende en buena medida lo que le queda de competitividad frente a las economías asiáticas y europeas. Ahora, Trump amenaza con multiplicar ese sufrimiento en forma exponencial, pero sus posibilidades de lograrlo son más que inciertas, no sólo por las múltiples dificultades legales, burocráticas, administrativas y presupuestales (el asunto costaría 315 mil millones de dólares, calcula el AIC) y por la reacción política que podría generar en las comunidades de extranjeros, sino, sobre todo, porque un delirio semejante dejaría huérfanas de mano de obra a importantes ramas de la economía estadunidense, empezando por la agricultura (que depende en más de 40 por ciento de trabajadores sin papeles), la construcción (20 por ciento) y la industria restaurantera.

Más que en millones de expulsiones, los efectos del discurso trumpiano van a notarse en una acentuación de las fobias racistas y a los extranjeros de crecientes sectores de la sociedad estadunidense, en una consolidada asociación entre los conceptos de extranjero y delincuente, ataques al estilo del Ku Klux Klan contra minorías (no necesariamente extranjeras), una constante zozobra en las comunidades latinas (no ha habido una sola expulsión de indocumentados europeos o canadienses, que los hay por centenas de miles), angustia en los países de origen de la migración y fortalecimiento de las mafias dedicadas al tráfico de personas, las cuales tendrán en los desplantes del energúmeno una justificación para elevar sus tarifas; y es que, por pocos o muchos que Trump deporte, los trabajadores indocumentados seguirán llegando a Estados Unidos.

Capítulo aparte merecería el amago de los aranceles, que a decir del gobernante gringo entrarán en vigor mañana sábado, a pesar de que un día antes Howard Lutnick, nominado para la Secretaría de Comercio, presumió que México y Canadá estaban “actuando rápidamente” en frenar la migración y los envíos de fentanilo a Estados Unidos, sugiriendo que lo hacían en respuesta a las amenazas trumpianas y que si seguían así “no habrá aranceles”.

Por lo que respecta a las autoridades mexicanas, ambos fenómenos se han enfrentado con determinación y por decisión propia en el sexenio anterior y en el actual: desde 2018 no se ha dejado de perseguir el trasiego de drogas sintéticas ni de frenar la migración mediante la activación económica regional y la creación de buenos empleos; ese fue uno de los objetivos centrales del programa Sembrando Vida –que se aplica también en países centroamericanos expulsores de población– y de las grandes obras de infraestructura emprendidas por AMLO, propósito en el que ha persistido el gobierno de Claudia Sheinbaum.

Ya deberíamos estar acostumbrados: Trump es de los que salen al jardín justo antes de que se oculte el sol, grita “¡ordeno que anochezca!”, y cuando se pone oscuro se pavonea ante sus impresionados fanáticos. (Pedro Miguel, La Jornada, Opinión, p. 13)

México SA / Trump: ¿Pedro y el Lobo?

EN UNOS CUANTOS días (11, desde que asumió la Presidencia de Estados Unidos), Donald Trump ha logrado lo que muy pocos en la historia, pues prácticamente todos los gobiernos del mundo se han manifestado en contra de sus enloquecidas políticas, comenzando con la amenaza de cobrar aranceles a todos y por todo. El magnate ha firmado un sinnúmero de “órdenes ejecutivas” mediante las cuales declara “emergencia nacional” en su frontera sur, “detenciones masivas” de inmigrantes, violación de los derechos humanos, designar a los cárteles de la droga como “organizaciones terroristas” (con fines de intervenir en terceras naciones), “retomar” el Canal de Panamá, “comprar” Groenlandia, utilizar la ilegal base naval de Guantánamo para encarcelar a migrantes, “renombrar” el Golfo de México, negar el cambio climático, ir en contra de la diversidad de género (“sólo reconoceré dos sexos: masculino y femenino”), negar el acceso al aborto, abandonar la Organización Mundial de la Salud, obligar a los países de la Unión Europea a incrementar sustancialmente sus presupuestos militares y, en fin, una sarta de estupideces más.

 TAMBIÉN HA PROVOCADO que algunos estadunidenses que por él votaron se arrepientan de haberlo hecho (por ejemplo, integrantes del movimiento LGBT+, que se sienten agredidos por el magnate, además de los inmigrantes a quienes trata como “delincuentes”), y de ello da cuenta que en los pocos días que lleva en la Oficina Oval su índice a aceptación ya cayó en alrededor de 7 puntos porcentuales, y empeorando. (Carlos Fernández-Vega, Economía, p. 16)

Migrantes y terroristas: bienvenidos a Guantánamo

Escribo estas líneas desde este rincón de una frontera sur que encuentro sorprendentemente tranquila y con poca afluencia de migrantes. Estuve aquí hace exactamente seis años y toda la región era un hormiguero de migrantes y caravanas. Volví varias veces desde entonces. Nunca había visto menos movimiento que ahora. Ya le contaré lo que vimos en este recorrido. Por lo pronto, la sola comparación de las imágenes de entonces y ahora deberían servir como argumento ante las presiones trumpistas de poner aranceles para frenar el flujo de migrantes.

Vamos a otra vertiente del mismo tema. No sorprendió la decisión del presidente Trump de utilizar la base de Guantánamo para enviar allí a unos 30 mil migrantes mientras esperan a ser deportados a sus países de origen, incluso la idea es que, aquellos que consideren peligrosos, podrían permanecer detenidos allí por tiempo indeterminado.

Desde su establecimiento como centro de detención para presuntos terroristas, después de los ataques del 11 de septiembre de 2001, la base naval de Guantánamo, ubicada en el sureste de Cuba, ha simbolizado las tensiones entre la seguridad nacional y los derechos humanos. Su utilización como centro de detención para migrantes indocumentados genera un intenso debate ético, legal y humanitario, sobre todo porque equipara en el imaginario colectivo a un migrante con un terrorista.

Guantánamo opera bajo un acuerdo de arrendamiento perpetuo con Cuba desde 1903. Durante las últimas dos décadas, la base ha sido utilizada principalmente como centro de detención para personas acusadas de terrorismo, muchas de las cuales han sido retenidas sin juicio, en condiciones durísimas, en un espacio marcado por un vacío legal, donde los detenidos quedan a la discrecionalidad de sus captores. No creo que ésa sea la situación en la que estarán los indocumentados que se lleven a Guantánamo, pero tanto la intimidación que ejerce esa prisión como la señal enviada son muy fuertes.

