VISITA. Ayer la presidenta Sheinbaum, operando hasta el último momento, recibió al embajador Ronald Johnson y congresistas estadunidenses. Los temas: comercio, aranceles, seguridad y migración. Hoy hablará con Trump y esta conversación puede ser decisiva. Por eso atrasó la mañanera (Joaquín López-Dóriga, Milenio, Al Frente, p. 3)
En la víspera de la entrada en vigor de los aranceles estadunidenses de 30% a productos mexicanos fuera del T-MEC —una medida que podría cimbrar el comercio bilateral—, la presidenta Claudia Sheinbaum sostendrá hoy por la mañana una llamada telefónica con el presidente Donald Trump. Esta comunicación representa, además del cierre de una intensa ruta de negociaciones técnicas encabezadas por Marcelo Ebrard, secretario de Economía, y Roberto Velasco, encargado de Unidad para América del Norte en SRE, una oportunidad de último minuto para renegociar, apaciguar tensiones y discutir temas que van más allá de lo estrictamente aduanal. Trump ha condicionado la imposición de aranceles a avances concretos de México en materia de migración, combate al narcotráfico e importaciones irregulares de productos chinos.
Ambas partes, en las semanas previas, han buscado una fórmula que permita exentar, aunque sea parcialmente, los envíos mexicanos: mientras lo incluido en el T-MEC quedará protegido, alrededor de 15% del comercio bilateral fuera del acuerdo se enfrentaría a la nueva tarifa, una amenaza que el gobierno mexicano considera una “granada arancelaria” con capacidad de afectar más de 800 mil millones de dólares en intercambios anuales. En este contexto, las gestiones diplomáticas y técnicas de Ebrard y Velasco han ofrecido propuestas potencialmente persuasivas para equilibrar el comercio y responder a preocupaciones de seguridad planteadas desde Washington.
A la habitual agenda de comercio, migración y seguridad, Claudia Sheinbaum puede sumar nuevas cartas durante esta delicada llamada presidencial. Es previsible que busque garantizar el blindaje del T-MEC, exigiendo claridad de que ni la próxima revisión del tratado ni presiones unilaterales pongan en riesgo su vigencia a mediano plazo. También podría proponer mecanismos flexibles que incluyan excepciones sectoriales y reglas de gradualidad para productos clave que impactan en la economía nacional, como agroindustria, autopartes y tecnología, así como enfatizar la necesidad de vincular la agenda comercial con proyectos conjuntos de desarrollo e inversión en el sur de México y Centroamérica, proponiendo soluciones de desarrollo en vez de acciones punitivas.
Otro elemento decisivo sería negociar acuerdos de confianza sobre cumplimiento y verificación, así como mecanismos claros de reporte de acciones contra el tráfico de drogas o mercancías ilegales, en un intento por evitar decisiones unilaterales motivadas políticamente por el momento electoral que se vive en ambos países. Además, México tiene razones urgentes para defender sectores altamente integrados con Estados Unidos, como el acero, aluminio y productos agroindustriales, que podrían ser especialmente afectados por el entorno global proteccionista. Finalmente, Sheinbaum podría insistir en la creación de nuevos mecanismos de diálogo y la institucionalización de una mesa técnica permanente para resolver diferendos comerciales y de seguridad, evitando el uso de amenazas o ultimátums públicos.
La llamada entre Sheinbaum y Trump será, en muchos sentidos, un ejercicio de liderazgo y diplomacia llevados al límite. Si bien buena parte del terreno técnico ya lo han recorrido Ebrard y Velasco, la Presidenta tiene el margen para plantear una visión más amplia y de futuro: blindaje institucional, integración productiva, soluciones humanas al fenómeno migratorio y, sobre todo, un enfoque pragmático que amortigüe el efecto de políticas de corto plazo gestadas desde la Casa Blanca. En este momento, el teléfono será el instrumento último de gobernabilidad y moderación entre dos países cuya relación trasciende cualquier vaivén arancelario y demanda, más que nunca, estadistas a la altura del reto. Sabemos que ella lo ha logrado exitosamente en cada comunicación. Esperemos que el día de hoy. también él esté a la altura de una relación bilateral que no ha hecho sino nutrir a nuestras dos naciones, ¡Suerte, Presidenta! (Yuriria Sierra, Excélsior, Nacional, p. 12)
Si bien los ríos de tinta y las publicaciones en redes sociales en respuesta a las manifestaciones “anti-gentrificación” -y el vandalismo que acompañó a las dos primeras- efectuadas este mes en la Ciudad de México han amainado en días recientes, sus incongruencias, los flancos que abren en la relación con Estados Unidos -en la coyuntura que viven hoy ese país y nuestra agenda bilateral- y las oportunidades perdidas para abonar a las percepciones e imagen de México en el mundo, siguen grafiteadas, a vista de todos, en las calles y paredes de la capital.
