Opinión Migración 310821

Razones y pasiones // Adán, muy Augusto

No tienen… memoria. O no la quieren tener. El estreno del nuevo secretario de Gobernación —ex mandatario tabasqueño, cuñado del chiapaneco Rutilio Escandón, amigo incondicional de Andrés Manuel—, Adán Augusto López, quedará marcado por la cacería y los golpes de las autoridades del Instituto Nacional de Migración y de la Guardia Nacional contra centroamericanos.

Peor aún, permanecerá para el registro la respuesta que dio ante los indignantes hechos: “Como decimos en el pueblo, pues es lamentable, pero una golondrina no hace verano”, señaló.

Organizaciones como Sin Fronteras no se han cansado de denunciar las violaciones que cometen los integrantes del INM, pero Adán, muy “augusto”, lanzó esa frase. Así, casual, minimizó la violencia ejercida desde lo alto del poder.

El domingo, agentes del instituto y elementos de la GN atacaron a personas de la caravana que intentaba entrar a México. Uno de los funcionarios, Aldo Juan Robledo Páez, pateó repetidamente en la cabeza a un haitiano que se encontraba inmovilizado en el piso, mientras el mismísimo director de la estación migratoria Siglo XXI, Alejandro Palau Hernández, lo sometía.

Una y otra vez, en uno y otro sexenio, la historia se repite. Ahora sí que, como dijo Adán que dicen en el pueblo: “es el mismo infierno, pero con distinto diablo”.

Cuántas críticas, bien fundadas, se hicieron en los anteriores gobiernos. Cuántas críticas, bien fundadas, se siguen haciendo en el actual. Pero en la 4T insisten, desde la comodidad de Palacio, que se respetan los derechos humanos. Es el doble discurso. Es la mano dura del hoy robusto eje Tabasco-Chiapas. Es la administración que se dice diferente y tolerante.

En los pasillos de Bucareli mencionan que Segob pasó del jarrón con flores a la cubeta llena de macanas. (Elisa Alanís, Milenio Diario, Al frente, p. 2)

Serpientes y escaleras // Cuando la 4T saca el garrote

El discurso oficial dice que este gobierno “no reprime” y no usa la fuerza pública “para reprimir al pueblo”. Pero depende de qué pueblo se trate, porque entre el viernes pasado y ayer lunes la 4T dio muestras de que el uso de la fuerza policial y del Estado también es selectiva y se utiliza sólo contra algunos grupos mientras a otros se les tolera hasta la retención del presidente por varias horas.

 Y es que mientras a la CNTE se le toleró que retuviera hasta en tres ocasiones al presidente en su camioneta, durante su gira del fin de semana por el estado de Chiapas, sin que ninguna autoridad, ni policial ni de la seguridad presidencial interviniera para evitar esas retenciones, ahí mismo, en territorio chiapaneco, a unos metros de donde pasaba López Obrador en su Suburban negra, agentes del Instituto Nacional de Migración y miembros de la Guardia Nacional golpeaban con brutalidad a grupos de migrantes centroamericanos que intentaban pasar en caravana. La presencia de niños y mujeres no impidió el uso de la fuerza contra los indocumentados a los que se trataba de impedir el paso por territorio nacional.

 Las imágenes de los guardias y agentes mexicanos sometiendo y golpeando a los migrantes le dieron vuelta al mundo y confirmaban que esa misma Guardia Nacional a la que pobladores de Aguililla y de otros municipios de Michoacán acusan de no actuar en contra de los criminales del Cártel Jalisco Nueva Generación, que los tienen sitiados y con los accesos carreteros a sus municipios bloqueados, sí son capaces de enfrentar y golpear a migrantes indefensos que si bien están de manera ilegal en el país, no son ni delincuentes ni criminales como sí lo son los narcotraficantes a los que se tolera y no se les enfrenta la Guardia Nacional.

 Más cuestionables aún resultan esos esfuerzos desesperados del gobierno mexicano por contener las caravanas de migrantes centroamericanos aun con el uso de la fuerza pública, en un claro afán de quedar bien con los Estados Unidos, cuando esta administración está trayendo a grupos de afganos al territorio nacional en calidad de refugiados para apoyarlos en su intención de huir de la violencia y represión del gobierno Talibán que tomó el control de su país. ¿Acaso los centroamericanos no son también expulsados de la violencia, el crimen y la incapacidad de sus gobiernos para garantizarles su seguridad e integridad? ¿Por qué los afganos sí merecen la compasión y asilo de nuestro gobierno y por qué los hermanos centroamericanos merecen el garrote mexicano?

 Y para terminar de completar la falacia del discurso de la “no represión” de este gobierno, ayer en la Ciudad de México, la capital que se jura de “las libertades y los derechos” y en donde su jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, pregona que aquí tampoco ya hay represión y que por eso desapareció al cuerpo de granaderos, a un grupo de alcaldes electos de oposición que se manifestaron afuera del Congreso capitalino, le mandaron a la policía para impedir el acceso al recinto legislativo. En la trifulca que se armó entre los antimotines de la Secretaría de Seguridad Capitalina (que no son lo mismo que los granaderos, pero es igual) resultaron golpeados la alcaldesa electa de Álvaro Obregón, Lía Limón, y el alcalde electo de Miguel Hidalgo, Mauricio Tabe.