El gobierno estadunidense argumenta que Guantánamo cuenta con la infraestructura necesaria para albergar a un gran número de personas de manera temporal y que, con su habilitación como centro de detención, se duplicaría el número de plazas destinadas a ese fin. La base ya tiene instalaciones de detención, personal de seguridad y sistemas de vigilancia, y ha servido en el pasado para detener migrantes o personas no identificadas, que eran capturadas en el entorno de Cuba, lo que reduciría los costos asociados a la construcción de nuevos centros, como quiere Trump. Además, al ubicar a los migrantes en una instalación remota, se desincentivarían, dice el gobierno estadunidense, los intentos de cruce irregular, lo que podría contribuir a reducir la presión migratoria en la frontera. Dicen que Guantánamo permitiría a las autoridades estadunidenses mantener un mayor control sobre los migrantes indocumentados, evitando que desaparezcan mientras esperan la resolución de sus casos, aunque para eso está también el Quédate en México.

Pero la historia negra de Guantánamo ensombrece toda esa lógica. Una de las principales preocupaciones es que esta medida podría perpetuar las violaciones de derechos humanos que ya han sido documentadas en la base. Las condiciones de detención en Guantánamo son inhumanas y abundan los informes de abusos, la ausencia de atención médica adecuada y la inexistencia de un debido proceso para quienes permanecen allí detenidos, lo que plantea desafíos éticos, legales y prácticos. Si bien puede ofrecer una solución temporal a la presión migratoria, perpetúa las violaciones de los derechos humanos. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p.8)

Alto mando / Aranceles o militarización de la frontera

Pronto sabremos si el equipo diplomático de la presidenta Claudia Sheinbaum logró revertir la amenaza de Donald Trump de imponer aranceles de 25% a las importaciones mexicanas, condicionados a contener las caravanas migrantes y a combatir la producción y trasiego de fentanilo hacia EU.

También quedará claro si México cedió otra vez a la presión de Trump, tal como lo hicieron en 2019 Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard, cuando, ante la misma amenaza arancelaria, se doblaron y aceptaron desplegar en las fronteras norte y sur, más de 25 mil elementos del Ejército y Guardia Nacional, además de dar inicio a los protocolos de Protección de Migrantes conocido como Quédate en México.

La historia parece repetirse. Todo indica que Sheinbaum ha cumplido las exigencias de Trump, incluso con mayor rigor que su antecesor. En lo que lleva Trump en el poder, las fuerzas federales mexicanas han intensificado operativos contra los cárteles en diversos estados, incautando droga y desmantelando laboratorios de fentanilo y otras sustancias.

Esta presión pudo haberse evitado si López Obrador hubiera implementado una estrategia efectiva en seguridad y migración. Sin embargo, su política fracasó al maniatar al Ejército y relegar a la Marina y la GN a la inoperancia, ya fuera por omisión o intención. Ahora, Sheinbaum ha delegado la lucha contra el narco en tres figuras clave: Omar García Harfuch, secretario de SPC; el general Ricardo Trevilla, de la Defensa, y el almirante Raymundo Pedro Morales, de la Marina. Su coordinación será fundamental para trabajar con los órganos de inteligencia del país en el desmantelamiento de los cárteles, una tarea titánica, sin embargo, si logran canalizar la presión de Trump para combatir al crimen en la frontera sin permitir incursiones militares extranjeras en territorio mexicano, los resultados podrían ser muy positivos.

La declaración de los cárteles como grupos terroristas abre una oportunidad para una cooperación internacional más amplia. No sólo México y EU deben involucrarse en esta lucha, sino también otros países afectados por el crimen organizado transnacional. La presión es mucha, sí, pero la pregunta es si Sheinbaum está lista para asumir ese desafío sin repetir los errores del pasado. La Presidenta también debe replantear la política migratoria.

Aunque busca ser humanista, no puede ignorar el drama de miles de migrantes que cruzan sin control la frontera sur de México. La negligencia de las autoridades ha costado vidas, como lo demuestra el trágico incendio en la estación del INM en Ciudad Juárez en 2023. De no tomarse en serio otras acciones, México será cómplice de que miles de migrantes vayan a parar a la base militar de Guantánamo, como ha sido otra de las amenazas del vecino presidente. Por lo pronto han sido repatriados cuatro mil 83 mexicanos y otras mil 726 de otros países han sido deportados al país.

* En México operan al menos 37 cárteles del narcotráfico, aunque no todos serán catalogados como grupos terroristas por EU. Al menos nueve de ellos sí tendrán esa etiqueta: Cártel de Sinaloa, CJNG, Del Golfo, Del Noroeste, De Juárez, De Tijuana, Los Zetas, La Familia Michoacana y la Organización de los Beltrán Leyva.

* El choque de un avión de pasajeros y un helicóptero militar BlackHawk en el Aeropuerto Nacional Ronald Reagan, en Washington, del que se dice no hay sobrevivientes, es más que significativo para Trump, pues ocurre apenas en su segunda semana de gobierno. Fue un error grave que costó la vida a más de 60 personas.

* Aunque el gobierno federal y, en sí la 4T, mantiene su respaldo al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, su suerte pende de alfileres. La FGR esperará las declaraciones de El Mayo Zambada en EU para indagar su posible implicación el crimen organizado. Hoy Sinaloa sufre una crisis de gobernabilidad. (Miguel Ángel Godínez García, Excélsior, Nacional, p.13)

Trascendió

Que el secretario de Estado estadunidense, Marco Rubio, ya planea su primera visita por Latinoamérica, pero no está en su agenda pisar territorio mexicano, acaso por las diferencias en materias migratoria, de seguridad y comercial, que parecen no permitir un buen comienzo en las relaciones diplomáticas, más la incontinencia verbal de Donald Trump y ahora hasta de su hijo, quien anda promoviendo una iniciativa ya conocida de dar patente de corso a mercenarios para acometer la cacería de narcotraficantes. (Trascendió, Milenio, Al Frente, p. 2)

Pulso Político

Con el pretexto de tener más control de los extranjeros que llegan al país por la vía aérea por carretera, ni pensarlo el Instituto Nacional de Migración exigirá que las aerolíneas le proporcionen una relación de pasajeros y tripulantes, dos horas previas al despegue de aviones con destino a México y, otra, 45 minutos previos al despegue para “identificar algún riesgo en la seguridad, al entrar o salir del país”. (Francisco Cárdenas Cruz, La Razón, México, p. 6)

Los migrantes y la materia oscura

En la mente de Donald Trump, su prole y equipo que lo acompaña, Estados Unidos se basta con ellos mismos, entendiendo por “ellos mismos” la raza blanca, porque no alcanza a dimensionar el cosmos que representa esa nación, como hoy casi todas, nutrida y pincelada a base de una paleta de colores que pasa por negros, orientales, latinos y caucásicos europeos, entre otras minorías que cada vez son más representativas.

