Opinión Migración 310825

Todo en orden

Todo en orden y en calma, a pesar de las preguntas. Que se disfrute del escándalo mientras se cumpla con cada uno de los movimientos establecidos en el guion que ha funcionado a la perfección durante los últimos siete años y, por supuesto, que no se omita envolverse en esos jirones melodramáticos para acentuar las frases y los gestos que subrayen la victimización que se ha perfeccionado durante los últimos veinte años.

Nada que preocupe, ni quite el sueño. Al contrario: mientras se cuente con todos y cada uno de los engranajes del Estado, de la inmaculada corrupción y del fanatismo cuya veta se encuentra en las profundidades del presupuesto, pues que se capitalice el escándalo como un ardid publicitario tan propicio para toda consigna populachera.

Así es, todo se encuentra en perfecto orden, sin problema alguno y bajo control. Quizá éstas sean las primeras conclusiones, que se convierten en certezas y motivos de burla, cuando se da a conocer alguna situación que ponga en entredicho la imagen de algún miembro del oficialismo, sin distinguir el ámbito en el que encuentre. Que lo girones de la posible tempestad se conviertan, gracias a la velocidad y efectividad del aparato propagandístico, en una simple anécdota que será muy mal contada.

Porque, bajo esos supuestos, ¿cómo puede explicarse que los famosos “sobres amarillos” pasen a la historia como una breve incomodidad para un gobierno que llegó con la promesa de ser diferente? ¿Habrá alguna nueva noticia acerca de las investigaciones que explican la desgracia de la Línea 12 del Metro? ¿Desde cuándo se redefinieron implicaciones ilegales de las campañas anticipadas? ¿Cómo llegar a entender que la farsa de una elección en la que se repartieron acordeones como si fueran publicidad para anunciar las ofertas de las pizzerías locales? ¿Se podría acceder a la documentación que avale y expliquen detalladamente la construcción del famoso Tren Maya y de la refinería de Dos Bocas o son tan singulares que están bajo el resguardo de la llamada Seguridad Nacional? ¿Ya se puede explicar el boquete financiero que existe detrás de las incuestionables y ya olvidadas siglas de Segalmex? ¿Y las “megafarmacias” en dónde quedaron sus millones de inversión que reivindicarían nuestra superioridad en el ámbito de la salud pública frente a Dinamarca? ¿Que fracasó el intento de desafuero al diputado Cuauhtémoc Blanco para enfrentar a la justicia bajo los gritos de un “no estás solo” por parte de las diputadas del oficialismo y del priismo? ¿Por dónde anda quien era el responsable del Instituto Nacional de Migración cuando ocurrió la tragedia del incendió en el centro de migrantes en Ciudad Juárez en 2023? ¿Ya se olvidó que La Barredora era una noticia que mantenía la atención de tirios y troyanos? ¿A qué obedece el affaire que nos regaló la inigualable etiqueta de #DatoProtegido y los hilos que nos conducen a los usos y costumbres de los legisladores recibiendo regalitos con alto octanaje económico? Digamos que se ha evolucionado de manera consistente desde las “aportaciones” —que gracias a la elasticidad de las ligas los billetes se pueden ordenar y contar con más facilidad— y los sobres amarillos, hasta las donaciones que se reciben en YouTube, que son parte de la filosófica explicación de cómo, en cuestión de un chasquido, permitirían adquirir una propiedad con un valor de 12 millones de pesos, más o menos para no exagerar, en una zona de posible reserva ecológica.

En efecto, todo en orden mientras se siga, al pie de la letra, el guion que tanto les funciona. Pero, por supuesto, se hace referencia al orden que les permite no hacerse responsables de absolutamente nada a pesar de ser quienes han gobernado este país y muchos de sus estados —casi treinta años la Ciudad de México no es poco—: el que ha construido el oficialismo a partir de los espejismos y los “otros datos”, del contubernio y amiguismo, de la redefinición de su propio diccionario —por ejemplo, el nepotismo es el de antes, no el actual que cuenta con la bendición gubernamental y del partido oficial—, el que se fundamenta bajo el control en ambas Cámaras del Poder Legislativo y, por supuesto, mientras se confíe en la nueva reconfiguración del Poder Judicial. Sin cabos sueltos, pues.