Hay que ser miopes para no darse cuenta. De entrada, no hay duda de que la gentrificación en la Ciudad de México ha sido un proceso complejo espoleado por múltiples factores interconectados; la revalorización y rescate de zonas urbanas como la Roma, Condesa u otras colonias, detonadas por mexicanos, empezó mucho antes del auge del turismo internacional y la enorme atracción cultural-artística, urbana y gastronómica capitalina y de la subsecuente llegada de nómadas digitales. La situación se aceleró indudablemente en 2022 cuando la actual presidenta de México firmó desde el gobierno de la CDMX un acuerdo con Airbnb y UNESCO para atraer turistas y nómadas digitales en el marco de la pandemia. Claramente, funcionó. Pero a ello se suma lo que se ha acumulado como resultado de la gestión de gobiernos capitalinos, los morenistas y algunos perredistas empezando claramente con el de López Obrador, y la falta de regulación inteligente y efectiva del uso del suelo, de la ausencia de planeación e inversión en otras zonas de la ciudad y de mecanismos de protección para inquilinos, y del mercado de rentas y de plataformas de hospedaje temporal que han facilitado la especulación inmobiliaria, ya sea para turistas o para quienes han elegido mudarse a vivir a nuestro país, sea de manera temporal o fija.
Pero amén del hecho de que los extranjeros -y estadounidenses en particular- son el proverbial falso enemigo, más el resultado del chovinismo y el resorte “masiosare” de grupos rancios y trasnochados, y de la ausencia de políticas públicas sociales, económicas y urbanas ilustradas, lo primero que me asaltó con estas marchas fue de nueva cuenta un tema que siempre me alarma en México: la incongruencia entre lo que se exige dientes para fuera con respecto a nuestros connacionales en el exterior, sobre todo en Estados Unidos, y las actitudes hacia extranjeros -y ya no digamos los transmigrantes- en nuestro país. Para empezar, a manera de recordatorio, hay alrededor de 11 millones de mexicanos viviendo al norte del río Bravo, de los cuales unos 5 millones son indocumentados. La inmensa mayoría de los extranjeros -y sobre todo estadounidenses- viviendo en la CDMX están en el país legalmente.
Y subrayo particularmente lo anterior porque la xenofobia reprensible, vergonzosa y deleznable que aliñó la manifestación anti-gentrificación y anti-gringa sobre todo en la Roma y Condesa ha erguido la cabeza en un muy mal momento de nuestra relación con EE.UU. En medio de los operativos agresivos de detención migratoria en el interior de ese país, sobre todo en sitios de trabajo (mayoritariamente en zonas metropolitanas y estados gobernados por Demócratas) que la Administración Trump ha instrumentado con su agenda anti-inmigrante y que han incendiado no solo ciudades como Los Ángeles sino también indignado a amplios sectores de la opinión pública de ese país, de paso generando retos endiablados para nuestra red consular (para rematar, con recursos y personal eviscerados) y para sus labores de protección, nos hemos complicado aún más la vida.
A días de la primera manifestación, el Departamento de Seguridad Interior (DHS por sus siglas en inglés, dependencia a la cual pertenecen tanto la Patrulla Fronteriza como la agencia de aplicación de la ley migratoria, ICE) publicó en redes sociales un mensaje palmario para los mexicanos: “si se identifican y se entregan a ICE, los deportaremos para que se puedan unir a las manifestaciones en México contra los estadounidenses.” Tal cual.