Desde su ceguera voluntaria, el magnate casinero y los suyos perciben a los migrantes como la materia oscura, invisible e impalpable, pero sin reparar en el hecho de que desempeñó un papel central en la formación de la estructura del universo. Escribe Lisa Randall en el libro La materia oscura y los dinosaurios: la sorprendente interconectividad del universo (Acantilado, 2015): “Puede compararse al grueso de la sociedad, a la infravalorada tropa”.

Aun siendo invisibles para las élites que toman las decisiones, los numerosos trabajadores que construyeron pirámides, autovías o circuitos electrónicos fueron cruciales para el desarrollo de sus civilizaciones. “Como otras partes de nuestra población que pasaron desapercibidas, la materia oscura fue esencial para nuestro mundo”, plantea la catedrática de física de la Universidad de Harvard.

Una visión racista, discriminadora a priori, permite a este grupo de poder ver en toda su expresión la criminalidad de los incontables migrantes pillos, que los hay a montones, pero no la aportación fundamental de los millones que trabajan de sol a sol para que esa sociedad funcione y pueda, como quiere su presidente, aspirar a ser grandiosa de nuevo, si se atiende su silvestre eslogan. ¿De dónde se imaginan que vendrá la mano de obra que mantiene activos sus negocios?

La gran lección de la física, nos cuenta Randall, es cuánto permanece oculto a nuestra vista, además de que pese a la mala reputación del concepto, la materia oscura no es oscura, es transparente, y no todo lo oscuro está asociado al mal tipo Darth Vader, pues ahí está el Caballero Oscuro, es decir, Batman (“era un buen tipo, aunque complicado”).

No se ve la materia oscura, como Trump no ve el valor del trabajo migrante, pero vaya que influye en el entorno. Palabra de académica de Harvard. (Alfredo Campos Villeda, Milenio, Al Frente, p. 2)

 La Quinta Transformación / Cubetazo a los incrédulos

Pero ayer Trump volvió a pegarle al avispero: “Anunciaremos aranceles a Canadá y México por varias razones”. Y volvió a enumerarlos: migración, fentanilo y la entrada de productos chinos.

México había librado la amenaza del sábado a medias, porque se allanó rápido a los designios de Trump en materia migratoria: detuvo los pasos por la frontera y aceptó sin chistar deportaciones de connacionales.

Entre el lunes 20 y ayer Estados Unidos deportó a México 5 mil 809 migrantes, de los que 76% son paisanos, los cuales la 4T recibió en más de seis aviones. Sheinbaum está cooperando, pero no se lo reconocen.

Por si eso fuera menor, en materia de seguridad hasta ahora la 4T no ha entregado a Trump un resultado contundente que demuestre un golpe al índice de flotación de los principales cárteles de la droga.

O por lo menos una señal de voluntad. Un ejemplo: la resistencia a destituir al todavía gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya. Por ahí se podría empezar. (Darío Celis, El Heraldo de México, País, p. 7)

Proyecto 2025

Se cumplen apenas 10 días del regreso de Trump a la Casa Blanca, pero la intensidad de la disrupción se siente en todos los niveles. Casi 100 ordenes ejecutivas, declaratorias de emergencia nacional en materia energética y de seguridad, arrestos y deportaciones de migrantes, descalificaciones cotidianas y retórica agresiva, la revancha política como objetivo central.

Un nuevo gobierno que, a diferencia de 2016 llega preparado, con personal entrenado y con una agenda detallada en el documento titulado Proyecto 2025. Auspiciado por la Fundación Heritage, el Proyecto 2025 reunió a más de 50 organizaciones conservadoras y colaboradores de la primera administración Trump, con la idea de ser la guía de implementación para el nuevo gobierno Republicano.

Se trata de un programa completo, con teoría y práctica. La parte teórica son 900 páginas y 30 capítulos relativos a todas las secretarías y agencias que conforman el poder Ejecutivo estadounidense, con diagnósticos y acciones a realizar desde el primer día. La parte práctica la conforman una veintena de videos “tutoriales” para capacitar a los futuros miembros de la administración.

Los paralelismos con la Cuarta Transformación son inevitables, sobre todo, con la llegada de López Obrador al poder. AMLO sustituyó el Plan Nacional de Desarrollo por un manifiesto político ideológico para desmontar la “oscura era neoliberal”. El Proyecto 2025 es un plan de demolición del “Estado y cultura marxistas” representada por Joe Biden y Barack Obama. No se trata de nuevas estrategias de gobierno, lo cual sería esperable. El objetivo es una misión superior: “rescatar a la República”, sin importar costos económicos, humanos o legales.

Curiosamente, durante la campaña electoral, Trump se deslindó del Proyecto y sus autores. Sin embargo, ha incorporado a algunos a su gabinete y está siguiendo el documento al pie de la letra. Basta leer los capítulos relativos a la política migratoria, la expansión de facultades a la Patrulla Fronteriza (CBP) y la autoridad de Inmigración y Aduanas (ICE), el congelamiento de beneficios sociales y de programas a cargo de la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID), o la erradicación de las nociones de cambio climático o equidad de género.

Aunque de manera lenta, ciudadanos afectados han empezado a rebelarse y a presionar a los legisladores, logrando que la Casa Blanca diera marcha atrás a algunas disposiciones que impactaban a quienes reciben tratamientos médicos via Medicare y Medicaid.

A su vez, el poder judicial tendrá que decidir sobre las demandas entabladas por 22 entidades contra la orden ejecutiva que pretende suspender el acceso a la ciudadanía por nacer dentro de los Estados Unidos, un derecho contenido en la Constitución. Está por verse hasta dónde los contrapesos alcanzarán a frenar a Trump y su Proyecto 2025. (Verónica Ortiz, El Heraldo de México, País, p. 8)

Para dignidad… Claudia

¿Recuerdan a aquellos que le aplaudían a Trudeau por haber ido a Mar-a-Lago a ¨dialogar¨ con Trump? Yo sí los recuerdo muy bien y también recuerdo su silencio cuando éste renunció.