En fin, que el día de hoy el oficialismo y el corifeo se concentren en señalar la violencia de “sufrió” quien fungiera —¿o fingiera?— como presidente de la Cámara de Senadores para que se deje de hablar acerca de temas de mayor relevancia o dejar atrás la exigencia de las explicaciones necesarias acerca del dispendio de dicho protagonista, es parte de su apuesta por la amnesia selectiva, peculiar tradición mexicana. Se trata de una conspiración más, según la Presidenta. La galaxia y los antiguos espíritus del mal, una vez más.

Todo en orden. En su serena calma, mientras en las calles del país… (Carlos Carranza, Excélsior, Nacional, p. 11)

El Correo Ilustrado

¿A qué viene Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos? Por un lado a ejercer presión y querer involucrar a México en tareas que para ellos, sería de fácil resolución si lo quisieran hacer; por otra parte, llega para dar seguimiento al tratamiento relacionado al narcotráfico y a la migración forzada o ilegal en ese país, entre otros temas que tienen que ver con la seguridad y, en este aspecto, se ventilarán los acuerdos recíprocos y la controvertida postura mexicana: el respeto a la soberanía ante todo. Veamos qué dice míster Rubio.

Cabe destacar que para Estados Unidos no debería ser tan complicado fijar su atención en lo interno, con ello darían un paso importante en la solución de sus propias contradicciones; sin embargo, sólo ven, para su conveniencia, el factor externo, creyendo que fuera está el culpable de sus graves problemas, cuando la problemática se encuentra en las entrañas del monstruo.

La persistencia de querer convencer a Palacio Nacional de aceptar la “ayuda” antinarco, así como la prestan a El Salvador, por ejemplo, es cada vez mayor. Ted Cruz, senador republicano, es muy insistente en querer llevar la cooperación mexicana a extremos no convenientes para nuestro país.

La defensa de la soberanía e independencia nacional en lo externo e interno está muy por encima de cualquier acción punitiva extranjera que la quiera vulnerar. Estados Unidos imperial no tiene amigos, sólo intereses. (Luis Langarica A. La Jornada, Editorial, p. 2)

Numero cero / Primer Informe, continuidad

Si algo deja claro el mandato de Claudia Sheinbaum al llegar a su Primer Informe es no moverse en zigzag, como exigía Andrés Manuel López Obrador a su movimiento. En el balance destaca su fidelidad al proyecto obradorista y profundizar sus reformas; al igual que el pragmatismo de aquel para hacer concesiones a demandas externas envueltas, a su estilo, en un discurso nacionalista sin pelear con EU.

Entre esas dos fuerzas camina, a veces apoyada y otras jaloneada, por una y otra. Ha hecho de un gobierno de continuidad, que no se aparta de los cánones de la 4T y del catálogo de preceptos que recibió con el bastón de mando de su antecesor. La Presidenta destaca por observarlos contra viento y marea ante voces que le exigen romper, sin querer entender que comparte el proyecto, y porque esa definición da estabilidad a su administración y buenos réditos políticos.

El principal éxito de su primer año ha sido la política: navegar entre esos dos tótems y lograr reforzar su liderazgo en Morena, y rebajar oposiciones internas; reconducir la estrategia de seguridad sin proyectar cambios bruscos, manejar la relación con EU y acceder a sus exigencias en seguridad y migración sin dejar sabor a subordinación, y sobre todo no pagar consecuencias del débil crecimiento, la dura austeridad del gasto público y la violencia.

Las cuentas del principio obradorista “primero los pobres” son clave del respaldo político, aunque persistan carencias en educación y salud. Pero la política social y laboral del salario se mantendrán invariables como principal punto de diferenciación política y de satisfacción de las mayorías con su mandato. Que 13.4 millones de mexicanos salieran de ella es un espejo de las deficiencias de las políticas económicas y sociales de los últimos gobiernos.