 Aunque el secretario de Gobierno capitalino, Martí Batres, negó que ellos hayan mandado a la fuerza pública al recinto de Donceles y Allende y aclararon que los uniformados estaban ahí por una petición de la Mesa Directiva del Congreso local, el hecho es que a la panista Lía Limón le lastimaron la nariz y la fotografía de su rostro ensangrentado en medio del cerco policiaco se volvió ayer viral en las redes sociales.

 Luego entonces, la 4T y sus gobernantes —que por su origen de activistas de izquierda suelen confundir el uso legítimo de la fuerza pública con la “represión”— podrán decir en el discurso que ellos “no utilizan la fuerza pública para reprimir al pueblo”, pero en los hechos está claro que, como administradores que hoy son del uso de la fuerza y la violencia, en tanto gobernantes, también saben sacar el garrote y aplicar la fuerza de la autoridad cuando así lo deciden. Lástima que no decidan hacerlo contra los criminales y narcos o contra los grupos abusivos cuando éstos son afines a su movimiento. Pero que no se les atraviese un migrante centroamericano o un opositor porque ahí sí se transforman en los mismos gorilas golpeadores del pasado que tanto criticaron. (El Universal, Nación, p. 9)

En privado // No le explicaron al Presidente

BRUTALIDAD.

A Alejandro Encinas le tengo un enorme respeto por su congruencia como militante y dirigente histórico de la izquierda, por eso no puedo entender su declaración de ayer de que se impedirá el acceso a la frontera de EU a los migrantes que vienen del sur. Sobre todo, después de la barbarie de agentes del Inami contra centroamericanos, a patadas. La brutalidad como política migratoria de gobierno. (Joaquín López Dóriga, Milenio Diario, Al frente, p. 3)

Quebradero // Polarizados y con pocas salidas

RESQUICIOS

 Problemas de toda índole hay en la frontera sur. Además de la lamentable agresión de agentes a migrantes, no se debe perder de vista la dinámica entre los migrantes. Cada vez se conocen nuevos testimonios de agresiones contra las mujeres, en particular entre los migrantes haitianos. (La Razón, La Dos, p. 2)

Jaque mate // Golpear a migrantes

Hemos visto en los últimos días un video de integrantes de la Guardia Nacional que con sus escudos derriban a un padre migrante mientras carga a un niño en brazos. Otro, del periodista Benjamín Alfaro, exhibe a un agente del Instituto Nacional de Migración que patea en la cara a un migrante caído. Ante esos casos es inevitable la pregunta: ¿qué pasó con la apertura que prometió el Presidente?

 La migración “no es un problema”, declaró López Obrador en octubre de 2018, cuando era Presidente electo: “Nada de maltrato con migrantes centroamericanos; no queremos que ellos sufran lo que padecen nuestros compatriotas; no queremos que haya injusticias en Guatemala, Canadá, El Salvador; queremos un mundo sin injusticias, queremos un mundo que defienda el derecho a la vida; va a haber trabajo para nosotros y los que necesiten que vengan de otras partes… El que quiera trabajar en nuestro país va a tener apoyo, va a tener una visa de trabajo, estamos viendo eso. No es atender el asunto solo con deportaciones o con medidas de fuerza, sino dando opciones, alternativas”.

 Son palabras de una loable filosofía humanista, pero una de las consecuencias fue promover las caravanas de migrantes. Estas fueron convocadas por grupos organizados que se negaban a registrarse en la frontera y que dieron “portazos” para irrumpir en territorio nacional. No tenían, sin embargo, deseos de permanecer en México, donde eran objeto de violencia. Su intención era ir a la frontera con Estados Unidos para cruzar ilegalmente o pedir asilo.

 Las caravanas provocaron la ira del entonces presidente Donald Trump, que las calificó como una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos y advirtió a López Obrador que cerraría la frontera con México si no tomaba medidas para detenerlas. AMLO cedió, cerró la frontera a los migrantes y empezó a usar la Guardia Nacional para detenerlos.

 El Presidente se ha visto obligado a entender que la migración es un tema muy delicado en política. El rechazo a los migrantes no solo es relevante en la Unión Americana, al grado que puede definir una elección presidencial, como la de 2016 en la que Trump hizo campaña con la promesa de construir un muro en la frontera, sino también en México, donde muchos ciudadanos cuestionan la apertura a migrantes cuando hay problemas económicos y de empleo en nuestro país. Hoy vemos un contraste entre la generosa acogida a los refugiados afganos, que aplaudo, y la respuesta violenta a los centroamericanos o haitianos, que buscan que se legalice su estancia en nuestro país.

 La resistencia a la migración es producto de la desconfianza ancestral que los seres humanos tenemos ante quienes no pertenecen a nuestra tribu, etnia o comunidad. La experiencia histórica, sin embargo, nos dice que los países se benefician de los inmigrantes. Una de las razones por las que Estados Unidos logró construir su gran prosperidad en los siglos XIX y XX fue su apertura a la migración, que contrasta con el cierre que siempre mantuvo en México. El canciller Marcelo Ebrard está trabajando en una nueva ley de migración, que espero represente una mayor apertura, ordenada y sensata, como la que el gobierno de México exige a Estados Unidos.