Gustavo Petro habló sobre la dignidad de no aceptar vuelos de deportación de migrantes colombianos desde Estados Unidos; a raíz de eso, Trump amagó con subir los aranceles hasta en un 50%. Petro llegó a un acuerdo diplomático y mandó el avión presidencial para respetar la dignidad de los colombianos.

Claudia Sheinbaum se ha comportado como lo que es: una mujer preparada, con inteligencia y serenidad. Ante cada amenaza, nuestra Presidenta ha actuado con entereza y respuestas firmes, empezando por el tema de renombrar el Golfo de México al Golfo de América en donde ella les contestó que parte de Estados Unidos también podría llamarse América Mexicana.

Ante el incremento de deportaciones, Claudia anunció la creación de 35,000 empleos en diversos sectores, como parte de la iniciativa del Plan México. Claudia Sheinbaum ha defendido la soberanía nacional de nuestro país en cada oportunidad que ha tenido, ella ha señalado que en caso de que Estados Unidos nos subiera los aranceles, nosotros también lo haríamos; ha hecho un llamado constante a conservar la calma, ya que el T-MEC beneficia a todos los involucrados y que Estados Unidos y México son grandes aliados y socios comerciales.

Nuestra Presidenta ha implementado diferentes medidas para prepararse ante la inminente llegada de connacionales a la frontera norte. Se ha iniciado con la construcción de albergues temporales en ciudades fronterizas para dar asilo temporal, alimentación y atención médica a los migrantes, así como también la implementación de la estrategia “México te abraza”, que contempla que en nueve ciudades del norte del país se lleve a cabo la creación de centros de recepción para ofrecer servicios básicos y asistencia para obtener documentos de identidad y transporte. Con estas medidas, los migrantes podrán volver, ahora sí, con dignidad a su país.

Sheinbaum ha utilizado un enfoque diplomático, habilitando medidas de preparación y logrando mantener abiertas las negociaciones con Estados Unidos sin afectar la relación entre los dos países.

A propósito de esta crisis migratoria ofrece una oportunidad para resaltar cómo las mujeres en el poder han demostrado un gran liderazgo y capacidad, así como de manejo de crisis internacional. (Susana Cueto, El Heraldo de México, Editorial, p. 15)

Confidencial

La primera gira del secretario de Estado, en AL

En su primer viaje como secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio irá a cinco países latinoamericanos… y México no figura en la lista. El secretario llegará este sábado a Panamá, y después visitará Guatemala, El Salvador, Costa Rica y República Dominicana. Aun con temas fundamentales de los que hablar, como migración, fentanilo y aranceles, parece que las prioridades del gobierno de Trump se saltan a su socio y vecino del sur. (Confidencial, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 33)

Estrictamente Personal / Ante Trump, Apertura Italiana

Está bien que la presidenta Claudia Sheinbaum tenga la cabeza fría para torear las provocaciones y bravatas del presidente Donald Trump. Está mal si cree que la amenaza de imponer aranceles tiene que ver con el comercio. No es así. Con México y Canadá es para que frenen la migración y el tráfico de fentanilo. Con China, por fabricar los precursores para producir fentanilo. Con Rusia, por la guerra en Ucrania. Con Colombia, por no recibir colombianos deportados. Con Europa, si no relocalizan sus empresas en territorio estadounidense. Ha convertido los aranceles en un brazo de su política exterior, como parte de una estrategia contradictoria, buscando conciliar expansionismo y proteccionismo. Regresa a la visión imperialista del siglo XIX para apuntalar su visión del siglo XXI y ganar la guerra a China por la hegemonía mundial.

Trump quiere jugar boliche y tirar todos los bolos. Sheinbaum debe jugar ajedrez anticipando lo que hará, con discreción mañanera. La diplomacia y las negociaciones se deben llevar a cabo con sigilo y sin engancharse. Trump dice que mañana impondrá aranceles de 25% a México y Canadá, y Sheinbaum dice que no lo cree. Howard Lutnick, secretario designado de Comercio, dice que se cancelarán los aranceles si cumplen con lo que exige Trump, y los dos países, pese a todo, bailan a su ritmo: México aceptó enviar 30 mil guardias nacionales a su frontera sur y a desactivar las caravanas de migrantes –una revelación de la Casa Blanca que no fue desmentida–, mientras continúa informando diariamente cómo está luchando contra el narcotráfico.

Sheinbaum no tiene mucho espacio de maniobra. Para beneficio del país, tampoco es una demente como el presidente colombiano, Gustavo Petro, que, con una delirante postura nacionalista que no tenía más fuerza que su inspirada pluma, pretendió tirar por la borda a su país, cuya economía depende en más de 25% de Estados Unidos. La realidad lo obligó a recular en unas cuantas horas y Sheinbaum resistió las presiones de los radicales oficialistas para seguir su camino. México depende en más de 80% de Estados Unidos, pero, a diferencia de Colombia, también Estados Unidos necesita de México, al estar intrínsecamente relacionados por las cadenas productivas del acuerdo comercial norteamericano.

Esto, ante Trump, no es una variable racional, por lo cual se ignora cuál será su comportamiento. Su nivel de impredictibilidad llega incluso a sorprender a sus más cercanos y genera confusiones, como en estos días. La portavoz de la Casa Blanca dijo el martes que la víspera había hablado con él y le dijo que el ultimátum para imponer aranceles se mantenía para mañana, pero luego publicó en su red Truth Social una gráfica que mostraba una dramática caída en “encuentros” –que no deportaciones– en la frontera con México desde que regresó al poder el 20 de enero, de 2 mil 516 a 331, el nivel más alto de la semana, con días incluso en negativo. El miércoles, el secretario de Comercio designado, Howard Lutnick, dijo que habría aranceles si no cumplían con la exigencia, pero hasta abril, sin aclarar si el plazo del sábado estaba vigente.

Si los mensajes del nuevo gobierno reflejan contradicciones e inconsistencias, ¿qué se puede esperar de la lectura de Trump en otros países? Algunos no se quedan a especular en sus oficinas, como la canciller canadiense Mélanie Joly, que habló la semana pasada con el secretario de Estado, Marco Rubio, y se reunió con él este miércoles, de donde salió optimista. Otros no encuentran la puerta. El secretario de Relaciones Exteriores, Juan Ramón de la Fuente, no ha podido ver a Rubio y hasta ayer al mediodía seguía sin haber un registro en la Cancillería estadounidense de que hubieran tenido una conversación telefónica, como asegura Sheinbaum que sucedió. De cualquier forma, sí ha habido negociaciones con el gobierno de Trump a través de la embajada de Estados Unidos, y se han estado intercambiando mensajes las dos administraciones en los temas contenciosos.

