Opinión Migración 310523

Pulso político // Dobló Morena a PVEM y PT en Coahuila

De esto y de aquello…

Tal parece que Marcelo Ebrard sigue empeñado en ser, o parecer, “la piedra” en el proceso morenista de sucesión presidencial: además de insistir en que se fijen reglas internas a las “corcholatas”, ahora quiere ver a “otra mujer”, entre ellas, y que PVEM y PT, postulen candidatos propios.

Por cierto que el canciller comentó que la asesora de Seguridad Nacional del presidente Joe Biden, Elizabeth Sherwood, se reuniría (sic) la tarde de ayer en Palacio Nacional con AMLO, para abordar temas migratorios, y seguramente del que tiene a cargo en su país. (Francisco Cárdenas Cruz, La Razón, México, p. 6)

Nomenklatura del poder // ¡Soluciones ya!

(…) La pobreza y la desigualdad de muchos mexicanos sigue siendo un botín político electoral muy atractivo que a través de supuestos programas sociales mantiene a millones de personas en la postración y el clientelismo electoral. ¿Tendrá la voluntad el próximo Presidente para cambiar esta visión tan miserable del manejo de la pobreza en México?

El tema migratorio deberá tener una visión diferente; pasa por redefinir la agenda migratoria con EU y asumir una relación constructiva con los migrantes que se quedarán en México. ¿Aprenderemos algo de experiencias exitosas en política migratoria como la alemana?

Hoy, desgraciadamente, tenemos más problemas que soluciones y no podemos pensar -ni creer- que el próximo Gobierno podrá resolver todo lo no resuelto antes y lo destruido ahora.

Reconstruir las instituciones es fundamental para fortalecer a la sociedad civil avasallada por el Gobierno de la 4T. Se necesitarán consensos y gran habilidad política. ¡Hablemos de soluciones ya! (Pancho Graue, 24 horas, Estados, p. 10)

Puentes y cruces // Norteamérica: tres años de avances y un porvenir promisorio

Desde junio de 2020 tengo el honor y la enorme responsabilidad de coordinar las relaciones de México con EU y Canadá, bajo las directrices de política exterior del presidente López Obrador y la conducción de la Cancillería del secretario Marcelo Ebrard –a quienes agradezco su confianza para esta encomienda central de nuestras relaciones internacionales–. En este periodo, la diplomacia mexicana en Norteamérica ha avanzado en la labor de defender a nuestras comunidades, al tiempo que profundizamos la integración económica de la región. Organizamos tres visitas presidenciales a Washington y también hemos disipado las dudas que cuestionaban a la idea de América del Norte. Hoy México proyecta una diplomacia madura y cooperativa, pero también en pleno ejercicio de nuestra soberanía.

La muestra de estos últimos tres años ilustra la complejidad de navegar la política exterior mexicana en la región. Inicialmente tuvimos la responsabilidad de resolver una complicada negociación internacional con respecto al ciclo de repartición de aguas del río Bravo en 2020. Logramos cumplir con nuestros compromisos internacionales y, simultáneamente, mantuvimos un acuerdo benéfico para México. También firmamos un acuerdo para resolver el saneamiento del río Tijuana en el futuro cercano.

Durante la pandemia, logramos coordinar la llegada de 23 millones de dosis de vacunas contra covid-19, donadas por EU y Canadá. Esto es un ejemplo contundente de cómo nuestra diplomacia da resultados concretos. Hemos también reconstruido y fortalecido la arquitectura común norteamericana. Tras la aprobación del T-MEC, relanzamos los Diálogos de Alto Nivel Económico y de Seguridad para forjar hojas de ruta compartidas. En ese sentido, acompañamos múltiples proyectos en materia comercial y de inversión, así como la modernización del mandato del Banco para el Desarrollo de América del Norte, que han contribuido a la llegada de importantes capitales a nuestro país. El éxito de nuestra visión, que también busca modernizar la infraestructura de nuestra frontera con EU, se observa en el récord comercial bilateral con dicho país, mismo que rebasará este año los 800 mil mdd.