 Mientras se logra esta legislación, empero, México vive una situación compleja. La promesa de AMLO de abrir las fronteras a los migrantes se ha evaporado. Recibimos a refugiados afganos, pero la Guardia Nacional y los agentes de migración detienen y golpean a centroamericanos y haitianos. No es una política que podamos defender con orgullo. (Sergio Sarmiento, Reforma, Opinión, p. 8)

Bitácora del director // Medio camino

Algunos presidentes han encontrado la manera de posponer la pérdida de su relevancia, como Carlos Salinas de Gortari, quien retrasó hasta fines de noviembre de 1993 —en el ocaso de su quinto año— el destape del candidato a sucederlo. Sin embargo, el tiempo es irreductible, sobre todo en la política, y López Obrador comenzará a sentir a partir de mañana —si no es que ya lo hace desde unos dos meses atrás— cómo comienza a deshilvanarse el poder que pacientemente tejió durante los 12 años de andar por los caminos que lo condujeron a la cima.

Como algunos de sus antecesores, el tabasqueño tratará de postergar el irremediable declive de su fuerza. Político sagaz, ha ideado maneras de siempre estar en la conversación pública, como sus conferencias mañaneras —ya van casi 700 en poco más de mil días de su gobierno—, la publicación de sus libros —como A la mitad del camino, recién aparecido— y la consulta para la revocación del mandato —o “ratificación”, como insisten en llamarle sus partidarios— que se celebrará, previsiblemente, en marzo de 2022.

Aun así, hay aspectos de la gobernabilidad que comienzan a escapársele de las manos, como se vio el pasado fin de semana en Chiapas. Allí, durante la gira de trabajo que comenzó el viernes, el Presidente se vio tres veces bloqueado por maestros de la CNTE —un grupo que cortejó en su ascenso al poder—, mientras dieron la vuelta al mundo las imágenes de la violencia ejercida por elementos de la Guardia Nacional y el Instituto Nacional de Migración contra miembros de una caravana de extranjeros indocumentados que buscan llegar a Estados Unidos, contradiciendo el discurso lopezobradorista de no practicar la represión. (Pascal Beltrán del Río, Excélsior, Nacional, p. 2)

Razones // La tentación de imponer

Es verdad que la CNTE, en su afán provocador, del que siempre termina sacando provecho porque nadie se atreve finalmente a impedirle esas acciones, le ha hecho lo mismo a todos los últimos presidentes y gobernadores en Chiapas, en Oaxaca, en Guerrero, en Michoacán y en otros estados. Hace unos días recorría las redes un tuit del entonces líder de Morena, López Obrador, en el que se burlaba del presidente Peña Nieto y del entonces secretario Osorio Chong porque no eran capaces de dialogar con la CNTE. Tampoco puede hacerlo ahora que es Presidente el propio López Obrador.

La historia de la CNTE es una historia de presiones, provocaciones y chantaje político y nadie, ni antes ni ahora, quiere asumirlo.

Pero esta administración no está preparada ni para el diseño ni para el debate y tampoco para la negociación. Quiere imponer y espera, presumiendo una legitimidad mayor a sus propias realidades, que sus órdenes sean acatadas.

Por eso mismo, cuando ello no ocurre comienzan a aparecer síntomas de hartazgo. Pueden ser los migrantes golpeados sin miramientos en la frontera sur o los alcaldes de oposición en la Ciudad de México a los que se niegan a recibir las autoridades de Morena y reprimen los policías.

Los golpes que recibió ayer la alcaldesa electa de Álvaro Obregón, Lía Limón, por querer entrar al congreso capitalino, son inaceptables en cualquier democracia. El argumento de que ella y el también alcalde electo Mauricio Tabe iban acompañados y que por eso se les impidió la entrada es un argumento de un cinismo absoluto, como lo es la sonrisa del secretario de Gobierno dela Ciudad de México, Martí Batres, cuando informa sobre los hechos. Hay que cuidar, por lo menos, las formas.

No deja de ser paradójico que la administración se niegue no sólo a negociar con sus opositores, sino incluso con los funcionarios electos de delegaciones o estados, pero sí esté dispuesta a hacerlo con grupos delincuenciales y con sus familias; que se decida por la represión y la fuerza con los primeros y se pregonen abrazos para con los segundos.

El Presidente resulta obvio que está enojado. Tiene razones para ello: la economía no termina de arrancar y está muy lejos de emular el despegue que tienen nuestros principales socios comerciales, en primer lugar Estados Unidos; el área energética no rinde buenas cuentas, todo lo contrario, y se suceden los accidentes en Pemex y la CFE; los precios del gas siguen aumentando.

La inseguridad termina siendo una norma y no hay visos de que exista un avance sustancial. La relación con el gobierno de Biden está marcada por claroscuros que no terminan de definir una agenda que vaya más allá de la migración (y tampoco en la Unión Americana tienen claridad sobre qué estrategia adoptarán al respecto), pero las presiones no decrecen, en realidad aumentan sobre todo en el ámbito de la seguridad y la energía.