En efecto, la política ha sido su principal recurso para dejar fuera de la caja los costos de un raquítico crecimiento a cuenta de la tormenta económica del exterior, y las licencias a Trump para administrar la revuelta de sus políticas injerencistas. La asimetría de la fuerza y desproporción del desafío le ayuda a contener el natural desgaste del poder con una narrativa de gesta nacionalista, que contrasta con sus acciones en migración y seguridad. Pero que se impone en la percepción pública con puntos adicionales de popularidad.

Sheinbaum llega a la cita con poco más de 70% de apoyo, lo que implica que más mexicanos aprueban su gestión de los 60 millones que votaron por ella en 2024. También Morena mantiene clara delantera hacia las elecciones de 2027, a pesar del deterioro de imagen por el espectáculo de vida de nuevos ricos de sus personajes, más visible en el partido y Congreso; que a ella apenas salpican por erigirse como referente moral y custodia del legado de austeridad de la 4T.

Ahora bien, el camino no está desbrozado de paradojas contrarias a la opinión común en la economía y la seguridad. La primera, el apoyo que ha logrado sumar de los empresarios no se ha traducido en inversiones para reactivar el crecimiento, aun incluso si el statu quo y los más poderosos la apoyan como la mejor opción posible dentro de Morena y hasta dique de contención a los radicales. Pero éstas y otras razones, como la estabilidad financiera, no parecen suficientes para convencerlos de la ruta que tomará la economía ante la ola de proteccionismo mundial y los temores que también les despierta el control del poder de Morena en los tres Poderes con la reforma judicial. El resultado, un magro crecimiento y malestar soterrado de 30% que no la apoya en la IP y los medios.

La segunda situación contradictoria es su otro talón de Aquiles, la seguridad. De un lado, Sheinbaum exalta la resistencia ante el intervencionista de Trump con un discurso nacionalista que le reporta reconocimiento internacional y apoyo interno y, de otro Trump es un respaldo a su plan contra la violencia contra resistencias internas, al que además hace concesiones de su agenda de política interior como la entrega de decenas de altos capos a la justicia de EU.

Se podrá decir que ha servido para evitar males mayores como en el castigo arancelario, pero administrar las amenazas no resuelve los mayores pendientes que acompañarán su mandato: el crecimiento económico y la violencia, aun si se disipara por completo el riesgo intervencionista. (José Buendía Hegewisch, Excélsior, Nacional, p. 14)

Templo Mayor

GRAN EXPECTATIVA genera la visita a la CDMX esta semana del secretario de Estado de EU, Marco Rubio, y su reunión el miércoles con Claudia Sheinbaum.

POR EL LADO de México se espera la firma de un “gran acuerdo de seguridad”… pero hay quienes aseguran que esa firma no está en los planes del enviado de Donald Trump y que su viaje no es tan especial como se quiere hacer ver. De hecho, Rubio sólo estará un día por acá, pues tiene agendada una visita similar a Ecuador al día siguiente.

Y SI ATENDEMOS al comunicado oficial americano sobre la gira, no se menciona la firma de un acuerdo y sí se dejan claras sus prioridades: acciones rápidas y decisivas para desmantelar a los cárteles, frenar el tráfico de fentanilo, poner fin a la migración ilegal y neutralizar las amenazas del narcoterrorismo.

A VER si la expectativa no acaba frustrada por la realidad. (Templo Mayor, Reforma, Opinión, p. 8)

De regreso

Dos libros emblemáticos relatan la historia de la relación México-Estados Unidos en las últimas décadas. El libro de Alan Riding, Vecinos distantes, publicado en 1985, describía dos naciones contrapuestas que parecían incapaces de comunicarse y mucho menos de entenderse. En retrospectiva, Riding escribía justo cuando las dos naciones comenzaban a hablar y a construir el andamiaje de lo que sería una gran interacción a lo largo de las siguientes décadas. Por su parte, en 2003, el embajador Jeffrey Davidow publicó El oso y el puercoespín describiendo la complejidad de una creciente interacción entre dos sociedades que no compartían valores y perspectivas, pero que avanzaban hacia una creciente integración en buena medida sin consenso sobre lo que seguiría. Hoy, en 2025, quizá por las razones equivocadas, la relación bilateral es más intensa que nunca, pero el distanciamiento axiológico es profundo y creciente.