Pero hay un tema estructural de largo aliento que es hoy por hoy uno de circunstancias desperdiciadas. Y es que nuestro país debiera aprovechar a los nómadas digitales que han llegado a la CDMX -en particular jóvenes, urbanos, con altos niveles educativos, de la generación del milenio, atraídos por cultura, gastronomía y una vida asequible- para mover la aguja de las percepciones sobre nuestro país, particularmente en EE.UU, en momentos en los cuales las lecturas mediáticas y políticas sobre lo que ocurre en México están, como nunca antes, por los suelos. Es más, cualquier ejercicio de grupo de enfoque ahí produce, al alentar a los participantes a escoger una palabra que les viene a la cabeza cuando se les menciona “México” o que relacionan con nuestro país, una nube de palabras dominada por términos como “narcotráfico”, “violencia”, “corrupción”, “migrantes” o “pobreza”. Porque la mayoría de esos nómadas digitales y estadounidenses podrían convertirse en los mejores embajadores de nuestro país en el exterior, replicadores de una realidad y una nación que de entrada los atrajo y que han escogido hacer de ella su país o residir temporalmente ahí. Es una veta de diplomacia y relaciones públicas, de poder suave mexicano, que -con un poco de imaginación, esfuerzo y cuidado- ningún despacho, por muy sofisticado que sea o por mucho que le cobre al gobierno mexicano en turno, podría replicar. Y sería una inversión de capital humano con una generación que normará percepciones en EE.UU durante las próximas décadas.
¿Cómo hacerlo? La transformación de nómadas digitales en voceros de México y propagadores de visiones más positivas del país requiere una estrategia integral que aproveche su influencia natural y sus redes transnacionales. Aquí van algunos componentes generales, a manera de apunte, de lo que podría ser una estrategia articulada por el gobierno federal en coordinación con el gobierno de la CDMX:
Promoción integral del turismo cultural, con programas de bienvenida bilingües, con guías locales ofreciéndoles rutas culturales, gastronómicas, o incluso de voluntariado comunitario (cosa que muchos de ellos, sobre todo entre generaciones de profesionistas jubilados, ya hacen) para que se acerquen a una imagen más rica y diversa de México.
Establecer y promover espacios de ‘coworking’ y ‘networking’ para que profesionistas mexicanos y extranjeros interactúen y entren en sinergias laborales y creativas virtuosas, generando de paso intercambios culturales positivos de ida y vuelta.
Eventos comunitarios y sociales para abonar a los barrios y comunidades en los que se asientan, vinculándolos con organizaciones de la sociedad civil y ‘startups’ locales para colaboración voluntaria o pro bono, a modo de ferias, talleres o clases donde nómadas digitales, extranjeros y residentes interactúen en condiciones de igualdad, equidad y respeto mutuo.
Incentivando contenido y difusión orgánica (tiene mayor credibilidad que las campañas publicitarias tradicionales) e implementando estrategias que la amplifiquen; muchos nómadas digitales son creadores de contenido. La clave está en no forzar la promoción, sino crear condiciones donde los nómadas digitales y extranjeros que de por sí ya se encuentran atraídos por nuestra capital y nuestro país quieran naturalmente compartir y recomendarlos motivados por la calidad genuina de su experiencia.
Si tienen buenas experiencias, es probable que las compartan en redes sociales, blogs, podcasts o videos, generando una narrativa positiva hacia México en sus audiencias en el extranjero. En este sentido se podrían seleccionar a 10–20 extranjeros (‘influencers’, ‘freelancers’, periodistas) para documentar su vida en México.
Establecer alianzas con creadores de contenido e industrias creativas mexicanas (una de las causas de la atracción que genera entre extranjeros la CDMX) para producir material innovador, fresco y con una mirada distinta sobre México. Esto podría incluir tours gastronómicos documentados, sesiones de trabajo desde lugares icónicos, o colaboraciones con artistas locales.
Establecer alianzas con universidades -mexicanas y extranjeras- y ‘think tanks’ para establecer programas de investigación, residencias creativas o de estudio para nómadas digitales y extranjeros que promuevan una visión más matizada de México, y cuyas publicaciones incidan en narrativas y en opinión pública.
Para todo esto, habría que mejorar indudablemente los servicios específicos que valoran los nómadas digitales: internet de alta velocidad, espacios de trabajo flexibles, procesos simplificados para obtener visados temporales y comunidades locales activas.
El ataque a nómadas digitales y sobre todo a estadounidenses, arropado por las tres marchas contra la gentrificación, constituye un autogol diplomático, económico, social y de imagen que ignora las realidades de un mundo interconectado. Las naciones y sociedades que tienen éxito en la historia son las que privilegian conexiones humanas. Mientras otras metrópolis compiten ferozmente por atraer talento internacional y capital extranjero, vilipendiar y estigmatizar la llegada de profesionistas de otros países equivale a rechazar inversión, innovación y oportunidades de desarrollo que podrían beneficiar a todos los sectores de la sociedad.