La pandemia sigue aquí, a pesar de que ayer se logró que comenzaran las clases presenciales y de que también la vacunación avance, aunque más lentamente de lo que se esperaría. El gabinete es disfuncional, está dividido y son muchos los que están luchando ya por la sucesión adelantada, lo que los hace cometer aún más errores: ahora hasta Rocío Nahle se cree precandidata y anote también para esa aspiración al recientemente designado secretario de Gobernación, Adán Augusto López.

Parte de su equipo ha llevado al Presidente a una relación de dura confrontación y nada de diálogo con los medios de comunicación. En el Congreso, que asumirá el primero de septiembre, no tendrá la mayoría calificada que necesita para aprobar los cambios constitucionales que exige y la Suprema Corte y los organismos electorales no son ni serán serviles.

El enojo es legítimo, pero tendría que ser parte de una profunda autocrítica y reflexión, en la que comenzar a recurrir a la violencia y la represión es la peor decisión. Estamos lejos de un clima represivo generalizado, pero la tentación ahí está, lo sucedido con los migrantes o con los alcaldes electos no es todavía una enfermedad, pero son síntomas que no pueden ignorarse. Mucho menos si el día de mañana, como se dijo en Chiapas, se termina azuzando a los partidarios para que diriman las diferencias en las calles con los opositores. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 12)

Artículo mortis // El presidente vulnerable

De la misma forma como el presidente piensa que el petróleo se extrae haciendo hoyos y metiéndoles tubos, o que el crimen organizado se neutraliza a punta de regaños maternos, así ve al EMP como un montón de guaruras, pasándole de noche las labores de inteligencia, planeación, organización y protocolo, la logística de los transportes y movimientos de objetos y personas, la instalación de equipos de sonido y luces, la atención médica y el aseguramiento de rutas de salida en caso de bloqueos o emergencias.

La ausencia de esos engranes finos, que se perdieron con el desmantelamiento del equipo que a ellos se dedicaba, se hicieron más que evidentes el fin de semana pasado cuando los maestros de la coordinadora en Chiapas lograron no una, ni dos, sino tres veces parar y retener durante horas el convoy presidencial.

Afortunadamente nuestros preclaros maestros no intentaban magnicidio alguno, sino apenas la extorsión, pidiendo la incumplida entrega de las plazas y el dinero que les ofrecieron los gobiernos federales y estatales. Lo gravísimo del desaguisado es saber que si no hubo mayor daño que la interrupción de las mañaneras y las imágenes de López Obrador rodeado por una turba, asiéndose enmuinado al celular y acogotado en su asiento, fue únicamente por la falta de peor intención en los sublevados; al día siguiente el mandatario salió muy digno a decir que él no era rehén de nadie, aunque claramente lo fue, y que “Ni Frena ni la CNTE detienen al presidente”, aunque evidentemente lo detuvieron.

La cada vez peor desconexión entre el presidente y la realidad alcanzó su clímax cuando sus solovinos repitieron por enésima vez la gustada cantaleta que dice que todo es porque bajo la T4 ya no hay represión, justo cuando llegaron desde la frontera sur imágenes de la bota del agente de migración sobre los dientes de un migrante, y desde la Ciudad de la Esperanza las narices reventadas de las alcaldesas electas de la Ciudad de México chocando con los escudos de los granaderos. Malos augurios todos. (Roberta Garza, Milenio Diario, Política, p. 14)

Astillero

 Lía y otros líos capitalinos // Con una llamada telefónica // Frontera sur: violencia convenida // Compromiso: frenar migración

Aparatosos y sumamente lamentables, los episodios recientes de agentes mexicanos de migración y de la Guardia Nacional en la frontera sur, arremetiendo contra migrantes provenientes de Centroamérica, sólo es parte del libreto violento que el gobierno mexicano ha aceptado cumplir por encargo del estadunidense, que desde la administración Trump, hasta llegar a la actual encabezada por Joe Biden, se ha impuesto al obradorismo a cambio de la desactivación de supuestas guillotinas arancelarias (en el caso del tóxico agente naranja antes instalado en la Casa Blanca) y de otros beneficios ahora ofrecidos imperiosamente por la administración estadunidense demócrata.

No está de más recordar que López Obrador, siendo candidato, presidente electo y luego ya como mandatario en funciones, sostenía un discurso de plena apertura hacia los migrantes venidos de Centroamérica, ofreciéndoles ayuda, respeto e incluso trabajo y regularización. Todo cambió ante las presiones de Trump y, a partir de ellas, México aceptó convertirse en la Migra 4T.

 Para consolidar y ahondar esas imposiciones han estado en México, en fechas recientes, enviados de primer nivel de la administración Biden, exigentes de que se mantenga la barrera policiaca y militar en el sur mexicano, con un rigor absoluto para que el de por sí difícil equilibrio político del nuevo presidente gringo no se vea afectado por las críticas de los republicanos, ansiosos de retornar al poder.