El eje conductor del acercamiento que tuvo lugar a partir de los ochenta respondía a circunstancias concretas que demandaban interacción. México comenzaba un giro en su economía y las exportaciones incurrían en conflictos comerciales crecientes. Por su parte, los estadounidenses veían a México como un vecino complejo que generaba problemas en materia migratoria y criminal para lo cual no existían mecanismos efectivos para resolverlos. Ambas partes, cada una por sus propias motivaciones, encontraba la necesidad de elevar el nivel y calidad de la interacción y el diálogo.

Es importante entender que México veía a su vecino norteño como enemigo al que presentaban en los libros de texto como el ladrón que se había quedado con la mitad del territorio nacional. Robert Pastor, un influyente intelectual en su momento, iniciaba sus conferencias relatando una historia del estadista francés Talleyrand como representativa de la forma de interactuar de las dos naciones. Decía que cuando le informaron al estadista francés que había fallecido uno de sus enemigos políticos, su respuesta fue “me pregunto qué quiso decir con eso”. Muchas cosas sugieren que estamos de vuelta en esa lógica perversa, excepto que ya no es posible regresar.

Lo que siguió fue infinitamente más ambicioso y profundo de lo que cualquiera de las dos naciones anticipaba, pero también más conflictivo de lo que se buscaba. México propuso lo que acabaría siendo el TLC como mecanismo para consolidar y hacer irreversibles las reformas que se habían emprendido a la fecha. Para los americanos, el TLC constituía un enorme regalo que le estaban confiriendo a México para que se transformara y pasara a formar parte de las naciones desarrolladas. Es decir, las semillas de un conflicto futuro quedaron sembradas desde el primer día: uno veía al TLC como el fin de un proceso, el otro como el comienzo de una nueva era. Riding describía bien la distancia conceptual, en tanto que Davidow la explicaba en tiempo real. A pesar de las limitaciones y complejidades, el resultado lo podemos ver en dos dimensiones: por una parte, las dos sociedades y economías están cada vez más integradas y el proceso de integración, formal e informal, es imparable. Por otro lado, la falta de proyecto de desarrollo en México llevó a que el país se partiera en dos, tal y como lo describe Claudio Lomnitz: un México exitoso ligado al TLC, otro perdedor, distante de esa modernidad y sujeto a la violencia permanente, pero ambos conviviendo en el mismo espacio geográfico.

En lugar de construir la oportunidad de un país moderno, los gobiernos mexicanos que siguieron aprovecharon la migración hacia el norte como una excusa para no llevar a cabo reformas de fondo en seguridad, educación, infraestructura, salud y gobernanza en general y a las exportaciones como justificación para no tener que reformar a la economía, dado que, por primera vez en la historia, el país contaba con fuentes estructurales de divisas que resolvían los perennes problemas de la balanza de pagos. O sea, México navegó de muertito, aparentemente sin costo. Eso funcionó hasta que llegó AMLO a cambiar el paradigma, haciendo todo lo posible para revertir las ventajas del TLC, y Trump a poner en duda la racionalidad de un esquema político-comercial que, a su juicio, era desventajoso para Estados Unidos.

Y ahí estamos hoy. Una creciente integración de facto, pero con un incremental distanciamiento ideológico. Para Morena la integración es anatema y hace lo posible por meterle zancadillas en la forma de obstáculos, regulaciones y violaciones al tratado. Para Trump, México se ha vuelto un país corrupto, ingobernable y dominado por el crimen organizado. La paradoja es que el distanciamiento conceptual viene acompañado de una creciente imposición de condiciones sobre todo en materia de corrupción y seguridad.

A pesar de las presiones, el gobierno mexicano pretende que nada ha cambiado, lo que le lleva a intentar modular el activismo del gobierno estadounidense, en lugar de procurar aprovecharlo para construir las capacidades necesarias para pacificar al país y ofrecerle seguridad a la población. Para los americanos lo relevante es lo que cruza la frontera; para los mexicanos lo crucial es el amago de la extorsión y del crimen organizado. La única forma de salir adelante es atendiendo los dos a una misma vez. (Luis Rubio, Reforma, Opinión, p. 9)