En lugar de culpar a individuos que ejercen su libertad de movimiento en un mercado global (¿no que queremos movilidad laboral con EE.UU?), la energía debería canalizarse hacia políticas públicas inteligentes que aprovechen estos flujos para generar mayor oferta habitacional, mejores servicios urbanos y oportunidades laborales para los mexicanos. Más que nadie, los mexicanos deberíamos saber que la verdadera solución no está en levantar muros invisibles, sino en construir una ciudad más próspera, inclusiva y competitiva que sepa capitalizar su posición privilegiada como destino global. (Arturo Sarukhan, El Financiero, Mundo, p. 32)
Espaldarazo a Rutilio
Llamó mucho la atención las flores que la presidenta Claudia Sheinbaum le echó ayer al exgobernador de Chiapas Rutilio Escandón, quien se desempeña como cónsul general de México en Miami. De acuerdo con la mandataria, el funcionario “ha estado haciendo un gran trabajo”, ya que, refirió, lleva tres días que ha entrado al centro de detención migratoria Alligator Alcatraz. No obstante, no puede dejarse de lado que Escandón Cadenas ha sido señalado por el exgobernador interino de Chiapas, Willy Ochoa, de haber sido cómplice del grupo La Barredora. (Confidencial, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 40)
Actualmente la economía de Estados Unidos sufre las consecuencias de la caótica política económica del gobierno de Donald Trump. También distancia a sus aliados y socios en todo el mundo. Con sus tácticas de intimidación fomenta la inestabilidad.
El crecimiento económico para este año de EU, según el Fondo Monetario Internacional, será de solo 1.4% a diferencia de 2024 que fue de 2.1%. El descenso de la confianza en la economía norteamericana se manifiesta en la caída del 10% del dólar frente al euro y al franco suizo. El turismo canadiense hacia EU ha bajado en 40%, nivel sin precedentes. Los inmigrantes están en alerta y con miedo por las decisiones represivas. Los inmigrantes representan el 30% de la fuerza laboral en la hotelería y el 75% de la fuerza laboral agrícola.
Los recortes masivos con motosierra en el presupuesto al apoyo a la ciencia básica están afectando el crecimiento de la productividad de la economía y su liderazgo en innovaciones. Cabe resaltar el hecho de que la investigación y desarrollo financiada por el gobierno federal genera la cuarta parte del crecimiento de la productividad del sector empresarial desde la Segunda Guerra Mundial.
Con las restricciones presupuestales, socialmente desplazan los ingresos de los pobres hacia los ricos, dejan a 18 millones de personas sin seguro médico, así como a 3.2 millones de adultos y un millón de niños sin asistencia alimenticia. Y se añaden en 3 billones de dólares la deuda del gobierno federal, misma que en una alta proporción está en manos de bancos chinos.
Dice Desmond Lachman: “Desde su regreso al cargo, el presidente estadounidense Donald Trump ha estado destruyendo sistemáticamente la confianza de los mercados en el dólar y la economía estadounidense. Si se niega a atender sus advertencias, como parece probable, Estados Unidos debería prepararse para una crisis del dólar y del mercado de bonos en vísperas de las elecciones intermedias del próximo año”.
Las decisiones del gobierno de Trump son de intereses específicos. Por ejemplo, ha anunciado un arancel del 50% para las importaciones provenientes de Brasil. Este país, al igual que China, forman parte del grupo BRICS que representa el 35% del PIB mundial y tiene alianzas diversas y un alto protagonismo mundial. Con México, los aranceles que le ha impuesto EU reducen su competitividad.
América Latina se encuentra entrampada en un túnel en donde hay estancamiento económico, frustración social y caos político. Los sueños de cooperación latinoamericana solo son sueños.