De manera conjunta, también hacemos frente a retos como el tráfico de armas, de drogas y de personas en la región. A partir del Entendimiento Bicentenario hemos podido reencauzar cooperación con EU en materia de seguridad, desde una visión de respeto mutuo y de atención a las causas estructurales de la delincuencia. También destaco la Declaración de Los Ángeles sobre Migración y Protección como un mapa de trabajo en las Américas que los tres países hemos suscrito hacia una migración más ordenada, segura y regular, así como la colaboración constante con organismos internacionales para alcanzar este fin.

En Norteamérica también compartimos una serie de valores con respecto a la justicia racial, la reivindicación de nuestros pueblos originarios y la acción climática coordinada. La arquitectura norteamericana contiene un componente central para hacer frente al cambio climático. Como botón de muestra, destaco el excelente trabajo conjunto que hemos realizado con el enviado especial presidencial John Kerry. En materia consular, apenas inauguramos nuestro nuevo consulado en la ciudad de Oklahoma y muy pronto abriremos uno más en Nuevo Brunswick, NJ, para lo cual han sido clave los esfuerzos para aumentar nuestros servicios y recaudación en la red consular, con un aumento de 40% entre 2018 y 2023. Además, establecimos un Programa de Defensoría para Personas Mexicanas en Materia Penal, que permitirá procurar la defensa efectiva de nuestros connacionales.

Subrayo las visitas del primer ministro Justin Trudeau y el presidente Biden a México durante la exitosa X Cumbre de Líderes de América del Norte. La hoja de ruta que suscribimos con Canadá muestra también el porvenir de una relación clave para México mientras que, a la luz del bicentenario de las relaciones diplomáticas con EU, reflexionamos cómo el pasado y futuro de nuestros países y nuestras comunidades se entrelazan. A tres años de avances, el porvenir tiene aún grandes retos, pero es más promisorio que nunca. (Roberto Velasco Álvarez, Excélsior, Nacional, p. 13)

Veranda // El turismo de Canadá recupera importancia en México

Ayer inició en Quebec Rendez-vous Canada (RVC), la feria de turismo de ese país, y Randy Boissonnault, ministro de Turismo, según reportó Rodrigo Caire a Veranda, dijo que, según las tendencias observadas al inicio de este año, su país recobrará sus ingresos turísticos que registraron durante 2019 este mismo 2023, cuando en enero pasado los pronósticos más optimistas eran que lo haría hasta 2024.

En el caso de México, y sin que estén recuperadas por completo las rutas entre destinos mexicanos y canadienses, y tampoco las frecuencias y los asientos disponibles, ya se está observando una fuerte presencia de los habitantes de ese país en los principales sitios turísticos.

Según la Unidad de Política Migratoria, perteneciente a la Secretaría de Gobernación, la llegada de canadienses en el primer cuatrimestre de 2023 comparada con el mismo periodo de 2022 creció 82.6% y lo hizo en 30.2% en abril de este año contra el mismo mes, pero del año pasado.

Un reto para los mexicanos que desean visitar Canadá son los precios aéreos, que se han elevado, pero Boissonnault aseguró que su país los vale;  además, México está entre sus cinco principales mercados emisores.

Sin rebatir el argumento de los bellos atractivos, otro desafío para Canadá es que la mayoría de sus rutas son a destinos de sol y playa, donde vienen a quitarse el frío, pero el problema es que los mexicanos playeros no llenan muchos de los asientos, que se regresan vacíos. (Carlos Velázquez, Excélsior, Dinero, p. 5)

Lilly Téllez y la “derecha moderna”

He leído con atención el desconcertante intercambio entre Lilly Téllez y Jesús Silva-Herzog Márquez. Él la descalifica en los términos más severos y ella responde adulándolo. Él la llama “cuasi fascista, medieval, ignorante” y ella lo ensalza como “universal, agudo.”