Hasta ahora Sheinbaum ha capoteado bien los impulsos y las embestidas retóricas de Trump, que tiene una prisa existencial por cambiar a Estados Unidos lo antes posible. Haría bien si no presentara oposición a la fuerza que tiene el presidente, que se encuentra en un momento de enorme fortaleza y empoderado por la facilidad como logró que Petro diera marcha atrás en su retadora beligerancia. Pero no anteponer fuerza que pretenda ser simétrica, tampoco significa ceder en lo importante, que todavía no está siquiera en una mesa de negociación. Hay escarceos sobre el control migratorio y exigencias sobre el combate al narcotráfico, que ya se están atendiendo.

Sin embargo, su estrategia puede tener un segundo nivel, donde, sin decir llanamente que no tiene prisa para negociar nada con el gobierno de Trump, como lo ha declarado, podría frasearlo de otra forma para mostrar compromiso político, pero demorando el inicio formal de esas negociaciones, como, por ejemplo, las comerciales, que el estadounidense quiere adelantar para mediados de este año. El tiempo corre a favor de Sheinbaum, porque Trump se está desgastando.

Una encuesta que publicó esta semana Reuters y la empresa IPSOS muestra una caída de dos puntos en la aprobación de Trump al concluir su primera semana en la Casa Blanca, luego de alcanzar 47% los dos primeros días en la Presidencia, que bajó a 45% cinco días después. Sus negativos crecieron en ese periodo de 39% a 46%. En materia comercial, 55% está en contra de imponer aranceles a México, y 60% en contra de ponérselos a Canadá, pero 54% lo apoya si los aplica a otros países.

Sheinbaum está empleando, sin que seguramente lo enmarque en este contexto, la Apertura Italiana, una de las jugadas clásicas del ajedrez, donde hay un equilibrio en el desarrollo de la partida, y controla el centro del tablero con una agresividad estratégica. No obstante, hay que tener cautela y prudencia declarativa, pues a quien tiene enfrente le gusta patear mesas y tirar todo en sus exabruptos temperamentales. ¿Veremos a ese Trump mañana? Puede ser o puede no ser. Pero es una experiencia que en algún momento tendrá Sheinbaum con él. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 36)

Inundar al enemigo: la estrategia Trump 2.0

Los demócratas no importan. La verdadera oposición son los medios de comunicación y la manera de acabar con ellos es inundar la zona de mierda”, Steve Bannon, director de Breitbart News, y uno de los grandes ideólogos de MAGA, el movimiento trumpista.

Esta estrategia-inundar – la zona- ha sido adoptada, con todas sus consecuencias, por Trump 2.0.

Para Stephen Miller, número dos de la oficina de la Casa Blanca y quien tiene a su cargo la estrategia en política interna, inundar al enemigo consiste en lanzar tantas iniciativas a la vez que impida una defensa ordenada de la oposición: los demócratas, los medios de comunicación, las organizaciones de la sociedad civil, como American Civil Liberties Union y el llamado Estado profundo, es decir la burocracia de carrera.

Inundar la zona es generar un huracán 5.0 en Washington.

Hacer agua por todos lados, de manera que no haya ni cómo ni dónde tapar.

Para poder analizar y dar coherencia narrativa al huracán de fuerza descomunal que ha desatado Trump en sus primeros 10 días en la Casa Blanca, observemos las actividades en tres grandes esferas de actividad gubernamental: la exterior, la interna -en particular la política migratoria-y la que incumbe al Estado profundo.

En el terreno internacional se ha desarrollado, probablemente, la única sorpresa de la puesta en escena de Trump 2.0: un afán expansionista. Llamó la atención en su discurso de toma de posesión, su descubrimiento del presidente McKinley, quien gobernó a finales de siglo XIX (1897-1901), justo cuando se conquistó Filipinas, Puerto Rico, Cuba y Guam. El afán de apropiarse del Canal de Panamá, hace pensar que Trump está regresando a la era dorada del imperio estadounidense expansión y proteccionismo comercial-, El sucesor de McKinley, el famoso Teddy Roosevelt (19011909) llevó el expansionismo estadounidense al siguiente nivel con su política del “gran garrote”, que definió como “habla suavemente y lleva un gran garrote, así llegarás lejos”. Trump, a diferencia de Roosevelt, agrede verbalmente y amenaza con el garrote de los aranceles.

En cuanto a la migración, el ataque favorito de Trump en campaña-nos están invadiendo por la frontera sur- no ha avanzado con la celeridad que se esperaba.

Terminaron inmediatamente con el programa CBP One, una aplicación para teléfonos inteligentes que había ordenado los flujos migratorios y dado certeza a los peticionarios de asilo a través de un número confiable de citas.

Su escuadrón de deportación – -Kristi Noem, secretaria de Seguridad Interna: Miller, número dos de la Casa Blanca, y Tom Homan, zar de la fronteraha tenido que reconocer que aún no cuentan con los recursos presupuestales para su “heroica tarea”.

Su estrategia ha consistido en sembrar miedo en la comunidad migrante sin miramiento alguno. Intentan, abiertamente, que nuestros paisanos regresen apanicados y “voluntariamente” a sus países.

El vehículo favorito de los ataques han sido las redes sociales. Por ejemplo, esta semana la flamante secretaria Noem publicó una serie de fotografías liderando una redada, disfrazada como agente de la migra, en su clásico chaleco a prueba de balas.

Para que no quede duda de que se intenta aterrorizar al inmigrante, se anunció esta semana que la base de Guantánamo, Cuba, la prisión más segura e inexpugnable con la que cuenta Estados Unidos, será adaptada para recibir a 30 mil migrantes antes de ser deportados.

Los ataques al Estado profundo se llevaron las palmas de esta segunda semana de gobierno. El primero fue una orden terminante de los recursos de todos los fideicomisos del gobierno federal, afectando la ayuda internacional y centenares de programas de salud y educativos. La medida fue tan drástica y disruptiva que, en menos de 24 horas, la echaron para abajo.

El segundo ataque al Estado profundo causará serios estragos.

