Nos comentan que la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, hizo una llamada de atención al gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles, por expresar su opinión sobre la elección de Estados Unidos en un mensaje que compartió en redes sociales. En éste, entre otras cosas refiere que “el que pretende permanecer en la Casa Blanca construye muros para detener a los migrantes y sus hijos, promueve y alienta el odio”. La jefa de Bucareli reaccionó con el señalamiento de que la dirección de la política exterior de México le corresponde al Ejecutivo federal y lo exhortó “a conducir su actuar como servidor público del Estado mexicano a los preceptos constitucionales”. Lo que a muchos sorprendió fue que marcó copia al canciller Marcelo Ebrard, al embajador de EU en México, Christopher Landau; al fiscal General, Alejandro Gertz; al presidente de la Mesa Directiva del Congreso de Michoacán, Octavio Ocampo, y al presidente del Supremo Tribunal de Justicia estatal, Héctor Octavio Morales. Que sólo le faltaron el Papa y Trump, nos dicen en broma. (La Razón, Opinión, p.2)
Para muchos latinos, los demócratas son muy buenos para prometer. Ahora tienen que demostrar que también son buenos para cumplir.
Si el exvicepresidente Joe Biden quiere obtener más votos latinos que Hillary Clinton en el 2016 -y con ellos vencer a Donald Trump y llegar a la Casa Blanca- tiene que convencer a millones de votantes de que no va a cometer los mismos errores que el expresidente Barack Obama. Y ya le queda muy poco tiempo para hacerlo.
Más de tres millones de inmigrantes fueron deportados durante la Presidencia de Barack Obama, y muchos de ellos no tenían antecedentes criminales. Por eso Janet Murguía, de UnidosUS, le llamó el “Deportador en Jefe”. Biden no debe seguir con la misma política de deportaciones masivas.
Tampoco puede mantener el mismo sistema carcelario que durante años ha puesto temporalmente a inmigrantes y a sus niños en jaulas. En una entrevista en febrero de este año le mostré al exvicepresidente una fotografía tomada por John Moore en el 2014 de un niño hondureño de 8 años en lo que parecía ser una enorme jaula metálica en un centro de detención en McAllen, Texas. Esa inhumana práctica -extendida durante el gobierno de Donald Trump- tiene que acabar.
Pero, desde luego, la gran promesa incumplida de los demócratas es una reforma migratoria que legalice a los casi 11 millones de inmigrantes indocumentados que hay en el país. (Jorge Ramos Ávalos, Reforma, Opinión, p.8)
Sin importar quién gane la Presidencia de Estados Unidos, la relación con México será objeto de profundos ajustes en el ámbito comercial, laboral, ambiental, criminal, migratorio y, desde luego, diplomático. ¿Cuál es el escenario de la Cancillería mexicana, considerando que desapareció la Subsecretaría para América del Norte con todo y el titular de ella? (René Delgado, Reforma, Opinión, p.8)
Pronto sabremos si el electorado estadounidense ratifica a Donald Trump o decide que cuatro años ya fueron suficientes y ahora lo quiere fuera de la Casa Blanca.
El escenario de esa decisión histórica está conformado por dos coordenadas: un sistema electoral obsoleto y complejo, y una sociedad muy polarizada.
Acostumbrados a nuestro sistema con voto universal y directo, cuesta trabajo entender un sistema de elección indirecta que primero atraviesa por un proceso de elecciones primarias, seguido de intensas campañas de los candidatos ya nominados, para convencer al menos a 270 de 538 electores que voten a favor de ellos en un colegio electoral cuyos votos (y no el popular) son los definitorios de la elección.
Pero no es tan sencillo, salvo Nebraska y Maine que distribuyen a los electores en forma proporcional al voto popular, los otros 48 estados lo hacen “winer takes it all” (el ganador aún por un voto, se lleva todos los electores). Agregue usted la enorme disparidad de electores por estado. En un extremo California (55) y Texas (38) y en el otro Vermont, Delaware, Washington DC, 3 cada uno. Más se complica, cuando en 24 estados los electores no tienen compromiso alguno en respaldar al candidato que haya obtenido más votos populares y pueden votar libremente, mientras en que los otros 26 sí lo tienen por ley.
Esa doble contabilidad entre el voto popular y el electoral explica lo que sucedió en el 2016 cuando Hilary derrotó a Trump con más votos populares, pero con menos votos electorales, perdió la elección. Un sistema en el que el ganador, puede perder, ¿complicado no?.
La otra coordenada es una sociedad extremadamente polarizada, en buena medida, pero no sólo, por Trump. El movimiento defensor de la supremacía blanca se originó a fines del siglo XIX en Massachusetts por Prescrott Farnsworth quien junto con sus colegas Robert DeCourcy, Charles Warren y el senador Henry Cabot Lodge, egresados de Harvard, crean la Inmigration Restriction League (Liga para la Restricción Migratoria) para frenar a los “indeseables migrantes” a los EUA y logran imponer exámenes médicos y de alfabetismo a los que llegaban a Ellis Island, NY. Ese movimiento nunca ha desaparecido, Trump lo revivió con su fobia anti-migrante, en medio del malestar generalizado por la crisis financiera del 2008-9 que golpeó duro a la clase media.
La polarización social genera mayor radicalización política con narrativas muy confrontadas: de un lado y pro Trump: antimigrantes, proteccionismo y anti globalización, y multilateralismo (salida de la OMS), cero combate a las causas del cambio climático, contra feminismo, aborto, y matrimonio del mismo sexo; tomar a la constitución literalmente, sin interpretarla. Del otro y anti Trump: pro migración legal, medidas para cambio climático (acuerdo de París), proglobalización y multilateralismo, proaborto, matrimonio y adopción por parejas del mismo sexo; interpretación de la constitución para beneficiar a menos favorecidos (Rutg Bader Ginsburg). (Emilio Rabasa Gamboa, El Universal, Opinión, p.12)
¿Cuánto se ha construido realmente del famoso muro de Trump con México y quién lo está pagando? Beatriz Díez, periodista de la tevisora BBC de Londres, ha comentado:
“La construcción de un muro en la frontera con México es uno de los principales objetivos de Donald Trump. “‘!Construye el muro! ¡Construye el muro..!” fue uno de los cánticos más repetidos por sus fervientes seguidores en la campaña presidencial. Rápidamente, el ‘infranqueable, grande y hermoso muro’ se convirtió en una de las promesas bandera de su candidatura. La propuesta venía acompañada, además, de otro compromiso: México iba a pagar los costos de la ambiciosa obra. Cuatro años después, en plena campaña de reelección, el presidente afirma que el muro pronto estará listo y que México está pagando por él…
“Ya hemos construido 300 millas (480 kilómetros) del muro fronterizo”, exclamó Trump el 28 de agosto en un mitin en New Hampshire, recién terminada la Convención Nacional Republicana. “El muro pronto estará listo y nuestros números en la frontera son los mejores de la historia. Por cierto, México está pagando por el muro, por si no lo sabían”, añadió el mentiroso mandatario…”
Desde entonces, en todos sus actos de campaña.., (desde) su reaparición tras el contagio de COVID-19, Trump ha insistido en que el muro avanza rápidamente y que la factura está del lado mexicano”. ¿Son verídicas estas cifras? ¿Cuál es la situación actual del muro? (Leopoldo Mendívil, La Crónica de Hoy, Opinión, p.2)