(…) En un sistema democrático moderno, es indispensable la representación de los sectores conservadores. No obstante, Téllez ha usado como referentes políticos a Hernán Cortés y Margaret Thatcher, que distan de ser figuras “modernas”. Uno se murió hace siglos y la otra tomó posesión como primera ministra hace cuarenta y cuatro años en un mundo previo a la caída del Muro de Berlín, los ataques terroristas a las torres gemelas o la crisis financiera mundial de 2008. Para no hablar de la pandemia, la invasión de Ucrania, la era del populismo autoritario y la creciente tensión entre China y Estados Unidos. El mundo es otro.

En todo caso, la derecha moderna de nuestro tiempo es el partido demócrata cristiano de Ángela Merkel, una estadista de prestigio internacional que acogió un millón de refugiados. Es decir, funcionaría mejor para el contraste con la política migratoria de un gobierno mexicano que dejó morir incinerados a cuarenta migrantes. Merkel tuvo un manejo liberal de la economía, impulsora de la globalización y rescató de la crisis financiera a la Unión Europea. Frente a la patanería y estridencia de Donald Trump o la brutalidad asesina de Vladimir Putin, Merkel encarnó siempre la sensatez, la experiencia, la seriedad profesional y la mejor tradición de tolerancia y apertura liberal. Por cierto, Merkel tuvo la capacidad de integrar un gobierno de coalición con el partido socialdemócrata para construir una fuerza de gobierno más representativa.

Merkel ofreció a todos sus ciudadanos la más alta calidad de servicios públicos e hizo del estado de bienestar alemán el único financieramente sustentable en Europa. Finalmente, la senadora Téllez dice en su carta “defender el rol de las familias como lo hacen las mejores tradiciones conservadoras.” (…) (Raudel Ávila, El Universal, Opinión, p. 20)

Uso de razón // Ojo México, ahí viene Trump

Las estrellas y las barras de la política estadounidense se alinean para que el candidato presidencial republicano sea, por tercera vez, Donald Trump.

Con una decena de aspirantes republicanos compitiendo por la candidatura, Trump lleva las de ganar.

El mano a mano con DeSantis, el actual gobernador de Florida, no se va a dar, y eso le pone en la bolsa la victoria al expresidente y furibundo antimexicano.

Trump tiene entre 30 y 35 por ciento de la militancia republicana con él, y no lo cambiarían por nadie ni por nada. Con muchos candidatos tras la nominación, se atomiza el voto restante.

Puede darse casi por descontado que en la boleta del próximo año estarán Joe Biden por los demócratas y Donald Trump por el Partido Republicano.

DeSantis arrancó como caballo árabe, pero de acuerdo con personas que lo conocen bien, en realidad está buscando hacerse un nombre a nivel nacional para ganar la Presidencia en 2028.

Partió como caballo árabe, es cierto: en 24 horas, luego de anunciar su candidatura, logró recaudar 8.2 millones de dólares. 

Cuenta con el apoyo de personajes conservadores que tienen la capacidad de inyectar cientos de millones de dólares a su campaña.

Pero si bien los dólares son importantes para una precandidatura competitiva, no son necesariamente un factor que predice el triunfo.

Va un botón de muestra: Jeb Bush, en las elecciones primarias republicanas de 2016 parecía imbatible.

Tenía no sólo las arcas de su campaña llenas, con decenas de millones de dólares, sino también el apoyo de prácticamente todo el establishment republicano.

Bush, con su mensaje centrista y compasivo, similar al de su padre, George, nunca tuvo oportunidad de competir realmente contra la narrativa xenofóbica y racista de Trump. 

DeSantis es más parecido ideológicamente a Trump y tiene la ventaja de haber hecho realidad en Florida sus políticas antiinmigrantes.

Pero en las primarias votan los republicanos más recalcitrantes y en ese sector Trump es el rey.

Así es que, ojo México, y especialmente ojo a quien vaya a contender aquí por la Presidencia, la batalla en Estados Unidos será Trump contra Biden.

Cuidado, pues, con tomar partido.