Todos los burócratas federales (con excepción de los que están en las carteras de seguridad nacional) recibieron esta semana un correo electrónico para ofrecerles un retiro temprano: ‘renuncia ahora en vez de que te corramos.

Si lo haces, te pagamos hasta septiembre próximo’.

La estrategia de inundar la zona y de crear el caos está avanzando como si no hubiese oposición. Todo parece marcharle bien a Trump 2.0.

Pronto sobrevendrá, sin embargo, una crisis interna o externa, algo que los ideólogos de Trump no pueden adelantar. Entonces volveremos a cerciorarnos, como en la crisis del covid-19, de que Trump es un populista, no un estadista. (Rafael Fernández de Castro, El Financiero, México, p. 27)

Desafíos para la política exterior de México al inicio de Trump 2.0

El presente año 2025 trae consigo un escenario internacional pleno de turbulencias.

En los primeros días de su segundo mandato, Donald Trump ha desplegado una agresiva agenda cuyas implicaciones y consecuencias son brutales para nuestro país.

Sus primeras órdenes ejecutivas están enderezadas contra México: declaración de emergencia en la frontera, trato de invasores y criminales a inmigrantes, deportaciones masivas, designación de bandas como organizaciones terroristas extranjeras, imposición de aranceles a la importación de productos mexicanos a Estados Unidos.

El Gobierno de México, que goza de amplio respaldo popular, ve limitada su capacidad de respuesta a los embates trumpistas por una grave insuficiencia de recursos presupuestarios. ¿Cómo hacer frente a desafíos extraordinarios sin recursos extraordinarios, más allá de las asignaciones inerciales? El precario presupuesto otorgado a la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) o la disminución en casi diez por ciento de los recursos otorgados a nuestros consulados en Estados Unidos están a la vista.

A la astringencia financiera y la austeridad republicana se suman las turbulencias internas: la ambigüedad que persiste en las responsabilidades compartidas por Segob y SRE en materia migratoria, y la impunidad de que ha gozado el titular del Instituto Nacional de Migración, Francisco Garduño, bajo cuyo mandato se produjo la incineración de migrantes en instalaciones gubernamentales en Ciudad Juárez el 27 de marzo de 2023. ¿Cómo olvidar a Adán Augusto López y a Marcelo Ebrard echándose la culpa mutuamente por ese episodio?

Los anuncios de instalación de albergues gubernamentales nos remiten a la pregunta: ¿darán la bienvenida a los deportados las mismas personas que han estado encargadas de la contención migratoria militarizada?

En este contexto, el Grupo México en el Mundo, coordinado por Susana Chacón, Isidro Morales y Olga Pellicer, se plantea una pregunta central: ¿cómo navegar con una gran tormenta a la vista? Sus análisis y propuestas están contenidas en un conjunto de ensayos cortos que se pueden consultar aquí: (https://estepais.com/impreso/desafios-politica-exterior-mexico-era-trump/desafios/). Estos textos abordan el contexto internacional, la relación México-EU, la política exterior hacia América Latina, Europa, y Asia del Este, así como los factores institucionales al interior de la propia Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE).

En medio de este ensordecedor ruido, entre Estados Unidos y México hay diálogo de gobierno, de las cúpulas empresariales, y cooperación en materia de seguridad. En una dolorosa paradoja, los trabajadores migratorios mexicanos en EU han sido designados como trabajadores esenciales, pero ambos gobiernos continúan con la perniciosa práctica de convertirlos en una mera ficha de negociación para fines políticos.

La polarización de la sociedad mexicana durante el sexenio 2018-2024 no es un antecedente favorable para enfrentar de manera unificada los desafíos externos. El Grupo México en el Mundo pone a disposición de la sociedad mexicana un espacio de diálogo político, para que el talento, la experiencia y la inteligencia de mexicanos que no se ubican dentro del oficialismo se escuche y atienda, desde sus respectivos ámbitos, en la ineludible tarea de posicionar los intereses nacionales de México ante la incertidumbre global. (Carlos Heredia Zubieta, El Universal, Opinión, A14)

¿A quiénes deporta Trump?

El Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordena el arresto de migrantes indocumentados sin antecedentes penales que realizan trabajos que los estadounidenses no quieren hacer, mientras excarcela a los manifestantes violentos que atacaron el Capitolio el 6 de enero de 2021 y fueron condenados por herir a decenas de agentes del orden.

Ya lo sé, Trump dice que su plan de deportaciones masivas se centra en indocumentados que han cometido delitos graves.

La mayoría de los estadounidenses están de acuerdo con la expulsión de extranjeros peligrosos, y con razón.

Sin embargo, muchos de los que han sido arrestados son trabajadores que no han cometido ninguna falta grave.

Para que quede claro, la mayoría de los expertos en migración coinciden en que ser un indocumentado es un delito civil, no criminal, a menos que la persona haya sido expatriada anteriormente y haya vuelto a ingresar a los Estados Unidos ilegalmente.

Por ejemplo, en las redadas del 26 de enero, los agentes de migración detuvieron a 613 personas con antecedentes penales y a 566 sin antecedentes penales, según la cadena NBC News y el diario The Wall Street Journal.

En otra detención masiva realizada el 23 de enero en Ocean Seafood Depot, un mercado de mariscos en Newark, Nueva Jersey, donde los trabajadores limpian y venden mariscos, los agentes capturaron a tres trabajadores, según testigos.

“Ninguna de estas personas eran violadores, asesinos o criminales”, comentó más tarde el Alcalde de Newark, Ras Baraka, quien acusó a la agencia de Inmigración Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) de buscar expulsar tanto a residentes indocumentados como a ciudadanos estadounidenses.

Uno de los afectados era un veterano del Ejército de Estados Unidos “que sufrió la indignidad de que se cuestionara la legitimidad de su documentación militar”, agregó Baraka.

La respuesta de la Administración Trump parece ser que los arrestos de indocumentados que no han cometido delitos graves son “daños colaterales” en el proceso de detención de criminales.

En una declaración sobre la redada de Newark, ICE indicó que la agencia inmigratoria “puede encontrarse con ciudadanos estadounidenses mientras realiza su trabajo de campo y puede solicitar una identificación para establecer la identidad de un individuo”.

No hace falta ser un experto para especular que las detenciones de trabajadores manufactureros, lavaplatos de restaurantes, limpiadores de casas, niñeras y jardineros se dispararán en los próximos meses, a medida que no encuentren a más migrantes con antecedentes penales.