Y, mientras Martí Batres asegura que el zafarrancho de ayer se habría evitado si los opositores hubieran hecho una llamada telefónica para gestionar que los policías les franquearan el paso, ¡hasta mañana, con el nuevo libro de AMLO: A la mitad del camino! (Julio Hernández López, La Jornada, Política, p. 8)

Frentes políticos

Refugio seguro. La reacción solidaria de México ante el conflicto bélico de Afganistán sigue siendo digna de reconocimiento. El recibir a diversos grupos de afganos, entre ellos periodistas, coloca a la diplomacia nacional a un nivel de solidaridad que pocas naciones han mostrado. David Luhnow, editor para América Latina del Wall Street Journal, reconoció el recibimiento del gobierno mexicano que, a través de la SRE, brindó protección a sus colaboradores que trabajaban en Afganistán: “Estamos muy agradecidos de que les ha dado la bienvenida”, escribió. El canciller Marcelo Ebrard sigue siendo noticia: primero fue el agradecimiento del New York Times y ahora esto. Ayuda humanitaria, otro sello inalterable del México de hoy.

Resumen. La inseguridad en Zacatecas impacta a migrantes que viven en Estados Unidos. La entidad se encuentra sumergida en una ola de violencia por parte del crimen organizado y desde el otro lado de la frontera algunos líderes migrantes cuestionan sobre lo que hay detrás de los asesinatos y del incremento de grupos armados. El gobierno de Alejandro Tello deja en Zacatecas una deuda pública que supera los 7 mil 100 millones de pesos y no le perdonan haber otorgado un bono equivalente de hasta 150 días de salario a funcionarios de su administración. Intenta a toda costa una salida lo más digna posible, pero no puede ocultar que de los 32 gobernadores, en una encuesta sobre nivel de aprobación, es el último, con 15.9 por ciento. ¿Así o peor su gestión? (Excélsior, Nacional, p. 15)

Crónica confidencial // México: tercer país ¿seguro?

Al ver las imágenes de los migrantes tratando de cruzar la frontera sur de México rumbo a EUA, siempre pienso qué tan mal estarán sus condiciones de vida como para arriesgarse a todo con tal de encontrar otra vida para ellos y sus hijos.

 Y al referirme a arriesgarse a todo, incluyo enfrentar a la Guardia Nacional y las autoridades migratorias mexicanas.

 Pero vayamos por partes. 

 El nivel de pobreza en Honduras, El Salvador y Venezuela es muy alto, pero sobre todo, la violencia está desbordada. De hecho, El Salvador es el país más peligroso del mundo con 52 asesinatos por cada 100 mil habitantes, en tanto que Venezuela registra 45 y Honduras 37 (Banco Mundial, 2020). O sea, peor que México y Afganistán.

 Haití se cuece aparte. En cualquier indicador que se revise está en los peores niveles; encima les caen huracanes y los cimbran terremotos.

 Nuestro país, junto con otras 35 naciones y cinco agencias de desarrollo, forma parte del Plan Integral de Desarrollo para Contener la Migración centroamericana.  En una mañanera de agosto 2019, el presidente presumió la aplicación de los programas Sembrando Vida y Jóvenes Construyendo el Futuro, mediante los cuales los centroamericanos inscritos recibirían un estipendio mensual de sobrevivencia a fin de que permanecieran en sus países.

 Más allá de eso, la información sobre la participación de México es imprecisa,  incompleta y obsoleta. No queda claro si los 40 mil empleos a los que se refirió AMLO eran una meta, ni la fecha para cumplirla; tampoco si era la aportación de todos los países o solo de México.

 Con todo, lo anterior suena al estilo “humanista” de la 4T.

 Pero la realidad es todo, menos humanista.

 En vez de rehusarse a contener los flujos migratorios y así dar argumentos al presidente Joe Biden ante la Suprema Corte de EUA para suspender el programa Remain in Mexico, rápidamente AMLO decidió seguir como en la época trumpista.

 Las historias de terror que viven los migrantes en México son la norma. Las imágenes que vimos el sábado pasado del agente del Instituto Nacional de Migración pateando la cara de un migrante, son mucho más frecuentes de lo que el gobierno mexicano reconoce.

 El reporte de Human Rights Watch (HRW, marzo 2021) sobre la conducta de las autoridades migratorias mexicanas es de vergüenza mundial.

 Mire don Adán: los migrantes que esperan en México hasta que un juez estadounidense resuelva su condición de refugiados son, diríamos, “privilegiados”, porque el acuerdo con EUA era que México, como tercer país seguro, “debería garantizar el acceso a oportunidades laborales, atención médica y educación a los solicitantes de asilo en el programa”, empezando por el otorgamiento de una CURP. Esto no sucede. Los agentes alegan desconocimiento sobre el programa. Al parecer, les cargan la mano a los venezolanos; ¿por..?

 Ahora dígame, don Adán, ¿qué delito le gusta que sufran los migrantes? Escoja entre extorsión, petición de soborno, abuso sexual, secuestro… De todos son víctimas en nuestro país.

 Los migrantes no denuncian tales vejaciones por miedo a represalias o porque creen que los agentes están coludidos con los delincuentes. ¿Será? Y los que se atreven a hacerlo, son mandados a la goma por el MP. El reporte de HRW indica que “los rechazaron por ser extranjeros o porque las autoridades (MP) dijeron que los delitos contra migrantes eran ‘normales’ y no se podía hacer nada.”