Frente a Estados Unidos es necesaria la prudencia y la capacidad negociadora. (Sergio Mota Marín, El Economista, El Foro, p. 63)
Todd Lyons Titular interino del ICE, EU
El Servicio de Inmigración lanzó una campaña para reclutar a cazadores de migrantes y cumplir con la cuota de un millón al año: con la frase “Estados Unidos te necesita” comenzó la convocatoria en universidades, ferias de empleo y redes policiales. (Sube y Baja, La Crónica, La Dos, p. 2)
Muchos temas
No fueron sólo el embajador Ronald Johnson y dos congresistas de Estados Unidos con los que se reunió la presidenta Claudia Sheinbaum. La comitiva que acompañó a estos funcionarios estadounidenses a Palacio Nacional arribó a bordo de una camioneta tipo van de la que bajaron al menos ocho personas, entre ellas un hombre con traje de almirante, todo parece indicar que el tema migratorio no fue el único que trataron en el encuentro. ¿Será? (¿Será?, 24 Horas, PÁG. 2)
Mientras a lo largo y ancho del territorio nacional, los cárteles de la droga redoblan la violencia, controlan más comunidades y municipios de entidades federativas entre ejecuciones, saqueos, desapariciones y bloqueos carreteros, el zar fronterizo del Gobierno de Estados Unidos, Tom Homan, advirtió que las duras políticas de seguridad del presidente Donald Trump, buscarán “borrarlos de la faz de la Tierra”.
Dijo en California que eso hará que no sólo su país sea más seguro, sino México también, al asegurar que la disminución en los niveles de fentanilo cruzando la frontera en los últimos meses ha provocado graves pérdidas económicas a los grupos criminales mexicanos que “están quebrados y sufriendo”, al asegurar que eso se debe a que los agentes de la Patrulla Fronteriza están haciendo su trabajo, en la línea de fuego.
Después de la imposición de 50 por ciento de aranceles a algunas importaciones de semiacabados de cobre, suscrita ayer por el presidente Donald Trump para apoyo a esa industria y por motivos de seguridad nacional, en México sigue la espera de los de 30 por ciento que también aplicará al primer minuto de mañana y que se espera no sean tan dañinos.
El embajador de Estados Unidos, Ronald Johnson, y dos congresistas de su país accedieron ayer por la tarde a Palacio Nacional a una reunión con la Presidenta Sheinbaum para hablar de la situación migratoria en la frontera y, seguramente, del tema que más preocupa en Washington, que es el narcotráfico.
Habrá reforma a la Ley General de Aduanas para empresas que están generando un importante déficit en las finanzas públicas, pero no fiscal, aseguró el subsecretario de Ingresos de Hacienda, Carlos Lerma Cotera, al señalar que los ingresos tributarios, en particular los provenientes de IVA e ISR, han tenido buen comportamiento.
Parecía “suicida”, como está hoy su relación con la Presidenta Sheinbaum, que el coordinador de los diputados morenistas, Ricardo Monreal, llegara al desafío de expresar su público desacuerdo con la reforma electoral que propondrá, por los “costos democráticos” que tendría la desaparición de diputados plurinominales, y tuvo que “aclarar” que la respaldará plenamente, “como siempre lo hemos hecho”.
Acaso coincidencia, pero en cuanto se empezó a mencionar el nombre del exgobernador de Chiapas Rutilio Escandón, hoy cónsul de México en Miami, excuñado de Adán Augusto López, líder de Morena en el Senado, vinculados a Hernán Bermúdez, secretario de Seguridad de éste cuando gobernó Tabasco, volvió a hablarse de él.
En la sesión de la Comisión Permanente, ayer, los morenistas volvieron a impedir que se discutiera el caso de los tabasqueños. (Francisco Cárdenas Cruz, La Razón, México, p.6)
Durante décadas, México fue reconocido como un actor diplomático de peso en América Latina, especialmente en Centroamérica y el Caribe.
Sin embargo, en los últimos años, esa tradición se ha desdibujado debido a la preeminencia de las relaciones con Estados Unidos en la agenda internacional de México, la que ha relegado a segundo plano la actividad exterior en otras regiones con las que compartimos historia, cultura e intereses estratégicos. Lo más preocupante: se ha renunciado voluntariamente a ejercer liderazgo donde México solía tener influencia natural.
La intensidad de la relación con Centroamérica y el Caribe ha sido históricamente cíclica. En los años ochenta, durante los conflictos armados en la región, México desempeñó un papel crucial en los esfuerzos de paz. Más tarde, frente a la agudización de problemas como el narcotráfico, la migración y la trata de personas, volvió a asumir un rol activo. Incluso se creó una agencia especializada, hoy conocida como la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXCID), para canalizar la cooperación técnica, educativa y científica.