El Mandatario ha dicho que quiere sacar a la mayoría de los aproximadamente 11 a 13 millones de migrantes no autorizados, pero se estima que solo 650 mil de ellos tienen antecedentes penales.

Ya anunció que quiere enviar fuera a cientos de miles de venezolanos que huyeron de la dictadura de Nicolás Maduro, a pesar de que los exiliados de esa nación votaron por él masivamente el 5 de noviembre.

Al mismo tiempo, pocos días atrás, el Gobierno de Trump aumentó las metas de arrestos diarios para los funcionarios de migración, informó The Washington Post.

Bajo las nuevas cuotas, cada oficina de ICE ahora tendrá que cumplir con un objetivo de 75 capturas diarias, o alrededor de mil a mil 500 en todo el país.

Hay que preguntarse si la “emergencia nacional” por la “invasión” de indocumentados no es una distracción para hacernos olvidar que había prometido frenar la inflación y poner fin a la guerra en Ucrania el primer día de su Presidencia, sino antes.

En rigor, el flujo de migrantes indocumentados cayó en más del 70 por ciento en los últimos meses de 2024, según cifras de la Patrulla Fronteriza. Además, la economía estadounidense necesita más migrantes.

Según la Cámara de Comercio de Estados Unidos, en parte debido a la caída de la tasa de natalidad, hay un déficit de 1.2 millones de trabajadores en el país. Sin migración, los costos laborales aumentarán, y subirá la inflación.

En suma, está bien deportar a criminales peligrosos, pero lo que hace falta es una reforma migratoria.

Detener a trabajadores que limpian langostinos al tiempo que se libera y perdona a quienes atacaron a policías el 6 de enero en el Capitolio es moralmente cuestionable, y económicamente disparatado. (Andrés Oppenheimer, Reforma, Internacional, p. 13)

Desastre migratorio a la vista

La crisis migratoria en México es alarmante. Y no sólo me estoy refiriendo a la frontera norte con Estados Unidos, donde la amenaza del presidente norteamericano Donald Trump de regresar a los indocumentados a suelo azteca ya se está cumpliendo al ritmo de cuatro vuelos diarios. En la frontera sur, principalmente en la de Tapachula, Chiapas, los migrantes haitíanos, venezolanos, guatemaltecos, beliceños, nicaragüenses y hondureños a diario pasan por un infierno porque están a merced del crimen organizado y el Instituto Nacional de Migración (INM)que ni los ve ni los oye a pesar de que los casos de extorsión y secuestro han repuntado en las semanas más recientes.

El trato que se le da a los migrantes mexicanos, centroamericanos y sudamericanos es inhumano.

Del 20 al 26 de enero de 2025, debido a las nuevas políticas migratorias del presidente Donald Trump, han sido deportadas a México un total de 5 mil 282 personas, de las cuales 4 mil 083 son mexicanas. El 27 de enero arribaron 527 personas y el 28 de enero  llegaron 435. A este ritmo, mensualmente estarían regresando a nuestro país un promedio de 25 mil individuos para los que no hay destinada una partida presupuestaria que contemple alimentación, vivienda y empleo.

Del mismo modo, se tiene que considerar la situación de los migrantes centro y sudamericanos que se internan a México con la intención de llegar a los Estados Unidos y que lamentablemente ya no podrán ingresar a la Unión Americana porque las autoridades migratorias estadounidenses ya sellaron la frontera desde Baja California hasta Tamaulipas, por lo que de manera temporal se quedan en nuestro país padeciendo lo peor de lo peor.

Y como botón de muestra aquí en la Ciudad de México tenemos infinidad de escenas dramáticas en el Periférico, el Viaducto, en Paseo de la Reforma, en la inmediaciones de Buenavista, en Iztapalapa, Insurgentes, Tláhuac… hombres y mujeres de distintas nacionalidades (principalmente haitíanos y venezolanos) arriesgando sus vidas y las de sus pequeños pidiendo una moneda entre los vehículos en marcha, durmiendo a la intemperie en pleno invierno, buscando comida entre los desperdicios, algunos incorporándose temporalmente al comercio informal (ambulantaje) o limpiando parabrisas en los semáforos.

Terrible, terrible en verdad…

Las condiciones en las que transitan los migrantes de otros países que cruzan por México son espantosas. Hay retenes, extorsiones, secuestros, maltrato y muchísima incertidumbre para niños, adultos y personas de la tercera edad (muchos son discapacitados). Estados Unidos no se va a ablandar y eso significa que los indocumentados se quedarán (aunque sea de manera temporal) en México. Y esto, lamentablemente, es el resultado de la fallida política de “fronteras abiertas” que adoptó la administración de Andrés Manuel López Obrador con su secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero. Ambos se encargaron de alimentar y de heredar un caos que ahora con las deportaciones dispuestas por Donald Trump esto se va a transformar en una situación incontrolable, porque implementar un programa efectivo con refugios, salubridad, logística, alimentación y cuidados especiales requiere de recursos que en estos momentos no tenemos. (Yazmín Alessandrini, 24 Horas, Online)

A Puerta Cerrada // ¿25%?

Utilizar ampliamente los aranceles como herramienta de negociación dura, marcará el mandato de Donald Trump. Y con ello el objetivo de obtener concesiones económicas, comerciales y políticas de otros países está surtiendo un rápido efecto.

La estrategia puede generarle beneficios a corto plazo, sin embargo, el riesgo de represalias y distorsiones económicasson un factor latente. Y Estados Unidos no puede estar en pleito permanente con actores geoestratégicos.

La situación en la relación bila teral con México que ya vive un cambio de paradigma está sujeta al tema de (in)seguridad, tráfico de fentanilo y migración.

Las deportaciones son un motor mediático para el magnate que moviliza su base electoral, genera atención en medios y plataformas digitales reforzando su imagen de líder fuerte en materia de seguridad nacional. Su retórica antiinmigrante y su promesa de “ley y orden” aderezada por las redadas y los operativos de ICE generan imágenes impactantes lo que le ayuda a mantener el tema en el epicentro del debate público.

Trump sigue dominando la agenda mediática provocando reacciones tanto de apoyo como de rechazo.