De ganar Biden, será su último mandato y esta vez no tendrá una reelección que cuidar: nos cobrará todos los desplantes que en el actual cuatrienio ha tenido que aguantar. 

Y Trump, ya lo sabemos, quiere –literal– bombardearnos.

En contra de Biden juega el hecho de que prácticamente nadie en su partido quiere que se presente a una reelección.

Dicen que es demasiado viejo, parece carente de energía y la economía no se encuentra en su mejor momento, toda vez que continúan las presiones inflacionarias e incluso los nubarrones de una posible recesión.

La regla no escrita en la política estadounidense es que cuando el presidente va por la reelección, nadie le compite. Y Biden ya dijo que va. Quiere pasar a la historia como el enterrador de Trump. 

Ahora se ha corrido a la derecha en el tema migratorio y ha sacrificado programas sociales para alcanzar un acuerdo con los republicanos sobre el techo de deuda.

Eso ha molestado profundamente a los demócratas, que sin duda quisieran otro candidato o candidata.

Pero una cosa es desear a alguien distinto a Biden, a que los latinos, negros, asiáticos, mujeres, los votantes de la tercera edad, los jóvenes universitarios, prefieran a Donald Trump que al actual presidente.

Trump enfrenta además una montaña de problemas legales, que ha sido muy hábil en utilizar como plataforma de campaña y como una bandera para recaudar fondos y presentarse como víctima. 

Pero cuando llegue la hora de la verdad y los procesos criminales en su contra se encuentren a todo vapor en la recta final de las elecciones, eso podría no solamente distraerlo, sino alejar a los votantes religiosos.

En contra de Trump juega, además, un precedente histórico: los republicanos han perdido el voto popular en la mayor parte de las elecciones presidenciales recientes.

Trump perdió el voto popular contra Hillary Clinton por 3 millones de sufragios y por más de 7 millones contra Biden. 

Su triunfo en 2016 fue más un panzazo que una victoria contundente. En cambio, su derrota en 2020 fue inobjetable.

Pero las elecciones son un maratón en el que todo puede ocurrir. Estados Unidos, con una recesión, le recordaría a los votantes la bonanza económica que vivieron durante los dos primeros años de la era Trump.

La moneda sigue en el aire, pero sigue siendo más probable que los sólidos cimientos que tiene Biden, con una base de votantes diversa y numerosa, le permitan nuevamente derrotar a un Trump que mantiene intacta su plataforma insular, excluyente y discriminatoria. (Pablo Hiriart, El Financiero, Nacional, p. 32)

Aquí se discrimina

(…) Los resultados de la Encuesta Nacional sobre Discriminación (Enadis 2022), que acaba de presentar el INEGI, me habrían llevado a titular este texto “México discriminador”. Pero, para no espantar a quienes se blindarían con un “serán los demás porque yo no discrimino”, parafraseo las preguntas sugeridas: ¿en México se cometen actos discriminatorios? SÍ. ¿El país tolera actos discriminatorios? SÍ. ¿Nosotros toleramos esos actos discriminatorios? SÍ.

Las personas discriminadas, según reportan, lo son por su forma de vestir o arreglos personales, por peso o estatura, por opiniones políticas, por su condición de mujer, por la manera de hablar o su tono de piel.

El único motivo de discriminación que tuvo una disminución significativa: creencias religiosas (será que vamos de a poco aprendiendo a vivir en pluralidad religiosa). Y en cuanto a la discriminación manifiesta por grupos de interés: 28% de la población indígena, 36% de la población afrodescendiente, 34% de la población con discapacidad (un incremento casi del 10% frente a 2017), 30% de la población migrante, 25% de la población de mujeres, 29% de la población joven, 37% de la diversidad sexual y de género, 35% de las personas trabajadoras del hogar (un incremento casi del 6% frente a 2017). Queda claro: tolerar la diversidad sigue costando mucho trabajo; ya ni hablemos de respetarla. (Gabriela Warkentin, Reforma, Opinión, p. 10)