 El presidente afirmó hace dos días que “hay que buscar soluciones de fondo, estructurales” en Centroamérica. Eso tomará años en fructificar.

 Mientras.., que les sigan pateando la cara. Total… (Leopoldo Mendívil, La Crónica de Hoy, La dos, p. 2)

Querer y no poder presidencial

En sus primeros 100 días de gobierno, el presidente Joe Biden hizo anuncios que le devolvieron el ánimo y la esperanza a los migrantes. Apenas cuatro meses más tarde, la presión para modificar el trato a los 11 millones de indocumentados a los que prometió la ciudadanía y otras medidas en torno a los migrantes del sur se ha empezado a extender.

En primer lugar por Texas. México ha tenido que utilizar la fuerza para detener la oleada de migrantes sureños con destino a EU. Y en el intento ya hubo pérdida de vidas humanas en un episodio atentatorio de los derechos humanos. Un valor que ha cuidado el presidente López Obrador. A veces los presidentes quieren, pero no pueden. (Donceles, Milenio Diario, Al frente, p. 2)

Coordenadas // AMLO en su laberinto… de la segunda mitad

Finalmente, en el ámbito de la relación con Estados Unidos, independientemente de que haya o no química personal entre López Obrador y Biden, existe el reconocimiento de que se necesitan mutuamente.

 Las críticas a las acciones de la Guardia Nacional en contra de migrantes le pueden costar en su imagen pública, pero le van a dar crédito ante el presidente de EU.

 Biden está debilitado después de los hechos en Afganistán y no puede darse el lujo de ver que su estrategia migratoria termina en un desastre, así que va a pedir el apoyo del gobierno mexicano al costo que sea.

 En este terreno López Obrador, en contra de lo que hubiera parecido apenas hace unas pocas semanas, tiene una posición ventajosa. Y a todo esto, ¿cuáles son los retos que tiene la oposición? Eso será motivo de otro análisis. (Enrique Quintana, El Financiero, p. 2)

Ante imposición migratoria, alternativas

Nuevamente el gobierno de Estados Unidos (EU) rehúye su responsabilidad de proteger a los migrantes en busca de refugio y asilo, y decide que México debe continuar con el programa Quédate en México. La respuesta de Andrés Manuel López Obrador fue aceptar y señalar que se trata de un asunto social, humano, moral.

 Es comprensible que el Presidente ponga en el centro del argumento a los migrantes, cuya vulnerabilidad se incrementa ante posibles deportaciones, pero no se entiende que sea para ayudar a Estados Unidos. Está evadiendo su responsabilidad y compromisos internacionales y debe denunciarse, no tiene ninguna justificación y se trata de una clara injerencia en la política migratoria mexicana.

 Utiliza el poder, es decir, la capacidad para que otros actúen de acuerdo con sus intereses a través de la coacción y la amenaza de la fuerza pasando por encima de todo compromiso colectivo.

 Es bastante clara la forma en la que EU ha tenido injerencia en la política migratoria de México. Habría que recordar que inmediatamente tras la firma del Tratado de Libre Comercio (TLCAN), en la que supuestamente se concretaba la posición de México como socio, en 1996 se promulgó la Ley de Reforma de la Inmigración Ilegal y de Responsabilidad del Inmigrante (Act 1996), con el fin de reforzar los controles fronterizos, se autorizó la construcción de un muro en la frontera con México, se incrementó la Patrulla Fronteriza y se endurecieron los requisitos para que los migrantes regulares accedieran a servicios médicos.

 Ley que sigue vigente. En 2005, se pone en marcha el programa denominado irónicamente Fronteras Inteligentes con la excusa del combate al terrorismo y desde entonces las autoridades mexicanas permitieron que EU impusiera un política migratoria orientada hacia la securitización de las fronteras por medio de la Alianza para la Prosperidad y la Seguridad de América del Norte (Aspan). Para 2006 se profundizaron aún más las políticas de seguridad fronteriza a partir de la Iniciativa Mérida.

 En 2011 y 2012 se produjo un cambio muy importante. México reconoce los tratados internacionales relacionados con los derechos humanos, se promulga la Ley de Migración que supone una gestión de la migración basada en los derechos humanos, a diferencia de una gobernanza basada en la seguridad nacional y la soberanía como sucede con EU.

 Al mismo tiempo, en la XXI Cumbre del Grupo de Río, llamada Cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe, celebrada el 22 y 23 de febrero de 2010 en Playa del Carmen, se decidió la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) que heredaría las propuestas del Grupo de Río que busca establecer un ente de convergencia de todos los países de la región de América Latina y el Caribe.

 Llama la atención que sólo dos años después de estas nuevas realidades, EU presiona a Enrique Peña Nieto en 2014 para que se aplique el Programa Frontera Sur, un endurecimiento de los controles migratorios con un incremento de la presencia policial y militar en la zona fronteriza.

 Con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador se plantea un nuevo modelo para la migración centroamericana. Impulsar el desarrollo y las oportunidades desde una perspectiva regional para atacar las causas estructurales del fenómeno migratorio y poder así revertir los flujos migratorios.