En paralelo los mensajes hacia el gobierno de Sheinbaum son suficientemente claros; la migración será el quid pro quo para que México siga siendo el “tercer país seguro”. Podrán intentar cambiarle el nombre y el relato desde una mañanera, pero al final ese acuerdo, tomado además de forma unilateral, se está llevando a cabo. La crisis por unas horas con Colombia fue una señal clara de usar los aranceles para temas que distan mucho de ser una agenda comercial sino una política. Todos los países que se opongan a sus designios se les aplicará un correctivo arancelario. México está en la fila y Trump hará lo propio.

La duda razonable es cómo lle gará a la cifra que prometió en campaña. Aplicar en una sola exhibición 25% a todos los productos mexicanos, raya en lo audaz e irresponsable. Trump jugará la carta de administrar el correctivo hasta que México cumpla. Y es aquí donde puede entrar el tema de (in)seguridad. En los últimos meses Sheinbaum ha dado golpes importantes contra las organizaciones delictivas, lo que supone no se hizo durante seis años. La tolerancia y los abrazos hacia el cártel de Sinaloa no terminan de asombrar al mundo entero. La violencia desatada en el estado (des)gobernado por Rocha Moya es la fina realidad de un narcoestado.

Las lamentables expresiones de la presidenta culpando la detención del delincuente “Mayo” Zambada al caos y desastre sinaloense marcan con absoluta claridad quién mandaba ahí. Quién garantizaba la gobernabilidad y el orden.

No hay distractor suficiente que impida tener la lectura que el gobierno de Estados Unidos esperó el timing correcto con la extracción-detención del líder de esa poderosa organización trasnacional.

El tiro fue preciso, la estela de consecuencias es aún de pronóstico reservado y la cadena de eventos está en curso.

Trump y Rubio reconocen el trabajo de México en el combate contra células delictivas y objetivos prioritarios generadores de violencia, pero falta un ingrediente sustancial.

La hidra de la red de vínculos político-criminales. Y vendrán las presiones -no se descarten arancelarias, mediáticas y con filtraciones cortesía de los capos en prisión- para que el gobierno mexicano entregue y descobije una lista de más una decena de altos funcionarios y sus familiares.

Se vienen semanas muy complicadas para Palacio Nacional… (Marcela Gómez Zalce, El Universal, Nación, A6)

Migrantes a Guantánamo: inhumano y estigmatizante

La nueva orden ejecutiva del presidente Donald Trump, que pretende instalar un centro de detención para 30 mil migrantes en Guantánamo, es una clara manifestación de la brutalidad de sus políticas inhumanas, y de su afán de desafiar, de manera sistemática, los frágiles avances de la agenda demócrata. No solo es un paso más en su campaña antiinmigrante diseñada para sembrar el miedo, deshumanizar a quienes buscan una vida mejor y perpetuar políticas de exclusión y represión, sino que va mucho más lejos en su beligerancia, al escoger un lugar que representa un símbolo de la violación sistemática al derecho internacional y a los derechos humanos. Esta iniciativa está cargada de implicaciones éticas y legales que deberán ser analizadas con detenimiento.

Desde su apertura como prisión militar por George Bush en 2002, Guantánamo ha sido escenario de detenciones arbitrarias, tortura y tratos crueles, inhumanos y degradantes. Ubicado en territorio cubano, es solo uno de los centros de detención instalados fuera del territorio estadounidense en los que se encuentran personas detenidas sin cargos y de manera indefinida, acusados de estar relacionados de cualquier forma con actos terroristas.

Organismos internacionales, incluida la ONU, han exigido reiteradamente su cierre, argumentando que la prisión representa una violación del derecho internacional. Originalmente creada para mantener a individuos considerados una amenaza para la seguridad nacional fuera del sistema judicial estadounidense, Guantánamo simboliza los excesos de la “guerra contra el terrorismo”. Tras los intentos fallidos de cierre bajo el gobierno de Obama y el propósito incumplido durante la administración de Biden, mantener su operatividad e incluso ampliar su funcionamiento encaja perfectamente con el tono que Trump ha marcado desde su campaña y en sus primeros días en el poder.

Convertir Guantánamo en un centro de detención masiva para migrantes revive ese capítulo aún latente, pero a menudo relegado al olvido, contraviniendo principios básicos del derecho internacional, entre ellos el de no criminalizar a quienes buscan protección humanitaria. Detener a migrantes en un entorno marcado por el abuso institucionalizado es la máxima expresión de la criminalización, medida absolutamente inhumana y desproporcionada.

Según informes, los detenidos en Guantánamo han sufrido secuelas psicológicas duraderas debido a las condiciones de aislamiento, la tortura y la falta de acceso a justicia. Trasladar esta experiencia a personas migrantes es ignorar intencionalmente el daño que se les inflige. Esta medida transformaría la gestión migratoria en una herramienta de castigo, inobservando las obligaciones de Estados Unidos bajo el derecho internacional.

El aspecto económico de esta propuesta también es destacado. Mantener Guantánamo es exorbitantemente costoso: actualmente, cada prisionero cuesta más de 13 millones de dólares al año. Este gasto incluye infraestructura, operaciones de seguridad desmesuradas y servicios médicos especiales. Ampliar su uso para albergar a miles de migrantes generaría una carga desproporcionada para los contribuyentes, especialmente cuando existen políticas más efectivas y humanas, como la inversión en sistemas de procesamiento migratorio ágiles y el fortalecimiento de las comunidades fronterizas. Sostener y ampliar Guantánamo pone en evidencia las contradicciones en el discurso de Trump, que ha recortado recursos en apoyos sociales, diplomacia y ayuda internacional.

La propuesta de Trump no busca resolver el problema migratorio, sino reforzar la percepción de que los migrantes son una amenaza. La estrategia gubernamental estigmatiza a personas que huyen de la violencia, la pobreza o la crisis ambiental, perpetuando el miedo y estereotipos negativos, equiparando la migración irregular con la criminalidad, y sugiriendo incluso —de manera vedada— una vinculación con el terrorismo. Esta criminalización masiva no solo afecta a los migrantes, sino también al tejido social de las comunidades receptoras, ya que busca reconfigurar la percepción pública de los migrantes, presentándolos como criminales. (Eunice Rendon, El Universal, Nación, A9)

Cartones

Sabadeando..

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(Camacho, Reforma, Opinión, p.8)

Detenciones

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(Kemchs, El Universal, Opinión, p.14)

De humillaciones y cosas peores

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(Waldo, El Universal, Opinión, p.15)

Tal cual

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(Alarcón, El Heraldo de México, La Dos, p. 2)