Hasta 2018, México parecía decidido a consolidar su liderazgo regional. Pero esa intención se evaporó con el arribo de Andrés Manuel López Obrador al poder. Bajo la consigna simplista de que “la mejor política exterior es la interior”, el gobierno optó por una diplomacia selectiva, cerrada y profundamente ideologizada. Lejos de proyectar una política coherente hacia Centroamérica, se privilegiaron relaciones con regímenes afines a la narrativa oficialista, como Cuba, Venezuela y Nicaragua.
El caso cubano es ilustrativo. México ha sido especialmente generoso con la isla: compras preferenciales de materias primas, donaciones de combustibles, contratación de personal médico, promoción del turismo e inversiones mexicanas. ¿Solidaridad histórica? Tal vez. Pero también una decisión política con evidentes sesgos ideológicos.
Venezuela recibió un trato similar. Más allá del intercambio comercial, la cooperación económica e intercambios en materia de seguridad, lo que destaca es el respaldo político irrestricto: ni una condena al régimen de Nicolás Maduro, ni siquiera ante la farsa electoral que lo “reeligió”. Nicaragua, por su parte, también ha contado con la benevolencia diplomática de México. El régimen dictatorial de Ortega no ha sido objeto de críticas o sanciones, incluso tras repetidas y documentadas violaciones a los derechos humanos.
Mientras tanto, la influencia mexicana en el resto de Centroamérica y el Caribe se ha desdibujado. Países como China, la Unión Europea, Brasil, Colombia e incluso Rusia, han aprovechado el vacío dejado por México para avanzar sus propias agendas en la región. Renunciar al llamado “poder suave” —la capacidad de influir sin recurrir a la coerción— ha sido un error estratégico de gran magnitud.
Pese a ello, hay esfuerzos que deben reconocerse. México ha colaborado en materia de seguridad con países centroamericanos, compartiendo inteligencia y capacitando fuerzas de seguridad. Honduras y El Salvador, recibieron cooperación con programas como “Jóvenes Construyendo el Futuro” y “Sembrando Vida”. También ha promovido una política migratoria más humanitaria, aunque limitada por presiones externas. El Programa de Desarrollo Integral con apoyo de la CEPAL, que busca atender las causas estructurales de la migración, es una iniciativa valiosa, aunque de alcance limitado sin una estrategia más amplia.
México no puede aspirar a ser un actor relevante en el mundo si sigue ignorando a sus vecinos inmediatos. Centroamérica y el Caribe no son un anexo periférico de nuestra política exterior: son, o deberían ser, el núcleo de una visión regional propia. Recuperar liderazgo exige más que discursos: implica presencia, coherencia y una diplomacia profesional al servicio del interés nacional, no de afinidades ideológicas. Es hora de que México vuelva a mirar al sur. (COMEXI, El Sol de México, Análisis, p.21)
Hoy es el día clave para saber si México logrará una reducción de los aranceles del 30% que propuso el presidente Donald Trump para entrar en vigor el 1 de agosto. Hasta ahora los mensajes, tanto de la presidenta Sheinbaum como del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, es que no hay que alarmarse, que se está dialogando y que esperan alcanzar acuerdos con el gabinete de Trump para disminuir el monto de los aranceles que se le impondrán a México. “Don’t panic”, dijo ayer Ebrard, que lleva ya casi dos semanas apostado en Washington tratando de convencer a los funcionarios estadounidenses de que México no merece un trato tan duro por ser “el principal socio importador a los Estados Unidos”.
La mayoría de los analistas pronostican que México logrará un arancel de entre 10 y 15%, similar al que se le otorgó a la Unión Europea y a Japón, a partir del hecho de que imponerle más de esa cifra arancelaria, sería prácticamente dinamitar el TMEC aún antes de que los tres países socios se sienten a negociarlo a finales de este año. Veremos pues qué tanto funciona la estrategia de “cabeza fría” de la Presidenta y de “sangre fría” de Ebrard y si al final, como el gran emperador en que hoy se ha convertido para todo el mundo, el señor Trump se apiada de México y le reconoce, aunque sea un poco, los esfuerzos que se han hecho para sellarle la frontera común, donde los cruces migratorios han llegado a sus niveles más bajos en los últimos 60 años y los decomisos de fentanilo que, de asegurar que esa droga no existía en México el sexenio pasado, ahora sí se han incrementado…Se baten los dados. Capicúa de jueves. Se repite el tiro. (Salvador García Soto, El Universal, Nación, p. A5)
Cartones

(Camacho, Reforma, Opinión, p. 9)