 Para ello se acuerda con la Cepal un Programa Integral de Desarrollo para el llamado Triángulo del Norte (Guatemala, El Salvador y Honduras) y el sureste de México. Se esperan inversiones de diversos países y la aceptación de EU. El eje de su política fue la no criminalización de la migración, respeto de sus derechos humanos, visas humanitarias, se iniciaron procesos de asilo, visas de trabajo y se les permite el tránsito por el país.

 La respuesta de Donald Trump fue fulminante: control fronterizo o se aplicarían aranceles progresivos a los productos mexicanos. Ante la amenaza, el gobierno tuvo que hacer cambios radicales a la política migratoria y lo más cuestionable fue el despliegue de la Guardia Nacional. Al taponar los movimientos los traficantes de personas hacen su agosto.

 Es claro que EU ha impuesto sus condiciones porque puede ejercer el poder, que al estar tan desigualmente distribuido en el capitalismo, como señala Wallerstein, no puede alterarse a partir de la lucha por el mismo poder.

 La propuesta es transformar la correlación de fuerzas a partir de la integración de los países latinoamericanos y del Caribe, aprovechar los organismos regionales como la Celac, el Marco Integral Regional de Protección y Soluciones (Mirps) y la Cepal para hacer efectivos los derechos humanos, la cooperación y el consenso, la solución negociada de las controversias, y alcanzar el ansiado desarrollo, la igualdad y la libertad de movimientos. (Ana María Aragonés, La Jornada, Opinión, p. 18)

 Esta boca es mía // México: refugio de perseguidos

Quien le está regresando su rostro humanitario a nuestro país es el canciller Marcelo Ebrard, luego de que el Gobierno de México ha otorgado refugio a cientos de ciudadanos afganos que han tenido que abandonar su patria ante el regreso del régimen talibán, después de 20 años de ocupación estadounidense.

 Apenas el fin de semana llegaron a nuestro país 86 personas  procedentes de Qatar y del Reino Unido, cifra que se suma a las 130 que arribaron desde la semana pasada y entre quienes se encuentran mujeres pertenecientes al equipo Afghan Dreamers Team, conocido internacionalmente por haber creado ventiladores para la atención de pacientes contagiados de Covid-19, a partir de partes usadas de automóviles.

Los ciudadanos afganos que llegaron el domingo a territorio nacional son, en su mayoría, trabajadores de medios de comunicación y sus familias, quienes huyeron de su país al considerar que sus vidas estaban en peligro.  

A través de la historia, nuestro país se ha caracterizado por  acoger y brindar protección a miles de extranjeros, como en el caso de la guerra civil española, o la persecución a los opositores de la dictadura de Augusto Pinochet en Chile, solo por citar dos ejemplos emblemáticos.

Con estas acciones de la Secretaría de Relaciones Exteriores, México se coloca una vez más, como un refugio para las personas que, por razones políticas, ideológicas o de seguridad, se han visto obligadas a abandonar su patria, en busca de que se mantengan intactos sus derechos humanos.

 Bien por el canciller Marcelo Ebrard. (Juan M. de Anda, 24 Horas, Estados, p. 12)

Transmutaciones // Necropolítica contra la infancia migrante

Constantin Mutu fue arrancado de su padre a los cuatro meses de edad. Originario de Rumanía, éste había quedado separado de su mujer y otro hijo en la frontera con México. Detenido por la Border Patrol fue llevado con su bebé a una estación migratoria y luego encarcelado. Constantin fue enviado con una familia de acogida, con la que vivió más de cinco meses, antes de ser devuelto a sus padres, ya en Rumanía.

 En el contexto de deshumanización de la población migrante que prevalece en Estados Unidos, Constantin “tuvo suerte”. A diferencia de otros menores que siguen separados o se han “perdido”, crecerá con su familia de origen. Su madre y hermano lograron volver a su país, y su padre fue deportado (con el engaño de que su hijo viajaría con él). La mujer que lo acogió mantuvo contacto virtual con su madre biológica y abogó porque fuera devuelto a ésta.

 El desenlace, sin embargo, no es tan “feliz”: ya con más de año y medio, el niño no habla y no puede caminar solo. Carga con los primeros efectos del trauma.

 Aun antes de que se agudizara la criminalización de la migración en EU y se impusiera la separación familiar de manera masiva a partir del 2017 y sobre todo en el 2018, diversos medios y organizaciones habían denunciado las condiciones carcelarias que se imponen en los centros de detención y sus efectos traumáticos.

 En el 2017, la Asociación Americana de Pediatría advirtió que la separación familiar y la detención de menores para “desalentar la migración” atenta contra los derechos de la infancia y las leyes del país, y tiene efectos indelebles en el desarrollo de niños, niñas y adolescentes.

 El encierro, la falta de higiene, de cuidados médicos y psicológicos y hasta de apoyo legal, así como la negligencia o el maltrato (que llega hasta el abuso o a la prohibición de consolarse unos a otros) provocan daño físico y psicológico que se manifiesta en depresión, intentos de suicidio y, a la larga, en retraso en el desarrollo y síndrome de estrés postraumático. Por ello desde entonces recomendaba evitar la separación y el encierro y garantizar salud, educación, recreación y apoyo legal a todos los menores, solos o acompañados.

 Ni éstas ni otras protestas más recientes han logrado contener la política criminal del gobierno de EU ni los discursos de odio que la sustentan. Tanto la separación familiar como la detención de niños, niñas, adolescentes y adultos en condiciones inhumanas continúan.

 Peor aún, como si este tipo de encarcelamiento masivo no bastara, el gobierno de Estados Unidos confirmó la semana pasada su intención necropolítica con dos medidas inaceptables: por un lado, pretende encerrar a 1,000 menores en Fort Sill, que en los años 40 sirvió como campo de internamiento para la población de origen japonés, entonces denostada como “enemiga” de la nación; por otro, redujo el presupuesto destinado a centros de detención para menores migrantes, lo que implica dejarlos sin educación, actividades recreativas ni apoyo legal, y empeorar el drama que ya viven.

 En México, la separación familiar no es sistemática, pero se ha dado; la detención de menores es común, también en condiciones que transgreden los derechos humanos. Entre los 12,311 menores detenidos entre diciembre del 2018 y abril del 2019, 301 tenían menos de un año.

 En marzo, Sin Fronteras denunció que hay niños, niñas y adolescentes privados de su libertad. El abuso en tránsito y bajo detención es conocido. Los albergues del DIF no son una alternativa humanitaria pues están en “condiciones deplorables”. Todo ello atenta contra los derechos de la infancia y puede dejar huellas indelebles que dificultarán más la vida de quienes, solos o acompañados, buscaban huir de la violencia y del maltrato.

 Militarizar la frontera sur para contener la migración y mantener en el norte de México a solicitantes de asilo en EU, sin contar con los recursos humanos y materiales necesarios para garantizar los derechos humanos y los de la infancia, no es un gesto de humanidad, es un atentado contra la dignidad humana. (Lucía Melgar, El Economista, Política, p. 42)

¡Menores migrantes!

La migración es un fenómeno que impacta de diferentes maneras a los países y las personas; pues, por un lado, genera cambios en la composición y distribución de su población, y, por otro, conlleva necesariamente una modificación en la estructura social, económica y cultural.

Muchas son las razones que llevan a las personas a migrar de su país: en algunos casos, el anhelo de una vida mejor, pero en otros, huir de movimientos armados, de la violencia, de persecuciones raciales, ideológicas y religiosas.

Este fenómeno social, casi siempre con efectos desgarradores para las personas, se encrudece aún más cuando afecta a niñas y niños, quienes son convertidos en migrantes, sin que su voluntad sea tomada en cuenta, o bien, las circunstancias sociales los orillan a buscar y construir una vida lejos del lugar que nacieron.

La protección de los menores de edad frente a esto nace de su estado de indefensión; cuya fragilidad no sólo deviene del desplazamiento mismo, sino en función de su edad, inmadurez y dependencia.

De acuerdo con la Corte Interamericana de Derechos Humanos, son menores de edad migrantes las niñas, niños y adolescentes que no han cumplido 18 años. Y, dentro de éstos, ha distinguido a aquellos que son “no acompañados” y “separados”.

Los primeros son los que no están con sus progenitores y otros parientes, y tampoco al cuidado de un adulto al que, por ley o costumbre, les corresponde esa respon sabilidad; y los segundos se encuentran separados de sus progenitores o de sus tutores, pero no necesariamente lejos de otros parientes, pues se acompañan de algunos miembros adultos de su familia.

El verdadero problema es si deben ser detenidos y privados de su libertad, lo cual no es baladí, pues ello les provocará consecuencias psicofísicas sobre su integridad. Para ello, deben constituirse medidas especiales para su protección que satisfagan sus necesidades materiales, físicas y educativas; el cuidado de su desarrollo emocional; y, además, el mantenimiento de su seguridad contra cualquier tipo de abuso, explotación, o forma de violencia.

El legislador mexicano, al expedir la Ley de Migración vigente, sostuvo que deben de tener acceso a una protección inmediata que les permita construir sus vidas, desarrollar su autonomía, ampliar sus capacidades laborales, aplicar sus conocimientos, y tener acceso a servicios básicos de alimentación, salud y educación.

La garantía de los derechos humanos de los menores de edad migrantes es urgente y apremiante para las jurisdicciones y, por esa razón, los países deben conducirse con diligencia y celeridad excepcionales pues, de lo contrario, se seguirá alimentando la inseguridad que impacta sobre su integridad física, psíquica y emocional.

 La afluencia masiva de personas en caravanas; la imposibilidad de los Estados de conocer el estatus individual de los menores que las integran; su inmadurez y, en el peor de los escenarios, la falta de acompañamiento, así como la necesidad apremiante de protegerlos, son suficientes razones no sólo para ser empáticos, sino para hacer algo enérgico que ayude a protegerlos en realidad y no sólo en discurso. (Juan Luis González Alcántara, El Heraldo de México, La Dos, p. 2)

Cartones

Cartón 1

(Magú, La Jornada, Política, p. 4)

Carton 2

(El Fisgón, La Jornada, Política, p. 5)

cartón 3

(Hernández, La Jornada, Política, p. 10)

cartón 6

(Rictus, El Financiero, Nacional, p. 32)

cartón 4

(Nerilicón, El Economista, El Foro, p. 46)

Cartón 5

(Perujo, El Economista, El Foro, p. 47)